Eso se lo tendríamos que
preguntar a Montague Rhodes James, excelente autor de relatos de terror y
erudito que pasó casi toda su vida en el King's College de Cambridge.
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Montague Rhodes James (1862-1936) |
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King's College, Cambridge |
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Jacques Tourneur, Night of the Demon, 1957 |
En varios de sus relatos, James muestra
interés por diversos espectáculos y entretenimientos de carácter óptico. En El maleficio de las runas (Casting the Runes, 1911), describe una poco edificante
sesión de linterna mágica ofrecida a los niños de una escuela. El lobo que
aparece en su versión de Caperucita Roja
era “tan pavoroso que hubo que llevarse a varios de los niños más pequeños”.
Poco a poco, el espectáculo se torna más horrible. Una de las escenas presenta
una imagen del propio parque del linternista, por donde pasea un niño, al
atardecer: el pequeño es acechado, perseguido y atrapado, “para destrozarlo o
matarlo de algún modo”, por una “horrenda criatura vestida de blanco, que
primero se escurría entre los árboles y gradualmente aparecía con mayor
nitidez”, en un movimiento característico de las proyecciones de la linterna
mágica.
Obligado a concluir la exhibición, mostró una imagen muy próxima a las
que ofrecía la fantasmagoría, en la que “bullía un amasijo de serpientes,
ciempiés y repugnantes criaturas aladas” que parecían salir de la pantalla
“para abatirse sobre la audiencia, mientras se oía un seco susurro que poco a
poco enloquecía a los niños, quienes, por supuesto, salieron corriendo
precipitadamente”. En 1957, Jacques
Tourneur rodó la adaptación cinematográfica de este relato, con el título de Night
of the Demon.
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Jacques Tourneur, Night of the Demon, 1957 |
En Historia de una aparición y una desaparición (The Story of a Disappearance and an Appearance, 1913), James pone
en escena a unos títeres especialmente sangrientos. El espectáculo deriva, en
un determinado momento, hacia el teatro pintoresco-mecánico, heredero del eidophusikon de Philippe Jacques de
Loutherbourg, con su movimiento y sus cambios de luz.
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Philippe Jacques de Loutherbourg, Eidophusikon, 1781
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En el teatrito de títeres del
relato, “el decorado que había detrás de Punch se fue iluminando y apareció, no
la fachada de siempre, sino algo más ambicioso; una pequeña arboleda, y la
suave pendiente de una colina con una luna asombrosamente natural —yo diría
incluso real—, brillando sobre el paisaje. Poco a poco, fue apareciendo algo
que no tardó en definirse como una figura humana”.
En La residencia de Whitminster (The
Residence at Whitminster, 1919) pueden verse distintas imágenes en
movimiento sobre una pequeña placa de cristal. Panorama desde la colina (A
View From a Hill, 1925) alude, directamente, al espectáculo del panorama,
patentado por Robert Barker en 1787: en el relato de James juegan un papel
fundamental unos prismáticos, del mismo modo que, para contemplar las enormes
pinturas de los panoramas, los espectadores hacían uso de catalejos, algo que
Eric Rohmer recogerá en su película La inglesa y el duque.
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Johann Michael Sattler, Panorama de Salzburgo¸ 1829 |
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Éric Rohmer, La inglesa y el duque, 2001 |
Os preguntaréis qué tiene que ver
todo esto con las casas de muñecas. No os impacientéis, porque estamos a punto
de entrar en una de ellas. El miércoles, la casa de muñecas nos abrirá sus
puertas.
Casa de muñecas de la familia
Bäumler, Germanisches
Nationalmuseum, Nuremberg, 1650-1700 c.
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