viernes, 8 de julio de 2016

Una luz en la oscuridad





Cuéntame una historia, Silver.
¿Qué historia?
La de lo que ocurrió después.
Eso depende.
¿De qué? 
De cómo la cuente.


Edward Hopper, La colina del faro

Cada faro tiene su propia historia, nos dice Jeannette Winterson, de quien proceden las palabras que encabezan este texto. ¿Será por eso, por sus historias, por lo que nos atraen tanto los faros? ¿Será por el mar con el que dialogan? ¿Será por su soledad?


Bill Brown, Faro en la oscuridad
Adolphe Theodore Jules Potemont, El faro de Santa Susana
Pocos edificios tienen la potencia expresiva de los faros. El lugar donde se alzan acentúa esa potencia: esos acantilados que, escribe Virginia Woolf, “parecía que fueran conscientes de la presencia de los barcos, como si se enviaran los unos a los otros mensajes secretos”.

Aunque el faro no siempre se yerga sobre un promontorio rocoso, aunque en ocasiones su aislamiento de otras edificaciones no sea tal, conserva su fuerza.

Edward Hopper, El pueblo del faro


Eugène-Louis Boudin, Faro cerca de Honfleur

La fuerza de su verticalidad: un cuerpo humano. Porque esa es la emoción que suscita lo vertical: humanidad. Más allá de las voces que intentan apropiárselo, fragmentarlo. Humano.

Vanessa Bell, Faro en Newhaven

William Dieterle, Portrait of Jennie

El faro, con su ojo luminoso, la escalera espiral de la linterna que recorre su interior como el caracol del oído. El faro que mira, que escucha, que recuerda. “Creo que estoy hablando al oído y a la memoria del faro”, escribe Menchu Gutiérrez.

Claude Monet, Barcas a la luz de la luna
Son las voces de tres mujeres las que escuchamos. Tres escritoras que nos hablan de los faros. Y del mar. De los mares interiores y los del exterior. “Había dos Atlánticos, uno fuera del faro y otro en mi interior –escribe Winterson-. No había ninguna cadena de faros a modo de guía para el que tenía en mi interior”.


Edward Hopper, Faro con dos luces
Joseph Wright de Derby, Faro en la costa de la Toscana

El faro como guía: esa luz que brilla en la oscuridad. No cualquier luz, porque, como nos recuerda Winterson, “si la luz es un engaño, todo está perdido”. Todo: aquello que nos importa, las vidas de nuestros compañeros, nuestra propia vida. No, no sirve la luz de la mentira, esa que se enciende para equivocar la ruta de las naves, atraerlas hacia las rocas para que se estrellen y saquear después los restos del naufragio. No, no sirve cualquier luz, sino esa, precisa, que indica: este es el camino.

Hay que mantener encendida esa luz. Que no se apague. Hay que mantener en pie el faro.

Louis Valtat, Faro de Banyuls
Paul Signac, Saint-Malo
La solidez del faro. “Mirad este. Construido en granito, duro e inmutable como fluido y volátil es el mar. El mar se mueve constantemente; el faro, nunca. No existe el menor balanceo, la menor oscilación, ninguno de los movimientos de los barcos ni del océano”, dice Jeanette Winterson.
¿La solidez del faro? ¿Su fijeza? No siempre. En ocasiones, también parece zozobrar, como un navío, o incluso convertirse en un insólito faro peregrino. 

Marsden Hartley, El faro

Quint Buchholz, El faro

Joseph Mallord William Turner, Faro y barco durante una tempestad
Puede llegar a ser destruido, pero solo para ser después reedificado, como nos cuenta Menchu Gutiérrez: “El faro se derrumbó y volvió a levantarse, más alto, más firme, más distante también”. 
 
Piet Mondrian, Faro en Westkapelle

La silueta del faro se desdibuja, a veces, hasta ofrecernos su perfil de espectro. Es entonces cuando parece susurrarnos las historias más misteriosas, aquellas en las que El Holandés Errante, el Mary Celeste, el Octavius y muchos otros barcos fantasmales surcan los mares de la narración.

Peder Balke, Faro en Mist


La mayor parte de las representaciones pictóricas de faros reproducen su perfil: solo en algunos casos nos permiten acceder a su interior, subir hacia el lucernario, asomarnos al mar desde lo alto. 


Eric Ravilious, Desde el faro
Joseph Mallord William Turner, El faro de Bell Rock

Lo que se destaca, en general, es la inmersión en la naturaleza. El mar, el cielo, a menudo las tempestades en las que la luz del faro se tiende como una mano hacia los barcos, como una mano que quisiera rescatar de las olas a hombres y a naves, aunque se sepa impotente. Solo puede decir con su luz: soy el faro, soy este faro. Solo puede mirar, recoger las historias que seguirá contando.

