martes, 4 de abril de 2017

Pascal Campion: una mancha de pintura azul en una maceta





¿Tenéis un gato a mano? ¿Un perro? ¿Árboles, río, mar? A lo mejor tenéis calles, edificios… Vamos, no me lo pongáis difícil: todos tenéis el cielo, no me digáis que no, y el día o la noche para arroparos. Yo he venido hoy para invitaros a un ratito de dicha, sí, sí, un poco de bienestar azul, ingenuo, como si sí, como si no, como si beso, como si risa, como si en casa. Después ya volveremos, si apetece, a enfurruñarnos o a cargar sobre nuestros hombros con todo el peso del mundo, pero ahora… ahora sonriamos un poco, ¿queréis?

Ciudad

Spiderman
¿Os acordáis de cuando, al hablar de François Avril, os conté que mi hermano, ese niño insultantemente guapo, me prestaba sus tebeos? Shawn, el hermano de Pascal, era más exigente a la hora de prestárselos al pequeño: le obligó, primero, a nombrar a todos los personajes que aparecían en las historietas; después,  a dibujarlas. Si el resultado era satisfactorio, Pascal podía leer esos comics protagonizados por los superhéroes de Marvel: Spiderman, Iron Man y toda esa gente que hacía sus proezas también en algunos de los tebeos que me prestaba mi hermano sin necesidad de someterme a un examen previo. Afortunadamente, porque jamás lo habría aprobado. Yo no soy artista, como lo es Pascal.

Querido diario… pienso en el amor

La hora del jazz
Además de artista, Pascal es cabezota. Cuando un profesor de arte le dijo que no servía, él se creció. Como hay que hacer. Así, dibujo a dibujo, demostró lo errado del juicio de ese profesor. Desde entonces, ha trabajado en estudios de animación, ha ilustrado libros, ha trabajado en vídeos, anuncios, televisión, diseño de juguetes… Con esfuerzo, porque Campion es uno de esos artistas que aprecia ceñirse a una disciplina. Él hace suya esa frase que dicen que dijo Pablo Picasso: “Cuando llegue la inspiración, que me encuentre trabajando”. 

Lectura de medianoche

El bote
Así que Pascal traza su plan para la semana, se levanta muy temprano, monta en su bicicleta y se va a al trabajo, como cualquiera. Un café, unos panecillos, y, de inmediato, a diseñar un croquis. Pero, ¿y si es uno de esos días tontos en los que a uno no se le ocurre nada, absolutamente nada?



El argumento


Dudas

Vamos a hacer como si…

No importa: trabajo llama a trabajo y, a veces, doña Inspiración acude también al reclamo. El truco que utiliza este artista es muy sencillo: ante una página en blanco, ya sea en la pantalla del ordenador, ya en una hoja de papel, su mano traza de inmediato una marca. A partir de ahí, nos cuenta, ya no siente miedo de no poder dibujar nada. 


Práctica, práctica, práctica  




El mundo de Campion, como veis, es amable, próximo. Por eso os he dicho, al empezar, que hoy os invitaba a un rato de dicha azul e ingenua: algo que nunca viene mal, ¿no os parece que, de vez en cuando, conviene dar descanso a esos dramas que a menudo nos montamos?


Piscina

Una noche fuera

Amigos en el porche durante una noche de verano
Hay muchas parejas en los dibujos de este hombre, hay calles que me gustan mucho, porches, luces, bicicletas, músicos, gatos, lluvias, farolas, perros, casas, estrellas fugaces, días, noches, gente que baila y azules, muchos azules. El color es muy importante para este artista que, como nos cuenta Maggie Sierralta, no parte de un dibujo previo que luego colorea, sino que primero aplica la pintura y, a partir de ahí, estalla el boceto en direcciones imprevistas. 


Música en la calle

Bajo la lluvia

Porches, he dicho. Y también ventanas, visitantes, y unos momentos antes o no: exactamente, ese momento.

El invitado de una noche de primavera
La cena para ti
Momentos antes


Noche en el tejado
He hablado también de direcciones imprevistas. Porque se trata de explorar, de romper los límites. De asomarse. ¿A algún sitio en particular? A cualquiera. A todo. ¿Acaso hay algo que no sea particular, extraordinario? Haced el favor de mirar a vuestro alrededor. Decidnos, ¿qué veis?

Nuestra casa junto al mar

El gran amor
Hay unas frases de Ernst Bloch que cito a menudo, porque me parece que abren puertas y ventanas, abren ojos. Esto es lo que dice Bloch: “…Esa Ítaca que se parece sencillamente a esta pipa, aquí, a mi lado, o a algo igualmente insignificante, pero que de repente nos toca el corazón, pues por fin se hace visible lo que buscábamos desde siempre”.



Las personas de las cinco en punto

Ya veis, qué fácil: por ejemplo, una pipa. O cualquier otra cosa. Hace unos días, yo encontré una Ítaca en una mancha de pintura azul sobre una maceta. Solo eso. Y ahí estaba todo.



