sábado, 12 de marzo de 2016

Tocar ciudades: Ramón Gaya





Pasé a menudo por delante del edificio donde Ramón Gaya tenía su estudio en Valencia, lo hice también, en alguna ocasión, por el que mantenía en Roma, pero yo aún no sabía que en esas casas no cesaba de producirse el milagro que es la pintura de Gaya. Cuando lo supe, nada cambió más allá de mi arrobo: podéis imaginar que no era yo capaz de presentarme así, por las buenas, y decirle: “señor, le admiro”. ¡Y cuánto le admiraba vivo, cuánto le admiro! Tanto que, al empezar a escribir sobre este artista, me he dado cuenta de que no puedo encerrar en un solo texto la emoción que suscita en mí. Así que, ¿por dónde empezar? ¿Por sus homenajes a otros grandes artistas, por sus naturalezas tan vivas que es imposible llamarlas muertas, por sus retratos, sus paisajes….? ¿Por dónde? Por sus ciudades, decido de pronto. Empezaremos con sus ciudades y, en otro momento, nos regocijaremos con otras de sus obras: porque, os lo aseguro, hay una dicha incontenible en su arte.

Ramón Gaya, Los jardines de Monforte en Valencia, 1976

He hablado de milagro porque es la palabra exacta. Todo en él es milagro: el cristal, la flor, la fruta, es estallido de luz, la carne es caricia, el sol, la lluvia, el cielo, el agua, son, como sus ciudades, lugares de donde no se quiere regresar. Hay un prodigio de sensualidad, profunda y delicada, en la obra de Gaya. Y hay prodigio, también, en la transmutación de las diversas técnicas pictóricas que utiliza, ese modo en que óleo, acuarela, gouache, pastel, se transfiguran y, a menudo, asombran al observador. Pero, si os parece, emprendamos ya el viaje con Ramón Gaya.

Ramón Gaya, El Nilo, 1998

Gaya vivió exiliado en México durante muchos años. En 1952, visitó Europa y, a lo largo del año, estuvo en París, Venecia, Florencia y Roma. Fue solo el primero de una serie de retornos e incluso, como sucederá en el caso de Roma, de permanencias.

Ramón Gaya, Merendero de Chapultepec, 1947

Ramón Gaya, Veracruz al atardecer, 1949

Ramón Gaya, El merendero por la mañana, 1949

Gaya, que como escritor es también asombroso, nos ofrece en sus libros reflexiones exactas y sugerentes sobre el arte, los artistas, las ciudades y lugares que visita. Sobre París, una ciudad que visitó también siendo muy joven, antes de la guerra y el exilio, las alusiones son, en la mayor parte de los casos, museísticas. París es arte, son museos, son exposiciones y es también mercado del arte, escaparate.


Ramón Gaya, Hindú en el Louvre, 1958
 
En Montmartre, al atardecer -¡los atardeceres de Gaya!- irrumpe la nota íntima: “La noche no era allí algo que cae, sino que sube, que brota de la ciudad con una lentitud implacable, hambrienta, y percibí, de pronto, un silencio descomunal -un silencio que había olvidado-, un silencio tan grande que no excluye los ruidos, que no necesita excluir los ruidos, puesto que los rebasa y, más fuerte que ellos, parece como si los acogiera para demostrarnos que no son nadie”.

Ramón Gaya, Desde Montmartre, 1953

En París pinta el Sena y a los pintores que lo pintan, pinta sus puentes. Los ríos –el Arno, el Tíber, el Sena, el Nilo- discurren con frecuencia por la sensibilidad y la obra de Gaya. 

Ramón Gaya, Otoño en París, 1956

Ramón Gaya, Invierno en París, 1956

Ramón Gaya, Pintores en el Sena

Ramón Gaya, Puente en París, 1958

Ramón Gaya, Punta de La Cité, 1978

Italia es también el arte: ¿cómo podría ser de otra manera? Pero es, asimismo, el deslumbramiento, es Gaya en carne viva, es darse de cara con la realidad, una realidad que para los italianos, descubre entonces, por dura que sea “significará siempre un esplendor”. Es una realidad descarada, pura carne, como en Roma, puro espíritu, como en Florencia, pura alma, como en Venecia. “Pero ese descaro de lo real –nos cuenta, desde Venecia- iba a encontrarlo, después, en muchas otras cosas, en las plazas, en las ruinas, en las iglesias, en los cuadros; porque Italia, en definitiva, es eso: un atrevimiento. 

