¿Os acordáis de Dafnis y Cloe, aquella pareja de
despistados que aún no había descubierto “el nombre de Amor”? Hace tiempo
recordamos su historia a través de la serie de cuarenta y dos litografías que
Marc Chagall publicó en París en 1961. Poco antes, había trabajado ya “a lo
grande” sobre el tema. Fue en 1958, cuando pintó cuatro telones y diseñó el
vestuario para la representación en la Ópera de París, al año siguiente, de Dafnis y Cloe, el ballet de Maurice
Ravel sobre el texto de Longo adaptado por Michel Fokine.
Marc
Chagall, Dafnis y Cloe
Marc
Chagall, Dafnis y Cloe
En esta fotografía podemos ver cómo el artista pinta
el telón para el tercer acto del ballet en el taller Berthier:
Un año más tarde, André Malraux, ministro de
Cultura en aquel momento, encargó a Chagall la decoración de la cúpula de la
Ópera de París para que sustituyera la anterior, obra de Jules Eugène Lenepveu.
Aquí vemos las dos obras, separadas por noventa y tres años. Qué cambio,
¿verdad? Un cambio que no a todos agradó.
Jules Eugène Lenepveu, Cúpula de la Ópera de París
Marc Chagall, Cúpula de la Ópera de París
Marc Chagall, Romeo
y Julieta, Cúpula de la Ópera de París, detalle
“He querido en lo alto, como en un espejo, reflejar
en un ramillete los sueños, las creaciones de los actores, de los músicos:
recordar que abajo se agitan los colores de las ropas de los espectadores.
Cantar como un pájaro, sin teoría ni método. Rendir homenaje a los grandes
compositores de óperas y ballets”, nos cuenta el artista. Arriba, abajo,
siempre el color, la canción del ave, los vuelos de Chagall. ¿Os habéis fijado
en la distribución del color en las distintas secciones? ¡Esos colores que
cantan!
Marc Chagall, Boceto definitivo para la cúpula de
la Ópera de París
Marc Chagall, Cúpula de la Ópera de París
Marc Chagall, Peleas
y Melisande, Cúpula de la Ópera de París, detalle
Óperas, ballets y compositores protagonizan cada
una de las secciones de esta cúpula: El
lago de los cisnes, de Tchaikovsky; El
pájaro de fuego, de Stravinsky; Dafnis
y Cloe, de Ravel; Peleas y Melisande,
de Debussy; Romeo y Julieta, de
Berlioz; Tristan e Isolda, de Wagner;
Boris Godunov, de Mussorgsky; Giselle, de Adam; Fidelio, de Beethoven; La Traviata,
de Verdi; Carmen, de Bizet; Orfeo y Eurídice, de Gluck. Y también
está Rameau y, cómo no, Mozart, el amado de Chagall, aquel cuya música
acompañaba siempre su pintura.
Marc Chagall, Orfeo
y Eurídice, Carmen, cúpula de la
Ópera de París, detalle
Marc Chagall, El
pájaro de fuego, Dafnis y Cloe, cúpula de la Ópera de París, detalle
Marc Chagall, El
lago de los cisnes, cúpula de la Ópera de París, detalle
Marc Chagall, El
lago de los cisnes, cúpula de la Ópera de París, detalle
Marc Chagall, Tristán
e Isolda, cúpula de la Ópera de París, detalle
Aquí podemos ver a Chagall mientras pinta la
sección dedicada a Mussorgsky, así como el resultado final:
Marc Chagall, Boris
Godunov y La flauta mágica, cúpula de la Ópera de París, detalle
He dicho “la sección dedicada a Mussorgsky” y
también, unas líneas más arriba, he mencionado a Mozart. Mirad, porque justo al
lado de Godunov suena una flauta, pero no es una flauta cualquiera, sino la
flauta mágica:
Marc Chagall, La
flauta mágica, cúpula de la Ópera de París, detalle
Marc Chagall, La
flauta mágica, fotografía de David Rato
Una flauta cuyos colores sonarán en la Metropolitan Opera
de Nueva York en 1967, cuando Chagall pinte los decorados y diseñe el vestuario
de la ópera de Mozart: un trabajo al que dedicó tres años. Pintó trece telones,
veintiséis piezas del decorado y diseñó más de ciento veinte trajes. ¡Valió la
pena!
