miércoles, 9 de diciembre de 2015

Escríbeme




El otro día pensaba en un cartero. No en cualquier cartero, sino en un cartero finlandés que se llama Piittisjarvi. Un buen día, Piittisjarvi instaló un buzón en el bosque para que su amigo Gunnar Huttunen, un molinero fugitivo que se había refugiado en él, pudiese seguir un curso por correspondencia y cartearse con su novia. Estos personajes tan entrañables habitan entre las páginas de El molinero aullador, una de las novelas  de Arto Paasilinna.


William Michael Harnett, Cartas, Metropolitan Museum of Art, Nueva York, 1879

Pensar en un cartero me llevó, como es lógico, a pensar en las cartas. ¿Os acordáis de lo que es una carta? Os refrescaré la memoria. Érase una vez un papel, y érase una pluma (podría ser cualquier otro instrumento de escritura, pero reconoceréis que una pluma suena mejor y más antiguo). Había una persona que con esa pluma escribía en el papel que, después, doblaba e introducía en un sobre en cuyo exterior escribía el nombre y la dirección de la persona a la que iba destinada la carta. Pegaba unos sellos y, poco después, un buzón como el que el molinero utilizaba en el bosque engullía la carta. Esta, al cabo de un tiempo, llegaba a las manos de otra persona que rasgaba el sobre, extraía el papel y leía lo que la otra persona había escrito.


Mary Cassatt, La carta
Una carta, pues. Personas que escriben y personas que leen. ¿Qué escriben, qué leen? Esa es la cuestión.


Carl Moll, Autorretrato en su estudio, Akademie der bildenden Künste, Viena, 1906

Peter Ilsted, Joven leyendo una carta, colección particular, 1908

¿Por qué, al decir “una carta”, se piensa, de inmediato, en una carta de amor? También hay cartas de los bancos, por ejemplo, y no son precisamente amorosas. Recordad, además, lo que Fernando Pessoa escribió con el nombre de uno de sus heterónimos, Álvaro de Campos: 

Todas las cartas de amor son
ridículas.
No serían cartas de amor si no fuesen
ridículas.

Pero, al fin y al cabo,
sólo las criaturas que nunca escribieron cartas de amor
son ridículas.  


Leonid Osipovich Pasternak, La pasión de la creación

Julian Alden Weir, La carta, colección particular, 1910-19 c.

Hay cartas de todo tipo: de agradecimiento, de despedida, de recomendación, de pésame… Hay cartas que rezuman sangre; otras en las que las letras están emborronadas por las lágrimas; cartas que cantan, que brincan en cada una de sus líneas; cartas detrás de cuya palabrería se agazapa el silencio; cartas que son un grito, un beso o un desprecio; cartas que nunca llegarán.
  

Jan Ekels el Joven, Hombre escribiendo, 1784

Pierre Bonnard, Mujer escribiendo una carta, 1908

No solo existen las cartas de amor: una carta de amor, nos dice Mario Benedetti, no es un naipe de amor. Cuestión de azar, cuestión de suerte mala o buena o simplemente suerte. Ignoro todo lo referente a los juegos de azar y a las cartas de amor: ayudadme a entender. Aunque, tal vez, os miento.


Pintor de Klügmann, Mujer leyendo (detalle), Museo del Louvre, París, 435-425 a.c.

También nos dice Benedetti:
una carta de amor no es el amor
sino un informe de la ausencia
 



James Carroll Beckwith, La carta

Rogier van der Weyden, Hombre leyendo, National Gallery, Londres, 1450 c

Una carta es un lejos que tiende sus deditos de tinta para crecer a un cerca.


Berthe Morisot, Muchacha escribiendo, 1891

Édouard Vuillard, Ker Xavier Roussel leyendo una carta, 1890 c.

Una carta es "te pienso". 


Johannes Vermeer, Mujer de azul leyendo una carta, Rijksmuseum, Ámsterdam, 1663-64

Hay una carta que llevo toda la vida esperando: la de los reyes magos. ¿Os imagináis que, en vez de escribirles nosotros, nos escribiesen ellos? ¿Qué nos dirían? Lo acepto: ya no espero su carta. Nunca me escribirán. Aunque, quién sabe, tal vez ya me escribieron y no supe reconocerles. 

John White Alexander, Una carta

“Escríbeme”, digo en el título de esta entrada: pero no quiero que me escribáis a mí, claro. Lo que os propongo es que escojáis cualquiera de las imágenes y digáis lo que pensáis que escribe o lee cada personaje o, si os animáis, que escribáis la carta. Esa carta, cualquier carta: vuestra carta. La que queráis escribir, la que queráis leer. 


Thomas Pollock Anschutz, Mujer escribiendo

Lesser Ury, Mujer escribiendo, 1898

Vilhelm Hammershøi, Ida leyendo una carta

Édouard Manet, Chez Tortoni, Isabella Stewart Gardner Museum, Boston, 1878-80

VH McKenzie, Hombre leyendo una carta en el metro

A ver si reconocéis a estos dos poetas: son distintos, muy distintos:
Mi carta, que es feliz, pues va a buscaros,
cuenta os dará de la memoria mía.
Aquel fantasma soy que, por gustaros,
jugó estar viva a vuestro lado un día.
 