Ramón Gaya, Castel Sant´Angelo, 1979

Os cuento algo personal, acerca de la emoción que me produce este artista: Gaya consigue expresar no solo a través de su arte, algo para mí inaccesible, sino a través de sus palabras, mis sensaciones, mi modo de relacionarme con lo real. Consigue plasmar con su escritura lo que no alcanzo a expresar como hace él, y entonces callo, llena de gratitud.

Ramón Gaya, La Pietá, Venecia, 1981

Ramón Gaya, Paraguas en el Puente de la Academia, 1955

En la habitación de su hotel en Venecia, por ejemplo, penetra el sonido de las campanas, “un campaneo extenso, romo, limado, que no parecía sonido, que no era sonido, sino paisaje, carnosidad de paisaje, una carnosidad cegada, nacarada, marina, y todo el cuarto pareció llenarse, inundarse de exterior”. Al leerle, recuerdo otra habitación de otro hotel, en otra ciudad: un cuarto que el tañer de unas campanas colmó de música y, como dice, de exterior, de un paisaje carnal que me obligó a bailar. ¡Bailar campanas! “Yo no había venido a visitar esta ciudad, sino a tocarla”, escribe también, y al leer esas frases, exclamo: ¡exacto! 


Ramón Gaya, Venecia. San Giorgio desde la ventana, 1978
Ante la Piazza y la Piazzeta, Gaya comprende que “esas dos plazas no eran láminas de arquitectura, lecciones, ejemplos secos, objetos de museo, sino dos seres vivos, dos seres que están allí, de pie, temerariamente, no para coincidir con nuestras leyes o nuestras razones, sino para sumarnos a su vida, para enamorarnos, para hechizarnos, para vencernos si fuera preciso”.

Ramón Gaya, La Piazzeta, Venecia (San Marco y el Ducale), 1953

Ramón Gaya, La Piazzeta, Venecia (San Marco y el Ducale), 1953

Ramón Gaya, Palazzo Ducale, 1953

De Roma, ya lo vimos cuando la visitamos en el otoño pasado, Gaya destaca su corporeidad, “muy cierta, incluso insolente”, una corporeidad que “no excluye misterio ni secreto interiores”.

Ramón Gaya, Atardecer en el Foro, 1952

Ramón Gaya, Coliseo, 1956

Ramón Gaya, Atardecer romano, 1956

Ramón Gaya, El Foro con lluvia, 1956

Y añade: “Hay algo muy ciego en lo romano -puesto que es carne-, algo muy espeso, insensible, sin salida, sin salvación, o sea, como irremediablemente... feliz”.

Ramón Gaya, El Palatino, 1958

Ramón Gaya, Circo Massimo, 1958

El atardecer, el río. Tras contemplar el ocaso junto al Tíber, Gaya escribe: “Es inmensa; esta carnosa y sustanciosa belleza es siempre inmensa, descomunal; es casi como un monstruo, y claro, de una fuerza arrolladora, inundadora. Cuando la belleza pasa de no estar aún presente a estarlo ya, es decir, cuando nos topamos de cara con su ser, con su ser entero, de cuerpo entero, se diría que algo -algo que ignoramos- nos ha sucedido en nuestra carne o en nuestra... alma; no es propiamente que de no verla se pase de pronto a verla y nos pueda entonces sorprender, anonadar, asustar, enamorar, apasionar, aprisionar, sino como si de no estar todavía se pasara, más aún que a estar ella, a no estar nosotros, ya que casi nos borra, casi nos suprime. La belleza nos arrastra, diríamos, hacia una orilla extrema, última, de nosotros mismos, y nos deja allí, en ese borde difícil, como desprovistos y desasistidos, sin saber qué hacer, sin tener qué hacer”.