Marc Chagall, La
flauta mágica
Marc Chagall, La
flauta mágica
Mozart y Chagall: ¿podéis imaginarlo? ¡La Reina de la Noche, Papageno y Papagena,
Tamino, Sarastro, Pamina! Vuelo sobre vuelo y vuelo, vuelo en los colores, en
la música, en las voces, en los decorados, en los trajes, en los oídos, los
ojos de los espectadores, en su piel, en la sonrisa inacabable que imagino y
que sé que habría sido la mía, la nuestra, en aquella noche tan mágica como la
flauta prodigiosa.
Marc Chagall, La
flauta mágica, traje de Papagena
Lucia Popp como Reina de la Noche
A menudo digo que me gustaría saber cantar y,
además, en alemán, para poder cantar el aria Der Hölle Rache cuando estuviese enfadada. ¡Oh, qué a gusto me
enfadaría entonces! Aunque nunca tan bien como Lucia Popp y tantas otras
espléndidas sopranos. ¿Me imagináis cantando cosas como “La venganza del infierno hierve en mi corazón! ¡La muerte y la desesperación arden alrededor de
mí!”? No, incluso a mí me cuesta imaginármelo. Os pongo esta versión de
Popp porque fue ella quien interpretó el papel de la reina en la obra decorada
por Chagall.
Marc Chagall, La
flauta mágica, traje de la
Reina de la
Noche
Haced que baje a tierra, por favor, porque aún debo
terminar de escribir esta entrada. Pero, ¿cómo bajar a tierra si Chagall, en
esos mismos años, pinta para la Ópera de Nueva York el díptico El triunfo de
la música y Las fuentes de la música? ¡Los rojos, los amarillos!
Marc Chagall, El
triunfo de la música, fotografía de Manuel Bidermanas
Marc Chagall, Las
fuentes de la música
“Hay que hacer que el dibujo cante por el color, hay que
hacer como Debussy”, nos dice Marc Chagall. Hay que volar por el color.
Volemos, cantemos.
Me gustaría ser un personaje de Chagall. Ahora
mismo volaría hasta Málaga para dar un abrazo enorme a Anate y para visitar con ella la
exposición dedicada a Marc Chagall en el Museo Ruso. Después, por la noche, regresaría volando a casa,
con una sonrisa en mis labios que solo verían las estrellas. Sé que existen los
aviones, no hace falta que me lo recordéis, pero lo que a mí me gustaría es
volar como vuelan los personajes de este artista. Como no puedo hacerlo, he
decidido invitaros a que sobrevoléis figuradamente conmigo algunos de los
trabajos escenográficos de Chagall, ese gran enamorado del teatro. Bueno, en
realidad, ese gran enamorado del teatro… y de todo lo demás.
Marc Chagall, Aleko
y Zemfira
El maestro de Chagall en San Petersburgo fue el
escenógrafo Léon Bakst, cuyos trabajos más conocidos fueron los realizados para
los Ballets Rusos. Bakst, no os quepa duda, también nos visitará con sus
pinturas de caballete y con sus espléndidos diseños escénicos.
Léon Bakst, Preludio
a La siesta de un fauno
Marc Chagall, Introducción
al teatro judío, detalle
En 1919 le encargaron a Chagall la decoración del
Teatro judío de Moscú. En muy poco tiempo pintó nueve paneles, el techo, el
telón de boca y otras tres piezas. Los temas, extraídos de las mismas fuentes
que manarán a lo largo de toda su vida artística –las tradiciones judías y el arte
popular ruso- aluden a la música, el teatro, la danza, la literatura… También
perdurará en su obra la búsqueda de un espectáculo total, como en esta pequeña
sala de cuarenta metros cuadrados, en la que las pinturas rodean, envuelven a
los espectadores. El famoso Violinista
verde forma parte de este conjunto.
