domingo, 1 de febrero de 2015

Ciudades fantásticas




Ya vimos cómo las ciudades se sueñan, antes de existir o, por lo menos, antes de existir parcial e imperfectamente. Hoy os propongo un viaje a algunas ciudades que solo viven en la fantasía de los artistas o que, en algunos casos, son ciudades reales que adquieren un aspecto fantástico al ser reproducida su imagen.

En esta obra de Antoine Caron reconocemos monumentos romanos como el Coliseo, el Panteón, el Castillo de Sant'Angelo y muchos otros, pero… ¿podemos identificar ese extraño espacio escenográfico como Roma?

Antoine Caron, La masacre del Triunvirato, Museo del Louvre, París, 1566

La imagen que Francisco Gutiérrez Cabello nos ofrece de una ciudad egipcia y del río Nilo, reducido a un triste riachuelo, no puede ser menos convincente como realidad, ni más efectiva como capricho arquitectónico. Los lujosos edificios, en los que se reúnen diversos estilos, se apiñan en torno a un eje diagonal. Es inevitable pensar en las fantasías babilónicas de las que hablamos en otra ocasión.

Francisco Gutiérrez Cabello, Perspectiva con el hallazgo de Moisés, Museo de Bellas Artes, Bilbao, 1655

Muy próximos a estas fantásticas arquitecturas de Gutiérrez Cabello se hallan los decorados realizados un siglo más tarde por Francesco Battaglioli para el teatro del Buen Retiro, de Madrid:

Francesco Battaglioli, Didone Abbandonata (Acto I, Escena VII), Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid, 1754-59 c. 

En muchos de estos casos, se trata de caprichos arquitectónicos que, con hondo sentido escenográfico, reúnen monumentos, edificios y estilos dispares. Son ciudades pobladas de arquitecturas antiguas y de ruinas, ciudades que acogen escenas históricas y bíblicas, prodigios, asesinatos y batallas.

Antoine Caron, Augusto y la Sibila del Tíber, Museo del Louvre, París, 1575-1580
Desiderio Monsù, Escena de batalla, 1593-1620 c.
Desiderio Monsù, Judith y Holofernes o Asesinato en la noche, 1593-1620 c.

Estas fantasías arquitectónicas traen ante nuestros ojos, a menudo, las imágenes soñadas de ciudades míticas, desaparecidas, o que sufrieron la destrucción. Envueltas en llamas y con sus edificios arruinados se muestran las ciudades de Troya, Sodoma, Gomorra y Pompeya.


Desiderio Monsù, La caída de Troya, 1593-1620 c.
John Martin, Sodoma y Gomorra, Laing Art Gallery, Newcastle, 1852

Son ciudades reproducidas o imaginadas, a menudo, con perspectivas acentuadas y asimetrías como las que ofrecen las vedute teatrales.
 

Thomas Girtin, Vista urbana, Colección Sir Edmund Bacon, 1802
Giorgio De Chirico, Misterio y melancolía de una calle, colección particular, Connecticut, 1914

En ocasiones, son ciudades deshabitadas que adquieren un aspecto fantástico gracias a la soledad y, sobre todo, a la mirada que se posa sobre ellas:

Eugène Atget, Esquina de la rue du Seine, George Eastman House, Rochester, 1924

Son ciudades del pasado o del futuro, o ciudades fuera del tiempo.

Fritz Lang, Metrópolis, 1927
John Van Fleet, Gotham

¿Es posible vivir en estas ciudades, o solo alcanzan a ser soñadas?
 

Gotham City en Batman: The Animated Series





17 comentarios:

  1. Todas estas ciudades son mágicas. No creo que pudiese vivir en ninguna, pero me encanta verlas.

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    1. Sin duda, mejor verlas que habitarlas. Excepto París, claro, de la cual Atget nos ofreció vistas tan sorprendentes.

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  2. Si que lo son. Son una preciosidad, incluso con lo destartado de sus ruinas en algunas. Lo que más me gustan de ellas es, precisamente, lo que tienen de irreales, las últimas, y de mezcolanza las primeras.
    Las ciudades están hechas para vivir en ellas y eso implica dejadez, vejez en algunas partes y mucha mezcla en otras. Eso hace bella a una ciudad.
    Para vivir, las mejores son las pequeñas, tienen lo bueno del mundo rural y del metropolitano, sin los excesos de las grandes, pero soñar ciudades es algo diferente. Es lo que nos gusta imaginar, no necesariamente para vivir en ellas, pues son muy poco prácticas, casi siempre, y porque vivir en los sueños tiene el problema de imaginar cosas poco factibles; también casi siempre.
    GRACIAS Carmen por hacernos soñar con esas ciudades imaginarias.
    Fritz Lang y su visión urbana me ha recordado a los espacios imposibles de Escher.

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    1. Una buena evocación la de Escher y sus espacios imposibles. Otra evocación, en este caso implícita, es la de Piranesi.

