¿Muñecas? Sí, muñecas. Yo las miraba con
incredulidad y espanto. “Me gustaría tener un juego de química”, insistía año
tras año. “No, que volarás la casa”. Chicos listos, mis padres. Era en vano que
invocase los sacrificios que implica el avance de la ciencia: el asunto de la
casa era innegociable. Me acercaba entonces, zalamera, a mi hermano: “¿me dejas
tu juego de química?”. “No, que volarás la casa”. ¡Tenía bien aprendida la
lección! De este modo, mi carrera científica quedó frustrada.
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Gabriele Münter, Niña con muñeca |
Cortaba los
deditos de las muñecas, a tijeretazo limpio; les abría la barriga para
operarlas. Parece ser que la salud de esas tristes criaturas no importaba a mis
padres, puesto que cada nueva intervención quirúrgica traía consigo un buen
rapapolvo. Así que, muñeca a muñeca, se truncó mi futuro como cirujana.
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Alexei von Jawlensky, Niña con muñeca |
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Jan Sluijters, Niña
con muñeca |
Cogía los lápices de colores, dibujaba. Llegaban mi
padre o mi hermano, excelentes dibujantes ambos, miraban con conmiseración mis
garabatos, decían “no está mal, pero espera un momento” y con un par de trazos
daban vida al desastre que yo había hecho. Me refugié en mis dibujos de casas,
islas y laberintos, donde estaba a salvo, y acepté de buen grado que mi carrera
artística estaba arruinada. Lo mismo sucedió con mi carrera como escenógrafa: a
fuerza de reprimendas y castigos tuve que resignarme a no destrozar con las tijeras cortinas y colchas para montar espléndidos decorados donde
las muñecas pudiesen actuar y, de este modo, servir para algo más que su simple
ser muñecas.
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Gabriele Münter, Muñeca, gato y niña |
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Léonard Tsuguharu Forjita, Niña con muñeca |
Encaramada a varios almohadones y con dos dedos
tan torpes como regordetes, utilicé la máquina de escribir de mi padre para esbozar la
descripción de un lugar que habíamos visitado unos días antes. Dejé el papel en
la máquina, me fui a hacer alguna trastada y, al volver, vi que mi padre había
añadido: “Cullera, bahía de los naranjos”. Me enfadé, me enfadé mucho, con un
enfado demasiado grande para el tamaño tan exiguo que tenía entonces. “¿Cómo?
-pensé- ¿También mi carrera literaria va a quedar frustrada? ¿Acaso me van a quedar
solo las muñecas, las malditas muñecas?”. Me rebelé: empecé a escribir a
escondidas, a ocultar mis textos. A los cinco o seis años, me había convertido
en una escritora maldita, despeinada como Rimbaud.
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Léon Spilliaert, Muñeca y niña |
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Gabriele Münter, Niña con muñeca |
Pero ahí estaban las muñecas. ¿Qué demonios se
suponía que tenía que hacer con ellas, si no podía operarlas ni montar
decorados teatrales para que actuasen? ¿Vestirlas, desnudarlas para volverlas a
vestir? ¿Hacer -¡horror!- de mamá para
esos muñecos-bebé que, como bien dijo Alicia, como niños eran espeluznantemente
feos, pero como cerdos eran bien hermosos? ¡Oh, vamos, yo no quería ser mamá, pasarme al enemigo, convertirme en
uno de esos seres grandes a los que les preocupa más conservar la integridad de
la vivienda que la aventura –con los riesgos que conlleva- de la ciencia, el
arte, la literatura…! “Yo no quiero muñecas, lo que quiero…”. “¡Lo que quieres
es volar la casa!”. Caray, qué manía.
