martes, 6 de septiembre de 2016

Como el sol en el firmamento: Marc Chagall y el teatro





Me gustaría ser un personaje de Chagall. Ahora mismo volaría hasta Málaga para dar un abrazo enorme a Anate y para visitar con ella la exposición dedicada a Marc Chagall en el Museo Ruso. Después, por la noche, regresaría volando a casa, con una sonrisa en mis labios que solo verían las estrellas. Sé que existen los aviones, no hace falta que me lo recordéis, pero lo que a mí me gustaría es volar como vuelan los personajes de este artista. Como no puedo hacerlo, he decidido invitaros a que sobrevoléis figuradamente conmigo algunos de los trabajos escenográficos de Chagall, ese gran enamorado del teatro. Bueno, en realidad, ese gran enamorado del teatro… y de todo lo demás.


Marc Chagall, Aleko y Zemfira

El maestro de Chagall en San Petersburgo fue el escenógrafo Léon Bakst, cuyos trabajos más conocidos fueron los realizados para los Ballets Rusos. Bakst, no os quepa duda, también nos visitará con sus pinturas de caballete y con sus espléndidos diseños escénicos.


Léon Bakst, Preludio a La siesta de un fauno

Marc Chagall, Introducción al teatro judío, detalle
En 1919 le encargaron a Chagall la decoración del Teatro judío de Moscú. En muy poco tiempo pintó nueve paneles, el techo, el telón de boca y otras tres piezas. Los temas, extraídos de las mismas fuentes que manarán a lo largo de toda su vida artística –las tradiciones judías y el arte popular ruso- aluden a la música, el teatro, la danza, la literatura… También perdurará en su obra la búsqueda de un espectáculo total, como en esta pequeña sala de cuarenta metros cuadrados, en la que las pinturas rodean, envuelven a los espectadores. El famoso Violinista verde forma parte de este conjunto.


Marc Chagall, El violinista verde

Marc Chagall, Aleko y Zemfira, escena I
Volamos a través de los años, volamos sobre la tierra y el océano. Estamos en México, en 1942. Léonide Massine encarga a Chagall los decorados y vestuarios para el ballet Aleko, con música de Tchaikovsky, inspirado en el poema de Pushkin Los gitanos, que dio lugar también a la ópera Aleko, de Rajmáninov. Bella, la mujer de Chagall, colaboró en la realización del vestuario diseñado por su esposo. Mientras trabajaba, Marc pensaba en Rusia, como contó después. También pensaba en Bella, como siempre, pero aún la tenía junto a él, trabajando a su lado: solo tenía que levantar la mirada para verla, solo extender la mano para acariciar la suya. Aún podían sonreírse, aunque no les quedaba mucho tiempo.


Marc Chagall, El carnaval, escena II de Aleko y Zemfira

Marc Chagall, El carnaval, escena IV de Aleko y Zemfira

Marc Chagall, Aleko y Zemfira

El estreno de Aleko en el Palacio de Bellas Artes alcanzó gran éxito. El público quedó entusiasmado también cuando, unos meses más tarde, la obra se representó en la Metropolitan Opera House de Nueva York. 

Pero quizás lo más hermoso fue lo que Bella dijo acerca del trabajo de Marc: “Los decorados de Chagall arden como el sol en el firmamento”. 


Marc Chagall, Tarde de verano, escena III de Aleko y Zemfira

Marc Chagall, El pájaro de fuego
Tres años más tarde, fue un pájaro de fuego el que se posó sobre el escenario de la Metropolitan Opera de Nueva York. El ballet, con música de Igor Stravinsky y argumento de Michel Fokine, había sido estrenado por los Ballets Rusos en 1910, con decorados de Bakst. Para la representación neoyorquina de 1945, Chagall pintó cuatro telones y diseñó el vestuario. La experiencia americana vivida pocos años antes le aportó motivos nuevos, como los rasgos de las kachinas, unas estatuillas de madera pintadas por los indígenas de Arizona y Nuevo México. 


Marc Chagall, El pájaro de fuego

Marc Chagall, El pájaro de fuego

Poco antes del estreno –de hecho, cuando estaba a punto de alzarse el telón-, el pintor se dedicó a añadir manchas de color sobre los vestidos que llevaban los bailarines, según se cuenta. Ignoro cómo se tomaron los improvisados “lienzos” el impulso de Chagall de pintar sobre ellos. 

Marc Chagall, El pájaro de fuego, fotografía de Henning Høholt

Marc Chagall, La danza y el circo
Ese deseo de convertir todo en pintura, en teatro, en un espectáculo total, y el “hambre de paredes” que suscitó en él la aventura de México se plasmó también en decoraciones de espacios teatrales, como había hecho en el Teatro judío de Moscú. En 1950 diseñó dos murales para el Watergate Theatre de Londres: La danza y el circo y El circo azul. El circo fue también el tema elegido para la Commedia dell’arte que pintó en 1958 para la Frankfurt Alte Oper. El circo: otro de los espectáculos que apasionaban a Chagall: otro espectáculo que aspira a esa totalidad tan anhelada por él. 


