Édouard Vuillard (1868-1940)
A mí este hombre me pone contenta por sus
amarillos, por sus azules, por sus caras sin rostro, por los naranja y los
rojos, por el papel que aflora, por los sorprendentes encuadres, por los
dormidos, por los desnudos, por los desayunos, por sus neblinas, aunque también
me gusten las líneas claras, por los verdes, incluso por sus marrones -¡los
marrones!-. Édouard Vuillard me pone contenta.
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Édouard Vuillard, La madre del artista abriendo una puerta |
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Édouard Vuillard, Mujer dormida, 1891 |
Me trae, a ráfagas, un recuerdo
ajeno: el de un organillo que suena en la calle, una calle desconocida en una
ciudad que ignoro. Todo por los rojos, los amarillos, los azules… Ya sabéis que
escucho los colores, aunque no acabo de entender qué pinta un organillo en esta
historia. No importa: lo dejaremos sonar, mientras damos un paseo con Édouard y
entramos en sus casas. Eso sí, sin hacer ruido, no vayamos a despertar a
quienes duermen.
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Édouard Vuillard, En la cama, 1891 |
Aunque… ¿y si hacemos un poquitín de ruido y sí que
les despertamos, para que salgan a disfrutar del día? Ánimo, señores, tomen el
desayuno y vengan. Les esperamos.
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Édouard Vuillard, Mujer con una taza de café, 1895 |
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Édouard Vuillard, Dos mujeres tomando café, 1893 |
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Édouard Vuillard, Desayuno en Villerville, 1910 |
Mirad qué día tan espléndido. Es un día, incluso,
como para sacar a pasear a la oca. O para leer en el jardín o en una terraza
soleada.
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Édouard Vuillard, El banco rosa¸ 1890 |
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Édouard Vuillard, La oca, 1890-91 |
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Édouard Vuillard, Madame Hessel leyendo en la terraza de Le Clos Cézanne, 1925 |
Una terraza soleada: iluminada. Vuillard también era
un iluminado. Un profeta, vamos: es decir, un miembro del grupo de los nabis, estos señores tan amables que nos
visitan de vez en cuando y que, volcados en el color, introducen el exotismo de
lo oriental en los plácidos ambientes domésticos franceses.
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Édouard Vuillard, El kimono o la habitación azul, 1908 |
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Édouard Vuillard, Plaza de Batignolles, 1898 c. |
Un ámbito este, el doméstico, en el que Vuillard se
mueve con la misma agilidad que la aguja que sostiene su madre, una modista con
la que convive hasta que el artista alcanza los sesenta años.
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Édouard Vuillard, Taller de costura |
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Édouard Vuillard, Las costureras |
Con una modista en casa y un tío dedicado al diseño textil, no cabe duda de que los tejidos le rodean. La decoración le interesa a Vuillard, como a todos los nabis. Los estampados y los arabescos trepan y se expanden sobre vestidos, cortinas, papeles pintados, tapicerías de todo tipo.
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Édouard Vuillard, El vestido estampado |
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Édouard Vuillard, En el Café-Concert, 1898 c. |
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Édouard Vuillard, Interior verde |
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Édouard Vuillard, Vida de familia, 1896 |
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Édouard Vuillard, La cortina amarilla, 1893 |
Unos arabescos y un decorativismo en que se funden
los planos, que encontraremos también en Matisse, que no es nabi, porque Matisse es Matisse.
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Henri Matisse, Naturaleza
muerta con berenjenas, 1911 |
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Henri Matisse, Interior
con figuras |
Vuillard, como otros muchos artistas, se interesó también por la escenografía teatral. Fue uno de los fundadores del teatro de L'œuvre (1893-1900), junto a Camille Mauclair y Lugné-Poe. En su repertorio figuraron obras de Strindberg, Maeterlinck, Ibsen, Björnson, Hauptmann, Henri de Régnier, Henry Bataille y Alfred Jarry, entre otros.
