La puerta, por supuesto, es una boca dispuesta a
devorar a quien por ella penetra. La boca del infierno, pintada en una cortina
de tela tirada por cuerdas que permitían su apertura y cierre, era un elemento
fundamental en el teatro y las fiestas medievales, que perdura en la
comedia de magia decimonónica e incluso en las primeras fantasías
cinematográficas.
En el famoso Parque de Bomarzo puede verse una plasmación arquitectónica de esta boca del infierno. En ella figuraba la inscripción Lasciate ogni pensiero, voi che entrate, sustituida hoy por otra en la que puede leerse: Ogni pensiero vola.
En las fantasías de Bomarzo se inspiró el pintor
Federico Zucchari, a finales del siglo XVI, para construir su casa romana, en
cuya fachada se abre el portalón de entrada como las fauces de un monstruo del
cual son ojos las ventanas.
Fue muy conocido el parisino Cabaret de L'Enfer, fotografiado hacia 1898 por Eugène Atget:
En esta fotografía de Robert Doisneau, fechada en 1952, vemos cómo el Cabaret intenta comerse a un gendarme:

















