sábado, 6 de febrero de 2016

Édouard Vuillard: un profeta en casa




A mí este hombre me pone contenta por sus amarillos, por sus azules, por sus caras sin rostro, por los naranja y los rojos, por el papel que aflora, por los sorprendentes encuadres, por los dormidos, por los desnudos, por los desayunos, por sus neblinas, aunque también me gusten las líneas claras, por los verdes, incluso por sus marrones -¡los marrones!-. Édouard Vuillard me pone contenta.


Édouard Vuillard, La madre del artista abriendo una puerta

Me trae, a ráfagas, un recuerdo ajeno: el de un organillo que suena en la calle, una calle desconocida en una ciudad que ignoro. Todo por los rojos, los amarillos, los azules… Ya sabéis que escucho los colores, aunque no acabo de entender qué pinta un organillo en esta historia. No importa: lo dejaremos sonar, mientras damos un paseo con Édouard y entramos en sus casas. Eso sí, sin hacer ruido, no vayamos a despertar a quienes duermen.


Édouard Vuillard, En la cama, 1891

Édouard Vuillard, Mujer dormida, 1891

Aunque… ¿y si hacemos un poquitín de ruido y sí que les despertamos, para que salgan a disfrutar del día? Ánimo, señores, tomen el desayuno y vengan. Les esperamos.


Édouard Vuillard, Mujer con una taza de café, 1895

Édouard Vuillard, Dos mujeres tomando café, 1893

Édouard Vuillard, Desayuno en Villerville, 1910

Mirad qué día tan espléndido. Es un día, incluso, como para sacar a pasear a la oca. O para leer en el jardín o en una terraza soleada.


Édouard Vuillard, El banco rosa¸ 1890

Édouard Vuillard, La oca, 1890-91

Édouard Vuillard, Madame Hessel leyendo en la terraza de Le Clos Cézanne, 1925

Una terraza soleada: iluminada. Vuillard también era un iluminado. Un profeta, vamos: es decir, un miembro del grupo de los nabis, estos señores tan amables que nos visitan de vez en cuando y que, volcados en el color, introducen el exotismo de lo oriental en los plácidos ambientes domésticos franceses.


Édouard Vuillard, El kimono o la habitación azul, 1908

Édouard Vuillard, Plaza de Batignolles, 1898 c.

Un ámbito este, el doméstico, en el que Vuillard se mueve con la misma agilidad que la aguja que sostiene su madre, una modista con la que convive hasta que el artista alcanza los sesenta años. 


Édouard Vuillard, Taller de costura

Édouard Vuillard, Las costureras


Con una modista en casa y un tío dedicado al diseño textil, no cabe duda de que los tejidos le rodean. La decoración le interesa a Vuillard, como a todos los nabis. Los estampados y los arabescos trepan y se expanden sobre vestidos, cortinas, papeles pintados, tapicerías de todo tipo.

Édouard Vuillard, El vestido estampado

Édouard Vuillard, En el Café-Concert, 1898 c.

Édouard Vuillard, Interior verde

Édouard Vuillard, Vida de familia, 1896

Édouard Vuillard, La cortina amarilla, 1893
Unos arabescos y un decorativismo en que se funden los planos, que encontraremos también en Matisse, que no es nabi, porque Matisse es Matisse.

Henri Matisse, Naturaleza muerta con berenjenas, 1911

Henri Matisse, Interior con figuras


Vuillard, como otros muchos artistas, se interesó también por la escenografía teatral. Fue uno de los fundadores del teatro de L'œuvre (1893-1900), junto a Camille Mauclair y Lugné-Poe. En su repertorio figuraron obras de Strindberg, Maeterlinck, Ibsen, Björnson, Hauptmann, Henri de Régnier, Henry Bataille y Alfred Jarry, entre otros.

Édouard Vuillard, Lugné-Poe, 1891


Entre los pinceles que colaboraron en las tareas escenográficas y en la ilustración de los programas del teatro se encuentran los de Maurice Denis, Pierre Bonnard, Henri de Toulouse-Lautrec, Felix Vallotton, Félicien Rops, Odilon Redon, Edward Burne-Jones, Jan Toorop y Edvard Munch. Un auténtico despliegue de talentos, no cabe duda. Un lujo.

