miércoles, 4 de marzo de 2015

Bellotto y la cámara oscura





Bernardo Bellotto (1721-1780)

 
La cámara oscura consiste en una habitación o una caja cerrada provista de un pequeño agujero por el que entra la luz, proyectando la imagen del exterior. Es el mismo principio que aplicará la fotografía. 

Athanasius Kircher, Ars Magna Lucis et Umbrae¸1646

Recomendada para la observación astronómica por Aristóteles y Al Hazen, la aplicación de la cámara oscura como instrumento auxiliar para el dibujo parte de Giovanni Battista della Porta.

Uno de los perfeccionamientos más trascendentales que se introdujo fue la reducción del tamaño de esta cámara a la de un aparato transportable, semejante a un mueble. Ya desde el siglo XVII existen cámaras oscuras portátiles: más manejables aún en el XVIII, su uso se difunde durante esta centuria y la siguiente. Se genera toda una industria dedicada a la fabricación de tales instrumentos, que se construyen de diferentes formas y tamaños: en forma de pirámide truncada, de libro o de mesa, como puño de un bastón, como silla de mano, etc.

Cámara óptica portátil diseñada por Robert Hooke, Londres 1668

La cámara oscura, muy utilizada por los autores de vistas para panoramas y otros espectáculos semejantes, fue empleada también por artistas como Vermeer, Canaletto, Bellotto, Guardi y muchos otros. En el Museo Correr, de Venecia, se conserva una cámara oscura con la inscripción "A. Canal", que algunos expertos atribuyen a Canaletto. Anton Maria Zanetti, en su obra Della pittura veneziana (1771), habla del uso de la cámara oscura por Canaletto, como hizo también el sobrino de este, Bernardo Bellotto.

Cámara oscura de A. Canal, Museo Correr, Venecia

Hace unos meses vimos el aspecto fotográfico de una serie de pinturas de Eduard Gaertner realizadas años antes de la invención de la fotografía. Veamos, ahora, unos cuadros de Bellotto, artista del siglo XVIII, que comparten esos mismos rasgos, tan próximos a la fotografía. Mirad, por ejemplo, estos detalles de sus obras El Arno en Florencia y El Gran Canal en Venecia:

Bernardo Bellotto, El Arno en Florencia, detalle, Szépmüvészeti Múzeum, Budapest 1742 c.
Bernardo Bellotto, Gran Canal, detalle, National Gallery, Londres, 1738 c.
O los acusados claroscuros y la cuidadosa representación de las arquitecturas en obras como estas:

Bernardo Bellotto, La plaza del Campidoglio con Santa Maria d’Aracoeli, National Trust at Petworth House, Petworth, West Sussex, 1742 c.
Bernardo Bellotto, Rio dei Mendicanti, detalle, Galleria dell Academia, Venecia, 1738-40 c.

Bernardo Bellotto, Roma, vista de la plaza de San Giovanni in Laterano¸ colección privada, 1743-44

Después de vivir en Venecia, Roma y otras ciudades italianas, Bellotto viajó a Inglaterra en 1746 y, un año más tarde, a Dresde. Trabajó también en Munich, Viena y Varsovia.

Bernardo Bellotto, Plaza del Mercado Nuevo en Dresde, Gemäldegalerie Alte Meister - Staatliche Kunstsammlungen Dresden, Dresde, 1749-1751
Bernardo Bellotto, El foso del Zwinger en Dresde, Gemäldegalerie, Dresde, 1749-53

La exactitud de sus vistas hizo que, tras las destrucciones sufridas en la segunda guerra mundial por ciudades como Dresde y Varsovia, se utilizasen como fuentes gráficas para la reconstrucción de varios edificios históricos.

Dresde
Dresde
Es curioso ver cómo las ruinas, en este caso de la Vieja Kreuzkirche, ya habían protagonizado algunas de las vistas de Dresde realizadas por Bellotto:

Bernardo Bellotto, Ruinas de la Vieja Kreuzkirche en Dresde, Gemäldegalerie, Dresde, 1765
Bernardo Bellotto, Kreuzkirche en Dresde, Gemäldegalerie, Dresde, 1745-56
Varsovia
Bernardo Bellotto, Vista de Varsovia desde el Palacio Real, Muzeum Narodowe,Varsovia, 1773
Bernardo Bellotto, Vista de Varsovia desde el Palacio Real, detalle, Muzeum Narodowe,Varsovia, 1773
Además de su calidad artística y su precisión topográfica, la obra de Bellotto nos interesa por su aspecto casi fotográfico y por la realización de una serie de obras en las que las figuras se sitúan en una terraza elevada de un modo que parece prefigurar el panorama.

