David Inshaw (1943)
El escritor inglés Thomas Hardy es uno de mis
muchos autores preferidos. Sus historias se desarrollan en un mundo rural
ficticio, Wessex, creado a partir de un lugar real: Dorset. ¿Un mundo idílico?
No: un mundo atravesado de parte a parte por la pasión. La pasión, el caos, la
confusión que Hardy estructura y expresa a través de la escritura y que David
Inshaw intenta organizar a través de la pintura. Ninguno de ellos renuncia a la
pasión: no la destruyen. La transfiguran a través de la creación.
| David Inshaw, No se volvió |
Mientras recorría Dorset
en automóvil, Inshaw descubrió a Hardy. “Él fue una influencia clave –nos
cuenta el artista-, ya que
utiliza el paisaje como una metáfora de las emociones humanas, que es lo que
descubrí que quería hacer”.
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| David Inshaw, Silbury a la luz de la luna |
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| David Inshaw, Colina de Silbury |
¿Os habéis fijado en la colina que aparece en la obra anterior? Es la colina de Silbury, uno de los monumentos neolíticos que abundan en la zona. No es una colina natural, sino un montículo artificial de creta y arcilla cuya finalidad se ignora y en torno al cual se trenzan numerosas leyendas, como sucede con todos los monumentos de la época. Es, también, una invitada frecuente en la obra de Inshaw, como los grandes grabados sobre el suelo calizo de las laderas, en los valles de la zona.
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| David Inshaw, Colina de Silbury |
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| David Inshaw, Gigante |
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| David Inshaw, Dobryy den señor Stokkem |
En esta zona de
Inglaterra que David Inshaw escogió como residencia hay, además de monumentos
prehistóricos, grandes mansiones circundadas de jardines. David sitúa muchas de
sus enigmáticas historias en esos ámbitos donde naturaleza y artificio
confluyen. La geometría de los setos recortados y de los espacios que acotan no
logra contener nuestras preguntas: ¿quiénes son esas personas, qué hacen, qué
sucede? ¿Esa sensación de amenaza que se cierne sobre la escena procede de los
cielos oscurecidos, densos, que presagian la tormenta?
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| David Inshaw, El cuervo |
La inquietud
no requiere de nubes de borrasca: un cielo azul sirve también como escenario de
un drama que, como en el caso que vemos, se inspira en el teatro:
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| David Inshaw, Ofelia |
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| David Inshaw, La gallina ciega |
¿Los
juegos que se desarrollan en esos jardines son más tranquilizadores? ¿Nos
plantean menos interrogantes estas figuras que juegan a la gallina ciega, como
antes que ellas hicieron los personajes de Goya, de Fragonard y de otros
artistas en aquellos parques dieciochescos impregnados de melancolía? Decidme, ¿por qué
está desnuda la mujer que avanza hacia otra?
| David Inshaw, El juego de bádminton |
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| David Inshaw, El huerto |
Inshaw
quiere que sus pinturas resuenen, que
vayan más allá de lo que se muestra en ellas: que quien las contemple se
sumerja en sus múltiples niveles, se abisme en las evocaciones que suscitan. Se
trata, a veces, de evocaciones literarias, como el último verso de un poema de
Thomas Hardy que sirve como título de una de sus obras: Nuestros días eran alegres y caminábamos a través de las flores.
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| David Inshaw, Nuestros días eran alegres y caminábamos a través de las flores |
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| David Inshaw, Bandada |
Es
posible abismarse también en las alturas, caer hacia lo alto y entregarse al
arrebatador vértigo del aire, como hacen las aves que sobrevuelan algunos de
los paisajes de Inshaw y también las páginas de Hardy, un gran amante de los
animales. ¡Volar, sí, hacer cabriolas sobre los prados, las líneas de un texto, el mar, las colinas, los lienzos!
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| Bockhampton, zona baja con cisnes |
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| David Inshaw, Cabaña y golondrinas |
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| David Inshaw, Gaviota y cuervo |
Los árboles, esas criaturas que tanto amamos también, son muy importantes para el artista. Él los considera como una “celebración de la fecundidad, la fuerza de la vida”.
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| David Inshaw, Roble |
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| David Inshaw, Árbol de Mayo |
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| David Inshaw, Árbol, luna y fuegos artificiales |
Recorremos con David los paisajes de esta zona de Inglaterra: sus colinas, sus prados, sus costas.
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| David Inshaw, Críquet |
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| David Inshaw, Fuegos artificiales |
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| David Inshaw, Prado con agua |
Inshaw formó parte durante siete años de un grupo conocido como los Ruralistas, junto a Peter Blake, Graham y Ann Arnold, Jann Haworth, Graham y Annie Ovende. Sus inspiradores, además de Thomas Hardy, fueron los artistas William Blake, Samuel Palmer, Stanley Spencer y Paul Nash, entre otros, así como el músico Edward Elgar. La idealización del paisaje inglés y su proyección simbólica fueron los referentes del grupo.
| David Inshaw, Fuego |
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| David Inshaw, Bockhampton |
¿Las obras de Inshaw, sus paisajes, sus fuegos artificiales,
los silencios de sus personajes, os producen cierto desasosiego? Si es así,
recordad que la inquietud acompaña a la esperanza, como indica Andrew Lambirth,
especialista en la obra de este artista, cuyos textos me han sido de mucha
utilidad.
Prosigo mi camino,
las hojas caen de la transida rama,
sopla el viento del norte en el espino,
y una mujer me llama
(Thomas Hardy)las hojas caen de la transida rama,
sopla el viento del norte en el espino,
y una mujer me llama
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| David Inshaw, Mujer corriendo |
Me despido hoy con un conocido
poema de Hardy, Cita fallida, y con la Serenata para cuerdas en E minor, Op. 20, de Edward Elgar:
No apareciste,
y el tiempo prosiguió su curso. Triste,
no tanto por faltarme tu presencia
como por comprender que te faltaba
la compasión que por condescendencia
se impone a la apatía, me apenaba
que al dar la hora anhelada en que debiste
llegar no apareciste.
No me quisiste,
tan solo en el amor la lealtad existe,
lo sabía y lo sé, nunca estuvo en mis manos
la tuya. Aunque tal vez hubiera sido hermoso
añadir a la suma de los actos humanos
otro en que tú, mujer, un día venturoso
viniste a dar consuelo a un hombre solo y triste;
aunque no me quisiste.
y el tiempo prosiguió su curso. Triste,
no tanto por faltarme tu presencia
como por comprender que te faltaba
la compasión que por condescendencia
se impone a la apatía, me apenaba
que al dar la hora anhelada en que debiste
llegar no apareciste.
No me quisiste,
tan solo en el amor la lealtad existe,
lo sabía y lo sé, nunca estuvo en mis manos
la tuya. Aunque tal vez hubiera sido hermoso
añadir a la suma de los actos humanos
otro en que tú, mujer, un día venturoso
viniste a dar consuelo a un hombre solo y triste;
aunque no me quisiste.







