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Gabriele Münter, Muñeca, gato y niña |
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Honoré Daumier, Niña
con muñeca |
Las muñecas, pues, esas figuras que representan a
niños o a adultos en miniatura: el juguete, se dice, más antiguo de la
humanidad. Juguete y, antes de serlo, objeto mágico o sagrado. Muñecas de
madera, de arcilla, de trapo, de cera, de marfil, de porcelana o ya, como las
que llegaron a mis manos, de plástico. Muñecas articuladas, como las que ya
conocían griegos y romanos: muñecas que a veces parecen el eco, inerte y
reducido, de la criatura que las sostiene entre sus manos. Muñecas mudas y
otras que hablan, cantan, ríen; muñecas inmóviles y otras que caminan,
patalean, se alimentan… Muñecas cuyos mecanismos internos hay que destripar,
inexorablemente, si queremos desentrañar su funcionamiento. Aunque luego nos
regañen por nuestra curiosidad.
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Jean-Étienne Liotard, Niña con muñeca |
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Paula Modersohn-Becker, Niña con muñeca |
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Léonard Tsuguharu Forjita, Niña con muñeca |
Algo que me llama la atención en muchas de las
representaciones de niñas con muñecas es el desamparo de las pequeñas. En
algunas ocasiones, se aferran a su juguete como si pudiese servirles de refugio
contra la infinita tristeza que, en ciertos momentos, atraviesa la infancia; en
otras, parece que teman a la muñeca, más poderosa que ellos, rígida,
inconmovible. ¿A quién representa esa muñeca que puede ser tanto protección
como amenaza? ¿A la madre? ¿O al propio niño, con su manifiesta vulnerabilidad
y su secreta fuerza?
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George Luks, Niña
con muñeca |
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Léonard Tsuguharu Forjita, Niña con muñeca |
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Maurice de Vlaminck, Niña con muñeca |
Niños que sostienen entre sus brazos muñecos como
niños muertos, pequeños duelos infantiles, en soledad o en compañía, largos
diálogos sin respuesta, resueltos en silencios de trapo, de madera… de
plástico. “Sí, tu niñez: ya fábula de fuentes”, escribe Jorge Guillén, pero de
esas fuentes manan aguas dulces y también amargas. ¿Habéis olvidado acaso,
adultos, las tristes horas que transcurren en la infancia? ¿No recordáis, junto a las risas, vuestros inconsolables y secretos llantos de niño? El desamparo, sí, al
que antes aludí; la soledad; la incomprensión; la extrañeza ante un mundo en el
que eres extraño.
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Paul Cézanne, Niña
con muñeca |
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Chaim Soutine, Niña
con muñeca |
Borramos, año tras año, el rastro de esas lágrimas intensas por tan nuevas: dibujamos, así, la memoria de esa infancia feliz que se nos exige. Fue feliz, sí, qué duda cabe, pero también fue desdichada, como cualquier infancia, porque nadie como los niños siente con tanta fuerza la pena y la alegría. Nadie siente como un niño. Tu niñez, la mía. Recuerda, por favor, recuerda. Sí, “fábula de fuentes”.
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Alexei von Jawlensky, La muñeca |
hola y feliz año! me has dejado perpleja, pero gratamente, que bonito!UN Poquitin visto con ojos de adultos pero con ojos de niños cuanta razon tienes.y las imagenes son espectaculares. me llevo tu relato, dejo mi humilde comentario y un enorme saludosbuho.
ResponderEliminar¡Hola, Búho, feliz año! Miradas de niño, de adulto... y de búho mezcladas, ¡claro! Un abrazo.
EliminarA través del juego aprendemos muchas cosas del mundo en el que nos tocó vivir y los juguetes deben facilitarnos ese conocimiento y el desarrollo de nuestra imaginación,... solo espero que esa niña haya llegado a ser una estupenda doctora, una maravillosa directora de teatro y una exelente madre. Magnífica entrada!
ResponderEliminar¡Ja ja! Ni doctora, ni directora de teatro... ¡ni madre! ¡Nunca quise "pasarme al enemigo" ;) !
EliminarUn abrazo, Baile del Norte.
Yo soy una niña con muñeca. Sigo coleccionando muñecas. Eso debe significar algo. El post, precioso del todo.
ResponderEliminarClaro que significa algo. Eres niña. Nunca dejes de serlo. Gracias, Caty. Abrazo, abrazo, abrazo.
