El tren llega a Taormina y Nenè exclama, al ver el
mar: “parece vino”. La afirmación de este niño, uno de los personajes del
relato de Leonardo Sciascia El mar color
de vino, remite a la Ilíada
y a la Odisea, donde se
habla del “mar vinoso”, del “mar color de vino”. ¿De vino? ¿Ese es el color del
mar? ¿Por qué no? Homero también habla de las ovejas de color violeta, habla de
la verde miel, y todas estas atribuciones cromáticas han desatado gran número
de interpretaciones. Quizás tantas como la personalidad de Homero: ¿existió?
¿Fue uno, fue varios, fue él mismo personaje, también, como otros personajes, fue
un prisionero, fue una hoja en un linaje de hojas?
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| Odilon Redon, Reflejos |
Dejemos a Homero, dejemos el mar: vamos al azul, ese color tardío, difícil, tan costoso como para ser, durante mucho tiempo, un lujo: el lujo del azul.
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| Juan el Evangelista, Evangelio de Lorsch, Biblioteca Vaticana, Roma, 800 c. |
| Mark Rothko, Sin título,1967-68 |
No existía cuando creábamos el mundo en las cavernas y los abrigos rocosos, así que tuvimos que conformarnos con el rojo, el negro, el ocre, y no se nos dio mal. En Egipto, recurrimos a la malaquita y al lapislázuli que debíamos importar de Afganistán. Nuestro azul era el mar, era el cielo, era el agua del Nilo, era la vida.
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| Tumba de Nebamun, 1400-1350 a.C. |
Pero no os creáis que el azul vino para quedarse. Estaba, y después no. Nos hizo esperar de nuevo, desesperar en ese deseo de azul. Teníamos rojos, blancos, negros, ¿pero el azul? Tardó. Era el color de los bárbaros, el del otro, el extranjero, nos cuenta Michel Pastoreau; un color incluso “mal visto” en los ojos de mujeres y de hombres. Pero después todo cambia, cuando los escritos neoplatónicos del Pseudo Dionisio, un místico sirio de los siglos V-VI, comienzan a difundirse: primero, en época carolingia, de la mano de Juan Escoto Erígena; después, en el siglo XII, con el abad Suger. Llega el azul, esta vez sí, para quedarse. Es la luz, claro, es la voz de Dios o de los dioses.
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| Vidriera, Catedral de Chartres |
Era tan caro, el azul, que no podía derrocharse, así que durante bastante tiempo lo reservamos para cosas realmente importantes, como abrazar a la Dama.
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| Sandro Botticelli, Madonna del Libro, 1480 c. |
Aunque esto depende del origen del azul, porque no todos son iguales: ni los azules, desde luego, ni sus procedencias. No es lo mismo la azurita, ni mucho menos el lapislázuli, por ejemplo, que el glasto, que Carlomagno dio en sembrar en abundancia, o la aerenita, un mineral tan abundante en los Pirineos que había permitido a los pintores románicos de la zona solazarse en el azul.
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| Pantocrátor, San Clemente de Tahull, Museu Nacional d’Art de Catalunya, 1223 c. |
Aunque es un tema muy interesante, dejemos ahora los distintos materiales de los que nacen los azules. Vamos a sumergirnos en ellos, vamos a darnos un baño de azul. Mirad al espléndido Giotto derramándolo para crear el cielo:
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| Giotto, Cappella degli Scrovegni, Padua, 1303-05 |
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| Giotto, Cappella degli Scrovegni, detalle, Padua, 1303-05 |
O los inolvidables azules de Vermeer, también él inolvidable, aunque por esas cosas raras de los gustos anduvo olvidado –él, ¡tan grande!- hasta anteayer, como quien dice.
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| Jan Vermeer, La joven de la perla, 1665 c. |
El azul siempre nos ha acompañado en el Mediterráneo. Del mar, del cielo, salta a las casas: sus muros, sus puertas, sus ventanas. Es posible vivir en azul.
