En
esos momentos, “el orden humano”, que siempre está a la vista, “ha dejado de
ocupar un lugar central y se aleja sigilosamente. Los intersticios están
abiertos”.
Por
un instante.
“Hay tierra y agua, luz del sol, paisaje y vegetación, y hay objetos creados por el hombre –como máquinas, utensilios o instrumentos musicales- que son lo que son, que no son portadores de ningún mensaje artificial y cuya presencia es obvia”, nos cuenta Peter Zumthor. El objeto “simplemente está ahí” y lo podemos percibir de una manera “tranquila, sin prejuicios, sin afán de posesión”. Vemos y algo aflora: un atisbo del “mundo en su totalidad, pues allí no hay nada que no pueda entenderse”.
“En las cosas corrientes de la vida cotidiana reside una fuerza especial, nos parecen decir los cuadros de Edward Hopper –concluye Zumthor-. Solo hay que mirarlas el tiempo suficiente para verlas”.
Pienso entonces en Pallasmaa cuando contrapone la visión enfocada con la visión periférica desenfocada: “la visión enfocada nos enfrenta con el mundo mientras que la periférica nos envuelve en la carne del mundo”. Imagino que combinamos ambas formas de ver y, sobre todo, que vemos con todos nuestros sentidos: si solo la vista viese, qué ceguera. En cualquier caso, sigo sin tener claro si entrevemos con más facilidad ese “otro orden visible que se cruza con el nuestro" cuando nuestra mirada se distrae o cuando está atenta. Es posible que suceda de ambos modos. El caso es que sucede, aunque no sepamos muy bien cómo.
***
Todas las fotografías son de Pentti Sammallahti.