EliminarNo me gustaron las muñecas. No me gustan. Mis recuerdos de juegos son más vivos en los que participábamos en grupo: civiles y ladrones, madre, el pañuelo, ... cortar las hojas de apuntes al final de curso haciéndoles un agujero en el centro y dejarlos volar viendo cómo los vencejos trataban de atravesar el agujero en el aire. Cosas así.
ResponderEliminarLuego, tal vez por influencia del cine, veo las muñecas con una frialdad psicopática.
En ningún cuadro se ve la niña feliz, ni la muñeca, solo hay que ver el de Chaim Soutine. Tal vez se salva Jean-Étienne Liotard, mientras la muñeca tiene otro interés.
Gracias por otra estupenda muestra de color y expresividad.
A mí me gustaban los balones, los coches, los soldaditos, los arcos, las pistolas, los juegos de construcción, el de química que nunca tuve...
EliminarUna vez más lo has hecho, Galefod: vencejos atravesando el agujero en el centro de las hojas de apuntes... Jamás se me hubiese ocurrido.
Tristes niñas con sus tristes muñecas, ¿verdad?
Gracias. Y abrazo.
Quizá en los diálogos con las muñecas aprendimos a construir historias con finales abiertos. A mí me gustaba jugar a las bolas, a las chapas, patinar, correr, en fin, la muñeca era sólo para un rato, aburridísimo, por cierto.
ResponderEliminarMuy buena la entrada, Carmen. Los autores de las pinturas son desconocidos para mi, parecen mostrar eso que tú comentas, el desamparo en el rostro de la niña.
Un abrazo.
¿Qué les decías a las muñecas, Yolanda? ¿Qué te contestaban? Bueno, supongo que depende del día.
EliminarQué niñas tan desamparadas las que aparecen en estos cuadros, sí. Pero, en general, es esta la expresión que muestran en estas obras de "niña con muñeca". Por algo será, pienso.
Un fuerte abrazo, Yolanda. Y abrígate, que esta noche viene fría.
A las muñecas las hacia pasar por peripecias imposibles. Nunca,recuerdo, pedían permiso para nada, ni para besar al chico de turno. Viajaban gratis, eran olimpicas, pero eran aburridas, porque no me respondían. Sí acaso hablaban entre ellas. Nancy y Alina, no se llevaban bien. Una por ser azafata de vuelo y la otra porque se iba caminando.
EliminarUn abrazo.
Preciosa entrada. No recuerdo mis juegos con muñecas, en cambio recuerdo los juegos en la calle, chapas, el látigo, el escondite, carreras... el caso era jugar
ResponderEliminarJuegos de movimiento: ¡esos eran divertidos! Pero, como dices, el caso era jugar. Un abrazo, Esperanza.
EliminarSolo permanece en mi recuerdo una muñeca que nunca quise. Pedí a los Reyes otra, ya ni recuerdo cuál, pero me trajeron Mary Poppins. Yo creo que era la manera indirecta que mi madre encontró para satisfacer sus deseos, pues le encantaba esa película. Yo prefería los recortables y creo que ya entonces era la forma en que mostraba mi gusto por las manualidades. Siempre he sido muy aficionada a ellas. Así que las tijeras y los libros han sido mis compañeros de juego principalmente. Me regalaron una de porcelana hace décadas y todavía está en su caja. Por alguna razón extraña me repele, es como sostener el cadáver de un niño en los brazos, algo parecido a lo que tú comentas en tu entrada. Estupenda, como siempre.
ResponderEliminarEs eso. Mi madre insistía en regalarme muñecas porque ella,en el orfanato, nunca tuvo una y era su sueño de niña. Nuestras madres proyectaron en nosotras sus sueños. Carmela, artista de las tijeras, un abrazo enorme.
