domingo, 19 de julio de 2015

August Macke: la intensa brevedad




August Macke, El vestido amarillo, Ulmer Museum, Ulm, 1913

August Macke y Franz Marc comparten amistad y muerte. Ambos artistas se cuentan entre los ocho millones de muertos que, según se calcula, produjo la primera guerra mundial.


Franz Marc, Los lobos, Albright Knox Art Gallery, Buffalo, 1913

August Macke, La casa roja en un parque, Kunstmuseum Bonn, 1914

El horror, sí, el horror. El horror del que nacen los siglos: en concreto, el horror del que nació el siglo XX. “Durante la última guerra –escribe Walter Benjamin en 1921-, una cosa, por lo menos, quedó clara: la violencia no se practica ni se tolera con ingenuidad”.

Soldados marchando al frente

Sedán, 1917
Los quioscos de música y los paseos por los parques me hacen evocar, a veces, aquellos tempranos años de un siglo que todavía no había nacido como tal. Escuchad la música, pienso, disfrutad, porque aún no sabéis lo que os espera.

Concierto en Roath Park, 1910 c.

August Macke, que ya nos acompañó hace tiempo a ver escaparates, refleja muy bien ese mundo ligero que está a punto de venirse abajo. Más adelante, nos visitará Marc con sus animales: hoy os invito a pasear por los parques de Macke.

August Macke, Paseo, Städtische Galerie im Lenbachhaus, Munich, 1913

August Macke, Mujer vestida de verde, Museum Ludwig, Colonia, 1913

En la breve vida de Macke se produjeron una serie de encuentros que dejaron huella en su arte. Conoció a Vasili Kandinsky en 1910, a través de Marc, y a Robert Delaunay en París, en 1912. El cubismo órfico inspirado por Delaunay se combinó en la obra de Macke con las influencias del futurismo, que conoció en Italia.

August Macke, Homenaje a Johann Sebastian Bach, Wilhelm Hack Museum, Ludwigshafen, 1912

August Macke, Jardín zoológico, Städtische Galerie im Lenbachhaus, Munich, 1912

August Macke, Niños con una cabra, Städtische Galerie im Lenbachhaus, Munich, 1913
Mirad las fechas: algo está cambiando en la pintura de Macke.

August Macke, Elizabeth Gerhardt cosiendo, colección particular, 1909

August Macke, Mujer escribiendo, colección particular, 1910

August Macke, Junto al lago, Staatliche Kunsthalle, Karlsruhe, 1913

August Macke, La mesa del jardín, colección particular, 1914

El fin de los buenos tiempos está a punto de llegar pero, mientras tanto, prosiguen nuestros juegos y paseos, cobijados por la sombra de los árboles.

August Macke, Chicas entre los árboles, Staatsgalerie Moderner Kunst, Munich, 1914

August Macke, Paseo, Staatsgalerie, Stuttgart, 1914

En 1914, August Macke viaja a Túnez con Paul Klee y Louis Moilliet. Los tres artistas son invadidos por la luz.

August Macke, Vista de un callejón, Kunstmuseum, Mulheim an der Ruhr,  1914

August Macke, Café turco I, Kunstmuseum, Bonn, 1914

August Macke, Café turco II, Städtische Galerie im Lenbachhaus, 1914


August Macke, Kairuan III, LWL-Museum für Kunst und Kultur, Münster, 1914

August Macke murió en combate el 26 de septiembre de 1914, a los veintisiete años, en Souain-Perthes-lès-Hurlus. Su amigo Franz Marc murió en Braquis, cerca de Verdún, el 4 de marzo de 1916. Tenía treinta y seis años.  

La Targette, Vimy
Y así, con el sacrificio de los jóvenes europeos llevados al matadero –un sacrificio que no llegó a saciar el hambre de la bestia- empezó el siglo XX.

August Macke, Galería y velero, colección particular, 1913



 

24 comentarios:

  1. Preciosos los cuadros y la manera de presentarlos, como siempre. Impresionantes las frases de Walter Benjamin, siempre bastante acertado, y la que pones para cerrar el texto. Verdad es que la bestia nunca se sacia. El siglo XX pasó con sus guerras, todas ellas por nacionalismos de uno u otro tipo. El XXI empezó con la masacre de las Torres Gemelas y... continuará (de hecho, continúa) y nadie desde luego puede presumir de ingenuidad.
    Nos queda la pintura, la música, la literatura, el cine... para consolarnos.
    Un abrazo y gracias por darnos a los profanos otra visión del arte.

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    1. Sí, nuestro siglo se ha dado mucha prisa en nacer. Demasiada.
      Ojalá la cultura y el arte puedan ser más que un consuelo, ojalá a través de su vida subterránea, más allá de mercados y modas, como dice John Berger, puedan transformar, transformarnos. Y no me refiero al arte y a la cultura militantes, claro, sino a aquellos que lo cuestionan todo, que nos llenan de preguntas.
      Un abrazo, Rosa.