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Édouard Vuillard, Lugné-Poe, 1891 |
Entre los pinceles que colaboraron en las tareas escenográficas y en la ilustración de los programas del teatro se encuentran los de Maurice Denis, Pierre Bonnard, Henri de Toulouse-Lautrec, Felix Vallotton, Félicien Rops, Odilon Redon, Edward Burne-Jones, Jan Toorop y Edvard Munch. Un auténtico despliegue de talentos, no cabe duda. Un lujo.
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Henri de
Toulouse-Lautrec, Decoración india, 1894 |
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Cartel anunciador del estreno de Ubu Rey, 1896 |
Los trabajos decorativos de Vuillard comenzaron en los años 90, cuando conoció a Alexandre y Thadée Natanson, fundadores de La Revue Blanche. Entre sus diversas obras en este campo artístico destacan los nueve paneles de los Jardines públicos, pintados para Alexandre Natanson.
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Édouard Vuillard, Jardines públicos, 1894 |
Vuillard realizó también pinturas decorativas para domicilios particulares como los de Bernstein, Desmarais y Bernheim, para locales de ocio como Le Grand Teddy tea-rooms de París y para edificios públicos, como el Teatro de los Campos Elíseos, el Palacio de Chaillot, en París, y el Palacio de las Naciones, en Ginebra.
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Édouard Vuillard,
decoración para Le Grand Teddy tea-rooms, París, 1918 |
“No hago retratos. Pinto a la gente en su entorno”, dijo Vuillard. Esos entornos domésticos representados, en general, en pequeño formato, y en los que sus modelos son las personas de su familia, sus amigos, sus amantes.
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Édouard Vuillard, Madame Vuillard en un interior, 1920 |
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Édouard Vuillard, El gato, 1893 |
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Édouard Vuillard, Retrato de Pierre Bonnard |
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Édouard Vuillard, Madame Hessel y la manicura, 1906 |
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Édouard Vuillard, Madame Hessel en el tocador, 1917 |
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Édouard Vuillard, Madame Hessel en el jardín de Vaucresson, 1920 c. |
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Édouard Vuillard, Madame Hessel en su habitación de Cleyes, 1930-35 |
Uno de los rasgos que ya habréis advertido en algunas de las obras de este artista es la fuerte tendencia a la síntesis y la abstracción que se aprecia en sus obras, sin que estas abandonen el terreno de lo figurativo:
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Édouard Vuillard, Autorretrato, 1890 |
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Édouard Vuillard, Bois de Boulougne, 1890 |
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Édouard Vuillard, Lilas, 1890 |
En los interiores domésticos, en los retratos que no son retratos, en los paisajes, en las escenas callejeras y en las figuras de Vuillard se advierte una delicadeza que, al menos para mí, resulta simpática.
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Édouard Vuillard, La florista |
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Édouard Vuillard, Marie Vuillard con un vestido amarillo, 1890 c. |
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Édouard Vuillard, Mujer de rojo |
Sus desnudos
están impregnados también de ternura y de cierto aire melancólico:
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Édouard Vuillard, Desnudo en un sillón |
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Édouard Vuillard, Desnudo sentado, 1890-92 c. |
Hasta aquí llega
nuestro recorrido de hoy con Édouard Vuillard. ¿Conocíais sus obras? ¿Qué os
han parecido? Por cierto, ¿se os ocurre alguna idea acerca de por qué me evoca
la música lejana de un organillo? Porque yo no lo sé. Venga, vamos a sentarnos
aquí un rato y charlamos.
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Édouard Vuillard, Conversación en Le Pouliguen, 1908
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Otro maestro desconocido para mí. Me ha encantado esa indefinición que tu llamas síntesis en los rasgos de los rostros, de los cuerpos. Vuillard ha sido un descubrimiento, pero en cuanto ha aparecido Matisse el nivel ha aumentado en un momento. Cómo bien dices, Matisse es Matisse. Gracias Carmen. Un beso, guapísima.
ResponderEliminarEs un pintor amable, ¿verdad? Tiene alguna obra con un acento algo inquietante (Vida de familia, por ejemplo, a mí me produce cierta desazón), pero, en general, es amable. Y Matisse, claro, ¡es Matisse! Un abrazo, Eli.
