lunes, 16 de marzo de 2015

La expresión del cuerpo




Tanto las figuras humanas que pinta Edward Hopper como sus ecos cinematográficos presentan un aire de desvalimiento y de extrañeza, casi como si, más que de cuerpos humanos, se tratase de autómatas o marionetas. Es interesante comparar la desolada imagen de Gilles o Pierrot, de Watteau, con las de los personajes que aparecen en dos películas muy hopperianas de Michelangelo Antonioni y Terrence Malick:

Jean-Antoine Watteau, Gilles, Museo del Louvre, París, 1719-21 c.

Michelangelo Antonioni, L'Eclisse, 1962

Terrence Malick, Badlands, 1973

En los tres casos, la figura se presenta erguida, en posición frontal. Los brazos cuelgan, inertes, a los lados del cuerpo, aunque en la película de Malick se doblan para cruzarse a la espalda. Las expresiones de los rostros muestran el mismo vacío o la misma tristeza. Idéntica actitud hallamos en los personajes de espaldas que vemos en otras películas que reciben la influencia de Hopper:


Rainer Werner Fassbinder, Ali: Eats the Soul, 1974


Sam Mendes, Road to Perdition, 2002

En algunos casos, las figuras, sin abandonar su rigidez, revelan la tensión que encierran:


Edward Hooper, Mujer al sol, Whitney Museum of American Art, Nueva York, 1961

Andrej Wajda, Tatarak, 2009

En las figuras sentadas se advierte el mismo aspecto de cansancio y derrota que muestra la Betsabé de Rembrandt, abatida tras la lectura de la carta del rey David, o una de las figuras que aparecen en un dibujo realizado por Füssli durante sus primeros años de estancia en Roma:
Rembrandt Harmenszoon Van Rijn, Betsabé, Museo del Louvre, París, 1654

Johann Heinrich Füssli, J.T. Sergel en su estudio, detalle, Nationalmuseum, Estocolmo, 1773 c.

Es la misma actitud de callada espera que vemos en algunos personajes de artistas como Whistler, Hammershøi o Modigliani:

James Abbot McNeill Whistler, La madre del artista, Museo de Orsay, París, 1871

Vilhelm Hammershøi, Frederikke Hammershøi, 1886

Amedeo Modigliani, Jeanne Hébuterne, Pinacothèque de París, 1918

Inmóviles y presos en uno de esos momentos congelados tan característicos de la pintura de Hopper, heredero de otros pintores que apreció, los personajes esperan. Pero, ¿qué esperan?

Edward Hopper, Habitación de hotel, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid, 1931


Francis Ford Coppola, The Rain People, 1969
 
Edward Hopper, Excursion a la filosofía, colección privada, 1959


Matthew Weiner, Mad Men, 2007
¿Qué esperan? ¿En qué piensan?



Michelangelo Antonioni, L'Eclisse, 1962


13 comentarios:

  1. Pero qué interesante!!!! Me ha encantado, de noche voy a releerlo con calma. Tengo devoción por el cuadro La madre del artista desde hace años, ayyyy, y ya ni te digo por Hopper, pero nunca se me habría ocurrido hacer estas comparaciones. Me ha gustado muchísimo. Unbesín.

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    1. Gracias, Marigem. La idea surgió porque me llamaron la atención las similitudes, en posturas y expresión, de los personajes.

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    1. Eso se deduce, sobre todo, de las actitudes de las ancianas representadas. Pero, ¿todos esperan la muerte? (aunque a todos les llegará).

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  3. La verdad es que, visto así, de seguido, se ve claramente la influencia de unos sobre otros, pero por separado jamás reparé en ello
    De Hopper sólo puedo hablar por lo que veo. Con sus influencias es comprensible, ahora que sé cuales són, porque les da una determinada expresión, pero hay algo en él que no veo en los otros, y es la tristeza infinita. Hay una soledad sobrecogedora, incluso cuando hay más de una persona; algo así como estar solo rodeado de gente.
    No me da la sensación que esperen nada. Eso lo hace más desolador. Son personajes ajados, sin esperanza. Y no es que los otros pintores no sean tristes también, pero aunque esperen la muerte, al menos esperan. Los personajes de Hopper, me dan la sensación a mi (que no sé si al resto también) de no esperar ni siquiera la muerte.
    Por otro lado, no me extraña que den tan bien la réplica en el cine, pues supongo que, sin pretenderlo, pero de alguna manera, son actores.

    GRACIAS Carmen, me ha gustado todo, pero especialmente la relación, entre unos y otros, y como, al final, pintores como el mismo Rembrandt ha influído en el cine.

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    1. La soledad y el silencio de Hopper, siempre.

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  4. Precioso y muy interesante, Carmen. Como a muchas personas me impresiona la soledad que transmiten los cuadros de Hopper, tanto que estudié su biografía para saber si su obra reflejaba algo de su vida. Pero curiosamente en la vida de Hopper, por lo que yo sé, no hay desolación, casi podría decirse que fue una vida burguesa normal. Quién sabe si hubo algo oscuro en su interior o es que percibía así su entorno. Y otra cosa: la soledad está presente en sus obras, pero las figuras, aunque ensimismadas, están erguidas, miran al frente. Excepto en un cuadro (ya sabes que me gusta imaginarme cosas), creo que se llama Summer Interior, en el que una mujer yace abatida en el suelo y esconde su rostro. Ahí creo que pintó la derrota absoluta.

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    1. Dos apreciaciones muy interesantes, Manuel: la primera, sobre la falta de adecuación entre vida y obra; la segunda, la observación acerca de que los personajes, a pesar de todo, se mantienen erguidos. Me has recordado una conversación sobre Cioran, hace unos pocos días. Una persona decía: “tras saber que nada es deseable ni merece permanecer, ¿cómo sostenerse en pie y, además, sonriendo?”. “¿Acaso se puede hacer otra cosa?”, pregunté. No hay sonrisas en los personajes de Hopper, pero aún se sostienen.

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    2. Efectivamente, del mismo modo que nos sostenemos nosotros. Pero para hablar del sentido de la vida se necesita más espacio que el comentario de un blog.

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  5. Estoy en la misma linea que Harry, también creo que no esperan nada. Es como si hubiesen agotado todas las posiblilidades .Muestran el vacio.

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    1. Una de las cosas que me llaman la atención en Hopper es que personas y objetos parecen recibir el mismo tratamiento. Me da la impresión de que sus casas, por ejemplo, expresan tanto o más que los rostros humanos. Y todo –personas, casas, árboles, cielo, puentes- parece esperar… ¿qué? Quizás, como Harry y tú decís, nada. A lo mejor, simplemente están ahí, y creemos, equivocadamente, que esperan.

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  6. Los personajes de Hopper me da la impresión de que simplemente están absortos en sus pensamientos. No reflexionan. Sólo se dejan llevar por sus pensamientos, por las divagaciones de los mismos. No esperan nada. Sólo piensan. ¿En qué? . En mil y una cosas. Se dejan llevar por el río de los pensamientos. No piensan en nada en concreto, pero, al mismo tiempo piensan en todo. Supongo que ésa multitud de pensamientos es el reflejo de lo que les preocupa, de alguna manera.
    Me ha parecido muy interesante ésta entrada en el blog, con el paralelismo entre Hopper y el cine.

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    1. Piensan sin pensar. Se dejan llevar por el río de los pensamientos, como dices muy bien. Es como cuando, a veces, alguien te pregunta: "¿en qué piensas?" y, en ese momento, también tú te lo preguntas: "¿pienso? ¿en qué estoy pensando?".

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