domingo, 18 de octubre de 2015

Tiernos bárbaros: Maurice de Vlaminck




Lo que él quería era ir en bicicleta. Pero salir adelante como ciclista profesional, si no eres uno de los grandes, no es fácil, así que su idea era compaginar el pedaleo con la escritura de novelas eróticas y las clases de violín. Bueno, es una idea como cualquier otra para ganarse la vida, y lo del violín lo tenía fácil porque la suya era una familia de músicos. Pero una enfermedad le obligó a apearse del sillín y el servicio de las armas le condujo a André Derain y a la pintura. Bienvenido, Maurice.

Maurice de Vlaminck, Calle en un pueblo

Como, mientras andamos, nunca sabemos adónde nos conducirá el camino, sin contar con los senderos que se bifurcan y otros asuntos borgianos, Derain llevó a este violinista, escritor de novelas eróticas, ciclista frustrado y pintor autodidacta, al encuentro con la pintura de Van Gogh. Y después llegó Matisse, y en 1905 Vlaminck fue tan fiera como las otras fieras. “Yo era un bárbaro tierno”, dirá de sí mismo años después.

Maurice de Vlaminck, Huerto, colección particular, 1905

Maurice de Vlaminck, Recogedores de patatas, 1905


Derain y Vlaminck comparten viajes y el estudio de Maurice en su casa de Chatou. Derain ilustra dos novelas más pornográficas que eróticas escritas y  publicadas en 1902 y 1903 por Vlaminck, quien, a  lo largo de su vida, continuó con sus escritos, orientados ya hacia la poesía y los textos autobiográficos. Y, por supuesto, continuó con la pintura, al margen de escuelas y de teorías, que detestaba. “En arte –afirmó-, las teorías son tan útiles como la prescripción de un doctor; uno debe estar enfermo para creerlas”.

Maurice de Vlaminck, El Sena, Glasgow Museums, 1912

Maurice de Vlaminck, El Sena en Chatou

Maurice de Vlaminck, A orillas del bosque, Museums Sheffield

Una cosa son las teorías y otra la realidad de la pintura. Por ejemplo, la inmensa realidad de la pintura de Cézanne, de la que Vlaminck se enamora -algo totalmente comprensible-, en 1907. De la mano de ese amor, los volúmenes y las formas se reafirman y una geometría llena de calidez y vida se introduce en sus lienzos.

Maurice de Vlaminck, Paisaje

Maurice de Vlaminck, Paisaje en La Creuse, 1910 c.

Maurice de Vlaminck, Paisaje de Beauce, colección particular, 1910

En 1911, Vlaminck viajó a Londres, donde captó su atmósfera y las imágenes de sus puentes, un tema frecuente en su pintura, como podemos ver en los numerosos retratos –yo los considero retratos- de puentes como los de Chatou y otras localidades francesas.

Maurice de Vlaminck, Londres 1911 c.

Maurice de Vlaminck, El puente de Chatou, colección particular, 1906-08 c.

Maurice de Vlaminck, El puente de Chatou, 1908

Maurice de Vlaminck, El puente de Nogent

Maurice de Vlaminck, Les Andelys, Norfolk Museums Service, 1911 c.


En 1914, la guerra atrapó a Maurice, rebelde y antibelicista. Salió de ella con rabia redoblada. ¿Quién no? Pero ahí seguía, intacta, la pasión de la pintura.

Maurice de Vlaminck, Árboles, National Museum Wales, 1913-14

Maurice de Vlaminck, Paisaje, colección particular, 1919

Maurice de Vlaminck pintó, flores, bodegones y algunos retratos, pero, sobre todo, pintó paisajes de los alrededores de París, representados en muchos casos desde un punto de vista elevado. Sus cielos se cubrieron de nubes, se aborrascaron, se confundieron con la tierra y con el agua a través de las pinceladas vibrantes, los empastes densos, los colores, siempre los colores a los que arrancar voces.

Maurice de Vlaminck, Paisaje de Valmondois, Museum of Fine Arts, Houston, 1912

Maurice de Vlaminck, La ruta Napoleón, Leicester Arts and Museums Service, 1912-14

Maurice de Vlaminck, Vista de Nesles-la-Vallée

Fue hombre apasionado. ¿Habría podido crear, acaso, si la pasión se hubiese hallado ausente? “Cuando tengo la pintura en las manos... la vida y yo, yo y la vida”, escribió. Y también: “Tenía la necesidad de destruir las viejas convenciones, de desobedecer a fin de recrear la vida y un mundo liberado”. Desobediencia, rebeldía, pasión por la vida y por la creación… ¿cómo podría no serme simpático este tierno bárbaro?