EliminarNunca imaginé que hubiera tantos cuadros titulados "Niña con muñeca" y verlos así, todos juntos me produce una sensación confusa. Por una parte, los encuentro tiernos, pero por otra, me resultan tétricos, tal vez por eso que dices de que parece que sujetan niños muertos entre los brazos o por ese agarrarse al muñeco como si no tuvieran otra cosa para librarse de la tristeza de la infancia que también citas y es que eso de la infancia feliz es un mito. Yo creo que la infancia no es feliz por definición. Puede haber infancias felices, pero es una época y una edad poco proclive a la dicha.
ResponderEliminarMe han gustado casi todos, pero mi preferido es el de Gabriele Münter: "Muñeca, gato y niña".
Un beso.
O momentos felices, muy felices, incluso en infancias que, en general, no lo son.
EliminarHay muchísimos cuadros de "niña con muñeca": seleccioné unos pocos, pero lo que vi en muchos de ellos fue ese aire de desvalimiento de las pequeñas. Me sorprendió, Rosa.
Un abrazo cálido en esta fría mañana.
Muy bonito, Carmen. Comparto esa impresión, transmiten el miedo y el extrañamiento de la infancia. Quizá sea la nostalgia lo que nos hace contemplar esos años como un limbo de felicidad (curiosamente, no estoy muy seguro porqué, pero no es mi caso). Sin embargo, es una mirada de adulto, que quizá vuelca en esos retratos sus miedos y frustraciones. Nunca hubiera imaginado que se pudiera hacer toda una serie con pintura de muñecas, cada vez me sorprendes más. Menos mal que no te dejaron ser química, jaja.
ResponderEliminarUn abrazo.
Bueno, en realidad no quería ser química, sino astronauta. Entre otras cosas :))
EliminarHas empleado la palabra exacta, Gerardo: extrañamiento.
Me dejas pensando. ¿Y si toda nuestra tarea de adultos consiste en negar la verdad de nuestra niñez, en traducirla (traicionarla)? ¿Y si la rebelión necesaria es esforzarse en ser leales a lo que, al margen de mitos, fue, a lo que fuimos, a lo que, puesto que fuimos, somos?
Horror, ya me he vuelto a perder. Paro, paro.
Un abrazo, Gerardo.
Naci laprimera de cinco hermanas y un solo hermano en tercer escalón, nuestra casa era el reino de esas criaturas sin vida que movían las pestañas y te miraban pidiéndote no se qué,a mi hermana segunda le gustaban los bebés y fue la primera en ser madre,a mi nunca me hicieron gracia, en cambio adoraba la Mariquita Pérez sin reparar en lo ridículo de su nombre,me gustaba vestirlas y representar desfiles de modelos,en Bilbao había una tienda con un escaparate espectacular que cambiaba el vestuario de MP ajustándose a las temporadas, primavera, verano, invierno y otoño. En casa hubo hasta cinco Mariquitas y una colección de vestidos.
ResponderEliminarEn el medio del pasillo, aprovechando un recodo, nuestro padre hizo una casa de muñecas en miniatura y las habitaciones de los niñas las decoró con dibujos de Mari Pepa y la de el único hermano con imágenes de Walt Disney, Una educación muy convencional que no tuvo repercusiones en el futuro, afortunadamente.
¡Ahora sí que se ha publicado tu comentario, Kattalin! ¡Bien!
EliminarVarios hermanos... Qué delicia. Imagino los juegos, las conversaciones, las complicidades y el trasiego de juguetes, de ropa, de todo...
Has escrito también las palabras mágicas: casa de muñecas. Porque ahí sí, ahí se me iban y se me siguen yendo ojos, manos, deseos...
Un fuerte abrazo, Kattalin.