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| Medina de Chefchauen |
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| Medina de Chefchauen |
Los pigmentos artificiales nos permiten abrazar el azul en la pintura ya sin cortapisas, sin pensar que somos unos derrochadores, espera, adónde vas con esa barbaridad de azul, ya puestos a exagerar, por qué no otra vez el oro. ¿El oro? ¡Como si valiese lo mismo que el azul! Fueron dorados aquellos cielos que eran pura abstracción, inexistencia: azules son los nuestros. ¡Mucho mejor así!
| Karl Friedrich Schinkel, Catedral gótica con palacio imperial, Nationalgalerie, Berlín, 1815 |
Azul para los románticos, para los simbolistas, para los impresionistas, para los modernistas. Azul para las sombras, para los cielos de Van Gogh, para que Cézanne reinvente el arte.
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| Odilon Redon, La celda de oro¸ 1892 |
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| Vincent van Gogh, La iglesia de Auvers-sur-Oise, 1890 |
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| Paul Cézanne, Paisaje azul, 1904-06 |
Melancólicos azules de Picasso, jinetes azules, caballos azules. Azul para soñar.
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| Pablo Ruiz Picasso, Desnudo azul |
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| Wassily Kandinsky, El jinete azul, 1903 |
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| Franz Marc, Los grandes caballos azules, 1911 |
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| Marc Chagall, El paisaje azul, 1949 |
¿Poemas? ¿Cuentos? Los que queráis. Azul es el libro de Rubén Darío y El pájaro azul que es uno de sus cuentos;
azul la flor de Neruda y el mar de su isla, que
se sale de sí mismo
a cada rato,
dice que sí, que no,
que no, que no, que no,
dice que sí, en azul,
en espuma, en galope,
dice que no, que no.
a cada rato,
dice que sí, que no,
que no, que no, que no,
dice que sí, en azul,
en espuma, en galope,
dice que no, que no.
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| Katsushika Hokusai, La gran ola, 1830-33 |
Azules son los ojos a los que canta Bécquer; el arte es azul, nos dice Víctor Hugo, y azules son la tristeza, los cabellos, el erotismo y la inmensidad para Charles Baudelaire. Azul canta la tarde de verano y es azul la O en Vocales, el conocido poema de Arthur Rimbaud:
algún día diré vuestro nacer latente:
negro corsé velludo de moscas deslumbrantes,
A, al zumbar en tomo a atroces pestilencias,
calas de umbría; E, candor de pabellones
y naves, hielo altivo, reyes blancos, ombelas
que tiemblan. I, escupida sangre, risa de ira
en labio bello, en labio ebrio de penitencia;
U, ciclos, vibraciones divinas, verdes mares,
paz de pastos sembrados de animales, de surcos
que la alquimia ha grabado en las frentes que estudian.
O, Clarín sobrehumano preñado de estridencias
extrañas y silencios que cruzan Mundos y Ángeles:
O, Omega, fulgor violeta de Sus Ojos.
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| Joan Miró, Azul III |
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| René Magritte, La voz de la sangre, 1961 |
¿Y los azules musicales? Danubios, blu dipinto di blu, tantísimos azules instrumentales y vocales y, por supuesto, el blues. ¿Soy azul?, se pregunta Billie Holiday.
Así responde Janis Joplin:
Algunos amigos son azules. Todos no: otros amigos
tienen otros colores. ¿Cuáles son los vuestros? Es decir, cuáles son vuestros
colores favoritos, y de qué color sois? ¿Lo sabéis? Mientras lo pensáis, os
dejo con Paolo Conte.
Ah, casi se me olvida explicar de dónde procede el título de este texto. Se trata de una frase de Henri Matisse: “Cuando pongo verde, no es yerba; cuando pongo azul, no es el cielo”.
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| Henri Matisse, Paisaje a través de una ventana, 1913 |
















































