miércoles, 26 de octubre de 2016

John Duncan Fergusson: el color escocés




Lo sabía. Desde que nombré a Christopher, aquel escocés feo, simpático y encantador que, de repente, saltaba del asiento y se ponía a cantar y a representar cómicamente escenas del Don Giovanni de Mozart, sabía que visitaríamos Escocia. ¿Con quién? Había varias posibilidades: entre ellas, he optado en esta ocasión por un médico que durante un breve período ejerció como cirujano naval, aunque no tardó en cambiar el bisturí por los pinceles.


John Duncan Fergusson,  Dieppe, 14 de julio de 1905

John Duncan Fergusson no solo abandonó el bisturí: también dejó Edimburgo para instalarse en París, donde podía abrir sus ojos y su paleta a ese mundo más allá del academicismo que nacía en esos años en el continente. Le cautivó el impresionismo, en primer lugar, pero más tarde fueron los colores del fauvismo los que le inundaron. Antes había recibido la huella de otro gran artista británico: James Abott McNeil Whistler.


James Abbott McNeill Whistler, Nocturno en negro y oro. Cohete cayendo

James Abbott McNeill Whistler, Nocturno. Puente de Battersea
Cuando hablamos de Whistler, vimos cómo probablemente Claude Monet había visitado su estudio en los años setenta del siglo XIX y cómo, sin duda, conocía su obra. Bien, pues en uno de esos intercambios tan fructíferos que, como en la vida, se dan en el arte, a la influencia de Whistler sobre Fergusson se sumó la de Monet.


Claude Monet, Puente de Charing Cross. Niebla en el Támesis

John Duncan Fergusson, Trocadero

Veamos algunas de las obras de esos primeros años artísticos de nuestro escocés, cuando la pincelada de Whistler se deshacía en los lienzos de Fergusson, imbuidos también de resonancias impresionistas. 


John Duncan Fergusson, París nocturno

John Duncan Fergusson, Ante un café de París

John Duncan Fergusson, Banco de Escocia en Princes Street Gardens

John Duncan Fergusson, Calle nocturna
Fergusson viajó por numerosos países, entre ellos Marruecos y España.

John Duncan Fergusson, El Grao, Valencia

John Duncan Fergusson, Cassis


Fergusson forma parte de los llamados coloristas escoceses, junto a Samuel J. Peploe, George Leslie Hunter y F.C.B. Cadell. En realidad, solo empezaron a recibir ese nombre a partir de 1948, a raíz de una exposición conjunta en Glasgow. Bien, ¿queréis ver cómo el color, los colores, van derramándose en la obra de John?


John Duncan Fergusson, Bosque oscuro
John Duncan Fergusson, Royan

También se advierten cambios en el modo de estructurar el espacio pictórico: unos cambios a los que no son ajenas las obras de Paul Cézanne y Henri Matisse. Este último, como Pablo Picasso, formaba parte de los amigos con los que solía reunirse Fergusson.

John Duncan Fergusson, Barcas

John Duncan Fergusson, La lámpara azul

En el caso de este paisaje, ¿no notáis cierto aire de familia con algunas obras de Edvard Munch? 


John Duncan Fergusson, Rocas y bahía

John Duncan Fergusson, El sombrero azul, Closerie des Lilas
Son muy interesantes los distintos modos de retratar los rostros y su evolución a lo largo de los años. Los tres primeros que vemos a continuación datan de 1909-1910; el cuarto, de 1916, y el último… esperad, luego veremos este quinto retrato, porque tengo que deciros algo sobre él. O, más bien, sobre ella: la persona retratada. 


John Duncan Fergusson, El velo persa

John Duncan Fergusson, Hortensia

John Duncan Fergusson, Equilibrio

Este es uno de los retratos que Fergusson realizó de su esposa, Margaret Morris. Su fecha es 1928, cuando la pareja, tras pasar unos años en Londres, se instaló en París.


