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martes, 13 de septiembre de 2016

Cantar como un pájaro: Marc Chagall y el teatro





Marc Chagall (1887-1985)



¿Os acordáis de Dafnis y Cloe, aquella pareja de despistados que aún no había descubierto “el nombre de Amor”? Hace tiempo recordamos su historia a través de la serie de cuarenta y dos litografías que Marc Chagall publicó en París en 1961. Poco antes, había trabajado ya “a lo grande” sobre el tema. Fue en 1958, cuando pintó cuatro telones y diseñó el vestuario para la representación en la Ópera de París, al año siguiente, de Dafnis y Cloe, el ballet de Maurice Ravel sobre el texto de Longo adaptado por Michel Fokine.


Marc Chagall, Dafnis y Cloe

Marc Chagall, Dafnis y Cloe

En esta fotografía podemos ver cómo el artista pinta el telón para el tercer acto del ballet en el taller Berthier:


 
Un año más tarde, André Malraux, ministro de Cultura en aquel momento, encargó a Chagall la decoración de la cúpula de la Ópera de París para que sustituyera la anterior, obra de Jules Eugène Lenepveu. Aquí vemos las dos obras, separadas por noventa y tres años. Qué cambio, ¿verdad? Un cambio que no a todos agradó.


Jules Eugène Lenepveu, Cúpula de la Ópera de París

Marc Chagall, Cúpula de la Ópera de París

Marc Chagall, Romeo y Julieta, Cúpula de la Ópera de París, detalle
“He querido en lo alto, como en un espejo, reflejar en un ramillete los sueños, las creaciones de los actores, de los músicos: recordar que abajo se agitan los colores de las ropas de los espectadores. Cantar como un pájaro, sin teoría ni método. Rendir homenaje a los grandes compositores de óperas y ballets”, nos cuenta el artista. Arriba, abajo, siempre el color, la canción del ave, los vuelos de Chagall. ¿Os habéis fijado en la distribución del color en las distintas secciones? ¡Esos colores que cantan! 


Marc Chagall, Boceto definitivo para la cúpula de la Ópera de París

Marc Chagall, Cúpula de la Ópera de París

Marc Chagall, Peleas y Melisande, Cúpula de la Ópera de París, detalle
Óperas, ballets y compositores protagonizan cada una de las secciones de esta cúpula: El lago de los cisnes, de Tchaikovsky; El pájaro de fuego, de Stravinsky; Dafnis y Cloe, de Ravel; Peleas y Melisande, de Debussy; Romeo y Julieta, de Berlioz; Tristan e Isolda, de Wagner; Boris Godunov, de Mussorgsky; Giselle, de Adam; Fidelio, de Beethoven; La Traviata, de Verdi; Carmen, de Bizet; Orfeo y Eurídice, de Gluck. Y también está Rameau y, cómo no, Mozart, el amado de Chagall, aquel cuya música acompañaba siempre su pintura. 


Marc Chagall, Orfeo y Eurídice, Carmen, cúpula de la Ópera de París, detalle

Marc Chagall, El pájaro de fuego, Dafnis y Cloe, cúpula de la Ópera de París, detalle

Marc Chagall, El lago de los cisnes, cúpula de la Ópera de París, detalle

Marc Chagall, El lago de los cisnes, cúpula de la Ópera de París, detalle

Marc Chagall, Tristán e Isolda, cúpula de la Ópera de París, detalle

Aquí podemos ver a Chagall mientras pinta la sección dedicada a Mussorgsky, así como el resultado final: 



Marc Chagall, Boris Godunov y La flauta mágica, cúpula de la Ópera de París, detalle

He dicho “la sección dedicada a Mussorgsky” y también, unas líneas más arriba, he mencionado a Mozart. Mirad, porque justo al lado de Godunov suena una flauta, pero no es una flauta cualquiera, sino la flauta mágica: 

Marc Chagall, La flauta mágica, cúpula de la Ópera de París, detalle

Marc Chagall, La flauta mágica, fotografía de David Rato
Una flauta cuyos colores sonarán en la Metropolitan Opera de Nueva York en 1967, cuando Chagall pinte los decorados y diseñe el vestuario de la ópera de Mozart: un trabajo al que dedicó tres años. Pintó trece telones, veintiséis piezas del decorado y diseñó más de ciento veinte trajes. ¡Valió la pena!