  

Edouard Vuillard, Lucy Hessel leyendo, 1913

Jean Roux, Mujer leyendo una carta, Musée Calvet, Aviñón, 1716-28 c.

Y así esta carta se termina
sin ninguna tristeza:
están firmes mis pies sobre la tierra.
 
 

Henri Lebasque, Mujer escribiendo, colección particular

Si tenéis un minuto, me gustaría que leyeseis esta carta. Me gustaría mucho. Es una de las muchas cartas que Pedro Salinas escribió a Katherine Whitmore: De ti solo puede venir la luz del paraíso


  

 

53 comentarios:

  1. Jestem pełna podziwu na Twoje spostrzeganie sztuki, malarstwa w szczególności. Potrafisz szukać elementów łączących obrazy, motywów, idei, postaci czy miejsc. Dzisiaj zgromadziłaś w pokazywanych obrazach ludzi czytających lub piszących listy, pochylonych nad kartką, często refleksyjnych i zamyślonych. Podglądamy ich w intymnej chwili, gdy skupiają się nad czymś dla siebie ważnym. Taka chwila wymaga samotności. Współcześnie ludzie piszą mało, szybko, niedbale. Ciągle się spieszą, nie mogą się skupić, zastanowić czy pomyśleć. Ja tez kiedyś pisałam bardzo dużo listów, uwielbiałam je dostawać. Byłam zawsze ta chwilą podekscytowana. Być może pisanie blogów skierowanych do wielu osób jest formą pisania listów, oczywiście na jakiś temat, ale bardzo wiele autorzy blogów piszą tak naprawdę o sobie. tak jak Ty Carmen w swoim rewelacyjnym blogu czy ja w swoim skromnym. Pisząc o sztuce , pokazujemy swoje światy...

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  2. Buenas noches Carmen he leído y disfrutado esta maravillosa entrada de tu blog, apasionante este enlace que siempre haces cuadros, relatos, poesía,.. "cartas" para mí son las nostalgias de esos momentos vividos, llenas de recuerdos. Sensaciones y emociones de recibirlas, de abrirlas, de leerlas, releerlas. Cómo permanecen en el tiempo, su escritura unida al papel para siempre, manos que tal vez ya desaparecieron pero su caligrafía aún permanece, como dice el poeta, buscándome siempre. Aún recuerdo cuando en navidad se mandaban las cartas y las postales de felicitaciones, elegir para cada uno de la familia, para cada uno de los amigos. Aún recuerdo las cartas de los enamorados, leídas, releídas, lloradas y amadas. Aún recuerdo las cartas de personas lejanas, aquellas que después permanecieron en la fría y encorsetada letra de ordenadores y móviles. Aún recuerdo las cartas de mi madre con su entrañable letra de escuela cuando me alejé para descubrir otros mundos. Aún recuerdo que puedo leerlas todas, porque todas están, persisten como una obra maestra. Gracias Carmen, amo las cartas.

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    1. Qué bonito lo que has escrito, Joseme: una carta de amor a las cartas. Todas esas palabras aún vivas y esas caligrafías que saltan a tus ojos, te buscan y conmueven. Gracias, Joseme, gracias. Un abrazo enorme.

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  3. Querida Elisa,
    Estoy aquí sentada, junto a la ventana del comedor, desde la que se ve el macizo de hortensias que tanto te gustan. El sol casi roza el mediodía y la escarcha del césped casi se ha derretido del todo.
    Hoy mamá me ha dejado quedarme en casa porque me duele un poco la garganta, a condición de que por la tarde practique un poco con el piano. Ya sabes cómo es... Me dirá: "Elisa... ¡Al piano!"
    Me pregunto si habrán merecido la pena tantas lecciones.
    ¿He aprendido?. ¿Toco el piano?.
    Estoy aquí sentada. Aburrida. Imaginando como seré. Imaginando un futuro que presiento cerca y que no deseo.
    Ya conoces mis sueños, Elisa. Tú mejor que nadie puede conocerlos.
    Quiero ver mundo. Viajar. Aprender. Asombrarme. Enamorarme.
    Cuando leas esto, Elisa, por favor no pienses que son locuras de juventud. Por favor, cierra los ojos e intenta recordar cómo me sentía, como te sentías. Y si no has conseguido nuestros sueños todavía; no te rindas.
    Hasta pronto, Elisa.
    Elisa.

    Berthe Morisot, Muchacha escribiendo, 1891

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    1. Elisa no se va a rendir. Nunca. Ha conseguido alcanzar muchos de sus sueños y podrá realizar muchos más. Porque Elisa tiene tanto dentro de sí que puede construir presentes y futuros. Y los construye.
      Gracias por esta carta. Un abrazo enorme, Elisa, Eva.