Henri de Toulouse-Lautrec, Decoración india, 1894

Cartel anunciador del estreno de Ubu Rey, 1896


Los trabajos decorativos de Vuillard comenzaron en los años 90, cuando conoció a Alexandre y Thadée Natanson, fundadores de La Revue Blanche. Entre sus diversas obras en este campo artístico destacan los nueve paneles de los Jardines públicos, pintados para Alexandre Natanson.

  
Édouard Vuillard, Jardines públicos, 1894


Vuillard realizó también pinturas decorativas para domicilios particulares como los de Bernstein, Desmarais y Bernheim, para locales de ocio como Le Grand Teddy tea-rooms de París y para edificios públicos, como el Teatro de los Campos Elíseos, el Palacio de Chaillot, en París, y el Palacio de las Naciones, en Ginebra.

Édouard Vuillard, decoración para Le Grand Teddy tea-rooms, París, 1918


“No hago retratos. Pinto a la gente en su entorno”, dijo Vuillard. Esos entornos domésticos representados, en general, en pequeño formato, y en los que sus modelos son las personas de su familia, sus amigos, sus amantes.


Édouard Vuillard, Madame Vuillard en un interior, 1920

Édouard Vuillard, El gato, 1893

Édouard Vuillard, Retrato de Pierre Bonnard

Édouard Vuillard, Madame Hessel y la manicura, 1906

Édouard Vuillard, Madame Hessel en el tocador, 1917

Édouard Vuillard, Madame Hessel en el jardín de Vaucresson, 1920 c.

Édouard Vuillard, Madame Hessel en su habitación de Cleyes, 1930-35

Uno de los rasgos que ya habréis advertido en algunas de las obras de este artista es la fuerte tendencia a la síntesis y la abstracción que se aprecia en sus obras, sin que estas abandonen el terreno de lo figurativo: 


Édouard Vuillard, Autorretrato, 1890

Édouard Vuillard, Bois de Boulougne, 1890

Édouard Vuillard, Lilas, 1890


En los interiores domésticos, en los retratos que no son retratos, en los paisajes, en las escenas callejeras y en las figuras de Vuillard se advierte una delicadeza que, al menos para mí, resulta simpática.


Édouard Vuillard, La florista

Édouard Vuillard, Marie Vuillard con un vestido amarillo, 1890 c.

Édouard Vuillard, Mujer de rojo

Sus desnudos están impregnados también de ternura y de cierto aire melancólico:

Édouard Vuillard, Desnudo en un sillón

Édouard Vuillard, Desnudo sentado, 1890-92 c.
Hasta aquí llega nuestro recorrido de hoy con Édouard Vuillard. ¿Conocíais sus obras? ¿Qué os han parecido? Por cierto, ¿se os ocurre alguna idea acerca de por qué me evoca la música lejana de un organillo? Porque yo no lo sé. Venga, vamos a sentarnos aquí un rato y charlamos.

Édouard Vuillard, Conversación en Le Pouliguen, 1908



 

 

50 comentarios:

  1. Otro maestro desconocido para mí. Me ha encantado esa indefinición que tu llamas síntesis en los rasgos de los rostros, de los cuerpos. Vuillard ha sido un descubrimiento, pero en cuanto ha aparecido Matisse el nivel ha aumentado en un momento. Cómo bien dices, Matisse es Matisse. Gracias Carmen. Un beso, guapísima.

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    1. Es un pintor amable, ¿verdad? Tiene alguna obra con un acento algo inquietante (Vida de familia, por ejemplo, a mí me produce cierta desazón), pero, en general, es amable. Y Matisse, claro, ¡es Matisse! Un abrazo, Eli.