Marc Chagall, La flauta mágica

Marc Chagall, La flauta mágica
Mozart y Chagall: ¿podéis imaginarlo? ¡La Reina de la Noche, Papageno y Papagena, Tamino, Sarastro, Pamina! Vuelo sobre vuelo y vuelo, vuelo en los colores, en la música, en las voces, en los decorados, en los trajes, en los oídos, los ojos de los espectadores, en su piel, en la sonrisa inacabable que imagino y que sé que habría sido la mía, la nuestra, en aquella noche tan mágica como la flauta prodigiosa.


Marc Chagall, La flauta mágica, traje de Papagena

Lucia Popp como Reina de la Noche
A menudo digo que me gustaría saber cantar y, además, en alemán, para poder cantar el aria Der Hölle Rache cuando estuviese enfadada. ¡Oh, qué a gusto me enfadaría entonces! Aunque nunca tan bien como Lucia Popp y tantas otras espléndidas sopranos. ¿Me imagináis cantando cosas como “La venganza del infierno hierve en mi corazón!
¡La muerte y la desesperación arden alrededor de mí!”? No, incluso a mí me cuesta imaginármelo. Os pongo esta versión de Popp porque fue ella quien interpretó el papel de la reina en la obra decorada por Chagall.


Marc Chagall, La flauta mágica, traje de la Reina de la Noche
   

Haced que baje a tierra, por favor, porque aún debo terminar de escribir esta entrada. Pero, ¿cómo bajar a tierra si Chagall, en esos mismos años, pinta para la Ópera de Nueva York el díptico El triunfo de la música y Las fuentes de la música? ¡Los rojos, los amarillos!


Marc Chagall, El triunfo de la música, fotografía de Manuel Bidermanas

Marc Chagall, Las fuentes de la música

“Hay que hacer que el dibujo cante por el color, hay que hacer como Debussy”, nos dice Marc Chagall. Hay que volar por el color. Volemos, cantemos.



 

martes, 6 de septiembre de 2016

Como el sol en el firmamento: Marc Chagall y el teatro





Marc Chagall (1887-1985)



Me gustaría ser un personaje de Chagall. Ahora mismo volaría hasta Málaga para dar un abrazo enorme a Anate y para visitar con ella la exposición dedicada a Marc Chagall en el Museo Ruso. Después, por la noche, regresaría volando a casa, con una sonrisa en mis labios que solo verían las estrellas. Sé que existen los aviones, no hace falta que me lo recordéis, pero lo que a mí me gustaría es volar como vuelan los personajes de este artista. Como no puedo hacerlo, he decidido invitaros a que sobrevoléis figuradamente conmigo algunos de los trabajos escenográficos de Chagall, ese gran enamorado del teatro. Bueno, en realidad, ese gran enamorado del teatro… y de todo lo demás.


Marc Chagall, Aleko y Zemfira

El maestro de Chagall en San Petersburgo fue el escenógrafo Léon Bakst, cuyos trabajos más conocidos fueron los realizados para los Ballets Rusos. Bakst, no os quepa duda, también nos visitará con sus pinturas de caballete y con sus espléndidos diseños escénicos.


Léon Bakst, Preludio a La siesta de un fauno

Marc Chagall, Introducción al teatro judío, detalle
En 1919 le encargaron a Chagall la decoración del Teatro judío de Moscú. En muy poco tiempo pintó nueve paneles, el techo, el telón de boca y otras tres piezas. Los temas, extraídos de las mismas fuentes que manarán a lo largo de toda su vida artística –las tradiciones judías y el arte popular ruso- aluden a la música, el teatro, la danza, la literatura… También perdurará en su obra la búsqueda de un espectáculo total, como en esta pequeña sala de cuarenta metros cuadrados, en la que las pinturas rodean, envuelven a los espectadores. El famoso Violinista verde forma parte de este conjunto.