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  2. Macke fue para mí un amor a primera vista, un impacto visual que más tarde intentaría analizar, aunque no hacía ninguna falta. Sus colores son comestibles, si se me permite esta expresión, con más protagonismo que las formas, siempre desdibujadas y confundidas con el paisaje. Pinta caras sin facciones, son solo una mancha de color, tal vez para no reflejar los sentimientos individuales, y sumergir todas sus figuras en ese hedonismo prebélico de los quioscos y los parques, que tú describes en el texto. Gracias por esta entrada, Carmen.

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    1. ¡Claro que son comestibles! Y se distinguen sus sabores.
      Ese hedonismo prebélico, esa alegre confianza en el porvenir, recuerda, inevitablemente, al Titanic: esa joya insumergible, que tanto orgullo suscitó.

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    2. Ese hedonismo prebélico del que habláis, en literatura, lo refleja de manera rotunda Stefan Zweig en "El mundo de ayer. Memorias de un europeo". No sé si lo habéis leído. Describe un mundo que empezaba a salir del letargo, donde florecía la Cultura, la Ciencia, el Progreso, en una palabra, (sin olvidarse de criticar la pobreza, la discriminación sexual, etc) y cómo todo ello se vino abajo con la Gran Guerra, primero y con la Segunda Guerra Mundial (que llevó al autor a su suicidio en 1941), después.

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    3. No, en mi caso, aún no lo he leído. Lo tengo, desde hace unos meses, en esa pila creciente de "libros para leer pronto". Me interesa mucho.

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  3. Efectivamente la violencia es intolerable. No hay absolutamente nada que la justifique.En cuanto a Macke me parece un artista original y singular, me llama mucho la atención como trata y combina los colores.

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    1. Es muy bello el modo en que juega con los colores, sí. Macke, desde luego, no es un artista que pase desapercibido.

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  4. Yo no soy de cubismos, porque no veo lo que reflejan, pero por otro lado me gustan porque veo formas y color. Ergo Macke me gusta. Es de los pocos géneros que me no/y sí me gustan. Como no dependo de ello en mi profesión lo acepto tal cual y tan contenta.
    Lo de las guerras... Bueno, todos los siglos tienen sus ejemplos, pero el siglo XX fue el primero en narrarlas con documentos filmados y eso les da una crueldad mayor. Por eso no me gustan los nacionalismos ni los fascismos de izquierdas o derechas. Y por eso, cada vez me gusta menos echarle un vistazo a esas fotos aterradoras. Porque, a veces, son tan bonitas que temes caer en esa sinrazón.
    Pero esto va de paseos, de color y de la visión de un mundo que sí que existió. De como un pintor, en sus pocos años de vida evolucionó gracias a sus nuevos conocimientos, y se convirtió en modelo a seguir para otros.
    GRACIAS Carmen por el post y ¡feliz domingo!

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    1. Sí, las fotografías fascinan y aterran. Además, estas dos guerras mundiales han inspirado numerosas novelas y películas -algunas de ellas, excelentes- que no dejan de producirme la misma sensación ambivalente que a ti. Dices: "Y por eso, cada vez me gusta menos echarle un vistazo a esas fotos aterradoras. Porque, a veces, son tan bonitas que temes caer en esa sinrazón". Te entiendo, porque, por un lado, en esas fotografías, en las películas y en las novelas no están ausentes la belleza -terrible, pero belleza- ni la épica, pero, por otra, algo en mí se rebela y grita: ¡pero no, no me habléis de belleza, porque es muerte, es guerra, son mutilaciones, son asesinatos, es un sufrimiento indecible! Eso es lo que me pasa. Lo que nos pasa.

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  5. SNIFF... Triste vida, donde los malos devoran a los buenos, practican el canibalismo social, siguen montando guerras en territorios ajenos, países donde la vida no es un don, sino una tortura... ya no puedo ni quiero soportarlo con eufemismos... siento que también llevo el peso de la culpa o responsabilidad: la impotencia me hace sentir culpable. Un saludo a pesar de (qué?) "...qué delito cometí contra vosotros naciendo?...

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  6. La pintura de August Macke era un poco desconocida para mi, me han encantado sus pinturas...la pena es que muriera tan joven en la guerra !!!
    un saludo

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    1. Sí, fue terrible el número de víctimas y, además, el hecho de que muchas de ellas fuesen tan jóvenes: en algunos casos, casi niños, porque, como siempre ocurre, hubo un momento en el que mandaron al frente a unos críos.

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  7. A mi el homenaje a Bach me ha dejado un poco descolocado, yo creo que si se lo dedica a su vecina tampoco pasa nada, si le echo mucha imaginación, medio intuyo un clavicordio, pero ya está, aunque tampoco controlo vida de Bach por si hay algún otro guiño.