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  4. Lesser Ury, Mujer escribiendo
    Me ha recordado un poco a mi. Siempre sentada en una orilla de la silla, algo inclinada y concentrada, aunque nunca he llegado a escribir lo que realmente quería contar; en cambio esta mujer es la imágen del éxito escritor. A lo mejor no está escribiendo cartas, si no, poemas, una novela o simplemente un diario que es una carta escrita a uno mismo.

    Pero echándole imaginacion, creo que está escribiendo una carta a su madre, pues le gusta hacerlo y, además, se lo prometió, y las promesas sólo pueden cumplirse.
    Lleva ya más de un mes en la casa de los Sres... y está contenta. Son buenos con ella y más que una institutriz, la tratan como a un familiar al que en verdad aprecian. Incluso le dejan escribir sus cartas en la sala de costura, que se usa para todo pues da al sur y siempre está iluminado por la luz.
    Le cuenta el día al día de trabajo, las cosas maravillosas que ha visto y que nunca hubiera creído ver, los ruidos nocturnos tan distintos a los de casa, y ¡qué decir de los diurnos!. A Ana, pues así se llama mi protagonista, le gusta mucho escribir. En las cuartillas cuenta aquello que no dice por timidez y cobardía; le deja un gusto amable cada día y para ella es una alegría.

    Es curioso, pero si no me he equivocado al contar, hay 16 damas lectoras/escritoras frente a 8 caballeros. No lo digo por polemizar, pero me ha llamado la atención.

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    1. Sobre el reparto por sexos, echa la culpa a la que ha seleccionado las imágenes ;)
      Me ha gustado tu interpretación, Harry. Ahora ya sabemos quién es Ana.
      A lo mejor los poemas, las novelas, los diarios e incluso los blogs, como apuntaba Renne, son cartas dirigidas a uno mismo o a una o varias personas. Sea como sea, son un diálogo.
      Gracias, Harry. Un abrazo grandote.

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  5. Tanto escribir se me olvidó lo principal.
    GRACIAS Carmen por la propuesta y por los cuadros epistolares. Hoy con la tecnología habría que pintarnos escribiendo mensajes en los aparatejos que tenemos.

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    1. Eso sí, tú y yo haciendo piruetas con la silla.

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  6. Para "ilustrar" la pintura de Thomas Pollock Anshutz, "Mujer escribiendo"...

    Te escribiré cartas de amor
    siempre, cada día,
    hasta que mis ojos se nublen
    y no reconozcan nada
    más que el tacto del papel y de mi pluma.

    Te escribiré sonetos
    que te hablen del amor y la ternura,
    que te hagan sentir joven de nuevo
    y recobrar algo de la pasión perdida
    a lo largo de años de monotonía.

    Te escribiré madrigales
    aún con manos temblorosas;
    quizá pienses que esas trémulas líneas
    son producto de la febril ansiedad
    que me consume al soñarme entre tus brazos.

    Te escribiré cartas de amor y poemas
    mientras me quede aliento
    hasta que llegue el día de entregar el alma
    pues tu has hecho de mi vida una poesía
    escrita con latidos de gozo y sonrisas.


    Ayyyy, Carmen, qué maravilla de entrada. Lo tiene todo, desde la mención del libro de Paasilina hasta los preciosos cuadros con que la ilustras. Y tus frases, poéticas y precisas, que siempre me llevan a pensar. "Una carta es un lejos que tiende sus deditos de tinta para crecer a un cerca. Una carta es un "te pienso". No hay mejor definición.
    Yo he escrito muchísimas cartas, incluidas las de los Reyes Magos y Papá Noel, y también he escrito para mis sobrinas cartas de Papá Noel para ellas, y de "Mitz", el gato de las hadas. Adoro escribir ¿se nota?
    He disfrutado muchísimo leyéndote, pensando, escribiendo y disfrutando de las obras de arte que nos traes. No entiendo, por desgracia, nada de este tema pero sé cuando algo me gusta y lo disfruto muchísimo.
    Mil besos

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    1. Adoramos que adores escribir. Y ahora mismo te voy a robar tu poema y me lo voy a llevar a pasear por la red. Ya verás, ya...
      Mil abrazos y mil besos, Chari.

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    2. Es tuya la poesía Chari?. Qué preciosa!! Eres toda una poeta.

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    3. Sí, si que es mía. Jejeje, es cierto que no lo he aclarado. Me alegra que os guste. Besos a las dos

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  7. Me gusta mucho Arto Paasilina, que no te lo había dicho, jeje

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    1. Es genial. Divertidísimo y, además, tan políticamente incorrecto que es una gozada leer sus novelas.

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  8. Ay, Carmen!! acabo de descubrir tu entrada. Cuantas cosas entrañables en ella. Las cartas... qué nostalgia!! Las que llegaron, las que partieron, las que esperamos en vano. Todas me traen a personas que ya no están.
    Nos das a adivinar dos cartas. De la segunda no sé decirte nada, pero la primera la sé de memoria, casi desde antes de saber leer. Y me supe casi de memoria el larguísimo poema al que acompaña, "El tren expreso" de Campoamor. Mi madre me lo leyó tantas veces que no me quedó otro remedio que aprenderlo. En cuanto supe leer, era yo la que lo leía continuamente (si lo sabía de memoria a qué tanto leer) en un tomo ajado y manoseado, encuadernado en rojo, que se llamaba "Las mil mejores poesías de la lengua castellana". Mi madre, con ochenta años casi, aún recita la carta a poco que le dé oportunidad.
    Escribiré algo sobre una de las maravillosas pinturas que nos ofreces.
    Un beso enorme.