Hola Carmen. Últimamente tu discurso es intimista. Nos compartes palabras de un diario lleno de nostalgia. Y en silencio, sin romper ese sentimiento me atrevo a compartir los míos, pero es por que afloran con tus recuerdos y esos reflejos sacados de esas pinturas que por sí mismas acompañan tu relato. Yo no he jugado con muñecas, quiero recordar que las tuve, sí, las tuve. La única de la que me acuerdo era una con el cuerpo de trapo y las articulaciones de plástico y por supuesto, la de la primera comunión (esa quedó metida para la eternidad en una caja, hasta que ya de mayor se esfumó). Lo de hacer de mamá ya lo tenía claro desde pequeña y tal vez no era lo que mas me atraía entonces. Vivía en el campo y tenía muchos más alicientes naturales; y por supuesto definió la que iba ser mi vocación y mi carrera profesional. Realmente nunca me había planteado lo que puede representar una muñeca para una niña o un niño... pero si que puede ser una aliada o un carcelera, o una proyección...La muñeca yo creo que es una reminiscencia del pasado y que irá desapareciendo. Pienso en esa niña viendo la muñeca con la luz apagada y me provoca miedo, casi terror, esa era la niña de los años 60. Y ahora veo a esa Barbie de los 90 en la estantería colocada con toda esa colección de vestuario estacional, y veo a esa niña, pero esta vez es anoréxica y me provoca todavía mucho más espanto. No, las muñecas...ni para el verano. Gracias por compartir estos relatos, siempre es un placer leerte, sé que "me vas a regalar" algo más que estupendos cuadros. Un abrazo
ResponderEliminarAliada o carcelera o proyección: exacto. Y qué tipo de proyecciones, en algunos casos, como el de los cuerpos imposibles (e indeseables) de las muñecas con aspecto de anoréxicas.
EliminarIntimista, dices... Sí, sobre todo porque escribo desde dentro, pero eso en realidad es frecuente en mi escritura. Nostálgica, no, nunca. Es cierto que, como cualquiera,añoro a mis muertos, pero estoy aquí, hoy, vivo en el presente. No, la nostalgia no va conmigo.
He visto contigo a esa niña de los 60 que ve la muñeca con la luz apagada.
Un abrazo enorme, Eme.
Carmen querida mi nombre es Nury Minckas soy la mama de Vane y quiero felicitarte por tu escritura magnifica redaccion y tu relato obviamente ,Mil felicitaciones un beso grandote...
ResponderEliminar¡Muchísimas gracias, Nury! ¡Qué alegría! Ya sabes que esta es tu casa. Un abrazo grande, grande, para ti y otro para Vane.
EliminarYo tuve muñecas , como todas, las mías eran estupendas para decapitarlas jugando a la revolución francesa, también servían de interlucutoras en mi soledad.Un día cambié de papeles y ficcioné un diálogo yo era mi madre y la muñeca yo , terminé llorando.
ResponderEliminarLuego lo terrores nocturnos donde ellas cobraban vida, sus ojos vidriosos tornaban en malévolas venganzas y yo las oía susurrrar.
Mi química fue machacar flores para extraer elixires de color cárdeno de los geranios en aquellos juegos de té azul infantil.
Mi arquitectura el lego en casas imposibles
Mis lienzos las páginas aburridas de mis libretas de colegiala .
Mi zoología , aprendizaje de la crueldad al matar lagartijas y saltamontes.
Mi consuelo libros de la estantería prohibida de mi abuela o la que yo empecé con tebeos y libros alemanes sin saber leer .
Mi infancia no fue la de mi patria como reza Rilke, fue la época de grandes frustraciones y soldades.
Aun hoy admiro las muñecas atadas de Bellmer, ¿acaso no fui yo una de ellas? arrojada al mundo lleno de limitaciones y cuerdas que aprietan pero que no ahogan, pues ya que queda solo el grito mudo de protesta.Demasiado tarde.
Hoy sueño con un maniquí androgino de compañía.
Hermoso post que me ha hecho rememorar..
Infancia de soledades.
EliminarEscribes: "Un día cambié de papeles y ficcioné un diálogo yo era mi madre y la muñeca yo, terminé llorando".
Alexandra, cuando murió mi hermano, mi madre no quería hablar conmigo: se irritaba, no podía evitarlo. Mi culpa era ser la superviviente. Fue muy duro. Un día cogí a Do, una marioneta de guante que me había regalado una amiga muy querida, y fue Do quien se dirigió a mi madre. Ella sonrió, por primera vez en mucho tiempo sonrió. Habló con la marioneta. Desde entonces, nuestras conversaciones tenían a Do como intermediario. Poco a poco, fue aceptándome, hasta que pude dejar el muñeco. No lo había contado, me ha costado hacerlo.
