viernes, 15 de julio de 2016

Joaquim Mir, Santiago Rusiñol y medio marido mallorquín





“¿Con quién voy a vivir cuando sea mayor?”. “No sé, sola, con amigos, con tu marido…”. La niña abre desmesuradamente los ojos y lanza un grito desgarrador: “¡Noooo, con mi marido no!”. La mujer que la acompaña se apresura a tranquilizarla: “vamos, vamos, no llores, si no quieres tener marido, no pasa nada”. La pequeña resopla y se calma. Al cabo de un rato de silencio, se vuelve hacia la mujer y pregunta: “¿qué es un marido?”.

Joaquim Mir, Paisaje de Mallorca

Santiago Rusiñol, Jardín de las Elegías, Son Moragues

No, esa niña no era yo, aunque bien habría podido serlo. Se trata de una conversación que escuché en el autobús y que arrancó las carcajadas de todas las mujeres y de algún hombre. ¿Por qué digo que habría podido ser yo y, sobre todo, qué relación tiene esto con la isla de Mallorca? Ahora os lo explicaré, impacientes.

Santiago Rusiñol, Sóller
En cuanto aprendí a hablar aproveché para anunciar con firmeza mis proyectos de futuro: iba a ser escritora, iba a ser astronauta, no me iba a casar. Con el tiempo, para quitarme de encima a las típicas señoras de “cuando seas mayor y te cases…”, varié mi estrategia: “solo me casaré con un lord inglés”, decía, porque me parecía harto improbable llegar a conocer a un lord inglés y además, casadero. Después fui a Sóller, me gustó muchísimo y a la frase del lord inglés le añadí la coletilla: “o con un señor de Sóller”. Esa fue mi perdición, porque sin duda era más fácil toparme con señores mallorquines que con la aristocracia inglesa.

Así que no fui astronauta y me casé, aunque con medio señor de Sóller o, más bien, con un  solleric demediado, como el vizconde de Calvino, puesto que solo lo es por parte de madre. Lo del lord inglés definitivamente lo deseché: de todos modos, lo más próximo que había encontrado era a un escocés que no sé si era aristócrata pero, eso sí, era feo, simpático y encantador.

Joaquim Mir, Mallorca
¿Se nota que hoy no tengo ganas de trabajar y por eso os estoy contando todo esto? Tengo excusa: me he ido con Santiago Rusiñol y Joaquim Mir a Mallorca, para ver cómo pintan.

Santiago Rusiñol, Mallorca
Santiago Rusiñol, Biniaraix
Santiago había visitado por primera vez la isla en 1893: desde entonces, fueron frecuentes sus estancias en Mallorca. En una de ellas, a fines de 1899, le dijo a Joaquim:  “venga, hombre, coge los bártulos y vente conmigo”. Y allá fue Joaquim y se quedó cuatro años, hasta 1904. Los dos artistas se instalaron en Sa Calobra, en la sierra de Tramontana, desde donde hacían excursiones para pintar.

Joaquim Mir, Sierra de Tramontana
Joaquim Mir, Reflejos de Mallorca
Joaquim a veces guardaba en secreto los parajes que descubría, como si quisiera reservarlos solo para su mirada, para sus pinceles. Josep Pla habla de él como de un personaje arisco: no parece que lo fuera, puesto que otras personas que le conocieron le consideraron agradable y simpático. Un poco particular, sí, pero ¿quién no lo es?

Joaquim Mir, Paisaje con naranjos
Santiago Rusiñol, Paseo de Mallorca
A Rusiñol le había seducido la luz, la variedad, la delicadeza, el carácter de las personas y los paisajes de Mallorca. En 1922 lo reflejó en su libro La isla de la calma, donde nos dice, como le había dicho a Mir muchos años antes: “sígueme a una isla que te diré, a una isla donde siempre reina la calma, donde los hombres nunca llevan prisa, donde las mujeres no envejecen nunca, donde no se malgastan ni palabras, donde el sol se detiene más que en ninguna parte y donde hasta la señora Luna camina más despacio, contagiada de pereza”.
En Mallorca, como en muchos otros lugares, Rusiñol se perdió también por los jardines, uno de sus temas predilectos desde su viaje a Granada en 1897.


Santiago Rusiñol, Jardín del Pirata
 
Santiago Rusiñol, Muralla verda. Sa Coma

Santiago Rusiñol, Jardín de Sa Coma, Valldemosa


Aún es tiempo de llevarte a Raixa –escribe Rusiñol-, espléndido jardín señorial donde verás cipreses simétricos sirviendo de marco a blancas estatuas, y una enorme escalera de musgo, y jardines en verso, y cenadores, y aquella tristeza de añoranza, y aquella calma que da el tiempo a las cosas abandonadas”.