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  2. Lo desconocía, me ha parecido una pintura muy inquietante. Los colores que domina como el amarillo, están ejecutados en un delicado conjunto de colores suaves, borrosos. los estampados de las telas las tenia en casa, observo que usa pinceladas cortas. Es un impresionismo soso. Un abrazo

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    1. ¡Impresionismo soso, qué malvada, Mamen! ¡Pero si no era impresionista (soso, no lo sé: creo que no ;) )! Las telas sí, le rodeaban: ya ves, entre su madre,las costureras y su tío, aparte de tratarse de esos años de las "casas vestidas", no eran tejidos lo que le faltaba. Es muy interesante lo que comentas con ojo de pintora: esos colores suaves en los que, de pronto, descuella un amarillo (o un rojo, un verde) de gran intensidad. Gracias. Un abrazo.

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  3. Si, algo inquietante si es, me gusta el color, pero quisiera ver mas de sus entornos, al no verlos, me pierdo en sus trazos, y es eso lo que produce algo de desazón.
    No me ha resultado extraño, pero conocer su obra, muy poquito.
    Muchas gracias Carmen, resulta encantador tu lenguaje, lo leo y disfruto

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    1. Y esos rostros sin rasgos definidos: a mí me gustan, pero inquietan un poquito. Sus figuras femeninas solitarias, como las últimas que he puesto (la mujer de amarillo, la de rojo, los dos desnudos sentados...) me inspiran, en cambio, una gran ternura. Un abrazo, Esperanza Mar, y gracias.

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  4. Me ha encantado la pintura de este hombre. Ya me empiezan a sonar nombres, que antes no conocía, de tus entradas. De Vuillard lo que más me gusta es lo que no pinta, esas formas difuminadas y los colores, claro. Geniales sus pinturas de telas.
    Creo que sé a que se debe lo del organillo: su música alegre es como una mezcla de notas todas a la vez que combinan como los colores. Cuando de oye un organillos uno ve luces de colores. Al menos yo.
    Un beso.

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    1. ¡Bien, has resuelto mi duda musical, Rosa! He pensado que también, al ser un pintor a menudo "tan de casa", es posible que lo asocie con una música callejera que se oye a través de las ventanas abiertas en primavera o en verano, mientras las costureras cosen.
      Buena apreciación: "lo que más me gusta es lo que no pinta".
      Un abrazo.

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  5. ¡Ah!,Mujer con una taza de café... ¡Qué reencuentro! Recuerdos de un verano. Gracias, Carmen.

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    1. Sí, José Juan, esa antigua amiga tuya ha decidido visitarnos esta semana aquí. Siempre con la taza de café, por supuesto.
      Un abrazo.

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  6. Me encanta Vuillard, me quedo con casi todo. Me has mostrado bastantes cuadros que no conocía, pero he visto uno que se me ha tirado a los ojos directamente, que me gusta mucho, y te lo voy a robar, para compartirlo, Lugné-Poe. Yo discrepo en una cosa, a mi particularmente , no me parece nada inquietante, me encanta su indefinición. Una vez más, gracias de nuevo Carmen.

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    1. No, si a mí también me gusta mucho. "Lo que no pinta", como ha dicho Rosa. Casi, como los amables fantasmas que nos visitaron el otro día.
      Lugné-Poe me ha dicho que estaba muy contento de irse contigo, Roy. Gracias y un abrazo.

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  7. Vuillard no nos puede dejar tristes ni indiferentes con esos hermosos colores y esas caras indefinidas que sacan nuestra imaginación a pasear. Muchas gracias por el recorrido que nos has hecho a su obra.

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    1. La imaginación que siempre anda correteando de un lado a otro... Gracias, Detrásdelaetantería. Un abrazo.

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  8. ¡Qué agradable lectura para una mañana de domingo! Con los organillos sonando mientras las parejas pasean del brazo por los campos Eliseos toman un té y hojean el programa del teatro diseñado por Villarroel al que acudirán por la tarde. Bella estampa, gracias. Este domingo es más agradable.

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    1. Sí que es una imagen agradable: una soleada (si es posible) mañana de domingo, paseando por París. ¡Y por la tarde, al teatro! Me gusta. Un abrazo, Josevi.

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  9. Muy hermosas sus obras. Conocía algo de su trabajo, pero ahora gracias a tí mucho mejor, más cercano.. Me llevo a Madame Hessel con tu permiso,no me puedo resistir, lo encuentro realmente exquisito,inquietante? No, para nada. Buen día, Carmen. Muchas gracias.