EliminarLo desconocía, me ha parecido una pintura muy inquietante. Los colores que domina como el amarillo, están ejecutados en un delicado conjunto de colores suaves, borrosos. los estampados de las telas las tenia en casa, observo que usa pinceladas cortas. Es un impresionismo soso. Un abrazo
ResponderEliminar¡Impresionismo soso, qué malvada, Mamen! ¡Pero si no era impresionista (soso, no lo sé: creo que no ;) )! Las telas sí, le rodeaban: ya ves, entre su madre,las costureras y su tío, aparte de tratarse de esos años de las "casas vestidas", no eran tejidos lo que le faltaba. Es muy interesante lo que comentas con ojo de pintora: esos colores suaves en los que, de pronto, descuella un amarillo (o un rojo, un verde) de gran intensidad. Gracias. Un abrazo.
EliminarSi, algo inquietante si es, me gusta el color, pero quisiera ver mas de sus entornos, al no verlos, me pierdo en sus trazos, y es eso lo que produce algo de desazón.
ResponderEliminarNo me ha resultado extraño, pero conocer su obra, muy poquito.
Muchas gracias Carmen, resulta encantador tu lenguaje, lo leo y disfruto
Y esos rostros sin rasgos definidos: a mí me gustan, pero inquietan un poquito. Sus figuras femeninas solitarias, como las últimas que he puesto (la mujer de amarillo, la de rojo, los dos desnudos sentados...) me inspiran, en cambio, una gran ternura. Un abrazo, Esperanza Mar, y gracias.
EliminarMe ha encantado la pintura de este hombre. Ya me empiezan a sonar nombres, que antes no conocía, de tus entradas. De Vuillard lo que más me gusta es lo que no pinta, esas formas difuminadas y los colores, claro. Geniales sus pinturas de telas.
ResponderEliminarCreo que sé a que se debe lo del organillo: su música alegre es como una mezcla de notas todas a la vez que combinan como los colores. Cuando de oye un organillos uno ve luces de colores. Al menos yo.
Un beso.
¡Bien, has resuelto mi duda musical, Rosa! He pensado que también, al ser un pintor a menudo "tan de casa", es posible que lo asocie con una música callejera que se oye a través de las ventanas abiertas en primavera o en verano, mientras las costureras cosen.
EliminarBuena apreciación: "lo que más me gusta es lo que no pinta".
Un abrazo.
¡Ah!,Mujer con una taza de café... ¡Qué reencuentro! Recuerdos de un verano. Gracias, Carmen.
ResponderEliminarSí, José Juan, esa antigua amiga tuya ha decidido visitarnos esta semana aquí. Siempre con la taza de café, por supuesto.
EliminarUn abrazo.
Me encanta Vuillard, me quedo con casi todo. Me has mostrado bastantes cuadros que no conocía, pero he visto uno que se me ha tirado a los ojos directamente, que me gusta mucho, y te lo voy a robar, para compartirlo, Lugné-Poe. Yo discrepo en una cosa, a mi particularmente , no me parece nada inquietante, me encanta su indefinición. Una vez más, gracias de nuevo Carmen.
ResponderEliminarNo, si a mí también me gusta mucho. "Lo que no pinta", como ha dicho Rosa. Casi, como los amables fantasmas que nos visitaron el otro día.
EliminarLugné-Poe me ha dicho que estaba muy contento de irse contigo, Roy. Gracias y un abrazo.
Vuillard no nos puede dejar tristes ni indiferentes con esos hermosos colores y esas caras indefinidas que sacan nuestra imaginación a pasear. Muchas gracias por el recorrido que nos has hecho a su obra.
ResponderEliminarLa imaginación que siempre anda correteando de un lado a otro... Gracias, Detrásdelaetantería. Un abrazo.
Eliminar¡Qué agradable lectura para una mañana de domingo! Con los organillos sonando mientras las parejas pasean del brazo por los campos Eliseos toman un té y hojean el programa del teatro diseñado por Villarroel al que acudirán por la tarde. Bella estampa, gracias. Este domingo es más agradable.
ResponderEliminarSí que es una imagen agradable: una soleada (si es posible) mañana de domingo, paseando por París. ¡Y por la tarde, al teatro! Me gusta. Un abrazo, Josevi.
