viernes, 10 de mayo de 2019

La paciencia de la mano





La mano en la mano: ¿qué mano, qué manos? Pon tu mano, es decir, mi mano, pon tu mano en la mano. ¿Mano de otro, la imagen de una mano o mi mano en mi mano, en actitud de espera?

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Sopló un gran viento que todo lo arrastró. La mano se perdió.

Paul Klee, Breve descripción del paso entre montañas

Esa mano, cuenta Najmán en uno de sus cuentos, era un mapa del mundo, de todos los mundos, de la estructura de cada uno de los universos. Podían seguirse en ella las indicaciones acerca de los senderos que unían los mundos: cada sendero, único.  Todos, sin embargo, estaban trazados en la mano.   
Estaban en ella todos los tiempos, incluso los que proseguían después del final, es decir, cuando, desde un punto de vista lógico, carece de sentido hablar de después y de proseguir, pero no para la mano, no en la mano. Estaban registrados en ella los nombres de todos los viajeros y cada uno de sus pasos. Todo estaba en la mano, hasta el más mínimo detalle.

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La mano, pensamiento. La paciencia de la mano, escribe Canetti. La dulzura del tacto.
Sopló un gran viento.


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¿Cómo se hicieron pacientes las manos?, se pregunta Elias Canetti. "¿Cómo conquistaron la delicadeza de sus dedos? Una de las ocupaciones más tempranas de la que se tiene noticia y que tanto gusta a los monos es la de hurgar en el ‘pelaje’ de sus compañeros. Creemos que buscan algo, y como indudablemente a veces lo encuentran, hemos atribuido a esta actividad un sentido demasiado estrecho y puramente utilitario. Lo que en realidad les interesa es la agradable sensación que experimentan sus dedos entre los pelos de la piel".



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Esto es un juego. Más vale que lo diga ya: es un juego de manos. Jugamos a él hace unos años; volvemos a jugar ahora, con algunos cambios. Se trata de que reunáis las manos numeradas con sus cuerpos –sus pinturas- correspondientes. Hasta ahora, llevamos cinco. ¡Cinco manos perdidas, arrastradas por un gran viento! Manos con sus mapas o, si queréis, manos que contienen en la yema de sus dedos el paraíso.

Huellas.


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Mano tendida. Mano que hace.

La mano,  dice Canetti, "alcanzó su perfección por otras vías, es decir allí donde renunció a la violencia y al botín. La verdadera ‘grandeza de las manos’ está en su ‘paciencia’. Los tranquilos y acompasados procesos de la mano han ido creando el mundo en el que querríamos vivir. El alfarero, cuyas manos saben modelar la arcilla, aparece como creador ya al principio de la Biblia".






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Las manos, escribe Emilio Lledó, "eran ya, por sí mismas, pensamiento".


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José de Ribera, Sibila


Diez imágenes para jugar con ellas. Con paciencia.

La paciencia de la mano. Su delicadeza.



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domingo, 14 de abril de 2019

Paul Klee, en compañía de ángeles




Lo malo de escribir sobre ángeles es que se acaba… escribiendo sobre ángeles. Los caídos (menudo batacazo el del pobre ángel de Gérard de Nerval), el terrible de Rilke, Bruno Ganz con abrigo oscuro y cara de pena en la película de Wenders,  y tantas otras cosas magníficas y aladas, sí, pero que no están invitadas hoy a esta escritura que atañe a los ángeles de Klee.


Ángel

Ángel en el jardín de infancia

No creáis que ha sido sencillo convocarlos, porque son cerca de cien ángeles –imaginad el bullicio, los aprietos para echarles el lazo, el cuidado para que no saliesen volando por el balcón y para que no los atrapase la gata…-. Fui detrás de algunos de ellos con un cazaángeles –ya sabéis, como un cazamariposas pero de mayor tamaño, excepto si nos conformamos con atrapar solo ángeles pequeñitos-; a otros los embauqué con golosinas angélicas o los rescaté de las telarañas en las que habían quedado enredados. A algunos bastó con decirles: “¿venís?”, y ellos respondieron: “bueno”. El caso es que aquí están. No todos, claro. ¡Menudo alboroto, si hubiesen venido todos!


Angelus Militans

¿Ángel? ¿Klee? Vuela raudo a nuestra imaginación el ángel nuevo, esa criatura celestial creada para cantar un cántico nuevo, según el Talmud. Walter Benjamin, propietario de esta obra de Klee, escribió en diversas ocasiones sobre ella. Hacia el final de la entrada que enlazo aquí podéis leer lo que Benjamin cuenta acerca del Angelus Novus en su novena tesis sobre la filosofía de la historia: Paul Klee: soy color . En sus Escritos autobiográficos, Benjamin escribe estas bellas palabras: “Aprender del ángel cómo este alcanza con la vista a su compañera, y luego se retira imparable sacudiendo las alas. No espera de ella nada nuevo, más que únicamente la mirada del ser humano, al que sigue estando consagrado”.