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    1. Sí, Campoamor.
      ¡Qué bien, vas a escribir una carta! La esperamos. Un abrazo "apretao", Rosa.

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    2. La carta de Salinas, cuando se han vivido ciertos acontecimientos (y me entiendes, lo sé) puede ser demoledora. Qué cartas se escribirían a los que nos dejaron... si una se atreviera tan sólo a intentarlo, pero creo que lloraría hasta dejar un charquito en el suelo.

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    3. ¡¡¡Rosa, yo tenía ese mismo libro!!! Estaba encuadernado en rojo y era más pequeño que el tamaño cuartilla. ¡¡Me encantaba, como también Campoamor! Perdí el librito en una mudanza, me dio mucha pena. Besos

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    4. Yo creo que el libro en cuestión, lo sigue teniendo mi madre. Le preguntaré.

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  9. Johannes Vermeer, Mujer de azul leyendo una carta.

    Mi querida Mette,
    Desde que te escribí mi última carta muchos han sido los acontecimientos que han ocurrido en Dokkum y no veo el momento para contártelos en persona. Larga es la distancia que nos separa y tu reciente matrimonio no ha hecho más que ahondar en esta sensación de soledad que me embarga. Espero que tu felicidad sea completa, sólo así podría soportar no tenerte a mi lado, compartir nuestras confidencias y reírnos a carcajadas de la Sra. Janssen. Esta vez sería a costa de sus cerdos. ¿Puedes imaginar que se escaparon de su corral y se comieron todos sus tulipanes?. La noticia corrió por todo el pueblo, porque la mencionada señora no tuvo otra ocurrencia que intentar espantarlos para devolverlos al corral y, al hacerlo, tropezó con una piedra de sus campos que la hizo caer de cabeza al canal. ¡Imagínate!. Casi puedo ver tu cara al leer esta noticia. ¡La he visto tantas veces!. Seguro que tendrás la sonrisa contenida, tú siempre tan discreta, pero en tu interior albergarás una explosión de risas.

    Es como si pudiera verte, de pie, junto a la ventana con tu indumentaria austera y pulcra, tu pelo recién peinado y con el aire elegante de señora de la casa, esa casa que tanto te gusta ahora que tu vida trascurre en Amsterdam, junto a tu esposo y su familia.

    Te extraño mucho, querida amiga. Espero ansiosa noticias tuyas, que me cuentes cómo es tu vida en la ciudad, tus nuevas amistades. Pero por encima de todo, escucha un consejo de tu amiga que tan bien te quiere: ten cuidado con el servicio que tu marido ha puesto a tus órdenes,eres demasiado buena y seguro que te robarán toda la comida que puedan.

    Adiós y tuya siempre,

    Beatrijs

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    1. Excelente, Eli. Te vamos a incitar a que escribas una novela histórica e, incluso, una novela histórica epistolar. Venga, ¿te animas? Ahora mismo voy a sacar a pasear a Beatrijs y a Mette.
      Gracias. Un fuerte abrazo.

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  10. "Me voy. No es mucho lo que queda por decir. Tras estos años de amor y resentimiento, de felicidad y pesar, todo mezclado y formando parte de lo mismo, he encontrado la paz.
    Nuestro amor ha sido más como una droga, necesaria pero destructora, que el remanso tranquilo en que debe descansar la vida de los que han encontrado el amor.
    Por fin, me veo con fuerzas para abandonar tanto dolor y tan excesivo placer. Tal vez encuentre más monotonía que pasión, pero descansaré en los brazos de una relación más relajada que me traerá la serenidad anhelada.
    Solo siento darte la noticia cuando tan penosos momentos te llenan de amargura. Perdona la ocasión y comprende el motivo.
    Nunca te olvidaré."
    Yo también te propongo un juego: ¿sabes a qué pintura me refiero?

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    1. Pienso en la pintura de Pasternak, aunque es un reto difícil el que planteas, porque también podrían ser otras. Pero lo realmente difícil tiene que ser escribir una carta como esa. No sé si más difícil escribirla o recibirla.
      Te la quito, Rosa. Dentro de un ratito, la compartiré en el buzón de G+.
      Gracias. Va otro abrazo para ti.

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    2. Pensé hacerlo con la pintura de Pasternak, pero me conmovió tanto "La carta" de James Carroll Beckwith, que es sobre ella. La mujer está leyendo esta carta que contribuirá a su dolor expresado en el luto (de ahí lo de "siento darte la noticia cuando tan penosos momentos te llenan de amargura") Penosos momentos que dejamos sumidos en el misterio.

