martes, 1 de diciembre de 2015

Descubrir el nombre de amor





A José Luis y a Silvia, 
que siempre supieron decir 
el nombre de amor



Primero apareció el niño; dos años después, la niña. Al él lo crio una cabra y a ella una oveja. Los ricos objetos que acompañaban a los bebés fueron lo primero que llamó la atención de quienes los encontraron, pero la ternura de los animales hacia esos desvalidos cachorros humanos conmovió el corazón de los hombres e hizo que cada uno de ellos adoptara al pequeño que había hallado.



Cuando el chico cumplió quince años y la chica trece, sus padres tuvieron idéntico sueño en una misma noche. Siguiendo las instrucciones recibidas en el sueño, el chico se convirtió en pastor de cabras y la niña en pastora de ovejas. Despuntaba la primavera. 




Un día, el chico cayó en una trampa que otros pastores habían cavado para atrapar a una loba que robaba sus corderos, y salió de ella tan sucio de barro que fue con la niña a lavarse a la fuente de la gruta de las Ninfas.


“Estoy mala e ignoro mi mal –se aflige la chica, después de haber admirado la belleza del cuerpo desnudo del muchacho-; padezco y no me veo herida; me lamento y no perdí ningún corderillo; me abraso y estoy sentada a la sombra. Mil veces me clavé las espinas de los zarzales y no lloré; me picaron las abejas y pronto quedé sana. Sin duda que esta picadura de ahora llega al corazón y es más cruel que las otras. Si es bello, las flores lo son también; si él canta lindamente, no cantan mal las avecicas. ¿Por qué pienso en él y no en las avecicas y en las flores? ¡Quisiera ser su flauta para que infundiese en mí su aliento! ¡Quisiera ser su cabritillo para que me tomara en sus brazos!”.


Ajeno a los pesares de la niña, el muchacho toca la flauta. Hasta que ella le besa, a raíz de una trampa que les tiende Dorcón, un boyero enamorado de la chica. “¿Qué me hizo el beso?”, se pregunta el muchacho, que “no parecía haber sido besado, sino mordido”. “Sus labios son más suaves que las rosas, su boca más dulce que un panal, y su beso más punzante que el aguijón de las abejas. No pocas veces he besado los chivos, no pocas veces he besado los recentales de ella y el becerro que le regaló Dorcón; pero este beso de ahora es muy diferente. Me falta el aliento, el corazón me palpita, se me derrite el alma, y a pesar de todo, quiero más besos. ¡Oh, extraña victoria! ¡Oh, dolencia nueva, cuyo nombre ignoro!”. El chico llega a preguntarse si la niña había tomado veneno antes de besarle, para causarle tanto dolor. Vaya par. 



¿Terminan aquí las argucias del boyero enamorado de la pastora de ovejas enamorada del cabrero que, a su vez, la ama a ella, aunque ninguno de los dos haya podido aún “descubrir el nombre de Amor”, como escribe el autor de esta historia? No, qué va: al hombre no se le ocurre más que disfrazarse de lobo para raptar a la chica, y si no llega a ser porque los dos jóvenes acuden a rescatarle, lo destrozan los perros.


“Se alegraban al verse; les dolía separarse; estaban desazonados; deseaban algo, e ignoraban qué. Solo sabían él, que el origen de su mal era un beso, y ella, que era un baño”. Llega el verano, le sigue el otoño: los muchachos crecen.



En el relato irrumpen los piratas y secuestran al chico, Dorcón colabora en el rescate de su rival y muere, el muchacho ve desnuda a la chica. Lo que le faltaba al pobre, aunque hay que reconocer que peor parte se lleva el boyero enamorado, aunque justo antes de morir la chica le da un beso.



Los chavales seguían retozando “como lebreles que se sueltan, y tocaban la flauta y cantaban, y como los chivos y los borregos, luchaban hasta derribarse”. Los que les conocen empiezan a desesperarse un poco con ellos. Un anciano pastor les da unas cuantas instrucciones teóricas acerca del amor, pero ellos, como quien oye llover: no se enteran.



Más tarde, una señora le da una clase práctica al chico, lo cual a él le parece muy bien y a la señora mejor aún, pero el joven no se anima a compartir sus conocimientos con la muchacha, por temor a hacerle daño.



Pasa el tiempo, se suceden las estaciones, hay más secuestros, peleas, dioses, pretendientes, prodigios… ¡y casi estalla una guerra!










Los sueños y los sacrificios a las ninfas y a dioses como Pan jalonan el relato.




También se refieren historias mitológicas, como las de Baco, Siringa y la ninfa Eco.





No, no creáis que os voy a contar la novela. Ya podéis imaginar que las cosas no son fáciles para estos dos amantes, que una y otra vez están a punto de perder al otro, que hay celos, disputas y reconciliaciones, que aparece algún personaje malvado… Lo normal en un relato como este.



