jueves, 15 de diciembre de 2016

Los silencios de François Avril




Mi hermano era insultantemente guapo. Las señoras, al verle, nos detenían por la calle y exclamaban “¡qué niño tan guapo!”, mientras yo ponía cara de monito. “Y esta es la pequeña –decía mi madre, señalándome-. Nena, no pongas cara de gorila”. Las buenas mujeres me miraban con algo de pena y decían: “¡qué simpática!”. De ahí extraje dos conclusiones: la primera, que era sorprendente el modo en que mi madre confundía a un gorila con un mono; la segunda, que lo contrario de “guapo” debía de ser “simpático”, de modo que cuando veía a un señor muy feo por la calle, afirmaba, jubilosa: “¡mira qué señor tan simpático!”. Algunos de ellos me agradecían la galantería con una mueca espantosa que les hacía más simpáticos aún.



Moebius, El garaje hermético
A mi hermano le perdoné la guapura porque me enseñó a boxear, a apreciar músicas capaces de desquiciar a nuestros padres (ya sabéis: Led Zeppelin, Deep Purple…), porque pasó a mis manos su vieja bicicleta, porque heredaba su ropa, que me estaba enorme, porque me enseñó a tomar correctamente las curvas con la moto y porque me prestaba sus tebeos. Con el paso de los años, estos empezaron a llamarse comics, y de la mano de aquel niño tan guapo que se había transformado primero en un horripilante adolescente y después en un joven más o menos normal, me hice amiga de Lucky Luke, de Corto Maltés, del Teniente Blueberry y de muchos otros personajes que aún forman parte de mi vida. Sufrí las tropelías de los inicuos (que no inocuos) hermanos Dalton, viví muchísimas aventuras con nuestro marinero favorito y accedí al garaje hermético para descubrir, con sorpresa, que Jean Giraud y Moebius eran la misma persona. Gracias a las enseñanzas fraternas, supe también lo que era la línea clara.

Hugo Pratt, Corto Maltés

La línea clara es un estilo de ilustración de origen franco-belga. El término, acuñado por el holandés Joost Swarte en 1977 y referido, en principio, a Hergé, el “padre” de Tintín, alude tanto a la sencillez de los trazos del dibujo como a la de la historia narrada. Los aficionados españoles recordaréis, tal vez, la revista Cairo, un buen ejemplo de esta tendencia en la ilustración. A esta misma corriente se adscribió desde sus inicios François Avril, un interesante artista francés cuyos trabajos, caracterizados por su gracia y por una depuración formal que los aproxima al minimalismo, han tenido una interesante evolución a lo largo del tiempo. 



Muchas de sus obras reflejan ambientes urbanos. Oscila en ellos, como en los paisajes por los que más tarde pasearemos, entre la figuración y la abstracción, el cromatismo intenso y una casi monocromía. Un rasgo frecuente es la representación de las ventanas de los edificios con unas sencillas líneas verticales: una verticalidad que impera en muchas de las construcciones que dibuja. Fijaos también en la sencillez de las figuras humanas representadas y en la armonía de sus movimientos. ¡Cuánto puede decirse con tan poco!






Hablamos de verticalidad, de esas líneas que apuntan desde el suelo hasta el cielo a través de los perfiles de los edificios, de sus ventanas como rasguños, de las farolas y las grúas, de los postes que sustentan las señales, de los propios ciudadanos con sus cuerpos escuetos, filiformes. Una ciudad que crece incesantemente hacia la altura. París, Bruselas, Nueva York, Tokio… No importa su nombre ni su emplazamiento geográfico. Es una ciudad, la ciudad, que se pone de puntillas.
 




¿Verticalidad? Sí, pero también dilatación horizontal en sus plazas y en sus amplias avenidas, ceñidas siempre por los edificios, ¡para que no se desborden y escapen los espacios!





