Cuno Amiet (1868-1961) y Giovanni Giacometti (1868-1933)
“¿Qué más necesitamos que una pradera, un bosque y unas cuantas casas apacibles para estar contentos?” (Robert Walser)
El día que cumplí treinta años encontré treinta
rosas rojas en el aula. Era un recinto pequeño y en él me esperaban, junto a sus rosas, las sonrisas de Urs, Sybille y
Marianne. Estos tres nombres traen consigo los de otros de mis alumnos suizos
de aquellos años: Úrsula, una mujer maravillosa que desde la comunidad indígena
donde había ido a trabajar me escribió que el humor era una forma del amor;
Malherbe, empeñado en que leyese a Djian; Reto, quien cada vez que salíamos y
alguien le preguntaba si le apetecía beber o comer algo, me miraba y
preguntaba, ansioso: “¿a ti te apetece?”, de modo que le dije, entre risas, que empezaba
a pensar que me había tomado por su catadora de venenos… Tantos nombres, tantas
personas a las que recuerdo con cariño. Suizos y, por supuesto, también de
otras nacionalidades, pero el territorio en el que nos movemos hoy es Suiza,
porque suizos fueron los dos artistas que nos acompañan.
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| Cuno Amiet, Paisaje
invernal |
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| Giovanni Giacometti, Montañas nevadas |
Cuno Amiet, Giovanni Giacometti. ¿Giacometti?
¿Tendrá alguna relación con Alberto Giacometti? Sí, una relación muy estrecha:
Giovanni fue su padre.
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| Alberto Giacometti, Tres hombres que caminan |
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| Alberto Giacometti, Retrato de Anette |
Giovanni y Cuno tenían dieciocho años cuando se
conocieron en la Academia
de Bellas Artes de Munich. Su amistad perduró toda la vida. Desde Munich, ambos
se trasladaron a París para proseguir sus estudios en la Academia Julien y después sus
caminos se separaron brevemente, pero no su amistad, que siguió siendo firme.
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| Cuno Amiet, Descanso
en el jardín en Oschwand |
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| Giovanni Giacometti, Manchas solares |
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| Cuno Amiet, Pont-Aven |
Amiet se dirigió a Pont-Aven, donde se encontró con
Emile Bernard, Paul Sérusier, Émile Bernard y otros artistas que ejercieron una
gran influencia en su obra, en particular en el uso del color.
Giacometti
regresó a Stampa, su localidad natal, situada en el cantón de los Grisones, y
después viajó a Roma y Nápoles.
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| Giovanni Giacometti, Cantera en Lungotevere |
Giovanni y Cuno colaboraron durante los años 90. La
situación de Amiet comenzó a mejorar en 1898, cuando pintó el retrato de
Ferdinand Hodler, otro pintor suizo muy interesante.
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| Cuno Amiet, Retrato
de Ferdinand Hodler |
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| Cuno Amiet, Comienzos
de la primavera en Oschwand |
En 1900, Hodler, Amiet y Giacometti expusieron de
forma conjunta en Zúrich. A partir de ese momento llegaron los primeros éxitos
para Cuno y Giovanni y, al margen de su participación en exposiciones
celebradas en ciudades como Munich, Dresde y París, se establecieron en Suiza.
En su casa de Oschwand, Cuno Amiet recibió a amigos escritores, historiadores y
artistas como Hermann Hesse, Wilhelm Worringer y Arthur Weese, entre muchos otros.
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| Cuno Amiet, Jardín
cerca de Oschwand |
Giacometti pintó paisajes de su localidad natal,
Stampa, y de muchos otros enclaves suizos.
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| Giovanni Giacometti, Primavera en Stampa |
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| Giovanni Giacometti, Stampa en otoño |
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| Giovanni Giacometti, Puente sobre el Maira en Stampa |
Cuno y
Giovanni nos muestran esa luz tan especial de los paisajes invernales, el
silencio de la nieve.
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| Giovanni Giacometti, Capolago en invierno |
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| Cuno Amiet, Paisaje |
Al otro lado del blanco, el esplendor cromático de
primaveras y veranos, las voces distintas de cada una de las flores, la caricia
del sol.
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| Cuno Amiet, Jardín |
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| Giovanni Giacometti, Retrato de familia en el jardín |
¿Podemos olvidarnos acaso de los árboles, olvidar
los bosques? No, no podemos. ¿Qué vida es posible sin ellos? ¿Qué aire podríamos respirar?
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| Cuno Amiet, Árboles |
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| Giovanni Giacometti, Árbol |
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| Cuno Amiet, Árboles |
“En el interior del bosque reinaba el silencio como en un
alma humana feliz”, escribe Walser.
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| Giovanni Giacometti, Bosque |
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| Giovanni Giacometti, Alta montaña |
Amiet y Giacometti abren puertas, en Suiza, a un nuevo modo de concebir la pintura. Una vez más nos encontramos con ese proceso de simplificación, de despojamiento, que tan atractivo nos resulta. ¿Por qué complicar lo que puede ser sencillo? La montaña, por ejemplo, o el suceder del tiempo.
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| Cuno Amiet, La
montaña amarilla |
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| Giovanni Giacometti, Otoño |
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| Cuno Amiet, Invierno |
¡Vamos, vamos, todo nos sobra! ¿El mar? No, nunca. Ciñámonos a él, desnudos: el mar, la esencia.
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| Cuno Amiet, El
mar |
Entre la numerosa obra de Amiet hay también
retratos y más de mil autorretratos, tratados desde diferentes planteamientos
plásticos. ¿Hay algún rasgo en el segundo autorretrato que vemos que os
recuerde a otro pintor?
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| Cuno Amiet, Autorretrato
con manzana |
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| Cuno Amiet, Autorretrato |
No faltan los cuadros en los que aparecen figuras,
tanto humanas como animales. Y ahí, de nuevo, la sencillez, la delicadeza. La
ternura.
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| Cuno Amiet, Madre
e hija |
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| Cuno Amiet, Madre
e hija |
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| Cuno Amiet, El
caballo violeta |