domingo, 16 de noviembre de 2014

Sueño ciudades




Las ciudades, antes de existir en la realidad, crecen en la pintura, en los decorados teatrales, en las ilustraciones de los tratados arquitectónicos, en la marquetería y los paneles pintados de los muebles, en las utopías filosóficas, en las decoraciones efímeras que, con motivo de la fiesta, recubren la ciudad auténtica con las galas de la ciudad soñada.

Giovanni di Ser Giovanni, Lo Scheggia, Cassone Adimari, Galleria dell'Accademia, Florencia, 1440 c.

Giovanni di Francesco Toscani, Cassone del Palio di San Giovanni, Museo del Bargello, Florencia, 1429

Hay una serie de tablas, conservadas en Urbino, en Baltimore y en Berlín, que nos ofrecen el aspecto de esa ciudad ideal que sueña el Quattrocento. Las atribuciones son tan dudosas como variadas: la tabla de Urbino se atribuye a Piero della Francesca, a Francesco di Giorgio Martini, a Luciano Laurana y a otros pintores; la de Baltimore, a Fra Carnevale.  

La città ideale, Galleria Nazionale delle Marche, Urbino, fines siglo XV

Prospettiva architettonica, Walters Art Gallery, Baltimore, fines siglo XV
 

Ciudad ideal, Gemaldegalerie, Berlín, 1477 c.
Lo que es indudable es la inexistencia de esas ciudades. Los nuevos edificios crecen insertos en una trama arquitectónica y urbanística anterior: en el caso de la ciudad soñada del Renacimiento, una ciudad medieval que intenta racionalizarse a través del ensanchamiento y la rectificación del trazado de las calles, y en cuyo seno se alzan monumentos emblemáticos, como lo fue –lo sigue siendo- la cúpula del Duomo de Florencia.

Pianta della Catena, detalle, atribuido a Francesco di Lorenzo Rosselli,  1471-1482 c.

Hay una única ciudad, en Italia, que se construyó para aplicar las nuevas teorías urbanísticas del Renacimiento: es Pienza, reconstruida sobre una villa llamada Corsignano. El humanista Eneas Silvio Piccolomini, al convertirse en papa con el nombre de Pío II, encargó al arquitecto Bernardo Rossellino la reconstrucción de la ciudad, en base a los escritos de Leone Battista Alberti. 

Plaza Pío II, Pienza
Todos los edificios representativos -la catedral, el palacio público, el palacio Piccolomini y otro, posterior, de los Borgia-, fueron construidos de nueva planta en torno a una plaza.

Plaza Pío II, Pienza

Pero este es un caso raro. Las ciudades están hechas de tiempo: en ellas se entrecruzan las calles y los siglos; se derriban unas casas, se levantan otras y, mientras tanto, se acumulan vidas, edificios, sueños y también, cómo no, pesadillas.



14 comentarios:

  1. Es un tema precioso, Carmen. ¡Qué ganas tengo de conocer Italia!

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    1. Anímate. Te encantará.
      Ah, aprovecho para deciros que, si queréis ver las imágenes más grandes, solo tenéis que pinchar en ellas.

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  2. También yo tengo ganas Ana María. De momento no es posible, pero ya sabes que la esperanza es lo último que se pierde.

    Las ciudades soñadas son utópicas, pero resultan preciosas, Aunque, en mi caso particular, tanta línea recta les quita vida. Quiero decir, que son demasiado perfectas, y la perfección no existe. Por raras o por lo dificil de crear, implican una racionalidad inexistente. Como dices, unas casas se caen, otras se tiran. Algunas se sustituyen, otras se convierten en plazas o en lo que sea, y al final, se pierde esa simetría renacentista y surge la ciudad real.
    Pero reconozco que tienen una belleza etérea.