EliminarMuy hermosas sus obras. Conocía algo de su trabajo, pero ahora gracias a tí mucho mejor, más cercano.. Me llevo a Madame Hessel con tu permiso,no me puedo resistir, lo encuentro realmente exquisito,inquietante? No, para nada. Buen día, Carmen. Muchas gracias.
ResponderEliminarAsí que vas a pasar el domingo con Madame Hessel. Me apunto con vosotras, si me lo permitís. Un buen paseo parisino y, después, al teatro, como proponía Josevi. Un abrazo, Inma.
EliminarA mí esa indefinición en los trazos de sus pinturas me relaja. Es como si me 'obligara' a ver el cuadro en su conjunto sin pararse en ningún detalle en concreto.
ResponderEliminarAy, Carmen, qué cosas me haces pensar y cuánto aprendo contigo.
Un millón de gracias.
Es verdad lo que dices: propicia una mirada de conjunto. Además, en cierto modo, deja lugar a la imaginación, a completar con ella, si se desea, la escena o la figura, o a dejarla, por el contrario, en esa indefinición. Un abrazo, Kirke.
EliminarHola Carmen,
ResponderEliminarQué preciosidad, cómo me atraen sus pinturas, su manera de enlazar la abstracción con lo figurativo. No conocía a Édouard Vouillard, el caso es que tanto sus colores, como la temática y la forma en que desdibuja los trazos y pinta, me transmite paz y estabilidad, alegría de vivir.
No dejas de sorprenderme positivamente por el contenido que eliges y he de agradecerte que toques temas tan sensitivos, ilustrativos y didáctivos. Porque enseñas y despiertas la imaginación de tus lectores. Mi gratitud, amiga.
Besos y feliz domingo!!
Ese paso hacia la abstracción, aun sin abandonar la figuración, siempre me fascina a mí también, Marisa. Creo que, viendo las obras de Vuillard, te llegan los ecos de ese organillo callejero y, quizás, también, de un acordeón. ¿Me equivoco? Un abrazo (¡un abrazo en París!).
EliminarSi, ahora que lo dices...
EliminarMe recuerda al Madrid pintoresco y castizo, con los chulapones y el organillo al lado, o al París de post-guerra amenizado por ese instrumento tan costumbrista.
Otro abrazo en París (que espero ir algún día)
De los organillos nada puedo decir. Por más que lo pienso, menos llego a una conclusión.
ResponderEliminarNo lo conocía y me ha resultado novedoso, claro, pero me gusta sobre todo el uso del color. Todos le gustan, y no teme en usar los tonos más rabiosos. No el importa mezclarlos y usarlos generosamente. Las formas, difuminadas y nada concretas me gustan menos, pero en cualquier caso, según más ves sus cuadros más me van gustando. No le noto inquietante; no para mí, pero como en todas las cosas importantes, cada uno entendemos una cosa diferente. Es lo mejor del arte; hay muchas explicaciones para un cuadro. Y ni siquiera, esas explicaciones han de ser correctas. Son interpretaciones que pertenecen al espectador.
GRACIAS Carmen. Nuevo artista a conocer.
El color, ¿verdad? Es lo que comentaba Mamen: esa relación tan libre entre lo más tenue y lo más llamativo. Lo del organillo... pues ya ves: bueno, no lo ves, lo oyes. Un abrazo, Harry.
EliminarLa verdad es que no, no conocía a este pintor ni su obra. Tampoco tengo idea de por qué escuchas un organillo cuando de repasar la obra de Vuillard se trata, pero creo que estaremos todos de acuerdo en que lo mejor es abrir la ventana y disfrutar de ella :)
ResponderEliminarY hablando de disfrutar, gracias por esa colorida y energizante entrada, Carmen.
Un abrazo y feliz domingo!!
Eso es, ¡abramos la ventana! Gracias a ti, Julia. Un abrazo.