Maurice de Vlaminck, Claro en el bosque de Valmondois, colección particular, 1912 c.

Maurice de Vlaminck, La cosecha

Hay muchos caminos, muchas casas, muchos pueblos, en las pinturas de Vlaminck. Pincelada a pincelada, nos invita a visitar esos pueblos y esas casas, y a adentrarnos por sus caminos, más y más lejos.

Maurice de Vlaminck, Sendero entre árboles,  Manchester City Galleries, 1900-20 c.

Maurice de Vlaminck, El camino,  Birmingham Museums Trust, 1922-23

Maurice de Vlaminck, Casa junto a un camino, colección particular

Maurice de Vlaminck, Camino en un pueblo, colección particular
Maurice de Vlaminck, Casa abandonada, colección particular, 1945-46


Cállate, me dice Maurice. ¿Acaso no sabes que, como escribí en una ocasión, “si un cuadro tiene que ser explicado mediante palabras, nada tiene que ver con la pintura”? De acuerdo, no digo nada, no explico nada. Aquí tenéis las obras de Maurice de Vlaminck: que hablen ellas. Y, después, vosotros, para contarnos si conocíais a este ciclista sin bicicleta y qué os parecen sus obras.

Maurice de Vlaminck, Paisaje

Maurice de Vlaminck, Escena callejera,  Aberdeen Art Gallery & Museums

Maurice de Vlaminck, Pueblo

Maurice de Vlaminck, Casa en el bosque

Maurice de Vlaminck, Granja bajo la tormenta

Maurice de Vlaminck, Pueblo

Maurice de Vlaminck, Álamos

Maurice de Vlaminck, La casa entre los árboles

 

 

 

31 comentarios:

  1. Me encanta este post sobre Vlamick y me quedo con tu afirmación: "Una cosa son las teorías y otra la realidad de la pintura." Gracias por mostrarnos cómo se debe mirar un cuadro.

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    1. ¿Cómo mirar un cuadro? Sintiéndolo, dejando que nos entre por los ojos y nos inunde por dentro. Y luego, ya, viene todo lo demás. ¡Pero eso ya lo sabes, Francisca! La frase que citas es de Vlaminck y tiene muchísima razón, estamos de acuerdo los tres: Vlaminck, tú y yo. Un abrazo.

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  2. Ohhhhhh Carmen...llevo demasiados días sin poder acercarme a tu blog y cuando oyes mis pasos me regalas esta maravilla? Feliz noche

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    1. Ha sido cosa de Maurice, que tiene el oído muy fino. "¡Viene Herminia! Rápido, déjame un hueco en tu blog". Le he hecho caso, claro. Feliz domingo Herminia, y un abrazo de ciclista.

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  3. Desconocía completamente las obras de este artista, son muy hermosas..me llama la atención el color, intenso, veo mucho azul y eso me encanta es un color que me atrapa. Los paisajes parecen tener vida propia, tanto árboles cómo nubes están en movimiento y la mayoría son algo sombríos, aún así, cuánta belleza, Carmen..gracias!!

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    1. Nos encontramos en el azul, Inma.
      Vlaminck es muy variado: a veces combina la densidad de la materia con la ligereza de unos trazos casi caligráficos. ¿Has visto cómo hace suyos los ecos de Van Gogh, de Derain, de Cézanne y, en algún caso, de Dufy, y les da su propia voz?
      Lo siento por el ciclismo, pero no está nada mal que Vlaminck (por cierto, tiene apellido de ciclista) se apease de la bicicleta.
      Un abrazo.

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  4. Sin palabras... Bueno, diré alguna. Me suena el nombre del pintor. Habré visto cosas suyas en algún museo. Me ha parecido una pintura muy hermosa con sus formas y colores y me ha recordado, sobre todo en sus cuadros de casas y pueblos, a Luis Quintanilla. ¿Conoces a este pintor cántabro? Yo le conozco bastante porque mi marido (que por cierto también se apellida Pinedo) ha dirigido un documental sobre él que se titula "Los otros Guernicas". Creo que un día de estos escribiré algo sobre dicho documental.
    Otro domingo que empieza teñido de belleza y buen rollo (aunque nublado y ventoso). Gracias, Carmen. Un beso.