Grandes pequeñas cosas


  

martes, 21 de marzo de 2017

El viaje de Marta Zamarska





No me dejéis hablar de trenes. No me lo permitáis, por favor. No consintáis que cuente los secretos subterráneos de una determinada estación, ni que os haga sonreír con los encuentros insólitos y las situaciones tan cómicas que he vivido en los trenes, ni que os hable de la única vez que sentí miedo a bordo de uno de ellos, porque había una pistola por medio. Trenes y estaciones forman parte de mi mundo desde que nací: no dejéis que mis palabras echen a correr a través de los diversos países de la memoria, que os asaete con mis entusiasmados  “¡mira!” ante los paisajes que se deslizan por las ventanillas; que entre la melancolía, la ilusión, la somnolencia y la curiosidad sueñe, en cada estación nocturna, ante la visión de las ventanas iluminadas de las casas. No me vais a dejar hablar de trenes, ¿verdad? Bien, pues en ese caso hablaré de Marta Zamarska.

Enlace ferroviario

Enlace ferroviario

De viaje

Pero hablar de Zamarska es, también, hablar de trenes. No solo de trenes, por supuesto, a pesar de que su serie dedicada a los ferrocarriles nos permite ocuparnos de ellos. Aunque, quizás, ya que os he pedido que no me dejéis hablar de trenes, será mejor que ceda la palabra a Marta: nadie mejor que ella para hablarnos de su Diario ferroviario y de las diversas estaciones que jalonan su ruta: su ciudad natal, Ustron; la universidad de Varsovia, donde cursó estudios de lengua y cultura estadounidenses y posteriormente, en otra nueva parada del trayecto, de bellas artes. El viaje, nos cuenta esta viajera, es “la búsqueda, la introspección, el descubrimiento del yo interior”. Una identidad en movimiento, pienso, que se reconoce en lo otro que, por diferente, llega a ser tan próximo.

El tren

Estación nocturna

Las vías
“Mi pasión por el ferrocarril –escribe Zamarska- se ha ido transformando gradualmente en una experiencia fascinante. Lo he visto madurar, cambiar sus formas, conquistar nuevos territorios, explorar lo desconocido. El deseo de descubrir nuevos caminos es cada vez más atractivo. Soy consciente de eso, ya no es solo un impulso, sino una fuerza desconocida que te empuja hacia delante”. Habla la viajera, habla la artista. Habla con la voz de cualquier persona lo suficientemente arraigada en la vida como para entenderla como viaje, búsqueda, encuentros, extravíos. 

Enlace ferroviario

“Solo conozco la primera y última estación, y a veces incluso la última estación sigue siendo un misterio. Lo que parece ser meticulosamente planificado, cada minuto tomado en cuenta, podría convertirse en una improvisación, un viaje a lo desconocido, una variación...”. 

Estación

En el metro
En su página web podemos leer la acertada descripción que Ged Quinn hace de la obra de esta artista polaca: “Monet se encuentra con Edward Hopper”. Monet: la atmósfera, esas “impresiones” que dan título –y contenido- a muchas de las obras de Marta. 
Hopper… No, miradlo vosotros mismos y decidme: ¿por qué Hopper? ¿Soledad, incomunicación? Esto es lo que nos cuenta Marta: “Los extraños que coinciden en el mismo compartimiento de tiempo y lugar pueden convertirse repentinamente en alguien cercano. La atmósfera y las condiciones son alentadoras para iniciar una conversación”. No parece en sus obras, sin embargo, que este diálogo se establezca. Una charla efímera que, como la artista dice, goza de la libertad de su propia fugacidad: nos encontramos en un vagón, hablamos, uno de nosotros desciende “en la próxima estación y lo que queda es solo un rastro, la memoria” o, en la mayoría de los casos, el olvido. 

En el metro

¿Tal vez la música puede propiciar el encuentro? Una música que Zamarska, que también ha sido bailarina, ama.

Acordeonista

Acordeonista

Enlace ferroviario
Viajeros. Estaciones. Noche. Frío y nieve. La poesía de Frank O’Hara: el tema elegido por Zamarska para su tesis; en concreto, la influencia de la pintura, la música y la danza sobre la obra de este poeta estadounidense que también nos habla de trenes y estaciones.

está lleno de salvajismo y tensión
como una estación de tren, los trenes huyen en el calor
del escape del Sur a los arroyos dulces
y los carriles cubiertos de pasto debajo de la
agradecida y esclarecedora luna rusa. 


Enlace ferroviario

Nocturno

Nocturno
O’Hara, el mismo poeta que nos dice:

Los buenos
aman los parques y los ineptos las
estaciones de tren
 Acepto mi ineptitud, puesto que amo las estaciones. Aunque también los parques, sin que eso me convierta necesariamente en “buena”.

Vías de tren

Marta Zamarska pinta también paisajes llenos de color y otros en los que los personajes destacan sobre la nieve como pequeñas manchas. Pinta edificios solitarios entre la noche y el frío, pinta flores, minerales y piedras preciosas, escenas de danza. Y trenes.

La vieja destilería

Malaquita, silencio

“A veces sueño con viajar sin billete. Mi billete está abierto y no sé adónde voy a llegar finalmente”. Buen viaje, Marta. Que todos tengamos un buen viaje, aunque seamos pasajeros sin billete y sin destino.

Impresión de ferrocarril XXXI