Marc Chagall, El circo azul

Marc Chagall, La comedia del arte

Esperad, no os poséis aún en tierra: aún tenemos que volar con Marc a París y a Nueva York, aún tenemos que hablar de enamorados, de magia, del color. Ese color del que Chagall nos dice que es todo, que es vibración, como la música. Todas las cosas son vibración. Todo es color. Es música.


Marc Chagall, La flauta mágica
 Continuará...


    

16 comentarios:

  1. Conocía casi todas las pinturas que pones, pero no sabía que se hubieran pintado para escenografías de teatro. Me gusta mucho el surrealismo mezclado con la apariencia de cuento de hadas malas que transmite. Sus personajes siempre me han parecido ingenuamente siniestros. Me imagino que conociendo las tramas de las obras para las que pintó sus decorados, todo cobrará un significado más claro.
    No comparto su gusto por el circo. Me deprime.
    Un beso.

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  2. La primera, no. Fue pintada en 1955, pero en ella Chagall retoma, como ves, uno de los decorados pintados en México en 1942.
    Entre nosotras: las hadas no existen y, en cualquier caso, suelen ser malas. Arrastran a los hombres a la perdición, como suele decirse en tono melodrámatico, y hacen trastadas como esas. Las buenas son (¿somos?) las brujas o, por lo menos, algunas brujas.
    A mí los personajes de Chagall me inspiran ternura. Y él, tan despeinado y con esa cara suya de despiste...
    Un beso.

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  3. Marc Chagall, y sus pinturas es todo colorido y música mucha música . Un abrazo

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    1. Muchísima música. Esos colores que se escuchan y se bailan... Un abrazo, artista.

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  4. Como siempre, agradecidísima, Carmen! Amo a Chagall!

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    1. Se hace amar, él que amó tanto.
      Gracias, Peggy. Un abrazo.

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  5. Me pasa como a Rosa, tampoco sabía que esos cuadros formaban parte de escenografías y decorados teatrales. Además del goce estético me llevo algo aprendido de la visita: dos por uno.
    Abrazos.

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    1. Sí, las relaciones de muchos artistas famosos con la escenografía y, en general, con el teatro, no son muy conocidas. Por eso de vez en cuando aludo a ellas o dedico entradas específicas a ese tema. Bueno, y porque es uno de "mis temas" y me apasiona.
      "Adoro el teatro y soy un pintor. Creo que los dos están hechos para ser un matrimonio con mucho amor", dijo Chagall.
      Un abrazo, Gerardo, y gracias.

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  6. Descubrí a este artista a través de una película: "Notting Hill Gate" donde Julia Roberts le regala la pintura "Aleko y Zemfira" a Hugh Grant. me llamó mucho la atención y busqué más información sobre el pintor. Me encantan esos personajes voladores que merodean entorno a la figura principal; los azules acentúan el sentido onírico de su obra que parece que se extiende al mundo del teatro y del circo como si también ellos participaran del sueño, como mundos de fantasía o irreales. No sé... quizá me he pasado con mis elucubraciones, jajaja. Un besazo, Carmen

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    1. Los azules de Chagall y los vuelos de sus personajes son... ¡Chagall! Tus elucubraciones dan en el clavo, porque el artista despliega todo un mundo onírico que abarca la pintura de caballete, la pintura mural, el teatro, el circo... todo ello acompañado por la música tan amada por él: la música del color.
      Sigo preparando materiales para nuestro proyecto, Carmela. Te los mandaré.
      Un abrazo grandote, azul y volador.

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    2. ¡Madre mía, en la que me he metido, Carmen! ¡No siento las piernas! jajaja

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    3. Venga, Carmela, que tú eres una valiente. Aún tardaré un poquito, respira. Pero poquito: tiembla (ja, ja, a veces soy mala).

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  7. Hola a todos:
    a mi Chagall no me gusta mucho. Salvo "El pájaro de fuego". Sus personajes no me entran por los ojos, pero el color...; lo redimen a esos ojos míos indiferentes.

    Sus temas no tienen desperdicio y esta afición que tenía por el teatro, y que me sonaba pero como de lejos, no es algo a dejar de lado, pero por más que lo miro y remiro no es para mí.

    Lo digo porque sé que aquí nadie va a tomarse mi poco gusto como algo negativo ni voy a terminar deprimimda por críticas feroces, como en la redes sociales, y porque además es sólo mi opinión. Más que humilde, poco experta en cuanto a técnica y demás, pero que de tanto pasar por aquí, algo se me va quedando.

    GRACIAS Carmen y feliz domingo a todos

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    1. ¡Ja ja, nadie te va a reñir, Harry! Si tú supieses... Algunos artistas tampoco me "entran", y sé que si pronunciase el nombre de alguno de ellos sería quemada en la hoguera, por hereje.
      Pues la semana que viene vamos a volar un poquito más con Chagall, para terminar este tema de sus relaciones con el teatro, y yo os contaré en qué circunstancias me gustaría saber cantar en alemán, y... bueno, ya llegará, ya.
      Un abrazo, amiga.

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  8. Chagall, para mi la esencia misma del color de la cotidianidad... estupenda entrada!!

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    1. Gracias, Baile del Norte. El color de la cotidianidad, dices, ¡su magia!

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