EliminarByłam na wystawie zatytułowanej "Malarze Normandii" ( Poznań, Polska). Obrazy tam przedstawiane opowiadają o narodzinach impresjonizmu, o wyjściu artystów w przestrzeń i malowanie chwili. Wystawa pokazuje też różne techniki malowania, rozmaite kierunki. Był tam też obraz Edouard Vuillard "The garden in Amfreville" (1905-1907). Pastelowe kolory, zarysy roślin. Świat pokazany niewyraźnie, jakby w niedokładnym odbiciu grafiki. Vuillard zmusza widza do myślenia, wyobrażania i dopowiadania zdarzeń. Dlatego obrazy są ciekawe i intrygujące. Nie mówią wszystkiego...
ResponderEliminarTak, Vuillard zmusza widza do myślenia, wyobrażania i dopowiadania zdarzeń. Myślę czy sen...
Eliminarhttps://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/4/48/%C3%89douard_Vuillard_-_The_Garden_at_Amfreville.jpg
Carmen no lo conocía pero ha sido un placer descubrirlo de tu mano.
ResponderEliminarA mi me encantan estos colores que utiliza y algunos de los cuadros me parecen tan vivos, otros con mucho encanto como los de la costura.
Precioso, me ha encantado leerte y aprender un poquito.
Encanto, sí: yo creo que todos los nabis lo tienen, cada uno a su manera, claro, pero lo tienen. Es grato, también, el modo en que Vuillard nos introduce, de la mano, en su ambiente doméstico. Me alegra que te haya gustado, Conxita. Un abrazo.
EliminarNo conocía a Vuillard ni su obra, pero me ha gustado observar los colores que utiliza, la luz que refleja con ellos y, sobre todo, alguno de los que tienen estampados ("En el café-concert", "el vestido estampado") son magníficos.
ResponderEliminarComo siempre, Carmen, es un placer leerte y disfrutar de las pinturas que nos descubres (al menos a mí)
Mil besos
Coincides con lo que comenta Conxita, Chari. Los estampados son muy propios de la época, de la decoración no solo de las ropas, sino también de las viviendas, y tienen mucha relación con ese interés por lo decorativo que muestran muchos de estos artistas. Mira, ¿sabes lo que voy a hacer ahora? ¡Te voy a estampar un beso! ;)
EliminarGeneralmente tus entradas son reveladoras para mí. No conocía a este pintor, pero tu selección de imágenes y tus palabras me han dado una visión del personaje. Me preguntó por qué los rostros son difusos sin expresión y el color y el diseño de la ropa tiene tanta importancia. Quizá hoy sería un excelente diseñador de modas. A ratos pensé en un maniquí sin rostro para que destaque la ropa. Me gustan los organillos, su musiquita es nostálgica, como las cajitas de música, pero qué curioso el color que me evocan es el de los crepúsculos... de nuevo, gracias por publicar tus entradas. Son clases de historia del arte. Besos.
ResponderEliminarMuy buena sugerencia, MaríaÉ, esa de los maniquíes sin rostro en los que lo que resalta es la ropa que los reviste. También has hecho sonar aquí la melodía de una caja de música, con su acento crepuscular. Gracias. Un abrazo, MaríaÉ.
EliminarUn recuerdo lejano, sí, más imaginado, quizás, que realmente evocado. Un territorio que podemos reconocer y en el que nos movemos a gusto. Un abrazo, Julio David.
ResponderEliminarMe gusta más como escribes tú, Carmen, que como pinta Vuillard, y si he mirado los cuadros es porque esos ojos tuyos ven ternura y detalles que los hacen más amables. Esos colores tan cálidos, tan impactantes y esa indefición me dejan perdida e inquieta. Y el organillo, el organillo recuerda una música que martillea en la cabeza como el rojo, el naranja y el amarillo en los ojos.
ResponderEliminarCaramba, Milano, gracias. Pero sí que hay ternura: fíjate en la delicadeza de esas figuras. En las obras de Vuillard hay cierta tensión entre los colores (suavidad y estridencia), unas líneas a veces claramente marcadas y la indefinición general. Es casi... no sé, como si el mundo se fuese borrando, y todo eso introdujese a veces cierto desasosiego en unas representaciones plácidas, por lo demás. Gracias por tu comentario y un abrazo, Milano.
