domingo, 5 de noviembre de 2017

Frederick Childe Hassam y el enigma de la luna





“Mirad, han puesto un toldo rojo”, dije. Lo observé mejor: “el toldo se mueve”. No era un toldo: era fuego. Llegaron los bomberos e hicieron que todos los vecinos evacuáramos el edificio. Yo era muy pequeña, mucho más pequeña que Frederick cuando vio cómo el fuego arrasaba el mundo de comodidades en el que se había criado. Él tenía trece años cuando un gran incendio destruyó gran parte de la zona comercial de Boston, donde se hallaba el negocio familiar. Atrás quedaron las colecciones de arte y antigüedades de su padre, los hermosos muebles, la vida sin complicaciones, los estudios que el muchacho se vio obligado a interrumpir para ponerse a trabajar. El fuego lo cambia todo. Aunque no será el fuego el protagonista de las obras de Frederick Childe Hassam, sino, en muchos casos, el agua.


Frederick Childe Hassam, Noche de lluvia
Frederick Childe Hassam, Islas de Shaols



Frederick Childe Hassam, Noche de lluvia

El agua del mar, por ejemplo, pero también la de una lluvia que nos habla del interés de Childe Hassam por el impresionismo, movimiento del que se le considera pionero en Estados Unidos junto a Mary Cassatt y John Henry Twachtman. Una lluvia que empapa con frecuencia los paisajes urbanos de Childe Hassam y arranca destellos del asfalto sobre el que brotan los paraguas. La bella lluvia azul de las noches azules.



Frederick Childe Hassam, Noche de lluvia

La niebla, la nieve, ocupan también el espacio de los lienzos del artista. Fijaos en estas grandes manchas oscuras que configuran los volúmenes de los cuerpos y los paraguas azotados por la nieve:


Frederick Childe Hassam, Tormenta de nieve en Nueva York


Frederick Childe Hassam, Islas Shoals

Frederick viajó a Europa en varias ocasiones. Visitó Francia, Reino Unido, España, Italia, Suiza, los Países Bajos. Bebió con avidez cada una de las pinceladas de Turner, Caillebotte, Degas, Monet. En su segundo viaje a Europa, en 1886, permaneció durante tres años en París, donde asistió a las clases de la Académie Julien. Antes de regresar a Estados Unidos pasó unos meses en Inglaterra. Después se instaló durante quince años en Appledore, en las islas Shoals. 


Frederick Childe Hassam, Playa rocosa en Appledore

Frederick Childe Hassam, Viento del oeste. Appledore
Nuevos viajes le condujeron a Cuba, a Inglaterra, a Francia, a Italia. Pero el viaje que más me interesa es, una vez más, el del despojamiento. No se trata de un viaje progresivo, sino de una tendencia que se advierte en su obra y que convive con otras sin problema alguno. Mirad, por ejemplo, estas dos obras:


Frederick Childe Hassam, Amanecer en verano

Frederick Childe Hassam, Estrella vespertina

Frederick Childe Hassam, Paisaje de Oregón
Estos cuadros fueron pintados entre 1891 y 1892. ¿No os sorprenden un poco las fechas? Pero son varias las obras de este artista en las que se aprecia esa maravillosa simplicidad, ese ceñirse a lo esencial, despojado de detalles, de adornos innecesarios. La desnudez, siempre la desnudez.

Frederick Childe Hassam, Noche de luna


Frederick Childe Hassam, Tarde

Mirad el aspecto, casi oriental, de este sencillo paisaje. Apenas unas manchas de color y unas líneas crean el mundo. No hace falta más.


Frederick Childe Hassam, La mañana

Aunque la pintura incorpore otros elementos, no podemos decir que la voz se haga más compleja, más confusa.


Frederick Childe Hassam, Monte Hood

Frederick Childe Hassam, Cotysville

Frederick Childe Hassam, Paisaje de Harney


Frederick Childe Hassam, Gloucester

Pero esta no es la única voz del artista: a través de sus obras nos habla con muchas otras voces. Algunas de ellas son muy interesantes; otras, en mi opinión, son más fáciles, más “bonitas”, más comerciales. 

Como este rincón es el único lugar del mundo donde puedo decidir (hasta cierto punto, tampoco hay que exagerar), he optado por “hacer hablar” a aquellas obras que más me atraen. Por ejemplo, las que nos muestran los pasos solitarios de un hombre en Gloucester, la vista frontal de unos pequeños comercios, las figuras oscuras de los viandantes en una tarde de invierno, una casa a la luz de la luna.



Frederick Childe Hassam, Tiendas

Frederick Childe Hassam, Tarde de invierno

Frederick Childe Hassam, La vieja casa

 

Frederick Childe Hassam, Nueva York
También son muy interesantes, en mi opinión, las bulliciosas vistas urbanas de Nueva York, en cuya Quinta Avenida instaló su estudio, o sus series dedicadas a las banderas.



Frederick Childe Hassam, La Quinta Avenida



Frederick Childe Hassam, Día de lluvia en la Quinta Avenida


Se dijo de Childe Hassam que era un hombre muy inteligente: también un artista muy hábil para comercializar su obra. Parece ser que no hay ningún enigma en su vida, ¿no os parece? ¿Ninguno? ¿Estamos seguros? 