Ramón Gaya, Los baños del Tíber, 1971

Ramón Gaya, El Tíber, 1971

Gaya también nos acompañó en nuestro viaje a Florencia, ¿os acordáis?

Ramón Gaya, Florencia desde Boboli

“Hemos correteado, de pasmo en pasmo, todo el día. En Florencia, desde el primer momento, se percibe muy bien su voluntariedad y su laboriosidad magistrales. Estamos en pleno delirio de perfección; aquí todo ha sido llevado a cabo con una mezcla de inspirada osadía y ciencia pura –aunque flexible también–, una ciencia que supiera, en el momento justo, renunciar a su terquedad de ciencia y ceder a una especie de… gracia. El simple trazado de un púlpito, o de una cantoría, o de una cornisa, o de un pedestal, o de un pozo, viene a ser aquí, por una parte, como la imposición de una ley, y por otra, como el dibujo de un capricho, casi de una locura, aunque… armoniosa”.

Ramón Gaya, Florencia desde la ventana, 1991

Ramón Gaya, Florencia desde la ventana, 1994

Y en Florencia, claro, el Arno, en Florencia sus puentes y, entre ellos, Ponte Vecchio.

Ramón Gaya, Ponte Vecchio, 1962

Ramón Gaya, Ponte Vecchio, 1989

¿Y España? Vuelve a ella por primera vez en 1960: concluye así su exilio mexicano. A partir de ese momento, visita diversas ciudades españolas: Madrid, Barcelona, Córdoba, Sevilla, Granada, Murcia, Valencia. Todas ellas prenden en su mirada, todas se transforman en nuevos regalos para nuestros ojos:

Ramón Gaya, Torres de la Alhambra, 1991

Ramón Gaya, En el Retiro, 1976

He dejado, con gusto, hablar a Gaya porque sus palabras valen más que las mías. Mirad, por ejemplo, lo que nos indica acerca de cómo debemos acercarnos al arte –no solo al arte, pienso, sino a todo, en realidad-: con inocencia, con “una especie de ignorancia viva, positiva, limpia, esa ignorancia que es sin duda un último reducto de la sabiduría primera, es decir, de la única sabiduría existente”. Y también nos explica que “el arte no es otra cosa, no puede ser otra cosa que vida, carne viva”. Gracias por decir todo esto, Ramón Gaya, gracias por decirlo y por pintarlo.

Ramón Gaya, Tejados de Madrid, 1961
  
     


43 comentarios:

  1. ¡¡Qué bellas interpretaciones de las ciudades!! Algunos de los cuadros me suenan de otros de tus post como alguno de Florencia. No sé si alguna vez has puesto el del Alhambra, pero también me suena. Me encantan los del Ponte Vecchio. Es un lugar tan hermoso visto de lejos (de cerca también, pero los turistas y los puestos de recuerdos y los bolsos de imitación en las mantas le quitan el sabor del tiempo). Roma, Venecia, París, Florencia. Ciudades a las que siempre estaré dispuesta a volver.
    No conozco Méjico ni el Nilo, y se puede decir que tampoco Valencia por donde pasé una vez hace muchos años para coger un barco hacia Mallorca con un grupo de alumnos. Espero solucionar eso. Lo de Méjico, tal como está el país, es más complicado y mira que me gustaría...
    Gracias por estas ciudades amadas vistas desde lo ojos de tu admirado Gaya.
    Un beso.

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    1. Sí, he puesto ya con anterioridad algunas imágenes de obras de Gaya porque... me encantan. Y volveremos a ver más adelante otras obras suyas, de temas distintos. Anímate con México, Rosa. No lo conozco, pero sé por amigos que es fascinante. Un abrazo.

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  2. Un sentimental reencuentro con las emociones provocadas por la obra de Gaya. Una pregunta, Carmen, no sé mucho de Ramón Gaya pintor, lo conozco en sus escritos, pero, la pregunta es: ¿tiene algún cuadro donde incluye su imagen a modo de cameo? Gracias por estos magníficos post.