Santiago Rusiñol, Raixa, 1912
  
Joaquim Mir, Herrumbre en la cueva, 1903
Mallorca permitió a Joaquim Mir dar expresión a la visión del paisaje que ya habitaba en su interior. El color estalla, a veces engulle incluso los horizontes. Todo es naturaleza, sin límites. Una naturaleza plasmada con largas, vibrantes pinceladas de luz.



Joaquim Mir, La cala encantada

Joaquim Mir, Almendro en flor

Joaquim Mir, La cueva verde



En ocasiones, los dos amigos pintan los mismos temas, como el torrente de Pareis, en la sierra de Tramontana, o los diversos castillos de Mallorca.


Santiago Rusiñol, Torrente de Pareis

Joaquim Mir, Torrente de Pareis

Santiago Rusiñol, Castell del Rei

Joaquin Mir, El castillo de Bellver por la noche

Ambos recorren, juntos o por separado, las distintas calas de la costa mallorquina:

Joaquim Mir, Costa mallorquina

Joaquim Mir, Cala de Sant Vicenç

Santiago Rusiñol, Cala gris
Joaquim Mir, Paisaje de Mallorca


Mir trepaba por las peñas como una cabra, acarreando telas y todos los bártulos de la pintura. Cuentan que limpiaba los pinceles en la ropa que vestía o en su propia barba. Escribió a Rusiñol: “pinto en un sitio por el que sólo paso yo y alguna bestia inconsciente. El paso, en el que solo caben, justo, los pies, es un terraplén de rocas resbaladizas que van a parar directamente al mar. Si me fallasen los pies y resbalara no creo que volviera a hablarse de mí en el mundo de los vivos”.

Y eso fue lo que le ocurrió. Un día perdió pie y se despeñó. Se habló de un amor desdichado: nunca se supo. A Mir lo recogieron malherido. Permaneció encerrado durante dos años en un sanatorio mental de Reus: al abandonarlo, se instaló en Tarragona y pintó paisajes de diversas localidades catalanas. No regresó a Mallorca.

Joaquim Mir, Palma de Mallorca

Volveremos a encontrarnos con Joaquim Mir y Santiago Rusiñol. Nos despedimos, hoy, con las palabras que Mir escribió en 1928: “Solo quiero que mis obras alegren el corazón e inunden de luz los ojos y el alma”.





19 comentarios:

  1. El sanatorio mental de Reus es Pere Mata. Un magnífico ejemplar de edificio modernista, con un pabellón increíble.
    Personalmente me gusta mucho más Rusiñol, pero si veo estos cuadros de la época mallorquina de ambos, no sabría cual elegir.
    No sabía que eras medio baronesa de Sóller. Tienes golpes escondidos. jajajaja

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    1. ¡Muy bueno lo de medio baronesa! Espera, que ahora dudo: ¿el sanatorio es obra de Lluís Domènech i Montaner? Ahora mismo me voy a comprobar si me lo acabo de inventar o no. Un abrazo, Eli.

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  2. Me han gustado los dos pintores siendo diferentes pintaban lo mismo cada uno con su estilo propio. No sabría decir cual me gusta más. Excelente entrada como todas Carmen. Un abrazo

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    1. Sí, son muy distintos. A mí me gusta más uno u otro según el cuadro. En general, creo que me inclino más por Mir, pero ¡hay cada cuadro de Rusiñol! En fin, menos mal que podemos quedarnos con los dos. Gracias, artista. Un abrazo.

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  3. ¡Vaya! Dices que no tienes ganas de trabajar y me dejas con la boca abierta. Qué cuadros más bellos has elegido de Rusiñol. Debo confesar mi ignorancia pues desconocía a Joaquím Mir, pero esos hermosos azules me ha dejado con ganas de verlos de cerca. Por cierto, que no se entere tu marido hiciste bien de no casarte con un lord, una vez vi uno y parecía de cera. Enhorabuena, como siempre nos dejas con la miel en los labios.

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    1. Lo del lord era una excusa para quitarme de encima a las señoras pesadas: ¿para qué quiero yo a un lord? ¡Imagínate! Qué colores los de Mir, ¿verdad? ¡Estallaban en su interior! Un abrazo, Francisca.

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  4. Preciosas pinturas y un texto ameno y divertido. Yo también quería ser astronauta, ¿lo habré conseguido?

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    1. ¡Sí! ¡Nos llevas a la luna! Que es, por cierto, donde mejor se está. Abrazo apretaíto, Txaro.