Un abrazo muy fuerte, decapitadora de muñecas.
Para mi fueron más que aliadas, tuve con ellas una relación amorosa, parecida a la que tienen las personas mayores con sus mascotas: ternura, protección, compañía, consuelo... Está claro que tu relación con ellas también tuvo su importancia, te permitieron expresar tu cólera y por la experiencia que nos cuentas, de tu hermano, te facilitaron llegar al dolor de tu madre.
ResponderEliminarPor otra parte siempre me han gustado los juegos de acción, quizás en parte, porque tampoco conté con juegos que me facilitaran desarrollar mis capacidades creativas, y eso seguro que lo debían saber mis muñecas. Gracias Carmen. Un abrazo
No era cólera, Elena: era experimentación, curiosidad... No sé muy bien qué era, pero no era cólera ni afán de destruir. Fui muy traviesa, pero nunca con la idea de causar daño.
EliminarMe gusta lo que cuentas de tu relación con las muñecas: ellas fueron buenas para ti, puesto que te acompañaron, te protegieron y te consolaron. Un tanto a favor de las muñecas.
Un abrazo enorme para ti y otro para Sira, mucho más que la mejor muñeca del mundo: tu pequeño planeta :)
Lo explicaste muy bien Carmen y desde luego no vi ninguna señal de maldad. Sí interpreté un desahogo inconsciente que supongo tenía más que ver conmigo que con la necesidad tuya de experimentar que me aclaras.
ResponderEliminarSí, esa personita es una experiencia hermosa que estoy viviendo ahora, me siento afortunada y agradecida por ello. De momento las muñecas no apuntan como su juguete favorito. Un abrazo de Sira y otro mio Carmen
Me quedo con vuestros abrazos, que dan calorcito.
EliminarMe ha gustado mucho estas entrada de pinturas de niñas con muñecas. Aunque aparecen todas la niñas con caras tristes. Yo todavia no he tenido ocasión de pintar muñecas, pero no lo descarto. Yo no recuerdo haber tenido muchas muñecas de niña. De muy pequeña mi abuelo me las hacia con asientos de las sillas o de paja. El primer recuerdo de tener un muñeco fue el de mi pochi, que me tocó en una tómbola cuando vivía aquí en Eibar. Tengo unas pocas y las guardo con cariño. Un abrazo
ResponderEliminarEsos juguetes hechos por tu abuelo tenían que ser una maravilla, Mari Carmen. ¡Habría tanto amor en ellos!
EliminarUn abrazo, artista.
Hola a todos:
ResponderEliminaryo no tuve muchas, pero las adoraba. Pasé grandes momentos con ellas y fueron parte de mi mundo durante muchos años. Como tenía un hermano mayor también jugué con indios, con coches, a la goma..., jugué mucho de pequeña y a todo. Nada excluía al resto, pero las muñecas fueron especiales.
Bien dices que en los cuadros las niñas parecen algo desamparadas, no sé si porque el autor así lo quiso o las modelos estaban desubicadas, pero en mi experiencia con niños, normalmente su relación es más estrecha. No sé, y tampoco sé si importa realmente. Pero dan una imagen algo extraña o eso me parece a mi.
Los colores vivos si que los relaciono con ese mundo, unido al teatro más elemental, pues con los juguetes se interpretan escenas y parte de la vida.
GRACIAS Carmen, me ha gustado mucho y sobre todo, me ha enseñado la de obras que hay con muñecas. Nunca pensé que hubiera tantas.
Muchísimas, hay muchísimas, como le comentaba a Rosa. También hay cuadros donde aparecen otros juguetes. ¡Ojalá Susana, que sabe muchísimo sobre juguetes, encuentre un hueco en algún momento para hablarnos sobre ellos!
EliminarLa tristeza de esas "niñas con muñeca" no sé si es de las modelos o de la mirada de los pintores. Tal vez de ambas.
Un fuerte abrazo, aviadora.