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    1. ¡Ya sé quién es tu marido! ¡Qué trabajos más interesantes! Sí, escribe sobre sus documentales, por favor. Fíjate, ahora somos casi como de la familia, Rosa ;)
      De Quintanilla conozco, sobre todo, sus figuras, pero es verdad lo que dices, que en algunos paisajes recuerda a Vlaminck, sobre todo por sus elementos: árboles, caminos, casas que, a veces, parecen un poco asustadas...
      Feliz domingo, Rosa. Un abrazo.

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    2. ¿Has visto los documentales? No sabía yo que fuese tan conocido (ni él tampoco) Le gustará saberlo.

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    3. No, solo lo poco que se puede ver en Youtube, pero cinco candidaturas de los Goya por "Los otros Guernicas" no son ninguna menudencia. ¡Ahí, fuertes, los Pinedo! ;) Vale, y los Berros y los Canuria también, no protestes ;)

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    4. Creo que aún sigue en Televisión a la carta en TVE, Por si te interesa verlo entero.

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    5. http://www.rtve.es/alacarta/videos/documentales-culturales/otros-guernicas/2569955/
      Espero que lo disfrutes. Ya me contarás.

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    6. ¡Bravo! Gracias, Rosa.
      Oye, entre tu familia política, ¿no habría, por casualidad, un Pinedo irunés o iruñés o irundarra que era médico? Porque era tío mío. ¡A ver si al final tu marido y yo vamos a ser primos lejanos, o yo voy a ser su tía, o qué sé yo! Me imagino las carcajadas. Un beso.

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    7. No. Mi suegro es de Vizcaya y no tienen ningún pariente, que yo sepa, en Irún. Se apellida Pinedo Tejedor. Puede que la relación venga de más atrás. Indagaré.
      Sería gracioso de ataque de risa total. Como el tuyo con el abrelatas.

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  5. Menos que poco es lo que yo sabía de este autor. Gracias Carmen por desvelármelo. Estoy totalmente de acuerdo con él cuando dice que un cuadro, para ser pintura, no necesita ser explicado, que sobran las palabras ante una obra de arte. Otra cosa es que, entre personas entendidas, se comenten aspectos técnicos que poco tienen que ver con la conmoción. Si algo te conmueve es por lo que es, no por lo que tenga que ser explicado. Un beso, amiga.

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    1. Sí, yo también creo que lo primero es que entre en ti. Te cuento cuál es mi relación con el arte y la arquitectura, a ver si coincidimos: lo primero que me sucede es que siento la obra con todo el cuerpo y solo después empiezan a nacer las preguntas, surgen las correspondencias, comienza la reflexión. Lo bueno es que ese proceso intelectual, así como el intento de ampliar mi conocimiento sobre la obra, no empobrece ni mata ese impacto sensorial inicial, sino que lo hace más rico y más vivo. Pero lo que está claro es que ni teorías, ni escuelas, ni un detallado análisis técnico pueden resumir ni mucho menos sustituir a la obra. Esta, o está viva o no lo está. Y las que nos alcanzan y conmueven son las que están vivas.
      Un abrazo, Eli.

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    2. Añado, para matizar un punto. Un plano arquitectónico, por ejemplo, puede ser estéticamente bello, pero, aunque no lo sea, puede hacernos gozar cuando lo desciframos, lo comprendemos. Nos puede conmover también y nos proporciona un placer intelectual que no deja de ser, también, sensual.
      Ay, qué poco académica soy. Pero cuánto disfruto.

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  6. Paisajes para ir caminando hacia el invierno. No lo conocía y ahora me gusta mucho. Gracias, Carmen.

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    1. Caminando... o en bicicleta, que tampoco está mal. Un abrazo, José Juan.

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  7. De acuerdo con todos los elogios a la pintura de Vlaminck, pero me gustaría leer sus novelas eróticas. Así tendría una imagen más completa del artista.