Veréis: en 1884, Frederick comenzó a firmar sus obras como Childe Hassam, e introdujo junto a su nombre una especie de media luna, aunque en una de las imágenes que os muestro parece más bien un pececillo. Se ignora por qué a partir de esa fecha acompañó su rúbrica con este pequeño símbolo. ¿Se os ocurre alguna idea?







 

28 comentarios:

  1. No conocía este pintor. Muy interesante 😀.
    Para la media luna que ponía junto a su firma: típico rayajo para comprobar que la pluma tiene tinta antes de lanzarse a escribir su nombre completo. A quién no le pone de los nervios intentar firmar algo y que no escriba el utensilio!!
    Estupendo artículo, Carmen. Cómo siempre, y siempre sorprendes 😊😊

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    1. ¡Buena sugerencia, Luis!Estaría muy bien eso: todos preguntándonos a santo de qué, esa luna pececillo, y Frederick tan contento, "ah, mira, sí que tiene tinta".
      ¡Gracias, caballero de la casa del árbol!

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  2. Me ha maravillado toda la obra que nos traes, pero ese titulado "Cotysville" me parece de una delicadeza maravillosa. Una mancha horizontal violeta atravesando por la mitad dos manchas blanquiazules, y se crea todo un mundo, como dices. Y esos brillos de las farolas en el agua de la lluvia en el suelo... Los pintores estadounidenses tienen algo, algún extra que me los hace más maravillosos si cabe. (me estoy acordando de "El mundo de Christina" de Andrew Wyeth, del que hablé hace poco en mi entrada "Lila".
    El apellido Hassam, no puede dejar de recordarnos los nombres árabes. ¿Media luna musulmana?
    Un beso.

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    1. Delicadísimo cómo el color se concentra en la parte superior, al contrario de lo que sucede en La mañana, por ejemplo.
      Coincides con lo que ha comentado Remei Miralles en otro lugar: "para mí que es hijo de un rico comerciante de origen àrabe, nacido en un país del imperio inglés, "El niño Hassam -de la familia-", que con gran instinto comercial se instaló en Boston muy pronto para comerciar con la exquisita y culta población de esta ciudad. La media luna es su firma de identidad cultural y, probablemente, religiosa ya que contrasta con el exterior: las imágenes tan urbanas de la cultural occidental, como queriendo decir: nunca dejo de ser quien soy aunque me guste vivir en el mundo de otra cultura diferente a la mía ya que es en la que encuentro la oportunidad de ser el artista que quiero ser". Es muy sugerente.
      Un beso, Rosa, en este domingo lleno de sol.

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  3. Como siempre, Carmen, una preciosa reseña. No tenía ni idea de este pintor que, antes de ver su nombre -no sé por qué-, mentalmente me iba a Toulouse Lautrec; luego leyendo el post ya he visto que se relacionó entre otros con Monet, Degas y otros en París.
    En cuanto a esa media luna o pececillo que incorporó en un momento a su firma sólo se me ocurre, como a Rosa, que quiso marca con ello su identidad cultural dentro de una sociedad -la estadounidense- por entonces muy lejana del orientalismo árabe. También, quizás, sólo fuese un recurso publicitario-mercantil para vender más aprovechando el apellido de resonancias árabes.
    Besos

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    1. Estoy curioseando ahora por los fondos del Metropolitan Museum y parece ser que tanto el Hassam (corrupción del apellido Horsham)como la media luna fueron una broma de nuestro querido Frederick. Eso es, por lo menos, lo que cuenta John Updike.
      El caso es que... ¡aquí, sin llover! ;)
      Un beso, Juan Carlos, y gracias.

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  4. Eres un baúl, no una caja de sorpresas, querida Carmen. Como siempre, me encanta el descubrimiento que nos ofreces esta vez. No debo añadir nada más sobre las suposiciones en torno a la media luna, una vez desvelado por ti el misterio. Me resulta muy difícil reflejar la desnudez cargada de sugerencias, tanto con el lenguaje, con el pincel o la cámara de fotos, así que me quedo con cualquiera de las pinturas en que la mínima expresión se convierte en todo un discurso. ¿Cuál me regalas? Me (con)fío a ciegas de tu exquisito gusto.

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    1. Te regalo... un paisaje, sí. Quizás un paisaje de mar, de esos otros mares que no son el nuestro pero que, en cierto modo, también lo son. ¿Te parece bien, amiga mía?
      Un besazo, Carmela.

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  5. desconocía a este pintor, y me ha gustado mucho su pintura y se observa el cambio que hace según visita los países y su evolución. Me gusta mucho la separación de líneas de horizonte. Sobre la firma puede ser una identidad que el marca por su origen árabe, quien sabe por qué firmó así. Un abrazo

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    1. Al final, parece ser que era una especie de broma. Aunque, quién sabe, igual encontramos más tarde otras interpretaciones.
      Fascinante la sencillez de las líneas, es cierto.
      Un abrazo, pintora.

