sábado, 30 de abril de 2016

Natalia Goncharova no recuerda el invierno





Tanta vida y tanta muerte: el arte y la destrucción, el teatro y la guerra. Un par de meses antes de que esta estalle, Natalia Goncharova y Mijáil Lariónov exponen sus obras en la galería de Paul Guillaume, en París, donde reciben elogiosos comentarios de Guillaume Apollinaire. Ya desde abril, ambos artistas han comenzado a colaborar con Serguéi Diaghilev, creador de los Ballets Rusos, quien encarga a Natalia el diseño de los decorados y el vestuario para El Gallo de Oro, la ópera de Rimsky-Korsakov inspirada en un relato de Pushkin.

Natalia Goncharova, Decorado para El Gallo de Oro, 1914

Natalia Goncharova, Decorado para El Gallo de Oro, 1914
Luis Bello escribe en La Esfera sobre la representación celebrada ese año en la Ópera de París: “Los colores vivos, vibrantes con la más primitiva pureza, lucen en los trajes populares rusos como una embriaguez de luz y de fantasía. Reyes, pueblos y paisajes de leyenda, están interpretados graciosamente”.

Natalia Goncharova, Decorado para El Gallo de Oro, 1914

Natalia Goncharova, Decorado para El Gallo de Oro, 1914


Natalia Goncharova se inspiró en el arte popular ruso que tan bien conocía, en los iconos y bordados campesinos.

Natalia Goncharova, Figurín para El Gallo de Oro, 1914

Natalia Goncharova, Figurín para El Gallo de Oro, 1914

Natalia Goncharova, Figurín para El Gallo de Oro, 1914
Muchos años más tarde, en 1937, Goncharova rehizo los diseños para la representación de esta obra por el Ballet Ruso de Montecarlo, compañía formada por Wassily de Basil y René Blum tres años después de la muerte de Diaghilev. Entre estos diseños realizados por Natalia se encuentran, además del vestuario y de los decorados, marionetas y máscaras.

Natalia Goncharova, Decorado para El Gallo de Oro, 1937

Natalia Goncharova, Diseño para El Gallo de Oro, 1937

Natalia Goncharova, Figurines y máscaras para El Gallo de Oro, 1937


En 1915, Goncharova diseña los trajes y algunos decorados para Liturgia, una dramatización de la liturgia ortodoxa rusa. La inspiración en la pintura de iconos rusa y en los mosaicos bizantinos es evidente.

Natalia Goncharova, Decorado para Liturgia, 1915

Natalia Goncharova, Figurín para Liturgia, 1915

Natalia Goncharova, Figurín para Liturgia, 1915
Stravinsky se niega a componer la música, porque el proyecto le parece irreverente, y el coreógrafo Léonide Massine propone que los bailarines se acompañen solo con el sonido de sus pies sobre el escenario y de los aplausos de sus manos. La idea no fructifica.

Natalia Goncharova, Figurín para Liturgia, 1915

Natalia Goncharova, Figurín para Liturgia, 1915

Natalia Goncharova, Figurín para Liturgia, 1915

Natalia Goncharova, Figurín para Liturgia, 1915
Sí lo hace Sadko, un ballet fantástico con música de Rimsky-Korsakov para el que Goncharova diseña el vestuario. Natalia, escribe Marina Tsvietáieva, “viste a Sadko con un abrigo rojo, a la princesa de verde-amarillo-plateado con algo que no se sabe si son escamas o es una piel, y engalana a los monstruos marinos”.

Natalia Goncharova, Figurín para Sadko, 1916

Natalia Goncharova, Figurín para Sadko, 1916

Natalia Goncharova, Figurines para Sadko, 1916
Tras su estreno en 1916, Sadko se representará dos veces en España. España, sí, este país nuestro que desde el romanticismo despierta el interés de artistas y escritores y que, a principios del siglo XX, se pone de nuevo de moda. Lo vemos, por ejemplo, en las obras de músicos como Debussy, Ravel o Stravinsky. A Diaghilev, por su parte, le fascina el cante jondo. España, que permanece neutral durante la guerra, se convierte en un refugio para los Ballets Rusos. Estos cuentan con el apoyo decidido del rey Alfonso XIII, gran amante del ballet y, sobre todo, de las bailarinas. 

 
Músicos como Manuel de Falla y pintores como Pablo Picasso y José María Sert colaboran con los Ballets Rusos. El impacto de estos sobre los artistas españoles y, en particular, sobre aquellos dedicados a la ilustración gráfica, es enorme.

Pablo Picasso, Decorado para Parade, 1917

Pablo Picasso, Decorado para El sombrero de tres picos, 1919
Goncharova trabaja durante 1916 en la preparación de dos ballets de tema español, con música de Maurice Ravel e Isaac Albéniz, pero estos no llegan a representarse.