Paul Signac, El faro de Biarritz

“De forma que, por fin, esto era el Faro, ¿no?
No, lo otro también era el Faro. Porque nada era sencillamente una sola cosa. También el otro era el Faro” (Virginia Woolf). 


Edward Hopper, El faro


Las citas proceden de: Virginia Woolf, Al faro; Jeanette Winterson, La niña del faro, y Menchu Gutiérrez, El faro por dentro. 


 

27 comentarios:

  1. El faro ilumina nuestra imaginación.Enhorabuena Carmen!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Francisca. Un faro, qué bien. Un abrazo.

      Eliminar
  2. Touchée!! Me has dado de lleno. Los faros son mi debilidad. Quiero vivir en uno de ellos, quizás cuando sea mayor... Eso es lo que llevo repitiendo sin parar durante toda mi vida. Quizás cuando sea mayor... y los días pasan, las olas esculpen las rocas, los barcos otean la luz y yo sigo sin decidirme, sin encontrar mi faro, ese que me robe el poco sentido que me queda y me haga dejarlo todo atrás.
    Cada faro que contemplo en mis viajes, en cada país, en cada pueblo emite un extraño magnetismo sobre mí, dejándome sin voluntad hasta que una voz que está cerca, casi como tu gato, me saca de mis pensamientos y deseos y me vuelve a la realidad.
    Pero mi mente a veces se queda pillada de la imagen, de la ilusión y de la luz intermitente. Faros, cipreses del mar.
    Gracias, Carmen. Siempre te tengo que dar las gracias y de corazón, pero hoy mucho más.
    Besos, guapísima.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo también quiero vivir en un faro o, por lo menos, en una casa desde donde se vea y se escuche el mar y lleguen, desde lejos, los destellos intermitentes del faro. Para que la casa sepa siempre dónde está, para saberlo también yo.
      Faros, cipreses del mar. Qué bello, Elisenda. Gracias. Un fuerte abrazo.

      Eliminar
  3. Faros, pintura, literatura y cine. Qué buen conjunto. Nunca olvidaré la impresión que causó en mí, "Jennie" cuando la vi por primera vez.
    Gracias, Carmen. Estoy en la mágica Galicia y está entrada parece hecha de encargo.
    Un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Disfruta de sus faros! Y de todo lo demás, claro. Un abrazo, Rosa.

      Eliminar
  4. Primero la luna, ahora los faros, parece que escribes para mí.
    Me ha gustado mucho, tanto el texto como las imágenes.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es bonito lo que dices. Siempre se escribe para una persona que son muchas personas, que es cada una de las personas a las que llega el texto. Luna, faros, mar... Mundos propios, compartidos. Me ha gustado que esta semana nos hablasen tres mujeres: Virginia, Jeanette y Menchu. Voces muy próximas.
      Gracias, Merche. Un abrazo.

      Eliminar
  5. Maika López me indica que comparta con vosotros esta canción de Jorge Drexler, "12 segundos de oscuridad". Aquí tenéis: regalo de Maika.
    https://youtu.be/Bj9ewSx1ows

    ResponderEliminar
  6. ¿Conoces la torre de Hércules, Carmen? En sus orígenes, la historia se transmuta en leyenda...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, la visité hace mucho tiempo. ¡Cuántas historias nos cuenta! Un abrazo, Juan Manuel.

      Eliminar
  7. GRACIAS Carmen por esta entrada tan bella. No estoy en Galicia como Rosa, pero si en la costa cantábrica, en Cantabria, y además vivo muy cerca de la costa, con playas para elegir y faros, también para elegir.

    Es normal que gusten a todos, pero para los que los conocemos desde chicos, es otra cosa. Forman parte de nuestro paisaje infantil y, aunque hay gustos para todos, creo que a ningún costero nos resultan indiferentes.

    De todos los pintores me gustan todos. Desde mi admirados Hopper y Turner, hasta los desconocidos Peder Balke y Eric Ravilious. Me parecen magníficos, cada uno con sus peculiaridades. Inmersos en la niebla, navegando en las olas o simplemente alumbrado. Son una preciosidad. Ciertamente no sabría elegir uno, así que, seré pragmática. Me quedo todos.

    Saludines a todos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¿Todos? Pero, en ese caso, nos invitarás a alguno de ellos, ¿verdad? Tienes razón: para los que habitamos cerca de la costa, los faros forman parte de nuestro paisaje infantil. Yo creo que crecen, incluso, en la imaginación de las personas de tierra adentro. ¡Tienen tanta fuerza! Gracias, Harry. Un abrazo grandote.