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  5. La intensidad y riqueza de matices de Mir tan personales, tan expresivos, hablan de un interior apasionado, arrebatado. Rusiñol subyuga con su luz y color. Me gusta más Rusiñol; aunque... quien pudiera pintar un torrente azul y esmeralda... Gracias.

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    1. Me gustan tus comentarios, Galefod. Cómo captas y expresas con unas pocas frases la naturaleza de las obras y de los pintores. Ese interior apasionado de Mir, la luz y el color que estructuran las obras de Rusiñol... y nos subyugan. Gracias a ti, Galefod. Un abrazo.

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  6. Pintar mal una isla tan bella sería un pecado, pero es que ellos la hacen en sus pinturas tan hermosa como es, y puede que más. Conozco algunos de los sitios pintados y, en las pinturas los veo como en un sueño maravilloso: son, pero no son y la belleza de lo que no es casi supera la de lo que es. Yo me entiendo. Espero que tú me intuyas.
    Un abrazo y enhorabuena por encontrar al señor de Sóller, aunque sea demediado. Mucho mejor que un lord inglés, ¡dónde vas a parar!
    Un beso.

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    1. Te intuyo y te entiendo. Son, pero no son. Son más, son otros. Totalmente de acuerdo con lo del lord inglés: que no, que eso no va conmigo. Un abrazo, Rosa.

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  7. He disfrutado mucho, tanto con los cuadros como con el texto. Yo tampoco me quería casar, de hecho lo hice muy tarde para la época y con uno de mis mejores amigos.
    Tengo una amiga sueca que un día llegó a Mallorca y ahí sigue. Si no te importa, se lo voy a compartir.

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    1. ¡Encantada de que lo compartas, Merche!
      El día que os cuente las aventuras de mi boda (¡pasados los cuarenta: me resistí como una fiera!), la bronca con el juez, que se empeñó en reñirnos a todos, y todo lo demás, os vais a reír. Eso sí, esa noche tendré que irme a dormir a casa del vecino ;)
      Un abrazo.

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  8. Dos caras de una misma moneda es lo que veo con Rusiñol y Mir. Si tuviera que elegir entre ellos, creo que me enfrentaría a un gran dilema en términos generales, pues aunque diferentes en estilo, sus obras me atrapan como la miel a las moscas. No obstante, por sorpresa, no he podido evitar quedarme embobada mirando y admirando la imagen con la que has comenzado la entrada: "Paisaje de Mallorca" de Mir. Si lo tuviese en casa, seguramente lo colocaría en mi dormitorio para poder verlo al abrir y cerrar los ojos por primera y última vez en el día. Me ha tocado la "fibra sensible" tal y como imagino que hizo contigo "el barón" la primera vez que lo viste. Comparto la entrada si no te importa, Carmen.

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    1. ¡Qué buena cosa es no tener que elegir y poder quedarnos con los dos! Pero, eso sí, el Paisaje de Mallorca de Mir, frente a tu cama.
      La primera vez que vi al "barón" no me cayó bien. Siempre he sospechado que fue su madre la que me conquistó a fuerza de "panades" mallorquinas. ¡Qué bien cocinaba!
      Gracias, Carmela. Un abrazo enorme.

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  9. “Solo quiero que mis obras alegren el corazón e inunden de luz los ojos y el alma”
    Conmigo lo ha conseguido. En realidad, lo han conseguido los dos. Preciosos todos los cuadros, y una delicia ver un mismo lugar desde dos perspectivas diferentes. Ni me imagino lo que pasaría si se pudiera hacer con pintores de épocas distintas o estilos contrapuestos.
    Aunque ambos tienen varias cosas en común, o eso me ha parecido. Su gusto por el color, la luz, su curiosidad y su pasión por lo que pintaban. Creo que eso es lo que les define, y lo que les personaliza a cada uno, es su trazo.
    GRACIAS Carmen por una entrada tan simpática y tierna, campechana y solemne al mismo tiempo. Siento el retraso esta semana, pero entre ponte bien y estate quieto se me echaron las horas encima y..., no sé si la excusa colará, pero por intentarlo, jajajaja.

    P.D. yo de pequeña quise muchas cosas. Cada día una, pero ni astronauta ni un lord inglés por marido; ¡por suerte!, porque, lamentablemente, mi inglés deja mucho que desear.

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    1. ¡Se puede hacer con pintores de distintos estilos y épocas, para ver qué distintas son las miradas! Es cierta la coincidencia entre estos dos amigos en los rasgos que señalas, Harry.
      Oye, ¿a quién le decías que se pusiese bien y se estuviese quieto? Bueno, sea como sea, espero que ya esté bien. Y tú también. Un fuerte abrazo, Harry.

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