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    1. Sí, tiene muchos en los que aparece su reflejo en un espejo. En algunos casos, con uno de sus maravillosos bodegones en primer plano, o simplemente con una de esas copas de cristal que es pura luz. Mira, por ejemplo, este Autorretrato y copa veneciana, de 1995:
      http://cvc.cervantes.es/img/gaya/28_autorretrato_383.jpg
      Un abrazo, Francisca. Gracias a ti.

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    2. Sí, ese es el que conocía y ahora tendrás que escribir otro post sobre esos caemos y su relevancia. Gracias.

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  3. Me encanta la evolución que se ve en sus cuadros. Desde los primeros, más parecidos a impresionistas hasta los más recientes, que limitan la pincelada a un trazo fugaz. Los dos Ponte Vecchio son un claro ejemplo de lo que intento explicar.
    Sus colores casi irreales, la luz que se refleja en ellos y los hace brillar... cualquier pequeño detalle se convierte en un lujo.
    Gracias Carmen por traernos a Gaya.
    Feliz fin de semana.

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    1. Sí, es como si se incrementase esa capacidad de transfiguración de la pincelada de Gaya. ¿Has estado en el Museo Gaya de Murcia, Eli? Allí también se va "de pasmo en pasmo". Una delicia. Un abrazo y gracias, Elisenda.

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  4. Hay una embriaguez en estos cuadros. Parece que los pinceles se movieran solos y la mano del pintor los forzara, en el último momento, para trazar apenas un esbozo o un contorno, que haga reconocible el paisaje o el lugar que previamente había plasmado en su imaginación.

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    1. Qué buena descripción del pincel y la mano de un artista por parte de otro artista, Manuel. Te digo lo mismo que a Eli: no sé si conoces el museo Gaya, pero, si no es así, no te lo pierdas. Disfrutarás.

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  5. Me encanta este pintor Ramón Gaya , por sus trazos limpios y sus colores suaves y tierras ocres. Espero que mas adelante pongas sus bodegones que son estupendo. No sabia que era escritor. Un abrazo

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    1. Sus bodegones, y esos particulares bodegones que se constituyen como homenaje a otros grandes artistas, son puro éxtasis. Como escritor es también una maravilla: te encantará leer sus libros, Mari Carmen. Son reflexiones de artista, ¡y qué artista! Un abrazo.

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  6. Wspaniały artysta, dla mnie zupełnie nowy. Gdzie można zobaczyć jego obrazy, tylko w Hiszpanii czy w innych europejskich muzeach? Już zaliczam go do moich ulubionych malarzy. Doskonale pokazuje istotę i urodę miejsc, które utrwala, ich duszę i piękno. Cudowna kolorystyka i dojrzałość techniczna. Pozdrawiam serdecznie

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    1. Mira, Renne:
      http://www.museoramongaya.es/
      Un abrazo.

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  7. Todo un icono de nuestra cultura nos traes hoy, Carmen. Me quedo, además de con esos paisajes y la idea carnal del paisaje y la luz con su opinión acerca del arte, al que hay que acercarse con “una especie de ignorancia viva, positiva, limpia, esa ignorancia que es sin duda un último reducto de la sabiduría primera, es decir, de la única sabiduría existente”. Esa ignorancia que elimina también el prejuicio y me parece esencial.
    Un abrazo.

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    1. Por eso, por eso digo que el modo en que Gaya concebía y expresaba todas estas cosas (lo que es el arte, cómo debe vivirse...)me toca tan de cerca y me conmueve porque es, exactamente, como lo siento yo, solo que él lo supo expresar del modo exacto, de un modo que no está a mi alcance. Por eso mi inmensa gratitud hacia él. Ay, cuando hablo de la desnudez es de esto de lo que hablo: hacia el arte y hacia la vida, en general, ese entregarse desde la inocencia, desde esa peculiar forma de ignorancia de la que habla Gaya, desde esa capacidad de ser asombrado y arrastrado.
      Un abrazo, Gerardo. Gracias.