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    3. ¡Claro, el vestido negro era la pista! Ay, qué torpe he estado. Bueno, no lo he estado: suelo serlo. Muy bueno, Rosa.

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    4. ¡Qué preciosidad de carta, Rosa! Me voy a poner a mirar cuadros más detenidamente a ver si me viene la inspiración con ideas y sentimientos tan bonitos.

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  11. En mi adolescencia me carteaba con mis primas que vivían en otras ciudades lejos de la mía. Escribíamos cosas cotidianas, sin importancia, pero esas nimiedades nos mantenían unidas, hacían que la distancia fuera menor de la que geográficamente nos situaban nuestros respectivos domicilios.
    Me veo reflejada en el cuadro de Pierre Bonnard porque, al igual que la mujer que ahí aparece, mis cartas se componían de un montón de hojas y además antes de terminar la carta hacía varios borradores; llenaba la mesa con folios y folios. Ahora la tecnología nos lo pone muy fácil y por lo menos el gasto de papel es menor, algo es algo, pero el hecho de tomar un bolígrafo o una pluma (asociar antiguo con pluma me ha hecho envejecer, Carmen, que yo soy de las de estilográfica en ristre) conllevaba un mensaje añadido al que se transmitía explícitamente sobre el papel.
    Además la caligrafía era otra seña de identidad, recuerdo al recoger las cartas en el buzón que sabía quién era el remitente sólo con ver la letra del sobre.
    Preciosa entrada y muy nostálgica por los recuerdos que me han venido de mi etapa epistolar.
    Gracias, Carmen.
    Un beso.

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    1. Kirke, yo también era de las de, en mi caso, rotulador de punta fina en ristre. Al leer tu comentario, acabo de darme cuenta de una cosa: ¡era imposible que las personas a las que escribía entendiesen mi letra! Ahora comprendo algunos puntos un poco surrealistas de mi correspondencia escrita a mano. ¡Bendito ordenador! Nostalgias no, eh, nada de nostalgias. Gracias, Kirke, un fuerte abrazo.

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  12. Carmen, esta oportunidad que nos brindas de saborear dulcemente tu sereno embrujo de escribiente y amante del arte, a través de lienzos, sentimientos transcendentales y una exquisita pluma, es sencillamente sublime. Ya ves. Nosotros, convertidos grácilmente de lectores y observadores a escribientes y carteantes. Agradecidos estamos, no te reste la menor duda, por tu amabilidad e inteligente donusura.
    Tan solo me queda -después de expresarte mi gratitud por permitirme ser proactiva en esto de transmitir-, el describirte la acción agradecida y victoriosa, -aunque las pinceladas no permitan apreciar la expresión de su impresionista rostro- del personaje del cuadro "VH McKenzie, Hombre leyendo una carta en el metro". Pareciera que lee complacido una misiva del banco Santander, de Bankia, del BBVA o de cualesquiera entidad financiera, habiéndosele notificado la concesión de la tan esperada dación en pago, ademas del beneplácito de su propuesta de negociar un alquiler social. Si hasta me estoy imaginando el lugar exacto de la escena: el metro de Madrid, de Barcelona, quizá el de Valencia o puede que el de cualquier otra gran ciudad. Afuera,en el exterior, hace un día espléndido. El sol brilla y sonríe. El hombre del metro no se lo cree. El continúa leyendo y releyendo la carta.
    Y yo me siento feliz con noticias así.
    Muchas gracias otra vez, Carmen, por esta excelente entrada.
    Un beso

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    1. Marisa, escribiente de exquisita pluma, me ha hecho mucha gracia la interpretación que ofreces del cuadro de McKenzie. ¡Bien por ese hombre y por la buena noticia que acaba de recibir! Ojalá, para todos, cada carta, cada llamada telefónica, cada mensaje recibido por cualquier medio, encerrase una buena noticia. Gracias y un fuerte, fuerte abrazo, Marisa.

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  13. Hola Carmen: con la obra de Pierre Bonnard, Mujer escribiendo una carta, 1908

    Pero qué suerte tengo que estes lejos..

    Porque si tu estuvieses aquí,
    te comería a pedacitos,
    te mordería los pies
    como hacen los peces
    cuando voy al río
    y me hacen reír con sus
    pellizcos,
    soy comida para ellos,
    como tu lo eres para mi....

    Qué suerte que estes lejos...

    Pues así no te asusto tanto,
    no te llamo, ni te busco
    entre mis brazos...

    Qué suerte que estes lejos...

    porque cerca... cerca...
    moriría contigo, una y otra vez,
    jadearía contigo,
    sudaría a chorros encima de tu cuerpo,
    permitiría que me penetraras
    sin contemplación
    una y otra vez... hasta el amanecer

    Qué suerte que estes lejos...

    porque así no me rindo tanto
    ante ti...
    Aunque ahora estoy
    absolutamente entregada a ti...
    así ... a lo lejos...

    No... esta carta, no.. nunca ..mejor no..

