Feo y
enamorado. Así es nuestro fantasma. Un fantasma que, en realidad, no lo es,
puesto que la categoría de espectro presupone la de difunto y Erik, el
fantasma, está bien vivo. Pero dejémosle con sus penas de amor y con sus
músicas para irnos a recorrer la Ópera de París: no la que construyó Charles
Garnier, sino la que Charles D. Hall recrea en El fantasma de la Ópera, la película dirigida por Rupert Julian en
1925.
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Rupert Julian, El
fantasma de la Ópera, 1925 |
Hall, que poco
después pondría en pie inolvidables torreones, laboratorios, mansiones y aun
ciudades enteras, construye en el plató 28 de los estudios de la Universal una réplica de
la Ópera de París. En este caso, bien podemos decir que la reproduce de arriba
abajo o de abajo arriba, como prefiráis, puesto que nos conduce desde los
sótanos del edificio –esa inmensa cripta sembrada de cadáveres, como nos cuenta
Gaston Leroux en su novela- hasta sus tejados. La escala vertical que une
cielos e infiernos entra en juego en esta inquietante y romántica historia.
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Rupert Julian, El
fantasma de la Ópera, 1925 |
¿He escrito la palabra “infierno”? Los decorados de
la Ópera incluyen una magnífica "boca del infierno", uno de los tres elementos que
configuraban la mansión del averno en el teatro medieval. Se trataba de una
boca monstruosa, pintada en una cortina de tela que se podía abrir o cerrar
mediante cuerdas. En Francia, esta “boca del infierno” se conocía como La
chappe ou museau d’Hellequin –un
personaje del folclore europeo-. La deformación en la pronunciación,
sobre todo en la región de París, dio lugar a que esta expresión se
transformara en Le manteau d’Arlequin, convirtiéndose de este modo la
puerta del infierno en símbolo del teatro para regocijo de los moralistas
empeñados, durante siglos, en la cruzada en contra del espectáculo teatral.
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Rupert Julian, El
fantasma de la Ópera, 1925 |
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Rupert Julian, El
fantasma de la Ópera, 1925 |
La mansión
del infierno incluía, además, una torre fortaleza y un pozo al cual era
arrojado Satanás. No son ajenas las torres a los intereses escenográficos de
Charles D. Hall, como tampoco el pozo, que en la novela de Leroux asume el
aspecto de un río subterráneo y, en la película de Julian, evoca con fuerza las
Cárceles de Piranesi:
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Rupert Julian, El
fantasma de la Ópera, 1925 |
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Rupert Julian, El
fantasma de la Ópera, 1925 |
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Rupert Julian, El
fantasma de la Ópera, 1925 |
El descenso
de Christine a caballo, hasta llegar al lago Negro, nos regala unas imágenes de
gran belleza:
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Rupert Julian, El
fantasma de la Ópera, 1925 |
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Rupert Julian, El
fantasma de la Ópera, 1925 |
Un teatro es
un buen lugar para acoger misterios, crímenes y pasiones. Los
dramas no se desarrollan tan solo en el escenario:
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Rupert Julian, El
fantasma de la Ópera, 1925 |
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Rupert Julian, El
fantasma de la Ópera, 1925 |
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Rupert Julian, El
fantasma de la Ópera, 1925 |
Los decorados muestran rasgos característicos de
Charles D. Hall que reaparecerán en películas posteriores, como Londres después de medianoche, Drácula, Frankenstein… Me refiero, por ejemplo, a los sillares fuertemente delineados o a la variedad y originalidad de sus arcos,
resueltos en ocasiones en esviaje, es decir, de forma oblicua.
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Rupert Julian, El
fantasma de la Ópera, 1925 |
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Rupert Julian, El
fantasma de la Ópera, 1925 |
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Rupert Julian, El
fantasma de la Ópera, 1925 |
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Rupert Julian, El
fantasma de la Ópera, 1925 |
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Rupert Julian, El
fantasma de la Ópera, 1925 |
La
construcción de un decorado tan impresionante como el de la Ópera de París fue
muy costosa, como os podéis imaginar, pero a la larga resultó rentable.
Numerosas películas lo utilizaron: entre ellas, El teatro siniestro, Svengali,
El cuervo, la versión de El fantasma de la Ópera dirigida por Arthur
Lubin en 1943 y muchas más.
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Plató de los estudios Universal, El fantasma de la Ópera, 1925 |
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Plató de los estudios Universal, El fantasma de la Ópera, 1925 |
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Plató de los estudios Universal, El fantasma de la Ópera, 1925 |
En una de las
escenas finales de la película de Julian se ve la catedral de Notre Dame: es el
mismo decorado que se utilizó en El
jorobado de Notre Dame en 1923. Otro detalle del trasvase de enseres y
decoraciones es el que afecta a la cama, en forma de barca, que pasa de la
residencia subterránea de Eric al dormitorio de Norma Desmond, el personaje
interpretado por Gloria Swanson en Sunset Boulevard, dirigida por Billy Wilder en 1950.
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Rupert Julian, El
fantasma de la Ópera, 1925 |
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Billy Wilder, Sunset
Boulevard, 1950 |
Volveremos a
encontrarnos con el desdichado fantasma enamorado. ¿Desdichado por su condición
de fantasma -o, más bien, de falso fantasma-, o por la de enamorado?
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Rupert Julian, El
fantasma de la Ópera, 1925 |
Según la
leyenda, el espectro de Lon Chaney merodea aún por los viejísimos decorados de
la película rodada en 1925. Estaremos vigilantes, para que no nos sorprenda.
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Rupert Julian, El
fantasma de la Ópera, 1925 |
Wooowwwww Carmen! Estaré vigilante :) una entrada espectacular!!!
ResponderEliminar¡Operística!
EliminarMirad lo que he encontrado sobre la cama:
ResponderEliminarAntes de pasar al fantasma, perteneció a la bailarina Gaby Deslys, fallecida en 1920:
http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/0/03/Deslys.jpg
Pintada de blanco, aparece detrás de Carole Lombard en Twentieth Century, de Howard Hawks (1934):
http://farm5.static.flickr.com/4130/5163832926_b451df39d3.jpg
Con sólo leerlo ya me tiemblan las piernas de miedo. Magnífico post, Carmen.
ResponderEliminarAunque te tiemblen las piernas, ¡no te sientes en esa cama, Elisenda! ¡Por lo que más quieras! Si piensas en Gaby Deslys, en Lon Chaney y en Carole Lombard, empiezas a pensar que esa cama tiene mal fario.
EliminarEs verdad que es magnífico. Unida una carácterística a otra como en un dominó, recuerda temas ya tratados como el uso de un escenario para diferentes obras, el cuidado por el detalle, la influencia de otros artistas, y un sinfín de cosas interesantes.
ResponderEliminarQuizás por eso y por el buen hacer de los actores y de todos los artesanos que hacen una película, a pesar de que técnicamente ya están viejitas, siguen levantando pasiones y asombro; algo que es difícil de encontrar hoy en día o al menos no tanto como debería.
Da que pensar.
Son joyas. Estas películas que, como con razón dices, técnicamente ya están viejitas, nos siguen conmoviendo de una manera especial.
EliminarEstupenda entrada con toda su magia y entretelas. Me ha gustado mucho.
ResponderEliminarUn saludo
Los teatros son así. Magia pura. ¡Y todo lo que sucede entre bastidores! Un abrazo, Yolanda.
EliminarLon Chaney, la imagen del terror
ResponderEliminarEl Drácula que no pudo ser, aunque tampoco podemos quejarnos de Bela Lugosi.
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