domingo, 23 de noviembre de 2014

La larga vida de las ruinas




Un motivo arquitectónico muy apreciado desde el Renacimiento, que cobra fuerza en el siglo XVIII y hereda el romanticismo, es el de las ruinas. Evocación melancólica de las grandezas pasadas y símbolo de muerte, las ruinas nos recuerdan que somos efímeros, como lo es también todo cuanto nos rodea.

Caspar David Friedrich, La abadía en Oakwood, Schloss Charlottenburg, Berlín, 1809-10  

Un edificio en ruinas evoca la degradación, la decrepitud física, de un modo que enlaza con el concepto de la arquitectura como cuerpo. En su Memoria para León X,  Rafael de Sanzio define las ruinas como “los huesos del cuerpo sin la carne”: es decir, tan solo un esqueleto, sin adorno.

Thomas Girtin, Interior de Lindisfarne Priory, 1797

Las ruinas se relacionan también con el creciente interés por lo fragmentario, tan importante en el desarrollo de la arqueología y de la historia del arte.

Johann Heinrich Füssli, El artista conmovido ante la grandeza de las ruinas antiguas, Kunsthaus, Zúrich, 1778-80

Poco a poco, las ruinas devuelven el edificio a la naturaleza. La vegetación crece en la piedra, la invade: por fin vence.

Giovanni Battista Piranesi, Vedute di Roma, 1756-61 c.

La decadencia también se expresa como capricho, en la pintura y en las ruinas artificiales que se erigen en los jardines, con un carácter que oscila entre lo pintoresco y lo sublime. 

Giovanni Paolo Pannini, Capricho con ruinas clásicas, colección particular, 1725-30

Painshill Abbey, Surrey

Las ruinas clásicas van siendo sustituidas, ya desde el XVIII y, sobre todo, en el romanticismo, por las ruinas góticas.

Carl Blechen, Claustro en ruinas de Oybin en Zittnau

La destrucción que alcanza al edificio puede ser súbita, a causa de la guerra, del fuego o de una catástrofe natural, pero lo normal es que el tiempo se tome su tiempo para crear sus ruinas y recrearse en ellas. No corre prisa.

Hay ocasiones, sin embargo, en las que el artista se adelanta al tiempo: entonces, como hace Hubert Robert, pinta en ruinas un edificio intacto, como la Gran Galería del Louvre:

Hubert Robert, La Gran Galería del Louvre, Museo del Louvre, París, 1796

Hubert Robert, Vista imaginaria de la Gran Galería en ruinas, Museo del Louvre, París, 1796
Más curioso aún resulta pintar en ruinas un edificio que en esos momentos  se está construyendo, tal como Joseph Gandy representa el Banco de Inglaterra, de John Soane:

Joseph Gandy, Banco de Inglaterra en ruinas, Soane Museum, Londes, 1830

Las ruinas viven y respiran. Tienen su propio ritmo. Y, conviene no olvidarlo, están habitadas por fantasmas.

Arnold Böcklin, La capilla, 1880-1898 c.



10 comentarios:

  1. Has tocado mi punto débil, creo que desde muy niña sufro fascinación por las ruinas. Las primeras fueron una casita abandonada cerca de donde vivía mi familia. Luego, otras casitas... hay muchas, por desgracia, en las viejas aldeas. Más adelante descubrí a Bécquer y sus magníficas descripciones de ruinas de monasterios, y ya me enamoré para el resto de mi vida. Me apasiona la fotografía, y no hay nada que me atraiga más que unas ruinas, sean las clásicas de Roma (lo sé, os debo fotos) o unos ladrillos encontrados en medio de un bosque.

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    1. Las viejas casas de campo abandonadas me causan una tristeza enorme. Me asaltan siempre las imágenes de las personas que construyeron la casa y, a lo largo de las generaciones, la habitaron. Sus reuniones familiares, los momentos en los que se sentaban a la mesa o se iban a dormir, cuando realizaban las tareas domésticas... Las ilusiones y penas y a veces hartazgos que sintieron y sufrieron en esa casa convertida en ruinas.
      Anabelee, ¡sí que nos debes fotos! ;)

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  2. Como Anabelee, comparto esa fascinación que me causan las ruinas. Estar en ellas hace que mi mente evoque otros tiempos.

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    1. Inevitablemente. Desatan la imaginación y los recuerdos.

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  3. Las ruinas tienen una belleza muy particular y evocan muchas cosas, como decís.

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    1. Porque son muy parlanchinas. No hay que tomarse muy en serio eso del "silencio de las ruinas", porque hablan muchísimo, no cesan de contar historias.

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    2. Y han inspirado a artistas de todas las épocas...
      Estoy escaneando estos días fotografías de mis tiempos de negativo. Entre ellas hay unas cuantas de las ruinas de la iglesia de Santa María en Cambados (Pontevedra), que encajarían perfectamente en un artículo como este.

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    3. Pues se me está haciendo la boca agua, Anabelee... Ya sabes: ¡esperamos tus fotografías!

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  4. Si Anabelee. He visto algunas de tus fotos y son maravillosas.
    A mi las ruinas me parecen bellas, porque no tengo gusto y casi todo me parece hermoso, pero no me gustan especialmente. Como Carmen, veo lo que hubo o creo que existió y ya no está más; por dejadez, porque el tiempo no perdona o por la causa que sea.
    No es que me asusten su claridad ante lo que se ha de perder, pero me dejan una pequeña tristeza o, bueno, algo de melancolía difícil de quitarse de encima.
    Sólo se salvan de esa pena, y no sabría decir por qué, las que se unen al paisaje. Quizás sea porque vuelven a tener vida entre sus piedras o por lo bien que se adapta la naturaleza a todo.

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    1. Ruinas y naturaleza suelen ir de la mano. Forman una pareja habitual.
      Tienes razón, Harry, qué buenas fotografías hace Anabelee.

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