sábado, 16 de enero de 2016

Ponerse la casa para crear el mundo: Remedios Varo





Remedios Varo (1908-1963)

 
Tengo un amigo tan corpulento que suele decir que él no sube a los coches, sino que se los pone. Algo parecido sucede con muchas de las arquitecturas de Remedios Varo, en las que los personajes “se ponen la casa”, se la visten bien ceñida al cuerpo, como si brotase de él y la carne, trocada arquitectura, mutase después en vegetal, sueño o incendio.


Remedios Varo, Emigrantes, 1962

Remedios Varo, Jardín del amor, 1951

Las casas de Varo, a menudo móviles, evocan aquellas que albergaban a los eremitas de las Tebaidas: tan pequeñas y exactas, a la medida de cada soledad y todos los silencios.


Gherardo Starnina, Tebaida, detalle, 1410

Estas moradas que son, a su vez, vehículos, recorren en ocasiones el interior de otras construcciones más grandes, intermedias entre naturaleza y arquitectura. No podemos dejar de evocar a Víctor Hugo cuando equipara la catedral con un bosque: “Los pilares son los largos troncos, en cuyas copas los haces de nervaduras se cruzan como ramajes cargados de tinieblas”.


Remedios Varo, Catedral vegetal, 1957

He mencionado dos de los rasgos que Iñaki Herranz destacó en la exposición dedicada a las arquitecturas de Remedios Varo que se celebró hace siete años en el Museo de Arte Moderno de México: el carácter metamórfico de cuerpo y naturaleza, a través de la arquitectura; la concepción de esta como máquina y, en concreto, como máquina de transporte, en ocasiones.

Remedios Varo, Siete hermanas

Remedios Varo, Caravana, 1955

Remedios Varo, Hallazgo, 1956

Las casas son máquinas, también, desde donde crear el mundo, ese afán o trabajo o juego que nos tiene tan atareados en todo momento.

Remedios Varo, Bordando el manto terrestre, 1961

Remedios Varo, La tarea, 1955

Remedios Varo, Ciencia inútil o el alquimista, 1955

Entre todas estas personas que, desde las casas, tienden sus redes al aire, bordan como Penélopes multiplicadas y accionan ruecas hay, también, tejedoras:

Remedios Varo, La tejedora roja, 1956

Remedios Varo, Tres destinos, 1956

Hemos mencionado a Penélope, ante los bordados, y ahora brota de nuestros labios el nombre de Aracne pero también, cómo no, los de Cloto, Láquesis y Átropos. Las Moiras, sí, las Parcas.

Diego de Silva Velázquez, Las hilanderas o la fábula de Aracne, 1655-60

John Melhuish Strudwich, Las Parcas o un hilo de oro, 1885
Los personajes de Remedios Varo hilan, bordan, cosen, aovillan. Los utensilios de la costura se convierten en herramientas de la creación.
 

Remedios Varo, Premonición, 1953

Remedios Varo, Las hojas muertas, 1956
Pero el mundo puede construirse también con otros instrumentos: musicales, por ejemplo. 

Remedios Varo, Vuelo mágico, 1956

Remedios Varo, El flautista, 1955

Remedios Varo, Armonía, 1956

O con el arte, claro, o con algo tan próximo a la música como es la relojería.

Remedios Varo, Creación de las aves, 1957

Remedios Varo, Revelación o El relojero, 1955

En todos estos casos, la arquitectura se halla presente, ya sea como algo que se crea, como en El flautista, ya, sobre todo, como entorno que alberga al creador. ¿Os habéis fijado en el gato que acompaña al relojero? Un niño pequeño traza en el suelo un círculo o un cuadrado y ya tiene una casa, un lugar donde refugiarse: lo mismo hace el gato con cualquier forma geométrica cerrada que le ofrezca el cobijo de los límites. Probadlo: basta un espacio plano acotado a la medida del gato para que este se instale allí y, del mismo modo que hace el niño, cree el mundo. Porque eso es lo que hacen los gatos cuando duermen: crear y sostener el universo con su sueño. Eso es, por lo menos, lo que cuenta la leyenda. La leyenda que me acabo de inventar.


Remedios Varo, Paraíso de los gatos, 1955

Pero ya me he perdido, porque quería hablar de arquitectura y he ido a parar a los gatos. Retomemos el hilo: esos hilos que tan importantes son en toda la obra de esta artista. Esos hilos a los que se conectan criaturas salidas de los cuadros de El Bosco, un artista admirado por Remedios.

Remedios Varo, Microcosmos, 1959
Mirad, por ejemplo, a esta otra criatura que irrumpe en una casa de cuyas paredes manan aves o insectos, manos, del mismo modo que brotan cuerpos de los muros o incluso los rasgan, como vemos en otras de sus obras.

Remedios Varo, Visita inesperada, 1958

Remedios Varo, La llama, 1961

Remedios Varo, Nacer de nuevo, 1960

Las construcciones soñadas por Remedios Varo, en las que se reúnen elementos medievales y renacentistas, muestran puntos de confluencia con las de otro buen degustador de arquitecturas antiguas, Giorgio de Chirico. En ambos casos se produce una depuración estilística propia también de la escenografía teatral y cinematográfica.

Remedios Varo, El encuentro, 1959

Masolino da Panicale, Milagro de la rueda, 1425-31

Giorgio de Chirico, Arquitectura abstracta, 1915-20

Arcos de medio punto, edificios de planta circular, cuadrada o poligonal, muros, torreones, arcadas, cúpulas, balaustres, almenas, saeteras, definen estas escuetas arquitecturas cuyos colores evocan, asimismo, la pintura de los maestros antiguos. 

Remedios Varo, El juglar o El malabarista, 1956

Masolino da Panicale, Curación del paralítico y resurrección de Tabitha, 1426-27
¿Queréis castillos medievales representados con una deliciosa simplificación evocadora del mundo de los cuentos? ¿Torreones agrupados como las celdas de un panal? ¿Edificios de planta circular? ¿Edificios coronados por balaustradas y con ventanas en arco por las que asoman cortinas agitadas por el viento? 

Remedios Varo, Laberinto, 1962

Remedios Varo, Hacia la torre, 1960

Remedios Varo, Banqueros en acción, 1962

Remedios Varo, De los Otros. Ruptura, 1955

La frontalidad y el uso de cubos escénicos abiertos al espectador –es decir, la supresión de una de las paredes para mostrar lo que sucede en el interior de los edificios- acentúan ese carácter escenográfico que evoca también la estructura de las casas de muñecas. 

Remedios Varo, La tejedora de Verona¸ 1956

Ambrogio Lorenzetti, Escenas de la vida de San Nicolás, 1332 c.

Paolo Uccello, Milagro de la hostia profanada, 1467-68

 
Creo que ya va siendo hora de despedirme por hoy. Os dejo con las arquitecturas soñadas de Remedios Varo y con el deseo de que disfrutéis de la semana… o que la semana disfrute de vosotros. Nos vemos el sábado próximo. Eso sí, mientras tanto, no os olvidéis de crear mundos.

Remedios Varo, La despedida, 1958