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  8. Qué hermosas pinturas. Te doy las gracias Carmen, por darme a conocer a Gaya, extraordinario; particularmente su obra no solo captura la vista, sino el alma. Saludos, que estés disfrutando un lindo domingo.

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    1. Pues las otras obras de Gaya son también para dejarse el alma en ellas, Lú. ¡Es tan grande su sensibilidad! Un abrazo y feliz domingo.

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  9. GRACIAS Carmen, me gusta muuuuucho este pintor y entre todo lo que has dicho, muy acertadamente y con tino, lo de que ver sus obras es una dicha creo que es indiscutible.
    Su visión de las ciudades, los colores vivos, los trazos sencillos, y la luz da alegría al espectador. Al menos a mi. No puedo decir de un cuadro que me guste menos que otro. Ni siquiera puedo decidirme por uno, así que ni me lo planteo. Esa visión de la realidad tan limpia es peculiar y de agradecer.

    Feliz domingo a todos y un gusto pasearme por esta exposición.

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    1. Alegría, serenidad y como una vibración de dicha. Una vez más me quedo con lo que dices, Harry: "esa visión de la realidad tan limpia".
      Un abrazo, amiga.

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  10. Qué maravilla, Carmen. Me encanta la luz de estas pinturas, y como refleja en ellas la "carnosa belleza" de estas ciudades.
    Un beso enorme

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    1. ¿Verdad que es pura carne, pura alma, puro espíritu, como dice Gaya?
      Un beso tan grande como... el Coliseo, por lo menos.

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  11. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  12. Con simples trazos de pintura cuanto se expresa en los lienzos igual que en lo escrito en papel.
    Los artistas son magos capaces de sacar lo mejor de las cosas, las ocultas, las que no se suelen ver a simple vista. Quizás porque cuando las crean, salen estas mezcladas con sus sentidos y emociones.
    Dichoso de conocer la obra de Gaya.
    Besos

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    1. Sí, con cuánta aparente sencillez un grande, un genio, es capaz de plasmar, como dices, ya sea a través de la pintura, ya de la escritura, esa realidad oculta, aunque la tengamos delante de los ojos, y llenarla de emoción.
      Gracias, Francisco. Un beso.

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  13. ¡Fantástica entrada sobre el Ramón Gayá pintor. Yo, pormis estudios, conocía y tengo en alta estima su faceta literaria sobre todo en sus artículos ensayísticos que -perdón si me equivoco- hizo junto a su hermano. Dudo sobre lo del hermano y no tengo tranquilidad suficiente para comprobarlo.
    Pero volviendo a tu post, qué bonitas acuarelas, pasteles, dibujos... Otra entrada que colocó en mi selecta agenda de lo mejor de los web.
    Un besdo

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    1. ¡Pues me has transmitido la zozobra, Juan Carlos, porque no sabía nada del hermano y ahora -me conozco- me pondré a rastrearlo! Pero gracias por tu información, porque es un dato que ignoro y que me interesa comprobar.
      ¿Las obras? Una preciosidad, todas, las escritas y las pintadas: todas. Y, como siempre digo, aquí solo vemos reproducciones, frías imágenes que no tienen nada que ver, en realidad, con la obra cuando la ves cara a cara. ¡Qué experiencia! Como diría Gaya, las tocas con los ojos.
      Un beso, Juan Carlos.

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  14. Ya lo he comprobado. No hay hermano. Mi nerror viene vde vque la obra suya bque tengo ven casa es "Cartas de Ramón Gayá", de vahí mi confusión.
    Besos

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    1. Gracias, Juan Carlos. Te habías quedado con la duda, como yo. Esto me recuerda algo que me sucede a veces y me pone muy nerviosa: cuando estoy segura de una determinada cita en un libro concreto, la busco, no la encuentro, vuelvo a buscarla y digo "¡pero no es posible! ¡Estaba aquí!". Y no, claro que no estaba: a lo mejor era de otro libro, o de otro autor... Las bromas de la memoria. Un beso.