 
Incluso se produce la habitual anagnórisis o reconocimiento, ese recurso narrativo que consiste en la revelación de quién es un personaje: es decir, en este caso nos enteramos de quiénes son los padres biológicos del chico y quiénes los de la chica.

 
La historia, no lo dudéis, acaba bien. Mirad cómo lo celebran los personajes y, lo más gracioso, cómo durante la noche de bodas parece que acuda todo el pueblo para asegurarse de que los chicos han logrado aclararse por fin. Sí, lo han conseguido.



Y aquí se acaba esta historia. Por cierto, ¿sabéis de qué novela he estado hablando? Con lo que os he relatado de ella, ¿podríais situarla en una determinada época? ¿Cómo la habríais desarrollado vosotros? No os pregunto acerca del artista que realizó estas deliciosas ilustraciones porque lo habréis reconocido al primer golpe de vista, ¿verdad? Contad, contad. Las ovejas, las cabras, los piratas, los pastores y yo os escuchamos.




  






27 comentarios:

  1. Hoy me adelanto. ¿Cómo no reconocer la historia de Dafnis y Cloe que inmortalizó en música Maurice Ravel, en un ballet estrenado en 1912 e interpretado por Nijinsky y Karsavina? Lo de Chagall ya ni lo digo.

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    1. Sí. Chagall realizó, por una parte, una extensa serie de litografías sobre esta novela de... (hay que rellenar los puntos suspensivos) y, por otra, los decorados del ballet de Ravel para su representación en la Ópera de París. Un Dafnis más antiguo que el que aparece en esta novela es el pastor siciliano que vivió una trágica historia de amor y al que Virgilio dedicó un poema. Un abrazo, Manuel.

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  2. Yo también he reconocido la historia de Daphnis y Chloe y las pinturas de Chagall. Lo que no sé es a qué novela te refieres, si a la original griega o a "Pablo y Virginia" que es más famosa y moderna y recrea el mismo tema. Sea, como sea, muy bien contada o insinuada la historia de los pastores amantes e ilustrada con los preciosos cuadros de Chagall, todo un lujo para un miércoles.
    Un beso.

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    1. Al original, que bebe de la leyenda que mencioné anoche y de los Idilios de Teócrito. Cuántas pistas, ¿verdad? Va, una más: he utilizado la traducción que hizo Juan Valera en 1880. Gracias, Rosa. Un abrazo.

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    2. Anoche?? O se me ha escapado o lo he visto y no caigo. Qué cabeza, en cualquier caso. Juan Valera nunca deja de sorprenderme. ¿También traducía a los clásicos? ¡¡Qué hombre más completo!!

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    3. Es que como ahora se me pegan las sábanas, publico las entradas por la noche (sonrojo). Sobre Valera, parece ser que atenuó un poco el erotismo de la novela. Digo "parece" porque, obviamente, no he leído el original. Ay, me río solo de pensarlo: creo que tardaría varios cientos de años y, además, mi traducción no tendría absolutamente nada que ver con el texto original.

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  3. Esto dos parecen bobos, y es que el amor atonta, ciega y desorienta. Romeo y Julieta. Los amantes de Teruel, Calisto y melibea,Orfeo y Eurídice. todo indica que el Amor trastoca a los amantes que por no saber, no saben ni como se realiza el acto de amar con el cuerpo y los sentidos todos.¿Tan pacatos somos los mortales?¿Tan indefensos ante algo tan emocionante?

    El nombre del amor es aquél que posee el ser amado y no otro.La consecución de tal arrebolamiento es nuestra timidez y el miedo a reconocer nuestra debilidad ante ese diosecillo juguetón que va tirando flechas a diestro y siniestro sin reparar en nuestros gustos y preferencias.
    Los cuadros esplendorosos de color y sensibilidad. Chagall,Ravel, Dafnis y Cloe, conforman una historia común digna de disfrutar con todos los sentidos artísticos.
    Una combinación deleitosa, la que nos trasmites en exclusiva.
    Gracias y besos

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    1. No parecen: lo son. ¡Convenciones del género pastoril! La novela, eso sí, tiene un erotismo delicioso, claro e ingenuo a la vez. Las explicaciones que Lycenia le da a Dafnis sobre lo que sucederá cuando haga el amor por primera vez con Cloe son un buen ejemplo de lo que digo: "A mí, como soy mujer, no me hiciste daño alguno, porque ya otro hombre me enseñó el oficio, y tomó mi doncellez en pago; pero Cloe, cuando luchare contigo esta lucha, gemirá, llorará y derramará sangre cual si estuviese herida. No por ello te asustes, sino cuando la persuadas a que se preste a todo, tráetela a este sitio, para que si grita, nadie la oiga; si llora, nadie la vea, y si derrama sangre, se lave en la fuente. No te olvides, por último, de que yo te he hecho hombre antes de Cloe".
      Un abrazo, Francisco.