Angelus Novus

Ángel todavía femenino
Aunque de inmediato hayamos pensado en el ángel nuevo, son muchos y muy distintos los que Klee nos ofrece: ángeles pobres, armados, desbordantes y con estrella, en forma de campana, párvulos, esperanzados, olvidadizos, solicitantes, fecundos, vigilantes, callados, inciertos, que todavía son femeninos, que van a tientas, que escuchan, que piden o conceden perdón, que descienden, que aún se están haciendo, que sirven pequeños desayunos o traen lo deseado…  Si nos trasladamos al universo de Borges, podemos añadir ángeles que tiemblan como locos, que acaban de romper el jarrón o que de lejos parecen moscas.


Un genio sirve un pequeño desayuno o Un ángel trae lo deseado

Ángel solicitante
Klee se soñaba en vuelo: no ángel, sino Klee volador. Eso nos cuenta en sus Diarios. Escribe también en ellos: “Para sacarme a mí mismo de entre las ruinas, tendría que volar. Y volé. En ese mundo destrozado ya solo vivo en el recuerdo, así como a veces se piensa en algo pasado”. El rostro de Klee, como el de su ángel nuevo, “está vuelto hacia el pasado. Donde nosotros percibimos una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única que amontona ruina sobre ruina y la arroja a sus pies. Bien quisiera él detenerse –sigue diciendo Benjamin-, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado, pero desde el Paraíso sopla un huracán que se enreda en sus alas, y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irresistiblemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras los escombros se elevan ante él hasta el cielo”.



Angelus Descendens

Ángel

En otro lugar, Benjamin escribe: “el único camino en el que puede esperar algo nuevo es el del regreso a casa”. Y de ahí saltamos a Wittgenstein: “Es como si me hubiera perdido y preguntara a alguien el camino a casa. Él dice que me guiará y me lleva a un bello camino llano. Este termina de pronto. Y ahora dice mi amigo; «Todo lo que tienes que hacer es encontrar desde aquí el camino a casa»”.  ¿Volver a casa, sea lo que sea aquello a lo que llamamos casa? ¿Es posible el regreso? Nicholas Ray le dice a Wim Wenders que no: “No podemos volver a casa”.  No, no podemos. Desde el paraíso sopla un huracán que nos empuja. Así que vamos allá. Si hay que volar, se vuela. Como Klee.


Angelus Dubiosus
Ángel
El viento que sopla desde el paraíso. Una vez más, el viento. Y ese edén cuya lengua –de los pájaros, de los ángeles- busca Klee. “Su camino –nos cuenta Guillermo Solana- es un regreso hacia la fuente primordial de donde fluyen a la vez el dibujo y la escritura. Son los signos in statu nascendi. Vestigios de una escritura adánica, revelada directamente al hombre por los ángeles, ilustrada en las constelaciones y en las líneas de la mano”.


Sopló un gran viento que todo lo arrastró. La mano se perdió.

Eso os lo contaré otro día.



Jardín de pájaros


Recordad, ahora:

No todos los ángeles tienen alas.
No todos los ángeles son buenos.
No todos los ángeles saben que son ángeles.


Ángel armado


Ángel en proceso
No he hablado mucho de Klee y de sus ángeles, ¿verdad? Disculpad, pero ya sabéis que algunos tenemos la cabeza llena de pájaros –o de ángeles-. En cualquier caso, esto aún está en formación, se está haciendo, como uno de los ángeles de Klee. Si sentís curiosidad por saber cuándo les crecieron alas a estos seres, o si son barbados o imberbes, niños o adultos, podéis echar un vistazo aquí: ¿Cuándo les crecieron alas a los ángeles?


Ángel que escucha


Ángel del perdón
Se me ocurre ahora, a punto de despedirme, que un ángel no es más que una función: tal vez los humanos podemos cumplir en determinadas ocasiones –y sin percatarnos de ello- algunas de estas funciones. Entregar un mensaje, por ejemplo, que ni siquiera sabemos que entregamos, ni a quién, ni en qué consiste ese mensaje, porque a lo mejor es un mensaje distinto para cada uno de aquellos que se considera su receptor. En ese sentido, conozco a muchas personas que han ejercido y ejercen, para mí, esa función de ángeles.


A lo mejor, también, los ángeles necesitan ser renovados.