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    1. Va, no protestes. Si quieres, le ponemos al cuadro el otro título por el que se le conoce: Farbige Komposition, es decir, algo así como Composición de colores. De todos modos, si a ti te ha dejado un poco descolocado, ¡imagínate a Bach! ;)

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  8. La bestia siempre está hambrienta. Quiere carnaza y desaliento. Bebe del miedo. Recibe algo y quiere más. Engulle. La bestia se siente acomplejada: por eso se golpea el pecho con furia. Sin culpa, no hay música.
    No sé bien cómo se debe plantar cara a la bestia. Puede que la música ayude, pero supongo que también devorará violines y bemoles. El sueño, como acto de dormir, de la bestia es la desolación. Strauss lo reflejó cuando cayó Berlín. Entonces, entiendo que para enfrentarse a la bestia habrá que plantar cara a la desolación. Quizá con la pintura. ¿Por qué no? Los lobos, de Marc, y La casa roja en un parque, de Macke son una buena muestra. Más bien una muestra impresionante. La foto de los soldados sonrientes, aun sabiendo lo que les espera, es otro ejemplo. Si somos capaces de plantar cara a la depresión, la bestia no podrá con nosotros. Que nadie nos hunda.
    Si hay empatía, evitaremos el conflicto.
    ¿Por qué esa eclosión artística entre las dos guerras?

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    1. Bueno, siempre hay que apretar los dientes y plantar cara a la desolación, ¿no? A mí una cosa que me sorprende es esa vocación que tiene Europa de suicidarse cada dos por tres. Bueno, no exactamente cada dos por tres, pero creo que entiendes lo que quiero decir.
      La gestación de las vanguardias artísticas fue anterior al estallido de la guerra. Mientras duró esta y tras su finalización siguió su curso y se impregnó también de esa urgencia, de esa ansia de vida que recorrió a todos aquellos años. El viejo mundo había caído, arrastrándolo todo consigo: urgía crear algo distinto, algo nuevo. Sin embargo, el arte y la cultura de la época también se impregnaron, aunque ya lo habían hecho desde antes de la guerra, de toda esa jerga militarista que infestaba el ambiente. Ya sabes: manifiestos, proclamas, la misma palabra "vanguardia"... Entreguerras: claro que sí. Vivamos y creemos a toda prisa, porque la guerra sigue ahí, agazapada, y no tardará en caer sobre nosotros. Como, en efecto, cayó. Y Europa volvió a suicidarse y a ser devorada por la misma boca.

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  9. Jamás había oido hablar de este artista pero me ha enamorado. Gracias por compartir. Muy buen post.
    Un saludo

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    1. Gracias, Marybel. Me alegro mucho cuando los artistas que pasan por aquí os enamoran. No te pierdas las series de escaparates y las otras pinturas de Macke, porque te van a encantar. Un abrazo.

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  10. Antes de conocer a estos dos artistas, es decir, antes de haber ni siquiera contemplado alguna de sus obras, la imagen del post me ha llamado poderosamente la atención. No sólo porque sea un post tuyo, que también, porque ya sabes la devoción con la que los devoro. La imagen en cuestión me ha parecido un Kandinsky, uno de mis pintores preferidos, de los que tan poco sé y tanto me conmueven.
    Gracias, Carmen, por traerme de nuevo la luz a la pantalla de mi ordenador. Iluminarla significa darme alimento para el alma y para mi intelecto. Un beso, guapísima.

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    1. No es extraño que hayas pensado en Kandinsky, Elisenda, puesto que él, Macke y Marc fueron compañeros de pinceles (¡mucho mejor que de armas!) en Der Blaue Reiter (El Jinete Azul).
      Gracias a ti, siempre. Y, siempre, un abrazo.

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  11. Moseley, un joven científico inglés que hacía su tesis sobre los espectros de rayos X de los diferentes elementos químicos se alistó en la Gran Guerra . Dejó en un par de folios la síntesis de su trabajo. Cuando lo vieron y se dieron cuenta de su enorme valía le llamaron. Aquel mismo día recibió un disparo en la cabeza. A unir a August Macke y Franz Marc.
    ¿Quién puede reirse?. ¿Es que no saben que la vida es la mayor maestra que exige rigurosamente la retribución por nuestros actos?. Y seguimos sin aprender. Parece que August Macke, enterado, no quiere ver perfiles. Ni rostros. Ni movimiento. Las manchas de colores desdibujan ¿o dibujan? lo real. ¿Por qué miran hacia abajo casi todos ensimismados?. Me voy a ver escaparates.
    Gracias.

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    1. Henry Moseley. Tanta, tanta riqueza humana que se perdió al truncarse la vida de todas esas personas. Como sucede siempre con la muerte. Con la guerra. ¿Era Stefan Zweig quien dijo que en esos años se había perdido la mejor juventud europea? No sé si fue él, ahora no lo recuerdo, pero es verdad: qué derroche, qué pérdida. Seguimos sin aprender, como dices.
      Lo que comentas acerca de esa ausencia de rostros en las figuras se halla presente en muchos pintores de la época. Me has dado una idea, Galefod: voy a seguir el rastro del rostro ausente. Me interesa.
      Muchísimas gracias. Un abrazo.

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