      Eliminar
  8. A mi los faros me despiertan entre fascinación y curiosidad, siempre me pregunto por las historias que allí se habrán vivido, todo lo que han visto. Esa fascinación ha aparecido mirando tus pinturas, precioso.
    Un saludo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es eso, todo lo que han visto, todas las historias que han ido reuniendo. Barco a barco, farero tras farero, naufragio tras naufragio. Aparte de su incesante conversación con el mar.
      Un gran abrazo, Conxita.

      Eliminar
    2. Muy bonito Carmen esa incesante conversación con el mar.
      Besos

      Eliminar
  9. Muy chulo, me resulta sorprendente que haya cuatro cuadros de Hopper, desde una perspectiva obtusa y negligente es pensar "si ya he pintado un faro, por qué voy a pintar otro", pero luego piensas y dices, pues voy a pintar uno de día, otro de noche, otro a la hora de la siesta, etc. y cada uno tendrá sus luces y sus sombras; de los cuatro, hay dos iguales (que te voy a decir que ya no sepas), aunque uno más iluminado que el otro; curioso.
    El cuadro de Turner me ha dado miedito, se escuchaba a Neptuno soltar exabruptos, eso son olas y no las que hay Benidorm.
    El de Monet también me ha gustado bastante; muy oscuro.
    Y el de Hartley, aunque es bastante luminoso, es bastante curiosa la composición, el efecto ilusorio de sentir que el faro se está derrumbando, que cederá al impulso del océano y caerá.
    Todos están muy bien pintados (igual por eso son obras maestras de la pintura, no estoy seguro), pero te resalto los que más me han llamado la atención.
    Nada más, ya ves que con el tiempo me voy conteniendo en mis divagaciones.
    Saludos y que vaya bien, espero que no tengas que verte nunca en un barco pintado por Turner.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Muchos, muchos faros de Hopper, un pintor fascinado por ellos! Espera, ahora bajo la voz y digo: "chist, calla: lo que empezó como despiste continuó como travesura". Lo has visto, y no digo más, para que permanezca el enigma.
      El Mediterráneo también se pone a veces bravo, muy bravo: es un mar engañoso. Por desgracia, lo sabemos.
      Gracias, Poeta. Un abrazo.

      Eliminar
  10. Me gustas todos los faros, cuando visito alguno me quedo fascinada por su altura y planta que tienen. ¿Cuánto habrán vivido y alumbrado esos faros que son imprescindible para los navegantes. Me encantan las pinturas tan limpias de Hopper y las misteriosas de Turner. Yo tengo fotografiados algunos en espera de ser pintados. Tengo dos pintados uno de Zumaia y otro sólo el resplandor de Gueraria. Me ha encantado esta entrada. Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡La vida de los faros! Esperamos los tuyos, Mari Carmen. Gracias, un fuerte abrazo.

      Eliminar
  11. Cuando terminé mis estudios universitarios, una de las salidas profesionales que había era la de farero. Durante un tiempo estuve tentado a intentarlo,... para mí tienen algo de mágico, de especial. Finalmente el dogmatismo me pudo,... pero cada vez que veo uno (ahora automatizados y dirigidos por control remoto) los veo como una morada transitoria que pudo ser pero no fue. Hermosa entrada!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El dogmatismo. Ay. Bueno, sea como sea, te imagino en esa vida de farero. Gracias, Baile del Norte. Un abrazo.

      Eliminar
  12. Luminosa entrada Carmen. Siempre un placer leerte y descubrir pinturas y autores nuevos,para mi.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Yolanda. Me encanta tu compañía en estos paseos por las imágenes y las palabras, que son también tu territorio. Un abrazo.

      Eliminar
  13. Esta entrada tuya me ha traído el recuerdo de un escrito de Mario Benedetti, "El faro". En él, un faro casi humano se siente orgulloso de su alegre oficio de iluminador. De manera similar creo que este oficio tuyo también es muy parecido al del faro, pues nos alegras el espíritu e iluminas nuestra mente con tus poéticas entradas sobre pintura, gracias a las cuales, como capítulos de un libro, voy descubriendo artistas que ni siquiera sabía que existían y con ellos y contigo exploro nuevos mundos hasta ahora desconocidos para mí. Gracias, Carmen.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Qué buena evocación la de Benedetti! Gracias por lo que dices, pero poquito tengo de faro: ¡nada, más bien! Carmela, no deshagas el equipaje que dentro de un ratito nos vamos a... no, no lo digo. Te cuento, en secreto, que vamos a hablar de maridos: ¡pero que ellos no se enteren! Un abrazo, guapísima.

      Eliminar
    2. Interesante a la vez que controvertido y espinoso tema. Siempre se debe abordar con cautela, jajaja

      Eliminar