Un motivo arquitectónico muy
apreciado desde el Renacimiento, que cobra fuerza en el siglo XVIII y hereda el
romanticismo, es el de las ruinas. Evocación melancólica de las grandezas
pasadas y símbolo de muerte, las ruinas nos recuerdan que somos efímeros, como
lo es también todo cuanto nos rodea.
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Caspar David Friedrich, La abadía en Oakwood, Schloss
Charlottenburg, Berlín, 1809-10 | | |
Un edificio en ruinas evoca la
degradación, la decrepitud física, de un modo que enlaza con el concepto de la
arquitectura como cuerpo. En su Memoria
para León X, Rafael de Sanzio define
las ruinas como “los huesos del cuerpo
sin la carne”: es decir, tan solo un esqueleto, sin adorno.
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Thomas Girtin, Interior
de Lindisfarne Priory, 1797 |
Las ruinas se relacionan también
con el creciente interés por lo fragmentario, tan importante en el desarrollo
de la arqueología y de la historia del arte.
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Johann Heinrich Füssli, El artista conmovido ante la grandeza de las
ruinas antiguas, Kunsthaus, Zúrich, 1778-80 |
Poco a poco, las ruinas devuelven
el edificio a la naturaleza. La vegetación crece en la piedra, la invade: por
fin vence.
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Giovanni Battista Piranesi, Vedute di Roma, 1756-61 c. |
La decadencia también se expresa
como capricho, en la pintura y en las ruinas artificiales que se erigen en los
jardines, con un carácter que oscila entre lo pintoresco y lo sublime.
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Giovanni Paolo Pannini, Capricho con ruinas clásicas, colección particular, 1725-30 |
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Painshill Abbey, Surrey |
Las ruinas clásicas van siendo
sustituidas, ya desde el XVIII y, sobre todo, en el romanticismo, por las
ruinas góticas.
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Carl Blechen, Claustro
en ruinas de Oybin en Zittnau |
La destrucción que alcanza al
edificio puede ser súbita, a causa de la guerra, del fuego o de una catástrofe
natural, pero lo normal es que el tiempo se tome su tiempo para crear sus
ruinas y recrearse en ellas. No corre prisa.
Hay ocasiones, sin embargo, en
las que el artista se adelanta al tiempo: entonces, como hace Hubert Robert,
pinta en ruinas un edificio intacto, como la Gran Galería del
Louvre:
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Hubert Robert, La
Gran Galería del
Louvre, Museo del Louvre, París, 1796 |
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Hubert Robert, Vista imaginaria de la Gran Galería en ruinas, Museo del Louvre, París, 1796 |
Más curioso aún resulta pintar en
ruinas un edificio que en esos momentos se
está construyendo, tal como Joseph Gandy representa el Banco de Inglaterra, de John Soane:
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Joseph
Gandy, Banco de Inglaterra en ruinas, Soane Museum, Londes, 1830 |
Las ruinas viven y respiran. Tienen su propio
ritmo. Y, conviene no olvidarlo, están habitadas por fantasmas.
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Arnold Böcklin, La
capilla, 1880-1898 c. |
Has tocado mi punto débil, creo que desde muy niña sufro fascinación por las ruinas. Las primeras fueron una casita abandonada cerca de donde vivía mi familia. Luego, otras casitas... hay muchas, por desgracia, en las viejas aldeas. Más adelante descubrí a Bécquer y sus magníficas descripciones de ruinas de monasterios, y ya me enamoré para el resto de mi vida. Me apasiona la fotografía, y no hay nada que me atraiga más que unas ruinas, sean las clásicas de Roma (lo sé, os debo fotos) o unos ladrillos encontrados en medio de un bosque.
ResponderEliminarLas viejas casas de campo abandonadas me causan una tristeza enorme. Me asaltan siempre las imágenes de las personas que construyeron la casa y, a lo largo de las generaciones, la habitaron. Sus reuniones familiares, los momentos en los que se sentaban a la mesa o se iban a dormir, cuando realizaban las tareas domésticas... Las ilusiones y penas y a veces hartazgos que sintieron y sufrieron en esa casa convertida en ruinas.
EliminarAnabelee, ¡sí que nos debes fotos! ;)
Como Anabelee, comparto esa fascinación que me causan las ruinas. Estar en ellas hace que mi mente evoque otros tiempos.
ResponderEliminarInevitablemente. Desatan la imaginación y los recuerdos.
EliminarLas ruinas tienen una belleza muy particular y evocan muchas cosas, como decís.
ResponderEliminarPorque son muy parlanchinas. No hay que tomarse muy en serio eso del "silencio de las ruinas", porque hablan muchísimo, no cesan de contar historias.
EliminarY han inspirado a artistas de todas las épocas...
EliminarEstoy escaneando estos días fotografías de mis tiempos de negativo. Entre ellas hay unas cuantas de las ruinas de la iglesia de Santa María en Cambados (Pontevedra), que encajarían perfectamente en un artículo como este.
Pues se me está haciendo la boca agua, Anabelee... Ya sabes: ¡esperamos tus fotografías!
EliminarSi Anabelee. He visto algunas de tus fotos y son maravillosas.
ResponderEliminarA mi las ruinas me parecen bellas, porque no tengo gusto y casi todo me parece hermoso, pero no me gustan especialmente. Como Carmen, veo lo que hubo o creo que existió y ya no está más; por dejadez, porque el tiempo no perdona o por la causa que sea.
No es que me asusten su claridad ante lo que se ha de perder, pero me dejan una pequeña tristeza o, bueno, algo de melancolía difícil de quitarse de encima.
Sólo se salvan de esa pena, y no sabría decir por qué, las que se unen al paisaje. Quizás sea porque vuelven a tener vida entre sus piedras o por lo bien que se adapta la naturaleza a todo.
Ruinas y naturaleza suelen ir de la mano. Forman una pareja habitual.
EliminarTienes razón, Harry, qué buenas fotografías hace Anabelee.