Marc Chagall, El violinista verde

Marc Chagall, Aleko y Zemfira, escena I
Volamos a través de los años, volamos sobre la tierra y el océano. Estamos en México, en 1942. Léonide Massine encarga a Chagall los decorados y vestuarios para el ballet Aleko, con música de Tchaikovsky, inspirado en el poema de Pushkin Los gitanos, que dio lugar también a la ópera Aleko, de Rajmáninov. Bella, la mujer de Chagall, colaboró en la realización del vestuario diseñado por su esposo. Mientras trabajaba, Marc pensaba en Rusia, como contó después. También pensaba en Bella, como siempre, pero aún la tenía junto a él, trabajando a su lado: solo tenía que levantar la mirada para verla, solo extender la mano para acariciar la suya. Aún podían sonreírse, aunque no les quedaba mucho tiempo.


Marc Chagall, El carnaval, escena II de Aleko y Zemfira

Marc Chagall, El carnaval, escena IV de Aleko y Zemfira

Marc Chagall, Aleko y Zemfira

El estreno de Aleko en el Palacio de Bellas Artes alcanzó gran éxito. El público quedó entusiasmado también cuando, unos meses más tarde, la obra se representó en la Metropolitan Opera House de Nueva York. 

Pero quizás lo más hermoso fue lo que Bella dijo acerca del trabajo de Marc: “Los decorados de Chagall arden como el sol en el firmamento”. 


Marc Chagall, Tarde de verano, escena III de Aleko y Zemfira

Marc Chagall, El pájaro de fuego
Tres años más tarde, fue un pájaro de fuego el que se posó sobre el escenario de la Metropolitan Opera de Nueva York. El ballet, con música de Igor Stravinsky y argumento de Michel Fokine, había sido estrenado por los Ballets Rusos en 1910, con decorados de Bakst. Para la representación neoyorquina de 1945, Chagall pintó cuatro telones y diseñó el vestuario. La experiencia americana vivida pocos años antes le aportó motivos nuevos, como los rasgos de las kachinas, unas estatuillas de madera pintadas por los indígenas de Arizona y Nuevo México. 


Marc Chagall, El pájaro de fuego

Marc Chagall, El pájaro de fuego

Poco antes del estreno –de hecho, cuando estaba a punto de alzarse el telón-, el pintor se dedicó a añadir manchas de color sobre los vestidos que llevaban los bailarines, según se cuenta. Ignoro cómo se tomaron los improvisados “lienzos” el impulso de Chagall de pintar sobre ellos. 

Marc Chagall, El pájaro de fuego, fotografía de Henning Høholt

Marc Chagall, La danza y el circo
Ese deseo de convertir todo en pintura, en teatro, en un espectáculo total, y el “hambre de paredes” que suscitó en él la aventura de México se plasmó también en decoraciones de espacios teatrales, como había hecho en el Teatro judío de Moscú. En 1950 diseñó dos murales para el Watergate Theatre de Londres: La danza y el circo y El circo azul. El circo fue también el tema elegido para la Commedia dell’arte que pintó en 1958 para la Frankfurt Alte Oper. El circo: otro de los espectáculos que apasionaban a Chagall: otro espectáculo que aspira a esa totalidad tan anhelada por él. 


Marc Chagall, El circo azul

Marc Chagall, La comedia del arte

Esperad, no os poséis aún en tierra: aún tenemos que volar con Marc a París y a Nueva York, aún tenemos que hablar de enamorados, de magia, del color. Ese color del que Chagall nos dice que es todo, que es vibración, como la música. Todas las cosas son vibración. Todo es color. Es música.


Marc Chagall, La flauta mágica
 Continuará...