John Duncan Fergusson, Las ramas (Margaret Morris)

Los aficionados a la danza habréis reconocido de inmediato el nombre de Margaret Morris: bailarina, coreógrafa y también pintora. Margaret, seguidora de Isadora Duncan, fundó diversos movimientos relacionados con la danza: entre ellos, dos Ballets Nacionales de Escocia, uno en Glasgow y el otro en Pitlochry. 


En los años treinta, Fergusson recoge en sus lienzos diversos paisajes franceses.

John Duncan Fergusson, Dinard

John Duncan Fergusson, Dinard

En 1939, Fergusson y Morris se trasladaron a Glasgow, donde permanecieron el resto de sus vidas. Tiempos de guerra. La serie de submarinos y barcos de Fergusson no data, sin embargo, de este conflicto bélico, sino del anterior. Tristes guerras.

John Duncan Fergusson, Submarino azul en el puerto de Portsmouth

John Duncan Fergusson, Destructor
André Dunoyer de Segonzac escribió sobre Fergusson: “Su arte es una expresión profunda y pura de su inmenso amor por la vida”. La vida, esa cosa tan extraña. 

John Duncan Fergusson, Closerie des Lilas
 
 

21 comentarios:

  1. Me ha encantado ir visitando las obras de John Duncan Fergusson, conocía algunas pero no su tendencias de otros pintores. Un abrazo Carmen

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    1. Yo a veces me imagino a los artistas, entonces y siempre y como ahora, intercambiando miradas y experiencias, enriqueciéndose con generosidad unos a otros. Me gusta imaginarlos así. Gracias, artista. Un abrazo.

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  2. Preciosas las pinturas del escocés. Me gustan mucho los colores tan sólidos y las formas que encuentro muy rotundas. Igual no es la palabra, pero es la palabra que me inspiran.
    Un beso.

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    1. Sí, sí que es la palabra: rotundidad, y también la solidez que mencionas. Aunque en algunas obras, según los períodos, las formas se disuelvan en gran medida, ¿verdad que este artista produce siempre la sensación de tener los pies asentados en el suelo? Bueno, a mí, por lo menos, me la produce, y por tu comentario creo que también a ti. Un beso, Rosa.

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  3. A mi me encantan esos espíritus que se intercambian diferentes sensibilidades , dando lugar obras con diferentes contagios ( a los críticos les encanta hablar de ello ).
    Sobre McNeil Whistler me sorprendió una de tus entradas anteriores , para mi era el pintor de damas vaporosa blancas , además de su ceñuda madre.

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    1. Sí, a mí también me gustan esos "oye, mira, te tomo esto, que me ha gustado" o "préstame esa pincelada, que la quiero probar". En la pintura, en el arte en general y en todo. Ay, esos "lo que acabas de decir me hace pensar en...". En fin, esos diálogos de sensibilidades, como dices, esos contagios, ese diálogo incesante.
      Whistler, el dandi escandaloso ;) Hay tanto en cada uno de los artistas, en cada persona... Aunque solo podamos asomarnos un poquitín.

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  4. No sé si acierto o no pero veo un poco de Cezanne en Fergusson.No conocía a este artista así que gracias por traerlo.
    Un abrazo.

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    1. Aciertas, Yolanda. A partir de determinado momento, Cézanne y también algo de Matisse asoman en los lienzos de Fergusson. Es inevitable. Y en el caso concreto de Cézanne, imagínate: se le considera, con razón, el padre de todos los pintores modernos. Grandísimo Cézanne.
      Un abrazo, Yolanda.

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  5. hola! hermoso colorido, impacta. gracias por enseñarnos a ver la pintura con el alma.dichosas si nos visitas, un placer.