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  4. He reconocido a Daphis y Cloe, y a mi muy admirado Chagall, claro, pero la obra me despista. Solo conozco la de Longo, que sé que tradujo Juan Valera y ya que dices que has usado su traducción, pero no la he leído y no estoy segura. Me ha encantado el post porque lo has ilustrado con uno de mis pintores preferidos.
    Un besito y feliz miércoles.

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    1. ¡Esta es mi chica! Y no digo más ;)
      Bueno, sí que digo: un abrazo, mi chica Marigem.

      http://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmcv69d0

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  5. He disfrutado tanto leyendo tu post y observando detenidamente las coloridas imágenes que adivinar la novela (que no he adivinado) para mí ha sido lo de menos, Carmen.

    Y me dejas pensando cómo un anciano pastor va y les da unas cuantas 'instrucciones teóricas acerca del amor'...

    ¡Un abrazo enoooorme!

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    1. Los ancianos pastores saben muchísimo, Chelo. Ese, en concreto, sabía de lo que hablaba, pero los chavales le salieron muy despistados como alumnos. ¿En qué estarían pensando?
      Un abrazo, Chelo.

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  6. Yo tampoco he adivinado la novela, pero me pasa como a Chelo, que me parece tan bonito lo que dices y el modo en que lo cuentas, que eso es lo de menos. Además, me encanta aprender cosas nuevas. Me han encantado las pinturas de Chagall. Como siempre, encadenas el arte a tu prosa poética de forma sublime, me encanta leerte. Besos mil

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    1. Ah, no, el mérito de lo que cuento es de Longo y de Juan Valera, no mío. Y el de las imágenes, claro, de Marc Chagall. A cada cual, lo suyo. Pero nos lo pasamos bien con ellos, ¿verdad?
      Un abrazo, Chari.

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  7. A mi me suena a Dafnis y Cloe, y relatado con las pinturas de Chagall ha quedado magnífico.
    Un abrazo

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    1. Es que Chagall es mucho. Qué delicia de artista. Un abrazo, Yolanda.

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  8. Cómo te lo pasas, Carmen, felicidades (por cómo te lo pasas y por la entrada).
    Ay, qué par, desesperantes; autor latino tiene que ser, con tanto lío ;-)

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    1. ¡Me has pillado! ¿Se nota mucho lo bien que me lo paso? Espera, que un día de estos intentaré colar cuánto sufro con cada entrada... y nos echaremos todos a reír.
      Vaya par de tórtolos: no es extraño que todos se desesperasen con ellos.
      Un abrazo, Luna violeta y plata (bonito, muy bonito).

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  9. Pues yo tampoco puedo adivinar la novela, pero me encanta Chagall y leerte, así qué... estupenda combinación. Un beso, Carmen. Buenos días !

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    1. Es lo que decía antes, Eva: ¡Chagall hace buena cualquier cosa! Y nos alegra. Un abrazo y un sol de buenos días.

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  10. Hola a todos.
    Yo no reconocí la novela, pero es mucho más que una novela de amor. Tiene de todo, así que pensé si sería una historia del Antiguo Testamento. Por favor, no me mateis.
    Las ilustraciones tenía mis dudas; por favor, no me mateis ahora,.
    En fin, que lamentablemente me falta cultura clásica, pero desde hoy, menos.
    GRACIAS Carmen, Es delicioso leer la historia contada por tí.

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    1. Si alguien se sorprende al leer lo que dices sobre el Antiguo Testamento, le diremos: lee el Cantar de los Cantares y disfruta:

      http://www.oshogulaab.com/MISTICOSCRISTIANOS/CANTARCANTARES.htm

      Qué belleza, ¿verdad? Chagall, por cierto, también dedicó un ciclo pictórico, entre 1957 y 1960, al Cantar de los Cantares. No podía ser de otro modo, porque las palabras de este hermosísimo poema hablan el mismo idioma que los pinceles de Chagall.

      Un fuerte abrazo, también lleno de sol, para ti, Harry.

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  11. Reconocí a los dos muchachos, porque son personajes de la novela pastoril y se mencionaban cuando estudiaba literatura en el bachillerato, no conocía o quizá ya no lo recordase, al autor de la novela, eso no. Y tampoco había visto las pinturas de Chagall. Pero me has dado un subidón emotivo por la belleza poética de esta presentación y la obra pictórica. Me fascina, Carmen.
    Un beso

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    1. Gracias, Marisa. Pocos artistas saben decir el nombre de amor como Chagall. Un fuerte abrazo.

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  12. Al principio me ha parecido la historia del dios Pan y su flauta. Esta bien aplicado, el mito con los cuadro. En esta ocasión es una pintura que no me atrae para nada. Pero tocaremos la flauta como Pan, y nos alegraremos con el multicolor de los lienzos. Gracias

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