EliminarÉdouard Vuillard te gusta por sus amarillos, por sus azules, por sus caras sin rostro, por los naranja y los rojos, por el papel que aflora, por los sorprendentes encuadres, por los dormidos, por los desnudos, por los desayunos, por sus neblinas, aunque también me gusten las líneas claras, por los verdes, incluso por sus marrones.
ResponderEliminar¿Qué es lo que no te gusta de él?
Un artista desconocido para un servidor que con sus"M;anchas" de pintura en el lienzo crea formas poco definidas pero reconocibles, incluso familiares para los no entendidos. Los estampados, los colores sin sombras, las disposiciones de las figuras...todo en Édouard Vuillard provoca una cierta inquietud en los ánimos que conlleva a leerte y conocerle.
Besos Carmen.
¡Ja, ja, me has pillado, Francisco! Pero ya sabes, ya lo sabéis todos, que cuando empiezo con "me gusta esto, me gusta esto otro", no paro. Sobre todo, porque no es raro que me guste una cosa y la contraria. Un abrazo.
Eliminar¡Qué entrada tan bonita has escrito sobre este pintor que desconocía. Los cuadros que muestran, tan domésticos, me han encantado. Sobre por qué te sugieren música de organillo sólo se me ocurre que porque el organillero en el parque dando cuerda al artilugio suele estar rodeado de un grupo familiar en el que hay sobre todo mujeres y niños. Y estas escenas de parque podrían asociarse con Toulouse Lautrec y otros impresionistas que me han venido a la cabeza al ver estos cuadros de Vuillard.
ResponderEliminarEn Madrid vi no hace mucho una preciosa exposición sobre Pierre Bonnard, al cual citas en tu escrito como uno de los ilustradores de programas teatrales y, de la exposición recuerdo, también de domicilios poarticulares.
Bueno, Carmen, ya te digo, una entrada excelente con la que he disfrutado un montón.
Besos
Es una explicación posible y buena la que ofreces, Juan Carlos.
EliminarImagino cuánto disfrutaste con la exposición de Bonnard. Como señalas, también abundan en su obra los interiores domésticos, como en el caso de Vuillard y otros pintores nabis.
Muchas gracias por tu comentario. Un abrazo, Juan Carlos.
¡ME ENCANTA! No lo conocía y me acabo de quedar "enganchada" a sus colores... ¡Qué colores!... De los que hacen oír música. Muchos besos, Carmen.
ResponderEliminar¡Hola, Eva! Qué bien, tú también oyes música. Un abrazo muy fuerte.
EliminarHola Carmen, te he conocido a través de un premio que te ha entregado Chelo y he venido a conocerte. Me ha encantado esta entrada que es la única que he visto hasta ahora si no te importa me quedo por aquí para seguir leyéndote, creo que para quienes disfrutamos con el arte tu blog parece imprescindible.
ResponderEliminarEncantada de haberte conocido
Hola, Tracy, bienvenida. Un abrazo.
EliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarAgradecido por esta entrada Carmen, que nos permite ingresar al profeta en casa Ëdouard Vuillard, desde la lozana cotidianidad y que desentraña al hogar como el lugar de experiencias con base existencial autentica e intensa que rastrea en nuestra consciencia de nuestro -ser-en-el mundo-, y, que como lectores nos traslada y en simultaneo a lo dicho por Gaston Bachelard, en el libro Poética del Espacio:
ResponderEliminar“La casa es un elemento de integración psicológica, morada de recuerdos y olvidos. La casa es el primer universo de la cotidianidad, pero se proyecta como un auténtico microcosmos", una unidad de imagen y recuerdo. Su funcionalidad reside en que sirve como detonante del proceso de Reminiscencia, morada inclaudicable del pasado imperecedero, suplementadora de contingencias y multiplicadora de las continuidades…”.
La casa, el día a día, memoria, hoy y mañana; como dices, "consciencia de nuestro -ser-en-el mundo-". ¿Te has dado cuenta de que La poética del espacio es, más que un libro, una casa que está llena de casas, de voces y sugerencias? Un libro de los que se habitan. Muchísimas gracias por tu comentario, Edward.
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