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  15. Me gustan esos trazos, las pinceladas,el color, la luz. que maravilla poder expresar toda la belleza de un lugar, de una ciudad de un momento y tal como lo presentas Carmen es un disfrute.
    Gracias Carmen

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    1. Tiene que ser maravilloso lo que dices, Esperanza, poder plasmar esa belleza en un cuadro, en un papel... Bueno, para los negados en arte, como yo, siempre queda la delicia de poder gozar de las obras de los que sí que son artistas.
      Un beso.

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  16. ME encanta este pintor, no lo conocía.
    Un post estupendo Carmen.
    Un saludo.

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    1. Gracias, Teresa. No te pierdas tampoco las otras obras de Gaya, porque son espléndidas. Un abrazo.

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  17. También yo estoy agradecido. Avanzamos en el proceso de alfabetización artística disfrutando. Ocres y amarillos como en Montmartre. Ahí está la atmósfera, el aire, la bruma luminosa, que he buscado.

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    1. En Montmartre... Buen lugar para encontrarlo, Galefod. Un abrazo.

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  18. Qué sencillez, luz, candor y vidilla destilan sus pinturas. Los trazos me recuerdan ligerante a los expresionistas, aunque no soy entendida en obra pictórica. Pero en cuestiones de viveza y presencia no es extraño ni casual que sea valenciano coetáneo de Sorolla, cada uno con su peculiar estilo. Me conmueve cómo refleja la realidad y lo natural acomodando en esos parámetros la belleza sublime de los que no le sale a una fácilmente con las palabras. Los ojos y la mirada cautiva predicen el resto. Y sus expresiones lingüísticas son el complemento de lo visual. Me ha encantado, me da muchísima alegría y paz.
    Un beso y te felicito por esta bellísima entrada, amiga!! ;-)

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    1. Era murciano. Su mujer, Isabel Verdejo (Cuca) sí que es valenciana, creo. Me gusta lo que comentas acerca de cómo refleja Gaya la realidad: la verdad es que, pasada por sus ojos y plasmada por sus manos, es una realidad transfigurada. Conmueve, como dices. Un abrazo, Marisa, muchísimas gracias.

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  19. Da igual quien hable: si Gaya o tú. En este post estáis unidos, casi mimetizados. me canta la pintura con la que abres la entrada, tal vez porque es uno de mis lugares favoritos de Valencia, sobre todo, en primavera. intuyo que lo debió de pintar por la tarde cuando la luz es más cálida. No puedo añadir nada que otros no hayan comentado sobre el Ponte Vecchio. Fantástico. Y por último mencionar la vista desde una ventana en Venecia donde Gaya capta la luz reflejada en el agua viendo al fondo San Giorgio. ¿No sabrás qué ventana era, verdad? Si fuera desde un hotel, no me importaría nada hospedarme allí para poder disfrutar de esas vistas. Una vez más, gracias, Carmen, por tu trabajo.

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    1. ¡No, no da lo mismo, que las de Gaya eran palabras mayores y las mías son chiquititas, chiquititas! Los jardines de Monforte son mágicos: cuántos paseos, cuántas conversaciones con amigos, cuántas tranquilas lecturas allí.
      Tendremos que investigar el asunto de la ventana veneciana, Carmela.
      Un abrazo.

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  20. Como de costumbre has hecho una entrada perfecta. Me encanta Gaya como autor, pintor y también su biografía, tan dura en algunos momentos, tan intensa y tan suya.
    He disfrutado muchísimo con este recorrido.
    Un besito.

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    1. Sí, la muerte de su primera mujer en un bombardeo,justo cuando estaban a punto de abandonar España; después, el largo exilio... Momentos muy duros, y menos mal que México le acogió, como a tantos otros españoles, con los brazos abiertos.
      Qué grande es este artista, como pintor y como escritor.
      Un abrazo, Marigem.

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  21. hola! recien descubre¿o tu blog y esta reseña espectacular con fotos de pinturas bellisimas. gracias por compartir al go tan bello. no lo conocia pero se nota su magnoficencia como pintor y escritor. cosas muy interesantes para saber y compatir. seria un honor que nos visitaras, si gustas. un beso dede argentina!.

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    1. Gracias, Búho. Seguro que os visito. Un abrazo.

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