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  6. Preciosos cuadros los que nos muestras y que muestran una personalidad cautivadora. Muchas gracias por presentarnos a estos pintores que yo, lega en arte, desconozco y admiro.
    Un abrazo.

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    1. Antes le comentaba a una amiga que me había quedado absorta imaginando la novela de Childe Hassam. Vamos, algo así como haces tú con tus relatos, pero solo en la imaginación. Pienso, como tú, que es un personaje interesante.
      Un abrazo, Francisca.

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    2. Hay personajes que nos susurran al oído y quieren que contemos cosas de ellos para que no los olviden. Un abrazo amiga.

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    3. Y tu mundo, Francisca, está habitado por numerosísimos personajes que te hablan y te dicen que cuentes sus historias. Sigue haciéndolo, por favor.
      Un abrazo, escritora y amiga.

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  7. Hola Carmen, no lo conocía y me ha encantado descubrirlo de tu mano. Me han gustado especialmente ese Amanecer en verano, noche de luna y Estrella vespertina. Los he encontrado muy sugerentes y al mismo tiempo relajantes.
    Gracias por estas lecciones de arte.
    Besos

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    1. Los que con menos, dicen más.
      No son lecciones de arte, Conxita. Son cosquillas, o complicidades, o un "mirad, mirad esto".
      Besos y feliz semana (¿con lluvia? ¿Con sol? Feliz, en cualquier caso).

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    2. Bueno pues esas cosquillas, a mi me parecen auténticas lecciones que me van fantásticamente para descubrir y aprender a mirar.
      De momento por aquí fresquito, con lo que a mi me gusta el verano.
      Besos

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    3. ¡Viene el frío! ¡Chimenea!
      Y besos :)

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  8. Fascinante su pintura y tu análisis. Gracias.

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    1. Gracias, Juan Antonio. Parece ser que, como personaje, también era fascinante, aunque eso pertenece a otro registro. Lo fuese o no, nos quedamos con sus pinturas.

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  9. Hola Carmen, cómo echaba de menos leer tus entradas artísticas, ese diálogo con el cuadro, entrañas de artista, y además con enigma. Pintar todo lo que ve, pero también como lo ven otros. Al final vuelve a la lluvia, al reflejo del agua en los pies, a la ventisca de nieve. Me quedo con estos cuadros, creo que lo identifican más, como ese pececillo o media luna con las letras alzada, rastros de alfabeto, identidad, no más. Un precioso post. Un abrazo

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    1. Ahora actualizo menos el blog porque estoy abducida por la escritura: sobre todo, la de los relatos y la novela (¡qué locura, Eme, pero cuánto disfruto!). Encima, ya ves que, junto a las entradas dedicadas a un artista, me da por escribir otras un poco raras. ¡Pero también disfruto!
      Hacía meses que quería traer aquí a Childe Hassam con sus lluvias, sus nieves y sus noches azules. Por fin nos ha visitado. Seguiremos esperando que también la lluvia lo haga.
      Un abrazo, Eme, y feliz semana.

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  10. Gracias, Carmen, por los conocimientos que me aportas. Eres un ser extraordinario.

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    1. ¡Ja, ja, Araceli, eres tremenda! Soy un ser bastante normalito (aparte de mis despistes y de las cosas tan divertidas que a veces me pasan), rodeado de seres extraordinarios, en unos casos, y normales en otros. Abrazo de casi, casi fin de semana.

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  11. hermosas pinturas, en lo personal nos gusta los de la niebla y los contornos vagos, todos son igualmente bellisimos! gracias, saludosbuhos.

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    1. ¡Hola, Búho! La niebla siempre es sugerente. A veces, borra hasta tal punto el mundo que nos preguntamos qué encontraremos cuando, al fin, se levante. Childe Hassam era, desde luego, experto en la representación de humedades.
      Saludos y gracias.

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  12. Hola a todos:
    este pintor me encanta, tanto en sus paisajes lluviosos como en los claros y soleados. Me da igual que use muchos trazos o pocos y que, a ratos sea más impresionista, y a otros minimalista.
    Simplemente me gusta y no sé por qué.
    Me trasmite paz, me alegra la vista y me sugiere recuerdos nimios, de esos que ni sabes como es posible que los recuerdes.
    En fin, que me gusta, y toda esta palabrería con la que no digo nada, es sólo una muestra de mi incapacidad para explicar porque me llega tanto.

    Y ahora que me entero de la media luna, pues eso si que no lo sabía, sigo sin poder dar un razonamiento. Ummm

    Gracias Carmen y feliz domingo a todos

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    1. ¡Qué bien, Harry! Me alegra que te guste y que te sientas a gusto en sus pinturas. A veces se trata de eso: una obra de arte, un libro, un edificio, una música... algo con lo que te sientes bien, que te hace exclamar un "me quedo a vivir aquí". Otras veces, por el contrario, hay obras que te desasosiegan o hacen que el universo se tambalee... y también pueden ser magníficas. ¡Esa es la riqueza!
      Feliz domingo, feliz semana. Abrazo, Harry.

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