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    1. Así que vas a pasar el domingo con Madame Hessel. Me apunto con vosotras, si me lo permitís. Un buen paseo parisino y, después, al teatro, como proponía Josevi. Un abrazo, Inma.

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  10. A mí esa indefinición en los trazos de sus pinturas me relaja. Es como si me 'obligara' a ver el cuadro en su conjunto sin pararse en ningún detalle en concreto.
    Ay, Carmen, qué cosas me haces pensar y cuánto aprendo contigo.
    Un millón de gracias.

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    1. Es verdad lo que dices: propicia una mirada de conjunto. Además, en cierto modo, deja lugar a la imaginación, a completar con ella, si se desea, la escena o la figura, o a dejarla, por el contrario, en esa indefinición. Un abrazo, Kirke.

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  11. Hola Carmen,
    Qué preciosidad, cómo me atraen sus pinturas, su manera de enlazar la abstracción con lo figurativo. No conocía a Édouard Vouillard, el caso es que tanto sus colores, como la temática y la forma en que desdibuja los trazos y pinta, me transmite paz y estabilidad, alegría de vivir.
    No dejas de sorprenderme positivamente por el contenido que eliges y he de agradecerte que toques temas tan sensitivos, ilustrativos y didáctivos. Porque enseñas y despiertas la imaginación de tus lectores. Mi gratitud, amiga.
    Besos y feliz domingo!!

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    1. Ese paso hacia la abstracción, aun sin abandonar la figuración, siempre me fascina a mí también, Marisa. Creo que, viendo las obras de Vuillard, te llegan los ecos de ese organillo callejero y, quizás, también, de un acordeón. ¿Me equivoco? Un abrazo (¡un abrazo en París!).

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    2. Si, ahora que lo dices...
      Me recuerda al Madrid pintoresco y castizo, con los chulapones y el organillo al lado, o al París de post-guerra amenizado por ese instrumento tan costumbrista.
      Otro abrazo en París (que espero ir algún día)

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  12. De los organillos nada puedo decir. Por más que lo pienso, menos llego a una conclusión.
    No lo conocía y me ha resultado novedoso, claro, pero me gusta sobre todo el uso del color. Todos le gustan, y no teme en usar los tonos más rabiosos. No el importa mezclarlos y usarlos generosamente. Las formas, difuminadas y nada concretas me gustan menos, pero en cualquier caso, según más ves sus cuadros más me van gustando. No le noto inquietante; no para mí, pero como en todas las cosas importantes, cada uno entendemos una cosa diferente. Es lo mejor del arte; hay muchas explicaciones para un cuadro. Y ni siquiera, esas explicaciones han de ser correctas. Son interpretaciones que pertenecen al espectador.
    GRACIAS Carmen. Nuevo artista a conocer.

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    1. El color, ¿verdad? Es lo que comentaba Mamen: esa relación tan libre entre lo más tenue y lo más llamativo. Lo del organillo... pues ya ves: bueno, no lo ves, lo oyes. Un abrazo, Harry.

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  13. La verdad es que no, no conocía a este pintor ni su obra. Tampoco tengo idea de por qué escuchas un organillo cuando de repasar la obra de Vuillard se trata, pero creo que estaremos todos de acuerdo en que lo mejor es abrir la ventana y disfrutar de ella :)

    Y hablando de disfrutar, gracias por esa colorida y energizante entrada, Carmen.

    Un abrazo y feliz domingo!!

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    1. Eso es, ¡abramos la ventana! Gracias a ti, Julia. Un abrazo.

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  14. Byłam na wystawie zatytułowanej "Malarze Normandii" ( Poznań, Polska). Obrazy tam przedstawiane opowiadają o narodzinach impresjonizmu, o wyjściu artystów w przestrzeń i malowanie chwili. Wystawa pokazuje też różne techniki malowania, rozmaite kierunki. Był tam też obraz Edouard Vuillard "The garden in Amfreville" (1905-1907). Pastelowe kolory, zarysy roślin. Świat pokazany niewyraźnie, jakby w niedokładnym odbiciu grafiki. Vuillard zmusza widza do myślenia, wyobrażania i dopowiadania zdarzeń. Dlatego obrazy są ciekawe i intrygujące. Nie mówią wszystkiego...