Bernardo Bellotto, Viena, panorama del palacio Kaunitz, Szépmüvészeti Múzeum, Budapest, 1759-60
No puede extrañarnos. Una vez más nos hallamos ante la confluencia, en un determinado periodo de tiempo, de todo tipo de búsquedas visuales. Una búsqueda que da lugar a obras de gran interés y belleza.

Bernardo Bellotto, Vista de Turín en las proximidades del Palacio Real, Galleria Sabauda, Turin, 1745

   

domingo, 1 de marzo de 2015

Una catedral de vidrio y cartón piedra




¿Qué haría el bueno de Quasimodo sin Nôtre-Dame? ¿Cómo podría confundirse con sus gárgolas, tañer las campanas y trepar por las torres de la catedral, si no hubiese catedral que le acogiese? Pero la hay: tanto en la realidad como en la obra de Victor Hugo y en las distintas películas que han relatado la historia de Quasimodo y la bella Esmeralda.

William Dieterle, The Hunchback of Notre Dame, 1939

En 1905, Alice Guy Blaché dirigió Esmeralda, basada en Nuestra Señora de París, de Hugo. Wallace Worsley rodó en 1923 El jorobado de Nôtre Dame (The Hunchback of Notre Dame), protagonizado por Lon Chaney. La dirección artística corrió a cargo de Sydney Ullman y Elmer Sheeley. Para recrear en los estudios de la Universal la catedral de París se aplicó la técnica de la pintura sobre vidrio, ideada por Norman Dawn, antiguo colaborador de Georges Mélies. Esta pintura completaba la parte baja de la fachada,  que era tridimensional.

El director Wallace Worsley y el director de fotografía Robert Newhard
Wallace Worsley, The Hunchback of Notre Dame, 1923

Poco a poco, nos contaba Juan Antonio Ramírez en su libro sobre la arquitectura en el cine, se fueron apiñando más edificios en torno a la catedral, de modo que a principios de los años treinta ya había tomado forma la ciudad europea medieval de la Universal. En ella se rodaron películas como Drácula (Tod Browning, 1931), Frankenstein (James Whale, 1931), El hombre invisible (James Whale, 1933) y La novia de Frankenstein (James Whale, 1935), entre muchas otras.

Ciudad europea de los estudios Universal

En 1936, la réplica de la catedral de Nôtre Dame en la Universal fue reutilizada como iglesia de los Seis Santos en El poder invisible (The Invisible Ray), dirigida por Lambert Hillyer. Dos años más tarde, en 1938, fue demolida, justo cuando la RKO comenzó a construir su propia catedral para la versión de The Hunchback of Notre Dame dirigida por William Dieterle y estrenada en 1939.


Construcción en los estudios de la RKO, San Fernando Valley, 1938

El excelente artista Chesley Bonestell realizó las matte paintings que completaban los decorados de la película:


Chesley Bonestell, pinturas para The Hunchback of Notre Dame, 1939
Pinturas para The Hunchback of Notre Dame, 1939
Pinturas para The Hunchback of Notre Dame, 1939

Los resultados son espléndidos:



William Dieterle, The Hunchback of Notre Dame, 1939

También se utilizaron matte paintings para las vistas del interior de la catedral y de algunos exteriores de París:

William Dieterle, The Hunchback of Notre Dame, 1939
William Dieterle, The Hunchback of Notre Dame, 1939
William Dieterle, The Hunchback of Notre Dame, 1939

Ha habido otras versiones posteriores y, sin duda, habrá muchas más. Por el momento, me quedo con estos dos rostros de Quasimodo:


Lon Chaney en The Hunchback of Notre Dame, 1923
Charles Laughton en The Hunchback of Notre Dame, 1939

No sufras, Quasimodo. Tendrás tu catedral, aunque, en vez de ser de piedra, esté construida con sueños, imágenes y palabras. Las palabras de Victor Hugo: 

“Hay seguramente en la arquitectura muy pocas páginas tan bellas como las que se describen en esta fachada, en donde al mismo tiempo pueden verse sus tres pórticos ojivales, el friso bordado y calado con los veintiocho nichos reales y el inmenso rosetón central, flanqueado por sus dos ventanales laterales, cual un sacerdote por el diácono y el subdiácono; la grácil y elevada galería de arcos trilobulados sobre la que descansa, apoyada en sus finas columnas, una pesada plataforma de donde surgen las dos torres negras y robustas con sus tejadillos de pizarra. Conjunto maravilloso y armónico formado por cinco plantas gigantescas, que ofrecen para recreo de la vista, sin amontonamiento y con calma, innumerables detalles esculpidos, cincelados y tallados conjuntados fuertemente y armonizados en la grandeza serena del monumento. Es, por así decirlo, una vasta sinfonía de piedra; obra colosal de un hombre y de un pueblo”.
 

Charles Marville, Nôtre-Dame de París, 1863