viernes, 13 de mayo de 2016

Los veranos de Jim Holland




Cuando requiero sosiego, mi imaginación zarpa rumbo a la Grecia antigua o mi mano traza islas, laberintos, planos. De un pasado ceñido, como la isla, por el mar y el sol emana, como de la arquitectura, una cierta serenidad habitable. Las casas, esos lugares de habitación donde nos proyectamos, acuden con frecuencia a nuestro encuentro, lo sabéis. Hoy también lo van a hacer, a través de la obra de un artista que os va a hacer pensar, de inmediato, en otro nombre muy conocido. Un nombre que deletrean cada una las viviendas, los árboles, las carreteras, los postes telefónicos, la tierra, el sol de las pinturas de Jim Holland. ¿Cuál es ese nombre? No lo voy a decir: lo vais a pronunciar vosotros.


Jim Holland, Mirador

Jim Holland, Carretera

Jim Holland, Faro


Venga, decidlo. ¿Ya? Muy bien, ahora puedo decir otros nombres, sobre todo porque he hecho una pequeña trampa al decir que pensaríais en uno solo. Podéis pensar en el que acabáis de decir, por supuesto, pero también en el del fotógrafo Joel Meyerowitz, tan próximo a Holland, tan admirado por él.


Joel Meyerowitz, Interior

Jim Holland, Interior

Joel Meyerowitz, Galería

Jim Holland, Galería

Ya veis: las casas, los paisajes, el mar, la luz, siempre la luz. Así de sencillo.

Joel Meyerowitz, Cape Cod

Jim Holland, Zinnia


Nos explica Holland que son las formas simples de una barca o la luz oblicua sobre las tablillas de una persiana las que le fascinan, por el modo en que afectan a nuestros estados de ánimo y despiertan las emociones.


Jim Holland, Interior

Una vez más nos encontramos con los horizontes, los juegos de las líneas, esa geometría viva donde nos acomodamos y en la que extendemos las piernas y los brazos para trocarnos, también, en horizonte, paisaje, línea, viva geometría. Decidme, ¿ya sois mar, poste, cañas abatidas por el viento?


Jim Holland, Cercas

Jim Holland, Cerca vieja

Holland pinta el verano. Él nos dice que le gusta pintar el calor. Pinta también barcas, sillas vacías, pinta ausencias.

Jim Holland, Barca en aguas tranquilas

Jim Holland, Lugar para picnic

Jim Holland, Centinela al amanecer

Jim Holland, Bajo los cedros

Sillas que como las casas, como los árboles, son retratos, retratos auténticos. Yo sé cuál de estas sillas soy. ¿Lo adivináis? ¿Cuál eres tú?

Jim Holland, Sombras

Jim Holland, Pantalón vaquero

Jim Holland, Reflexión

Jim Holland, Perspectiva

Jim Holland, La camisa azul

¿Sillas? ¿Hablamos de sillas? ¿Hablamos de puertas blancas, de estancias vacías, de ventanas, de juegos de luz? ¿Hablamos, por ejemplo, de artistas como Vilhelm Hammershøi, Peter Ilsted, Carl Holsøe?

Peter Ilsted, La silla blanca, 1915

Carl Holsøe, Interior con una ventana abierta, 1935

Vilhelm Hammershøi, Motas danzando en un rayo de sol, 1900

Jim Holland, Interior

Nombres, ya os lo he dicho: muchos nombres, aparte del que no he pronunciado. El de Hammershøi se reitera no solo en los interiores de las casas, sino también en sus exteriores. “Lo que me lleva a escoger un motivo son, en gran medida, las líneas que contiene, lo que yo llamaría la actitud arquitectónica de la imagen –nos explica el pintor danés-. Y después la luz, claro está. Es evidente que también tiene mucho que decir, pero las líneas son casi lo que más me gusta”. Jim Holland, apasionado por las representaciones arquitectónicas, podría hacer suyas las palabras de Hammershøi.

Vilhelm Hammershøi, Granja, 1900


Así que los daneses, sí, pero también Georgia O'Keeffe, Andrew Wyeth, Fairfield Porter “construyen” sus casas y trazan sus caminos en las pinturas de Holland.

Fairfield Porter, Paisaje rural, 1950 c.

Jim Holland, Carretera de la costa

Casas, muchas casas rurales, muchas casas junto al mar: todas ellas contempladas a la luz del verano. Juguemos, como solemos hacer: elegid casa para albergar vuestros sueños: descanso, soledad, amor, creación, compañía. 

Jim Holland, Casa Menemsha

Jim Holland, Antigua casa de reunión

Jim Holland, Casa

Jim Holland, Casa Lightkeeper

¿Me equivoco al pensar que muchos de nosotros escogeremos nuestra casa junto al mar? El océano Atlántico, en este caso, gran inspirador de la obra de Jim Holland. 

Jim Holland, Toallas de playa

Jim Holland, Casa junto al acantilado

Jim Holland, Casa en las dunas

Jim Holland, Últimas luces en Truro

Hay otros nombres que cabe pronunciar al contemplar las obras de este artista: los de pintores románticos alemanes como Caspar David Friedrich, Carl Gustav Carus o Carl Blechen.

Caspar David Friedrich, Dehesa cerca de Dresde, 1832

Jim Holland, Crepúsculo en las marismas

Jim Holland, Marismas

Jim Holland, Bruma en el pantano

Jim Holland, Puesta de sol en Rock Harbor

Motivos tan importantes entre los románticos como son las barcas navegan también en las pinturas de Holland.

Caspar David Friedrich, Barco en el Elba, 1821

Jim Holland, Fantasmas

Los escenarios de Jim Holland suelen estar deshabitados. Incluso cuando incluye en ellos a algunas figuras humanas, de estas se desprende un aura de soledad. Pero no es una soledad angustiosa o, por lo menos, a mí no me lo parece. Se trata más bien, creo, de quietud.

Jim Holland, Pescadores al amanecer

Jim Holland, Contemplando el amanecer

La misma quietud que reina en sus habitaciones, sus porches, sus carreteras y sus caminos vacíos.

Jim Holland, Cabaña de playa en el crepúsculo

Jim Holland, Interior

Jim Holland, Porche


“Si usted pone a Hopper y a Meyerowitz en una licuadora, el resultado soy yo”, dice Jim Holland. ¿Hopper? ¿He escrito Hopper? Sí, lo he hecho. Lo habíais visto desde el principio: Edward Hopper.

Jim Holland, Encrucijada