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    1. Tak, Vuillard zmusza widza do myślenia, wyobrażania i dopowiadania zdarzeń. Myślę czy sen...
      https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/4/48/%C3%89douard_Vuillard_-_The_Garden_at_Amfreville.jpg

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  15. Carmen no lo conocía pero ha sido un placer descubrirlo de tu mano.
    A mi me encantan estos colores que utiliza y algunos de los cuadros me parecen tan vivos, otros con mucho encanto como los de la costura.
    Precioso, me ha encantado leerte y aprender un poquito.

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    1. Encanto, sí: yo creo que todos los nabis lo tienen, cada uno a su manera, claro, pero lo tienen. Es grato, también, el modo en que Vuillard nos introduce, de la mano, en su ambiente doméstico. Me alegra que te haya gustado, Conxita. Un abrazo.

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  16. No conocía a Vuillard ni su obra, pero me ha gustado observar los colores que utiliza, la luz que refleja con ellos y, sobre todo, alguno de los que tienen estampados ("En el café-concert", "el vestido estampado") son magníficos.
    Como siempre, Carmen, es un placer leerte y disfrutar de las pinturas que nos descubres (al menos a mí)
    Mil besos

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    1. Coincides con lo que comenta Conxita, Chari. Los estampados son muy propios de la época, de la decoración no solo de las ropas, sino también de las viviendas, y tienen mucha relación con ese interés por lo decorativo que muestran muchos de estos artistas. Mira, ¿sabes lo que voy a hacer ahora? ¡Te voy a estampar un beso! ;)

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  17. Qué deliciosa su manera de pintar. Es como si estuviésemos accediendo a un sueño confuso, o a un recuerdo lejano, por lo borroso que se presentan las imágenes. En lo personal no me inquieta, sino más bien me invita al relajo: porque a más infinitos detalles en un dibujo, más neurótico se me hace su autor. Con Vuillard en cambio, uno, como espectador, completa el cuadro con su propia imaginación.

    Saludos, Carmen.

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    1. Un recuerdo lejano, sí, más imaginado, quizás, que realmente evocado. Un territorio que podemos reconocer y en el que nos movemos a gusto. Un abrazo, Julio David.

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  18. Generalmente tus entradas son reveladoras para mí. No conocía a este pintor, pero tu selección de imágenes y tus palabras me han dado una visión del personaje. Me preguntó por qué los rostros son difusos sin expresión y el color y el diseño de la ropa tiene tanta importancia. Quizá hoy sería un excelente diseñador de modas. A ratos pensé en un maniquí sin rostro para que destaque la ropa. Me gustan los organillos, su musiquita es nostálgica, como las cajitas de música, pero qué curioso el color que me evocan es el de los crepúsculos... de nuevo, gracias por publicar tus entradas. Son clases de historia del arte. Besos.

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    1. Muy buena sugerencia, MaríaÉ, esa de los maniquíes sin rostro en los que lo que resalta es la ropa que los reviste. También has hecho sonar aquí la melodía de una caja de música, con su acento crepuscular. Gracias. Un abrazo, MaríaÉ.

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  19. Me gusta más como escribes tú, Carmen, que como pinta Vuillard, y si he mirado los cuadros es porque esos ojos tuyos ven ternura y detalles que los hacen más amables. Esos colores tan cálidos, tan impactantes y esa indefición me dejan perdida e inquieta. Y el organillo, el organillo recuerda una música que martillea en la cabeza como el rojo, el naranja y el amarillo en los ojos.

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    1. Caramba, Milano, gracias. Pero sí que hay ternura: fíjate en la delicadeza de esas figuras. En las obras de Vuillard hay cierta tensión entre los colores (suavidad y estridencia), unas líneas a veces claramente marcadas y la indefinición general. Es casi... no sé, como si el mundo se fuese borrando, y todo eso introdujese a veces cierto desasosiego en unas representaciones plácidas, por lo demás. Gracias por tu comentario y un abrazo, Milano.