Natalia Goncharova, Decorado para Triana, 1916
La estancia en España, en cualquier caso, aviva en Natalia el interés que sentía por nuestro país. Ya en 1914 había pintado un gouache que con el título de Vestido español fue publicado en 1919 por ella y por Lariónov en el catálogo El arte decorativo teatral moderno. 

Natalia Goncharova, Vestido español, 1914
A partir de 1916 desarrolla una serie de cuadros y figurines protagonizados por personajes españoles provistos de mantillas, peinetas, abanicos y demás objetos característicos. Es la serie conocida como Las españolas.

Natalia Goncharova, Española, 1916

Natalia Goncharova, Bailarina española, 1916
Algunas de estas figuras, que ya no abandonarán la pintura de Goncharova, adquieren una monumentalidad… catedralicia. Esto es lo que nos cuenta Marina Tsvietáieva: “La mejor reseña que han tenido es la exclamación desconcertada de un crítico de periódico: ¡Pero si no son mujeres, son catedrales! Lo tienen todo de la catedral: las dos batientes y la verticalidad y la piedra y el encaje. Las españolas de Goncharova son precisamente catedrales cubiertas por encaje. La primera sensación: imposible encorvarlas. Ciudadelas de encaje”.

Natalia Goncharova, Bailarinas españolas, 1916
Estas catedrales en forma de mujer siguen creciendo en las obras de Goncharova a lo largo de los años. Porque España no abandonará ya nunca a esta artista.

Natalia Goncharova, Española

Natalia Goncharova, Primavera. Españolas de blanco, 1932
En el trabajo de Natalia se hermanan una vez más tradición y vanguardia, oriente y occidente -aunque sea un occidente tan peculiar como es el nuestro-, lo ruso y lo español. Estos vínculos siguen manifestándose en los trabajos escenográficos que desarrolla en los años veinte, como los realizados para Las bodas y El pájaro de fuego, de Stravinsky, o Una noche en el Monte Pelado, un poema sinfónico de Músorgski basado en un relato de Nikolái Gógol. En este último caso, los estilizados diseños se inscriben plenamente en el art déco. 

Natalia Goncharova, Decorado para Las bodas, 1923

Natalia Goncharova, Figurín para Una noche en el Monte Pelado, 1924

Natalia Goncharova, Decorado para El pájaro de fuego, 1926
Tras la muerte de Diaghilev en 1929, Goncharova sigue diseñando escenografías para óperas y ballets, principalmente en París y Londres. Sigue pintando y exponiendo sus cuadros, al tiempo que trabaja en la ilustración de libros y en el diseño de moda. Crea diseños con bordados y apliques inspirados en el arte popular ruso para la Maison Myrbor, de Marie Cuttoli, y para Coco Chanel. También realiza bocetos para revistas como Vogue y Vanity Fair.

Natalia Goncharova, Vestido para Myrbor
       
Natalia Goncharova, Vestido para Myrbor


En agosto de 1917, Natalia Goncharova y Mijáil Lariónov fijan su residencia en la calle Jacques Callot, número 16, de París: una casa antigua, en el Barrio Latino, a la que se asciende por una empinada, difícil, oscura escalera, y donde Goncharova apoya los lienzos inacabados de cara a la pared porque no soporta ver algo sin concluir. Esa será su casa, hasta el final. En ella permanecerán también durante la segunda guerra mundial, franceses ya desde que en 1938, ante la amenaza nazi, solicitan la nacionalidad.

Natalia Goncharova y Mijáil Lariónov en los años 50
Ante el mal estado de salud de Lariónov, sobre todo tras sufrir un derrame cerebral, la pareja se casa en 1955. Tras la boda, Lariónov se recupera casi milagrosamente y es la salud de Goncharova la que declina hasta quedar casi inválida por la artritis. Sigue pintando, sin embargo, hasta el final, sigue aferrada a la vida que tanto ama. En 1957, entusiasmada por el lanzamiento de la nave espacial Sputnik, pinta la serie titulada El espacio.

Natalia Goncharova, El espacio, 1957
A pesar de la enfermedad, de la vejez y de las serias dificultades económicas que afrontan, Natalia no se rinde: pinta desde la cama, de donde ya no se puede levantar, pinta hasta su muerte, en 1962. Dos años después, muere Lariónov.

Mijáil Lariónov, Natalia Goncharova durmiendo
Hasta el final, ya veis, el entusiasmo, el trabajo, la vida. Natalia Goncharova no recuerda el invierno: solo el renacer de la primavera. 

Natalia Goncharova, Igor Stravinsky, Léonide Massine y Mikhail Lari