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  3. Andreu Lahosa Alcoverro1 de febrero de 2015, 17:19

    Me gusta la ciudad que representa la obra de Francisco Gutierrez Cabello. Pero, me gusta para verla, para sentirla, para comtemplarla, pero no para vivir en ella. Como norma general, las ciudades y la estética asociada a ellas no me entusiasman. Me gusta más la estética de lo rural. La última ciudad, la de Gotham City, es la que mejor representa a Barcelona. También podría ser la de Fritz Lang, o, la de Atget. En éste último caso, sería la Barcelona de madrugada, pero no de noche, porque de noche hay más gente que de día.

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    1. Te entiendo. A mí me atraen las ciudades... desde fuera. Lo cierto es que las ciudades demasiado grandes, hechas para los coches, pero no para las personas, me desbordan. Supongo que será cosa de la edad.

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  4. Entiendo a Andreu: el paisaje rural me ofrece más detalles. No niego que determinadas ciudades pueden resultar atractivas. Muy atractivas por lo que contienen, por lo que pueden mostrar. A veces solamente por lo que sugieren. Me gusta la foto de Arget, pero no me apetecería vivir ahí.
    Las ciudades que me seducen son las de De Chirico: espacios amplios y recovecos misteriosos. Siempre hay sombras y líneas por descubrir.

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    1. Sí, la sugerencia, tan presente en estas ciudades, es siempre importante.

      Daniel, me parece que tendremos que inaugurar la categoría de "paisajes rurales fantásticos". Los hay.

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    2. Andreu Lahosa Alcoverro1 de febrero de 2015, 19:22

      Buena idea la de abrir el apartado de "paisajes rurales fantásticos".

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  5. Son tan enigmáticas como la mente de quienes las crearon, o las contemplaron.

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  6. Realmente interesante, me dejé llevar por la imaginación en un par de imágenes, preguntándome cómo sería vivir ahí.

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  7. Los escenarios imposibles son lo mío, la de horas que pasé de pequeña dibujando mi ciudad soñada, tenía un poco de todo, como le sucede al Nilo veneciano, le añadía ese toque oscuro de Gottam y algo decadente para dar rienda suelta a mis delirios románticos, algunas eran móviles y crecían o empequeñecían en función de la bondad humana, buf... me has hecho pensar en cosas que no recordaba, gracias!!!

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    1. ¡Dibujabas ciudades! Yo solo casas -sigo haciéndolo, aunque sobre todo con la imaginación- e islas. Me ha gustado mucho la idea de las ciudades móviles o que su tamaño varíe según la bondad de los habitantes. Buenísimo, Mariona.

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  8. Estoy pensando en esto desde que publicaste el primer post, maravilloso!!
    http://isites.harvard.edu/fs/docs/icb.topic1008030.files/citta_calvino.pdf
    Anticipo este fragmento por pasión... de madre.
    Le città e il nome. 5.
    Irene è la città che si vede a sporgersi dal ciglio
    dell’altipiano nell’ora che le luci s’accendono e per l’aria
    limpida si distingue laggiú in fondo la rosa dell’abitato:
    dov’è piú densa di finestre, dove si dirada in viottoli ap-
    pena illuminati, dove ammassa ombre di giardini, dove
    innalza torri con i fuochi dei segnali; e se la sera è bru-
    mosa uno sfumato chiarore si gonfia come una spugna
    lattigginosa al piede dei calanchi.
    I viaggiatori dell’altipiano, i pastori che transumano
    gli armenti, gli uccellatori che sorvegliano le reti, gli ere-
    miti che colgono radicchi, tutti guardano in basso e par-
    lano di Irene. Il vento porta a volte una musica di gran-
    casse e trombe, lo scoppiettio dei mortaretti nella
    luminaria d’una festa; a volte lo sgranare della mitraglia,
    l’esplosione d’una polveriera nel cielo giallo degli incen-
    di appiccati dalla guerra civile. Quelli che guardano di
    lassù fanno congetture su quanto sta accadendo nella
    città, si domandano se sarebbe bello o brutto trovarsi a
    Irene quella sera. Non che abbiano intenzione d’andarci
    – e comunque le strade che calano a valle sono cattive –
    ma Irene calamita sguardi e pensieri di chi sta là in alto.
    A questo punto Kublai Kan s’aspetta che Marco parli
    d’Irene com’è vista da dentro. E Marco non può farlo:
    quale sia la città che quelli dell’altipiano chiamano Irene
    non è riuscito a saperlo; d’altronde poco importa: a ve-
    derla standoci in mezzo sarebbe un’altra città; Irene è
    un nome di città da lontano, e se ci si avvicina cambia.
    La città per chi passa senza entrarci è una, e un’altra per
    chi ne è preso e non ne esce; una è la città in cui s’arriva la
    prima volta, un’altra quella che si lascia per non tornare;
    ognuna merita un nome diverso; forse di Irene ho già par-
    lato sotto altri nomi; forse non ho parlato che di Irene.

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    1. "forse di Irene ho già parlato sotto altri nomi; forse non ho parlato che di Irene".
      Bello, Carmen.

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