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    1. ¡Bien, Magda! ¿Sabes lo que voy a hacer con tu carta-poema? ¿No lo adivinas? Sí, seguro que sí, ¡Te lo voy a robar ahora mismo y lo voy a lanzar al aire y al mar! Mira cómo vuela.
      Un abrazo grande.

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    2. Ay!! Dios mio!! el tú.. de "como tú lo eres para mi... es con tilde..madre mía..¿cómo lo arreglo?...
      yo no escribí esta barbaridad..fue Bonnard..yo no...
      Qué ejercicio delicioso.. me encantó.. y leer las cartas que están naciendo de los cuadros.. muy lindo...

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    3. La mujer que escribe la carta no piensa ahora en tildes: mira cuántos borradores ha desechado y cómo vuelca su cuerpo sobre la mesa. "No... esta carta, no.. nunca ..mejor no...", dice, y nosotras, sin hacerle caso, se la hemos quitado para enviarla por correo, antes de que se arrepienta. ¡Porque es una carta magnífica!

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  14. Hola!!!! Yo he sido muy de cartas siempre, en un post enseño alguna porque las conservo casi todas.
    Y en una entrada del año pasado conté que mis hijos de pequeños enviaban la carta a los reyes y desde correos nos mandaban a casa una carta con un detallito. Era una tontería pero a los niños les parecía lo más.
    Y ahora va mi carta, he elegido Una carta de John White Alexander.

    Querida Elizabeth;
    Te mando estas letras deprisa, aprovechando que mis compañeros de fatigas han abandonado por un momento la trinchera.
    No sabes las ganas que tengo de verte, mi corazón sufre cada día al sentir tu ausencia.
    Casi puedo imaginarte leyendo esta carta; lo harás de pie, como siempre que hablamos de algo importante. Tu mirada paseará por la cuartilla emborronada de mis humildes palabras y tus mejillas estarán arreboladas al leer todo lo que tengo a bien decirte.
    Y mientras te deleitas en mis escritos puedo jurarte que lo que más deseo en esta vida, y lo deseo con toda mi alma es que esta guerra se acabe pronto, necesito ardientemente volver a casa para tomarte en mis brazos y sentir tu aliento en mi mejilla.
    No sabes como añoro el brillo de tu pelo y el inquieto sonido de tu silencio.
    ¡Ay amada mía si tú supieras! Si tú supieras lo largas y vacías que son mis noches, y cuando miro al cielo y lo veo salpicado de estrellas me pregunto si tú también las estarás contemplando. ¿Sales alguna vez a mirar las estrellas?
    Mi adorada Elisabeth, aunque mi corazón sangra de dolor al pensar en la despedida el deber me ordena dejar esta carta y volver a mis obligaciones.
    Si Dios nos acompaña y logro salir con vida de aquí volveré para buscarte y llevarte conmigo durante toda la eternidad.
    Afectuosamente tuyo; William.

    Bueno, pues aquí está la carta, está escrita muy deprisa y sobre la marcha pero no quería dejar pasar la oportunidad de escribir.
    Un besito y mil gracias por estos post.

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    1. William pudo regresar con Elizabeth, ¿verdad? Dinos que sí, por favor. Me guardo esta preciosa carta para echarla a volar un poquito más tarde, como acabo de hacer con la de Magda. Así que es verdad lo que dice Miguel Hernández: las cartas son palomas que echan a volar.
      Gracias, Marigem. Un fuerte abrazo vuela hacia ti.

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    2. Si, si, claro que vuelve. Una cosa, si la compartes te importaría poner una coma que no sé porqué no puse. cuando dice y lo deseo con toda mi alma debería ir entre comas pero solo he puesto una, no sé porqué.
      muchas gracias Carmen, estoy disfrutando un montón con esto, leyendo a los compis.

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    3. ¿Si la comparto? ¡Y tanto que la comparto! No te preocupes por la coma fugitiva: la pondré.
      Me alegro por William y por Elizabeth. ¡Bien por ellos y por ti, Marigem!

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  15. Hola querida Mise:
    Me fui sin hacer ruido,sin lamentos ni despedidas que ahogan el corazón.
    Sé que estás triste, quizás enfadada con la vida por arrebatarme de tu lado,pero ese dolor se irá aliviando con el tiempo y recordarás lo vivido juntos,te darás cuenta entonces,de lo generosa que esa vida ha sido con ambos al permitirnos compartir tantos momentos.
    Desde aquí, el otro lado nada oscuro,continuaré protegiéndote, aconsejándote,haciéndote reír o abrazándote fuerte siempre que tu lo desees e imagines.
    Seguiré siendo tu Rey Mago, tu Baltasar,que emocionado leía tus cartas,las primeras, tengo que decirte,con cierta dificultad, eras tan pequeña!, pero con qué empeño sujetabas aquel lápiz,como mordías tu lengua en cada trazo y el esfuerzo de no salirte del renglón.
    Sólo por éso eras merecedora de los regalos!.
    Así quiero que me recuerdes, con la ilusión de la espera de aquél Rey Mago, aquél que se disfrazaba de madrugada,por si te despertabas y lo sorprendías,aquél que estaba tan emocionado como tú, el mismo que casi lloró al tener que descubrir,años después, el mágico secreto.
    Pídeme lo que quieras,sólo tienes que cerrar tus ojos,imaginarlo y lo tendrás, sin carta,únicamente con ilusión, porque ahora,viviré para siempre en tu mente.
    Te quiere:
    Papá.