Algunas de estas vistas urbanas nos muestran una gran superficie pintada con un color intenso. El amarillo, el azul, el rojo –sobre todo el rojo- estallan en esos panoramas de los que los otros colores parecen ausentarse. Enmarcados por estos intensos fondos cromáticos, los personajes caminan, se detienen a charlar, aguardan la llegada del autobús, trabajan, leen el periódico o pasean al perro. La vida de la ciudad, de cualquier ciudad, en suma.



  

Observad a este hombre que encola un muro para pegar un cartel. ¿Es eso todo lo que hace, encolar un muro para pegar un cartel? ¿O acaso prepara esa superficie para horadarla y trascenderla por medio de una imagen que, sobrepuesta a la imagen de la ilustración, la dota de un significado y una visión distintos, convirtiéndola en otra?




En la ciudad se abren ventanas a través de los carteles, de los escaparates que sirven como medio no solo para la función parlante de la urbe, sino también para que la naturaleza –la visión de la naturaleza- irrumpa en ella. Horizontes, mares, islas, árboles que vienen a sumarse a aquellos que crecen en los jardines, parques y calles de las ciudades. Salitre, oxígeno, ozono, brisas, apertura, respiro: atisbos de un mundo que se extiende más allá de cementos y de asfaltos.



¿Naturaleza? ¿Y si dejamos atrás la ciudad con sus altos edificios y sus panoramas cerrados para escaparnos? ¿Adónde? Por ejemplo, a la costa, al consuelo y abrazo del mar. Mares salpicados de islas a los que nos asomamos desde playas y acantilados: paisajes, en muchos casos, de la costa bretona, una tierra que asoma con frecuencia a la obra de Avril. La geometría organiza también estos paisajes y, con ella, se expande el tan amado silencio.





Tú no conociste a François Avril, hermano, pero sé que te habría gustado. Va por ti.




 

22 comentarios:

  1. Gracias Carmen por presentarme a François Avril, yo tampoco lo conocía.

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    1. ¡Espero que seais buenos amigos! Un abrazo, Francisca.

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  2. Pues yo tampoco conocía a François Avril, pero me ha cautivado. Me encantan esas lineas tan rectas , esas figuras humanas tan estilizadas y sencillas y esos paisajes salvajes que se cuelan por los huecos de las ciudades o que viven independientes. Me ha gustado mucho.
    Hace mucho que me pregunto cómo dos palabras que casi son iguales (inicuo e inocuo), pueden tener significados contrarios. ¿A qué diablillo lingüista se le ocurrió semejante tropelía que de inocua no tiene nada?
    Un beso.

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    1. ¡Los Dalton! Qué buenos ratos hemos pasado con todos esos personajes de papel, ¿verdad?
      Sí, sí, cautiva la sencillez de Avril. Tiene una gracia muy especial, ¡y es tan expresivo!
      Un abrazo, Rosa.

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  3. Me has hecho recordar como descubrí a Tintin de la mano de un amigo de mis padres representante de libros. Creo que en una sentada me leí casi toda la colección. Me ha encantado Avril, mi cerebro recuerda haber visto algunas imágenes suyas pero mi paladar te agradece el almíbar que me has hecho degustar.

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    1. ¿Almíbar? ¡No! Pasemos a cosas serias, como el Clos de Vougeot... o el Clos de Vall ;)
      Qué placer el de las buenas historietas. Hace muchos años, una persona que vio en casa la colección de comics que guardaba a mi hermano me preguntó, con tono desdeñoso: "¿tú lees... esto?". "Pues sí, además de otras cosas, leo 'esto'". Intenté explicarle que había obras espléndidas, tanto por su dibujo como por la narración, pero fue inútil. Aquella persona arrugó la nariz y creo que todavía la tiene arrugada. En fin, qué se le va a hacer.
      El caso es que las obras de Avril que vemos hoy aquí no forman parte de historietas, aunque él también se ha formado en ese mundo.
      Un abrazo, Luis.

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  4. Pareciera que el mensaje que dejan las imágenes (si es que existe el mensaje) es algo así como: ¡humanos insignificantes admirad el poder de la línea!
    Ya se que tengo mucha imaginación.Una entrada interesante,como siempre, Carmen.
    Un abrazo.