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  6. Extraordinario, como todos sus artículos. Me asombra siempre, porque ese tipo de pintura no entraba en mis parámetros (siempre mas figurativos), pero gracias a sus textos magistrales me estoy adentrando en esa evolución de la pintura a la que siempre había dado la espalda. De este pintor en concreto, me sorprende esa luz tan mediterránea, tan de Sorolla

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    1. Es una luz que alumbra los lienzos de muchos pintores, a partir de determinado momento, y que nace en distintos lugares. En el caso de Sorolla, lo curioso es cómo, en gran medida, esa luz mediterránea nace en el norte de Europa, como comentamos aquí:
      https://carmenpinedoherrero.blogspot.com.es/2015/06/sorolla-la-luz-que-vino-del-norte.html
      Gracias por sus amables palabras, pero en estos artículos y, en realidad, en todas mis actividades, más que de magisterio me gustaría que hablásemos de complicidad: de disfrutar juntos, de aprender juntos. Siempre soy discípula, siempre aprendo, siempre estoy al principio.
      Un cordial saludo y gracias.

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    2. Siento no poder aportar nada a este su mundo de la pintura. Solo soy un espectador dispuesto a disfrutar y aprender. Mi profesión es científica, trabajo en el lado oscuro de la vida donde se sufre y muere. Por ello, busco contantemente el arte. Es lo que me ayuda a mantener una sensibilidad que, en mi trabajo, me esta prohibida.

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    3. A este blog llegue precisamente buscando las influencias en la pintura de Sorolla y me quede pasmado con su artículo. Desde entonces la leo siempre, aunque hasta ahora no le escribiese.

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    4. Ese lado oscuro donde se sufre y muere nos atrapa y nos hiere demasiado a menudo. Si, además, es el ámbito profesional, entiendo aún más la necesidad de abrir ventanas para respirar otro tipo de aire.
      Soy una ignorante en el terreno científico, como en tantas otras cosas: quizás por eso me apasiona leer sobre temas de ciencia -hasta donde mi entendimiento alcanza-.
      Agradezco mucho sus comentarios, Jos DIS, y que se haya animado a escribir.

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    5. Me llamo Jose Manuel y si necesita alguna aclaración en temas médicos, encantado de poder ayudar a usted o a cualquiera que lo necesite. Aunque llevo cuarenta años en ello, espero saber responder, desgraciadamente, no siempre es asi

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    6. Muchísimas gracias, José Manuel.

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  7. Carmen, créete que me he emocionado al ver la pintura del puerto de Valencia, aunque no es una de mis preferidas entre todas las que has mostrado. Me llama la atención la luz y la alegría que transmiten sus pinturas y ese rasgo es el que encuentro en Duncan tan atractivo y muy valenciano también. Algo, algo se llevaría de nuestra luz tras su estancia en nuestra tierra, ¿no? Gracias por descubrirnos otro genio.

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    1. No reconocí el Grao, ¿sabes? Creo que en algún momento buscaré en la prensa histórica alguna noticia acerca de las andanzas de nuestro escocés por Valencia. ¿Se llevó la luz? A lo mejor. ¡Pero nos la devolvió en sus lienzos! Un abrazo, Carmela.

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  8. Hola con algo de retraso.
    COmo siempre una gozada. No conocía la pintor ni tampoco a su esposa, así que el gusto ha sido doble. Me alegra poder seguir conociendo nuevos artistas, para mí, claro, que casi siempre quedan lejos de los más famosos.
    He de admitir que la influencia que más me ha gustado ha sido la de Whistler, eos trazos etéreos, neblinosos, sin forma y al mismo tiempo tan nítidos. Un logro difícil de lograr que sólo los grandes pueden.

    GRACIAS Carmen por este paseo tan bonito. Me ha dado mucha tranquilidad, e incluso, a pesar de la guerra y aquellos tiempos tan grises, alegría por esos colores y esas formas, esta vez mucho más claras.

    Saludos

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    1. ¡Sí, sí, también a mí esa relación con Whistler -y la pintura del propio Whistler- me gusta mucho!
      Hay algo alegre, como dices, en Fergusson: como un fondo de felicidad, ese amor por la vida, aun en los años duros.
      Un gran abrazo, Harry.

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