Marc Chagall, El
violinista verde
Marc Chagall, Aleko
y Zemfira, escena I
Volamos a través de los años, volamos sobre la
tierra y el océano. Estamos en México, en 1942. Léonide Massine encarga a
Chagall los decorados y vestuarios para el ballet Aleko, con música de Tchaikovsky,
inspirado en el poema de Pushkin
Los gitanos, que dio lugar también a
la ópera Aleko, de Rajmáninov. Bella,
la mujer de Chagall, colaboró en la realización del vestuario diseñado por su esposo. Mientras
trabajaba, Marc pensaba en Rusia, como contó después. También pensaba en Bella,
como siempre, pero aún la tenía junto a él, trabajando a su lado: solo tenía
que levantar la mirada para verla, solo extender la mano para acariciar la
suya. Aún podían sonreírse, aunque no les quedaba mucho tiempo.
Marc Chagall, El
carnaval, escena II de Aleko y Zemfira
Marc Chagall, El
carnaval, escena IV de Aleko y Zemfira
Marc Chagall, Aleko
y Zemfira
El
estreno de Aleko en el Palacio de Bellas Artes alcanzó gran éxito. El
público quedó entusiasmado también cuando, unos meses más tarde, la obra se
representó en la Metropolitan
Opera House de Nueva York.
Pero quizás lo más hermoso
fue lo que Bella dijo acerca del trabajo de Marc: “Los decorados de
Chagall arden como el sol en el firmamento”.
Marc Chagall, Tarde
de verano, escena III de Aleko y Zemfira
Marc Chagall, El
pájaro de fuego
Tres años más tarde, fue un pájaro de fuego el que
se posó sobre el escenario de la Metropolitan
Opera de Nueva York. El ballet, con música de Igor Stravinsky
y argumento de Michel Fokine, había sido estrenado por los Ballets Rusos en
1910, con decorados de Bakst. Para la representación neoyorquina de 1945,
Chagall pintó cuatro telones y diseñó el vestuario. La experiencia americana
vivida pocos años antes le aportó motivos nuevos, como los rasgos de las
kachinas, unas estatuillas de madera pintadas por los indígenas de Arizona y
Nuevo México.
Marc Chagall, El
pájaro de fuego
Marc Chagall, El
pájaro de fuego
Poco antes del estreno –de hecho, cuando estaba a
punto de alzarse el telón-, el pintor se dedicó a añadir manchas de color sobre
los vestidos que llevaban los bailarines, según se cuenta. Ignoro cómo se
tomaron los improvisados “lienzos” el impulso de Chagall de pintar sobre
ellos.
Marc Chagall, El
pájaro de fuego, fotografía de Henning Høholt
Marc Chagall, La
danza y el circo
Ese deseo de convertir todo en pintura, en teatro,
en un espectáculo total, y el “hambre de paredes” que suscitó en él la aventura
de México se plasmó también en decoraciones de espacios teatrales, como había
hecho en el Teatro judío de Moscú. En 1950 diseñó dos murales para el Watergate
Theatre de Londres: La danza y el circo
y El circo azul. El circo fue también
el tema elegido para la Commedia dell’arte que pintó en 1958 para la Frankfurt Alte Oper. El circo: otro de los espectáculos que apasionaban a
Chagall: otro espectáculo que aspira a esa totalidad tan anhelada por él.
Marc Chagall, El
circo azul
Marc Chagall, La
comedia del arte
Esperad, no os poséis aún en tierra: aún tenemos que volar con Marc a París y a Nueva York, aún tenemos que hablar de enamorados, de magia, del color. Ese color del que Chagall nos dice que es todo, que es vibración, como la música. Todas las cosas son vibración. Todo es color. Es música.