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    1. Humanos lineales, también, ¡pero vivos!
      Gracias, Yolanda. Un gran abrazo.

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  5. Tú lo has dicho "¡Cuánto puede decirse con tan poco!". Estupenda entrada +Carmen Pinedo

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  6. Recuerdos de la infancia y segmentos seguramente inolvidables, y un bello paseo colorista de información sobre François Avril que conozco a través de ti.

    Siempre interesantes y llenos de matices tus post, Carmen.
    Felices Fiestas, de la forma en que las celebres.
    Feliz Año Nuevo.

    Un fuerte abrazo-)

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    1. ¡Gracias, Mila! Las fiestas las celebro quedándome acurrucadita, en plan casero (y un poco friolero). Disfruta, y que el año que ya asoma la naricilla por el calendario esté lleno de alegría y de fuerza. Un gran abrazo, Mila.

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  7. Boxeo, Led Zeppelin, motos, tebeos... Me encanta el programa educativo de tu hermano, se le perdona el ser guapo, jaja. De Avril me ha gustado especialmente el uso del color. Entrañable entrada, Carmen.
    Un abrazo.

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    1. Ventajas de ser la hermana pequeña, Gerardo. Pequeña y, como siempre decían, "un chicote" ;)
      El color de Avril es muy interesante. Sus rojos,en particular, me atraen mucho.
      Un abrazo, "varado en la llanura".

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  8. Jajajaja. Yo también descubrí a Led Zeppelin por mi hermano, pero no los comics. Ambos éramos más de tebeos y de una colección "Joyas literarias" que aún conserva. Fueron mis primeros clásicos.

    Los comics si que dan gran importancia al dibujo. Dicen mucho sin palabras, no son un añadido. De este autor, qué tampoco conocía, me gustan sus figuras, tan esbeltas y desdijadas, tan expresivas en su delgadez.
    Me gusta como utiliza los colores, y las líneas. Todo en su mínima expresión y, al tiempo, en su máxima expresividad.
    Pero no soy objetiva. Siempre me han gustado las lecturas con ilustraciones, y las ilustraciones con textos.
    GRACIAS de nuevo Carmen y feliz domingo

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    1. Bueno, es lo que digo: ¡para algo tienen que servir los hermanos! ;)
      Como dices, la expresividad de Avril es muy grande. ¡Y con tanta sencillez!
      Feliz domingo (muy lluvioso por aquí). Un abrazo, Harry.

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  9. Gracias Carmen, voy de descubrimiento en descubrimiento
    Me ha encantado. Un beso

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    1. Gracias a ti, Esperanza Mar. A ver qué nuevos descubrimientos encontramos en nuestros paseos. Un abrazo.

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  10. Me ha llamado la atención la expresión que has utilizado "la ciudad que se pone de puntillas". Creo que encaja a la perfección con la imagen que quieres transmitirnos. Todo es verticalidad, sencillez en Avril y me encanta. Ahora he conseguido la cuadratura del círculo en mi mente, jajajja. Me encanta Tín tín tanto por el simplicidad del dibujo como por sus personajes y las aventuras que vive; no así Astérix que siempre me ha parecido barroco, tontorrón y belicoso. No me importaría nada disfrutar de una pintura de Avril en mi estudio. Sería un medio encantador de abrir una ventana al exterior, más allá de cementos y asfaltos ( como tú bien dices).

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    1. Ahí no coincidimos, porque yo soy menos "tintinófila" y, en cambio, disfruto con los irreductibles galos ;))
      Pero eso de tener una "ventana" de Avril en el estudio sí que estaría bien.
      Carmela, me parece que esta tarde tienes una cita con todos nuestros amigos. ¡Qué ganas tengo!
      Un abrazo enorme y... hasta luego, amiga.

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  11. Estupenda entrada Carmen, y Avril se lo merece. El párrafo "Observad a este hombre que encola un muro..." es muy una clara explicación de como funciona la metáfora en Avril.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Juan Antonio. Un fuerte abrazo para Brigitte y para ti.

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