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    1. Vuestro capricho es mi ley ;)
      Echa un vistazo al catálogo de la Bibliotheque nationale de France. No he comprobado si hay algún título de Vlaminck digitalizado, pero puedes consultar los títulos para intentar encontrarlos:
      http://data.bnf.fr/12103183/maurice_de_vlaminck/
      Vale, ya tenemos a un interesado por las novelas eróticas de Vlaminck: ¿alguien se anima a preguntar por su bicicleta o su violín? ;)

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  8. Maravilloso post Carmen!!!!
    Mil gracias por acercarnos a este pintor lleno de fuerza y pasión que no conocía, me encantan esos cielos tenebrosos, esos puentes, cada uno con su propia personalidad y esos paisajes en los que se percibe el sonido de los árboles al mecer sus ramas.
    Otra vez gracias y un fuerte abrazo :)

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    1. ¡Nines, tú también lo oyes! Qué bien, porque algunas pinturas, además de verse, también se escuchan. Es cierto lo que dices: cada puente tiene su personalidad, su propio carácter. Como los caminos, las casas, los árboles, las nubes que, como decía antes Inma, se mueven, están vivos. Gracias a ti. Un abrazo, Nines.

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  9. Hola a todos:
    no conocía al pintor, y no lo siento por el ciclismo, pues no soy de deportes, aunque sí que lo siento por él, pues si le gustaba y se vio obligado a dejarlo. Pero el arte salió ganando, sin duda.
    Me gusta mucho, mucho, sobre todo sus paisajes, como dice Nines, tenebrosos y sombríos, pero me resulta fascinante ver como mezcla tantos colores oscuros logrando que sobresalgan todos; o eso veo yo.
    Tampoco conozco a Quintanilla, de lo que me avergüenzo especialmente, pues soy de su tierra. Voy a ver si echo un vistazo en youtube, ahora que sé lo que he de buscar.
    GRACIAS por este post tan precioso y feliz domingo

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    1. Es verdad, son en cierto modo sombríos pero, al mismo tiempo, luminosos. Harry, mira el enlace que ha puesto Rosa en uno de sus comentarios: ¡regalazo!
      Un abrazo.

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  10. Descubres tanto que me descubro. Siguiendo el hilo de tu blog, voy de maravilla en sorpresa. No conocía a Vlaminck. Ni como ciclista. Su obra no me ha fascinado. Pero hay algunos cuadros que me emocionan en exceso. Que incitan a pintar. En algún caso son estudios, habría que decir disecciones, de cuadros conocidos. Ahí me atrapa. También seduce el tenebrismo que otros han comentado antes. A veces se asoma El Greco y se ríe un poco. Lo que más me gusta es su búsqueda constante. Te digo lo que me asombra: El Sena, Les Andelys, Árboles, Claro en el bosque de Valmondois, Sendero entre árboles, Álamos... ¿Me regalas alguno?

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    1. ¿Incitan a pintar? ¡Pinta!
      Me ha hecho gracia tu comentario sobre El Greco, Daniel. Yo lo veo en algunos cielos, claro, pero también en los árboles y las casas. Mucho, en Les Andelys.
      Árboles y Álamos los tengo ya pedidos para mí, así que tendrás que elegir entre los otros.
      Un abrazo.

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  11. Qué hermosos paisajes. Dices, y yo también lo creo, que las pinturas de los puentes los consideras retratos. A mí , las de las casas me dan la misma sensación. Las tres últimas... ¿Son la misma?. Un abrazo Carmen y feliz inicio de semana

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    1. Las casas siempre son retratos, Eva. Todas: las pintadas, las fotografiadas, las reales, donde vive la gente o ha vivido.
      No creo que las tres últimas sean la misma, pero sí que se corresponden con unos tipos de arquitectura rural que se ven con frecuencia en la zona donde pintó Vlaminck. No solo en esa zona, claro, pero es habitual encontrarlas en Île de France, la región de París.
      Un abrazo para empezar con fuerza la semana, Eva.

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  12. Me encanta el post y la exposición de obras de Maurice de Vlaminck, preciosos paisajes llenos de energía y de vigor, con esas pinceladas tan rotundas y esas escenas tan bien escogidas. Muchas obras y varias etapas, hay influencia de muchos autores reconocidos y un Maurice que sintetiza lo que ve y lo transforma para darnos algo con reminiscencia pero propio. Grande.
    Un abrazo!!!

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