    James Carroll Beckwith.La Carta.

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  16. Hola querida Mise:
    Me fui sin hacer ruido,sin lamentos ni despedidas que ahogan el corazón.
    Sé que estás triste, quizás enfadada con la vida por arrebatarme de tu lado,pero ese dolor se irá aliviando con el tiempo y recordarás lo vivido juntos,te darás cuenta entonces,de lo generosa que esa vida ha sido con ambos al permitirnos compartir tantos momentos.
    Desde aquí, el otro lado nada oscuro,continuaré protegiéndote, aconsejándote,haciéndote reír o abrazándote fuerte siempre que tu lo desees e imagines.
    Seguiré siendo tu Rey Mago, tu Baltasar,que emocionado leía tus cartas,las primeras, tengo que decirte,con cierta dificultad, eras tan pequeña!, pero con qué empeño sujetabas aquel lápiz,como mordías tu lengua en cada trazo y el esfuerzo de no salirte del renglón.
    Sólo por éso eras merecedora de los regalos!.
    Así quiero que me recuerdes, con la ilusión de la espera de aquél Rey Mago, aquél que se disfrazaba de madrugada,por si te despertabas y lo sorprendías,aquél que estaba tan emocionado como tú, el mismo que casi lloró al tener que descubrir,años después, el mágico secreto.
    Pídeme lo que quieras,sólo tienes que cerrar tus ojos,imaginarlo y lo tendrás, sin carta,únicamente con ilusión, porque ahora,viviré para siempre en tu mente.
    Te quiere:
    Papá.

    James Carroll Beckwith.La Carta.

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    1. Rosario: tu carta conmueve. Cuántos diciembres y eneros despierta y cuántos adioses. Gracias, muchas gracias. Ahora voy a mandarla al buzón. Un abrazo enorme, Rosario.

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    2. Gracias Carmen!.
      Sé que es triste,aunque intenté dotarla con un fondo de ternura y un poquito nostalgia serena,lo que a mí me provoca después del tiempo transcurrido tras una ausencia vital.
      Un beso.

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  17. La recomendación de una amiga para leer la novela de Nell Leyshon, "Del color de la leche",se hizo más irresistible tras descubrir la portada del libro, cuya ilustración era justo la pintura de Hammershoi. A través de ella, uno es capaz de imaginar la triste historia de la muchacha que lee una carta e, incluso, completar la escena leyendo con ella unas dolorosas palabras, parcialmente emborronadas, que su hermana le ha escrito con mano temblorosa.

    Querida Ida:
    Supongo que estarás muy sorprendida al recibir esta carta, ya que es la primera que te escribo desde que dejamos la escuela hace unos años. Tú, mejor que nadie, sabes el esfuerzo que me cuesta escribir unas líneas, pues la pluma y yo nunca hemos sido buenas amigas¡Cuántos pescozones me dio la señorita Beth por mi mala caligrafía!Reconozco que si algo los compensaba, eran los besos que luego me dabas para consolarme y conseguir que reprimiera las lágrimas.
    Nunca pensé que se volverían las tornas y que sería yo la que te consolara con besos y caricias invisibles a través de mis torpes palabras y es ahora, cuando me empeño más que nunca, en que estas no resulten frías.
    ¿Por dónde empiezo, Ida? Ruego a Dios que guíe mi mano para que sea capaz de contarte lo que le ha sucedido hace unos días a tu dulce Mary. Madre dice que solo te cuente lo importante, que evite los detalles que solo causarán dolor; pero¿cómo conseguirlo?
    Ida debes saber que, cuando leas esta carta, hará doce días que Mary nos dejó. Perdóname si resultan casi ilegibles mis palabras, pero me cuesta mucho reprimir el llanto estos días. Tu dulce Mary, nuestra dulce Mary, ya no está entre nosotros. El Señor quiso tenerla junto a Él justo el primer domingo de Pascua. Seguro que recuerdas la poza adonde tú y yo solíamos ir a escondidas cuando nos escapábamos de casa porque padre nos amenazaba con el cinturón por haber puesto nerviosas las gallinas al intentar arrancarles unas cuantas plumas. Acuérdate que madre siempre nos tenía prohibido ir a ese lugar por la bravura de las aguas. No sabemos cómo ni porqué nuestra Mary, tú Mary, desoyó el consejo de madre. Todo el pueblo se movilizó, la buscamos sin descanso todo el día y, al despuntar los primeros rayos de sol, el señor Graham la encontró tendida, como dormida, a la orilla del río cerca de su granja.
    Ida, no llores. Piensa en tú Mary, en nuestra Mary, como si estuviese dormida. Así es como la encontramos en la orilla del señor Graham.
    Padre y madre te mandan su sincero pésame. Ya sabes que no expresan mucho con palabras, pero yo sé que, por dentro, es como si una plaga de langosta hubiese arrasado la cosecha. Su Mary ya no está con nosotros, no escuchamos su risa, ni tenemos que responder a sus continuas preguntas. La casa ha enmudecido de repente y eso hace que su ausencia duela más todavía.
    Cuando vengas a casa este verano, te mostraré el lugar donde descansa. Seguro que también te gustará. Desde allí se divisa todo el valle, incluida nuestra pequeña granja. Sé que a Mary,a nuestra Mary, le gusta. Está cerca de casa, como si no se hubiera ido, tal y como yo a ti te siento.
    Tu hermana que mucho te quiere,
    Sarah

