miércoles, 15 de octubre de 2014

Una naturaleza inalcanzable




En muchos cuadros vemos cómo el paisaje aparece dentro de un marco, ya se trate de una ventana, ya de otro tipo de embocaduras naturales o artificiales. Este recurso al enmarcamiento de la vista, muy próximo al teatro y a los espectáculos ópticos, es frecuente en la pintura romántica.

Karl Friedrich Schinkel, La puerta en las rocas, Staatliche Museen, Berlín, 1818

Se trata de lo que Rafael Argullol denomina “encuadres de la escisión”: marcos que, al tiempo que realzan la vista y acentúan su profundidad, se alzan como muros que la separan del observador y convierten la naturaleza en una realidad aparte. Una realidad mucho mayor, desde luego, que la de los diminutos personajes que aparecen en la zona izquierda del cuadro de Schinkel, y tan inaccesible como la que Friedrich nos muestra en El acantilado de yeso en la isla de Rügen:

Caspar David Friedrich, El acantilado de yeso en la isla de Rügen, Oskar Reinhart Collection, Winterthur, c. 1818

En la misma línea, aunque con una luminosidad diferente, propia del lugar donde se ambienta la pintura, se halla la Gruta sobre la bahía de Nápoles, de Carl Blechen.

Carl Blechen, Gruta sobre la bahía de Nápoles, Wallraf-Richartz-Museum, Cologne 1829

Los marcos que encuadran las vistas pueden ser también artificiales, como la estructura arquitectónica –probablemente, el ojo de un puente- a través del cual contemplamos el paisaje fluvial del Spree en el crepúsculo, pintado por Schinkel.

Karl Friedrich Schinkel, La vista del Spree en Stralau, Staatliche Museen, Berlín, 1817

Carus nos brinda otro ejemplo en el que naturaleza y ruinas se hermanan una vez más para enmarcar una vista nocturna del Coliseo, en la que también aparecen unos minúsculos personajes, apenas discernibles.

Carl Gustav Carus, Vista nocturna del Coliseo, The Hermitage, San Petersburgo, 1830-32

Las vistas enmarcadas, las barcas, las ruinas, los crepúsculos y las noches son elementos frecuentes en la imaginería romántica. Hemos visto, en uno de los cuadros de Schinkel, una barca con tres personajes a orillas del Spree: ahora, gracias al pincel de Carus, navegamos por el Elba en esta otra nave cuya cabina proporciona el marco que encuadra la vista del río, con la ciudad de Dresde al fondo. Dresde, la hermosa Dresde, en espera de sus ruinas.

Carl Gustav Carus, Paseo en barca por el Elba, Museum Kunstpalast, Dusseldorf, 1827





8 comentarios:

  1. Son unos cuadros preciosos. Parece que los paisajes se vean como en un teatro.

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    1. Sí, Ana María: en ellos, la naturaleza "se representa", como si se tratase de una obra dramática. Por eso, el desdoblamiento del marco (es decir, el marco que contiene el cuadro más el marco que aparece en la pintura) se aproxima tanto al teatro y a los espectáculos ópticos. Por cierto, la mayor parte de los artistas que cito en esta entrada tuvieron algún tipo de relación con la escenografía teatral y con espectáculos como el diorama o el panorama.

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  2. Yo no lo veo especialmente teatral, aunque es cierto que en el teatro así se ven las obras; entre el telón.
    Yo esas naturalezas, las veo igual que sin nada que las enmarque, pero desde una posición diferente. Quiero decir, que la montaña, el río, el mar, no pierde parte de su paisaje, pero no es lo mismo verlo desde una posicion ventajosa, que desde la cabina de un barco, el interior de una cueva o desde una posición en que algo lo tapa.
    En cambio, si que puede cambiar el simbolismo o lo que se quiera expresar con la pintura, en el sentido que la naturaleza observada con algo que la enmarque da dos niveles al espectador, uno externo y otro secundario. Cuando se observa sin nada, sólo está el observador y la naturaleza tal cual

    Creo que no he sabido expresar claramente lo que yo veo en esos cuadros, pero para mi, hasta ahora que se ha comentado aquí, jamás vi la parte de espectáculo que tienen

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    1. Te cito, Harry, porque se trata exactamente de eso: "la naturaleza observada con algo que la enmarque da dos niveles al espectador, uno externo y otro secundario. Cuando se observa sin nada, sólo está el observador y la naturaleza tal cual".
      La relación con el teatro (y también con el diorama, por ejemplo) se basa, sobre todo, en la similitud entre el marco pintado dentro del cuadro y la embocadura del escenario. La "naturaleza representada" que se ve a través del doble enmarcamiento alude al distanciamiento que el artista romántico siente con respecto a la naturaleza: por una parte, como decía Friedrich, el paisaje representa el espíritu del pintor; por otra, estos marcos que lo rodean subrayan la alienación del hombre respecto a la naturaleza, su lejanía, su inevitable separación. En gran medida, lejanía, separación y alienación también respecto a su propio espíritu y sus propios sentimientos. Romanticismo puro, ya sabes.

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  3. Pues entonces estaba equivocada. Estaba en la cuenta que, uno de los rasgos de romanticismo era su contacto directo con la naturaleza. Su gusto por internarse en ella y sobre todo cuando se mostraba dura y salvaje

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    1. Creo que te equivocas al creer que te equivocas ;)
      Existe en el romanticismo -sobre todo en el alemán y el inglés, con grandes diferencias entre ambos, que ya veremos en otra ocasión- esa pasión por la naturaleza. Friedrich, Blechen, cualquiera de los paisajistas románticos alemanes, ansían sumergirse en la naturaleza, fundirse con ella, pero ahí es donde surge la realidad de que la naturaleza está al otro lado, imponente, en contraste con la insignificancia de los hombres. Hay en todo esto un fuerte componente religioso. Se trata también de un paisaje introspectivo: el artista pinta "lo que ve dentro de él", como decía Friedrich; proyecta su alma en el paisaje. Por eso creo que la escisión de la que habla Argullol no es solo del hombre en relación con la naturaleza, sino también del hombre en relación consigo mismo. Todo esto, siempre en el marco del romanticismo y, en concreto, del romanticismo alemán.
      ¿Entiendes ahora por qué digo que no te equivocas al hablar del gusto de los románticos por la naturaleza y de su deseo de internarse en ella?

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  4. No entro ahora en esas disquisiciones sobre el Romanticismo. Si un día tengo tiempo, meteré baza.
    Entiendo lo que dices sobre el teatro, el encuadre pictórico, la focalización de la mirada, el enmarcado... Esbozas la idea de la ventana, en el mismo sentido. Es muy interesante ver cómo una ventana puede centrar la atención del espectador o ser una pieza fundamental de una composición. Creo que llega a la pintura más próxima a nosotros. No sé si estoy equivocado, pero lo percibo así. También creo que en el siglo XX hubo un movimiento contrario que intentaba eliminar el marco y que la obra se escapase del lienzo, se diluyese. Me gusta el tema..

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    1. La ventana es un tema en sí mismo, que tengo ganas de abordar en otra entrada. ¡Cuántas ventanas aparecen en la pintura! Ventanas que se configuran como cuadros dentro del cuadro, como escribe Julián Gallego en un libro, ya clásico, que se titula precisamente así: "El cuadro dentro del cuadro".
      El otro tema que apuntas también está en la lista de asuntos que me interesa mucho plantear: la ruptura del marco. Apasionante.

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