viernes, 8 de agosto de 2014

No me importa que mires: imágenes del ensimismamiento




Hay cuadros en los que los personajes asumen el papel de actores ante el público formado por quienes contemplamos la pintura. “Lo que represento –parecen decir- va dirigido a ti, porque sé que me miras”.

En otros casos, por el contrario, los personajes prescinden del espectador: no nos hacen ningún caso, no contamos para ellos. 

No existimos.

Absortos en sus pensamientos, en la costura, en el juego, en el silencio, en lo que leen, lo que escriben o lo que contemplan, en su tristeza o en su serenidad, muestran una absoluta indiferencia hacia el observador.

Ese es el ensimismamiento del que hablábamos el otro día, y del que podemos ver a continuación varios ejemplos de distintas épocas.


Georges de La Tour, Magdalena (1640-45). Museo del Louvre, París

Johannes Vermeer, Mujer leyendo una carta (1663-64). Rijksmuseum, Amsterdam

Vilhelm Hammershøi, Ida leyendo una carta (1899). Col. part.

Edward Hopper, Habitación de hotel (1931). Museo Thyssen-Bornemisza. Madrid

3 comentarios:

  1. ¡Qué belleza! Se siente el silencio que envuelve a las figuras.

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  2. Es cierto, el ensimismamiento es bastante frecuente en los cuadros y no sólo en ellos. Pero me gustaría pensar que no porque los personajes pasen de los espectadores, si no porque no son conscientes del espectador.
    A fin de cuentas, ellos, reparen o no en el exterior están ahí desde siempre, y es el observador el que se coloca delante; el que llega sin avisar y el que elige que cuadro observar
    Y en muchos casos, esos personajes nos dan la oportunidad de mirar otra cosa diferente a la persona; una carta, una luz; centran nuestra atención en otras cosas, lo que normalmente no ocurre con los cuadros en los que los personajes nos miran y nos atrapan con sus ojos y expresiones.
    El ensimismamiento es muy interesante y puede darnos ideas para imaginar lo que pudiera pensar el personaje; nos deja un cuadro más abierto para mirar que los cuadros en los que los personajes nos hacen caso.


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  3. Concuerdo con Harry H. Me gustan en los que el/los personajes se abstraen del espectador. Imaginas lo que están pensando o leyendo, sintiendo... incluso es más fácil identificarse con ellos., por ejemplo, la habitación de hotel, me sugiere que ella no está leyendo sino que piensa, recuerda y además está triste. Sin embargo el colorido me atrae como contrapunto de pensamientos quien sabe si oscuros.

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