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    1. Mencionas una novela, "Del color de la leche", que también me gustó muchísimo y me sorprendió. Y luego tu carta, Carmela (la carta de Sarah) me ha traído las voces de una literatura a la que soy adicta y, me parece, también tú: la de las grandes escritoras inglesas del siglo XIX. En concreto, he pensado en Elizabeth Gaskell. Deberías escribir una novela ambientada en esa época: seríamos muchos los lectores que la disfrutaríamos.
      Dentro de un rato compartiré esta carta de Sarah. Muchas gracias por escribirla, te mando un abrazo muy fuerte, Carmela.

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    2. Carmen, me halagan tus palabras mucho porque presupones una calidad en mis escritos que creo que no tengo. Por otro lado, te diré que es cierto que compartimos ese gusto por la lectura de novelas del XIX. Las hnas. Brönte, Austen, Dickens,Gaskell, Hardy, Somerset Maugham, Mary Shelley... están entre mis autores favoritos. En mi adolescencia, devoraba las novelas de las Brönte o las de Austen; luego en la universidad fui ampliando poco a poco la lista y siempre encuentro un momento para leerlos, aunque intento que sea algo nuevo para mí.
      Gracias por encontrar un nivel de calidad aceptable en mi aportación y compartir la carta de Sarah en la red. Un besazo, Carmen.

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    3. Me ha gustado mucho tu carta y me ha trasladado a esa literatura con la que tanto disfrutamos. Así que no tienes excusa, Carmela: ¡te toca escribir una novela! Ya lo sabes. Y cuidado, que puedo ser muy mandona. Un abrazo.

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  18. Querida Carmen:

    Siento ser siempre la última en llegar a tu casa, pero esta carta que te escribo es un "aunque tarde no me olvido" .

    Te escribo estas líneas con una pluma de esas que transmiten cariño, como a mí me gustaba escribir las cartas cuando era jovencita.

    Has hablado de muchos tipos de cartas, yo te hablaré de las de amistad, pues 'hace todo ese tiempo' me carteaba todas las semanas con un íntimo amigo que estaba lejos y con una amiga que estaba internada en una residencia de estudiantes. No puedes hacerte una idea de cómo bajaba las escaleras de casa de mis padres (dónde aún vivía)a mirar el buzón.

    Hoy día aún las conservo todas (en una carpeta de esas tipo 'acordeón'), como un auténtico tesoro, causándome intriga pensar quién lo descubrirá el día de mañana.

    Y ya mismo voy corriendo, de la misma forma con la que bajaba las escaleras, a echar esta (tu) carta.

    Ya que tienes tantas, si hiciera falta te pongo un buzón como un tren sólo para ti. Porque sí, Carmen, sí, sí, sí. Todo, sí, oye, todo sí .

    Un abrazo tan grande como el Radiator Building de Georgia O'Keeffe.

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    1. ¡Me has escrito!Y todo lo que cuentas, y ese "Porque sí, Carmen, sí, sí, sí. Todo, sí, oye, todo sí" me ha llegado al alma.
      Chelo... muchísimas gracias. Un abrazo tan grande, tan grande, que toca el cielo y el corazón.

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  19. Peter Ilsted, Joven leyendo una carta:

    Con la impaciencia escrita en la postura y amparada en la semipenumbra, buscando intimdad; con el interés en su cabeza inclinada sobre el papel, la chica lee con ilusión noticias de su amigo de infancia que es ahora también el objeto de su amor. Esperaba su llegada en breve, anhela la confirmación de que pronto podrá verle, y mientras pasa rauda su vista por los renglones, empieza a sentirse menos pequeña, menos vulnerable, menos perdida.
    Cuando terminé atravesará la puerta y saldrá a la luz. Necesita más espacio del que alberga su propio cuerpo para contener tanta alegría...

    Un placer participar en este juego que nos propones, Carmen. Como siempre aprendemos y disfrutamos :) Por cierto, preciosa la carta de Salinas. Forma parte de una historia con final infeliz, pero mientras duró ese amor que le daba aliento se sintió colmado de dicha. Creo que puede decirse que el balance es positivo.

    Un fuerte abrazo!!

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    1. ¡Me gusta! Qué horror, Julia, me había despistado (una vez más). Ahora mismo te robo tu bonita carta y... ¡al buzón! Un abrazote, guapísima.

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