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  20. Édouard Vuillard te gusta por sus amarillos, por sus azules, por sus caras sin rostro, por los naranja y los rojos, por el papel que aflora, por los sorprendentes encuadres, por los dormidos, por los desnudos, por los desayunos, por sus neblinas, aunque también me gusten las líneas claras, por los verdes, incluso por sus marrones.
    ¿Qué es lo que no te gusta de él?
    Un artista desconocido para un servidor que con sus"M;anchas" de pintura en el lienzo crea formas poco definidas pero reconocibles, incluso familiares para los no entendidos. Los estampados, los colores sin sombras, las disposiciones de las figuras...todo en Édouard Vuillard provoca una cierta inquietud en los ánimos que conlleva a leerte y conocerle.
    Besos Carmen.

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    1. ¡Ja, ja, me has pillado, Francisco! Pero ya sabes, ya lo sabéis todos, que cuando empiezo con "me gusta esto, me gusta esto otro", no paro. Sobre todo, porque no es raro que me guste una cosa y la contraria. Un abrazo.

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  21. ¡Qué entrada tan bonita has escrito sobre este pintor que desconocía. Los cuadros que muestran, tan domésticos, me han encantado. Sobre por qué te sugieren música de organillo sólo se me ocurre que porque el organillero en el parque dando cuerda al artilugio suele estar rodeado de un grupo familiar en el que hay sobre todo mujeres y niños. Y estas escenas de parque podrían asociarse con Toulouse Lautrec y otros impresionistas que me han venido a la cabeza al ver estos cuadros de Vuillard.
    En Madrid vi no hace mucho una preciosa exposición sobre Pierre Bonnard, al cual citas en tu escrito como uno de los ilustradores de programas teatrales y, de la exposición recuerdo, también de domicilios poarticulares.
    Bueno, Carmen, ya te digo, una entrada excelente con la que he disfrutado un montón.
    Besos

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    1. Es una explicación posible y buena la que ofreces, Juan Carlos.
      Imagino cuánto disfrutaste con la exposición de Bonnard. Como señalas, también abundan en su obra los interiores domésticos, como en el caso de Vuillard y otros pintores nabis.
      Muchas gracias por tu comentario. Un abrazo, Juan Carlos.

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  22. ¡ME ENCANTA! No lo conocía y me acabo de quedar "enganchada" a sus colores... ¡Qué colores!... De los que hacen oír música. Muchos besos, Carmen.

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    1. ¡Hola, Eva! Qué bien, tú también oyes música. Un abrazo muy fuerte.

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  23. Hola Carmen, te he conocido a través de un premio que te ha entregado Chelo y he venido a conocerte. Me ha encantado esta entrada que es la única que he visto hasta ahora si no te importa me quedo por aquí para seguir leyéndote, creo que para quienes disfrutamos con el arte tu blog parece imprescindible.
    Encantada de haberte conocido

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  24. Agradecido por esta entrada Carmen, que nos permite ingresar al profeta en casa Ëdouard Vuillard, desde la lozana cotidianidad y que desentraña al hogar como el lugar de experiencias con base existencial autentica e intensa que rastrea en nuestra consciencia de nuestro -ser-en-el mundo-, y, que como lectores nos traslada y en simultaneo a lo dicho por Gaston Bachelard, en el libro Poética del Espacio:
    “La casa es un elemento de integración psicológica, morada de recuerdos y olvidos. La casa es el primer universo de la cotidianidad, pero se proyecta como un auténtico microcosmos", una unidad de imagen y recuerdo. Su funcionalidad reside en que sirve como detonante del proceso de Reminiscencia, morada inclaudicable del pasado imperecedero, suplementadora de contingencias y multiplicadora de las continuidades…”.

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    1. La casa, el día a día, memoria, hoy y mañana; como dices, "consciencia de nuestro -ser-en-el mundo-". ¿Te has dado cuenta de que La poética del espacio es, más que un libro, una casa que está llena de casas, de voces y sugerencias? Un libro de los que se habitan. Muchísimas gracias por tu comentario, Edward.

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