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    1. Coincidimos, Harry. Las imágenes de ciudades ideales son bellísimas, pero una ciudad viva -viva y hermosa- también es, para mí, aquella en la que las distintas huellas del pasado se mezclan entre sí. Con todo el sentido común posible y con respeto y cariño hacia el patrimonio, claro, pero también con el reconocimiento de que es mejor habitar una ciudad viva que una utopía.

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  3. Las ciudades irreales son muy atractivas. Llaman, claramente llaman; pero me sentiría muy intranquilo paseando por ellas. Tienen algo de pesadilla.
    En cambio soñaría plácidamente con un paseo por Pienza. Me perdería en sus calles. Seguro.

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  4. Pensaba en Italo Calvino y sus Ciudades Invisibles?, no recuerdo ahora el título.

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    1. Sí, el título es ese: Las ciudades invisibles. Un libro muy bello, en el que Marco Polo le habla a Kublai Kan de ciudades fantásticas, imposibles.

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  5. Los soportes donde se pinta, lienzos, muros u otros, son sufridos, como el papel donde se escribe.. Bellas imágenes de ciudades, todas ellas idealizadas, puesta en escena para quien las observa, incluso las más actuales. A poco que sepas, no se desconoce el modo de vida en las ciudades medievales: caos, bullicio, personas de toda índole..

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    1. La ciudad puesta en escena, por supuesto, como exige la relación con los decorados teatrales. Lo último que comentas acerca del "caos, bullicio, personas de toda índole...", es decir, la vida, es lo que está ausente en estas representaciones ideales de ciudades, donde imperan los grandes y equilibrados espacios, vacíos o apenas habitados; el orden, la limpieza absoluta y un silencio irreal. Tal vez por todo eso su belleza impresiona y tiene algo de aterrador.

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  6. Yo creo que la perfección es aterradora por si misma. En realidad es una sensación, nada físico, pero ahí está.
    Muy cierto lo de que en esas ciudades no hay gente, o apenas un par de viandantes; supongo que porque los seres vivos, no sólo las personas, desvirtuarían ese espacio. Por muy educada que esté una población, cada persona es un mundo. Unos se sientan en los bancos, otros en los apoyabrazos; algunos prefieren el cesped y si lo extendemos a cualquier otra actividad, la ciudad pierde simetría, gana en caos.
    Pero es que, las ciudades, como las casas, se han hecho para vivir en ellas. Si no, pierden su razón de ser, por muy perfectas que sean.
    Pero a todas esas propuestas, les reconozco el mérito de buscar lo mejor, aunque no siempre sea posible. De ese modo se puede seguir buscando el mejorarlas, y lo cierto es que las ciudades actuales, a pesar de todo, son más cómodas que las medievales.

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    1. Suscribo todo lo que dices, aunque añado que las ciudades actuales serían mucho más agradables con menos coches o, por lo menos, dejándolos fuera de los centros históricos, como se hace en algunos lugares.

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    2. Totalmente de acuerdo, ciudades sin coches, al menos en el centro de ellas..hay muchas por Europa (que yo conozca) por ejemplo Gante, Gent, Gande.. segun la lengua.. el espacio gana vida.. vida humana..esto permite entrar con tu mente en esa ciudad en otros siglos.. y como dice Harry con más comodidad, aunque yo creo que con menos peligro por tu vida.. en la edad media la vida no tenia valor, no se respetaba..si, ya sé que ahora hay lugares todavía la vida de las persona no vale nada..

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    3. Pues sin coches, además de menos peligrosa, estruendosa, contaminada y todo lo que se pueda decir, las ciudades serían aún más dignas de vivir en ellas.
      La verdad es que cuando comenté lo de la comodidad ni pensaba en los coches, si no en los trazados más amplios, más limpios (ya sé que depende de donde, pero en general), con más servicios para los ciudadanos. Pero creo que aún queda mucho por hacer.
      Por eso las ciudades utópicas me parecen tan positivas, pues dan ideas de hacia qué tenemos que soñar

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