sábado, 27 de febrero de 2016

Por primera vez, veo un cuadro: Vasili Kandinsky





Tiene que ser difícil convivir conmigo, lo sé. Aparte de por una serie de razones que no pienso contaros, porque soy capaz de despertarme formulando preguntas como “¿cuál es, aproximadamente, la mayor anchura del Nilo, y en qué punto?” o de ponerme a divagar, en cualquier momento del día, sobre Spinoza, las telarañas o, como me pasó hace poco, sobre las obras figurativas de Kandinsky. Ya veis: un auténtico desastre, aparte de que yo tendría que estar casada con Wikipedia, la Enciclopedia Británica o los Siete Sabios de Grecia, pero ya me diréis, siete maridos, qué cosa tan molesta. El caso es que, de todos estos desvaríos míos, he rescatado hoy los relativos a Kandinsky, para compartirlos con vosotros.

Vasili Kandinsky, Paisaje de otoño, 1911

Claro, digo Kandinsky y pensamos en De lo espiritual en el arte, en Punto y línea sobre el plano, en la influencia de la música de Schönberg y, antes, la de Wagner, pensamos en la sinestesia, recordamos sus Impresiones, sus Composiciones… Bien, retrocedamos, vayámonos a estrenar ese terrible siglo XX cuando aún todo era mañana y era todo impulso. Pero antes de eso, acompañemos a Vasili a la exposición de artistas franceses que se celebra en Moscú en 1895, y quedémonos, como él, contemplando este cuadro de Monet:

Claude Monet, La parva de heno, 1891

¿Una parva de heno?, se pregunta Kandinsky, al leer en el catálogo el título de la obra. ¿Dónde está? No la veo, no la reconozco. Y el hombre se siente confuso, y se enfada con Monet: “Aunque en el catálogo se decía que era un montón de heno, no pude reconocerlo y me molestó. Pensaba que el artista no tenía derecho a pintar de forma tan poco clara. No me parecía bien que faltara el objeto”. Pero, de repente, se da cuenta de que ve, de que comprende, de que esa obra le emociona. “Por primera vez, veía un cuadro”, afirma. No es el objeto lo que importa, esa parva de heno, sino la fuerza de la paleta. Y así empieza esta historia.

Claude Monet, Almiares de heno, 1889

¿Arte figurativo, arte abstracto? ¿Acaso importa? Lo único que cuenta, al menos para mí, es la verdad que hay en la obra. ¿La calidad?, me diréis. Sí, claro, pero una obra de factura excelente, reveladora de un asombroso dominio técnico y oficio… pero sin verdad, sin emoción, sin riesgo, sin vida, no me interesa, porque es tan solo la repetición de una fórmula. Bueno, ¿seguimos con Kandinsky? ¿Qué os parece si echamos un vistazo a las obras que pintaba apenas despuntado el siglo? 

Vasili Kandinsky, Lago oscuro, 1901

Vasili Kandinsky, Schwabing, 1901-02

Vasili Kandinsky, Bosque con figura vestida de rojo, 1902

Vasili Kandinsky, Cascada, 1902

¿Kandinsky? Sí, Kandinsky. De inmediato, la búsqueda; entre 1902 y 1908, los viajes: Italia, Francia, Países Bajos, Suiza, Austria, Túnez… Con una compañera excepcional, con la que emprende otro tipo de viaje, personal y también artístico:  Gabriele Münter.

Vasili Kandinsky, Calle de Túnez, 1905

Vasili Kandinsky, Gabriele Münter pintando en Kallmünz, 1903

Otros dos nombres se suman a los de Münter y Kandinsky en esta exploración de nuevas vías artísticas: los de Alexej Jawlensky y Marianne von Werefkin. Las influencias, los préstamos entre unos y otros, los descubrimientos compartidos, son lógicos: todos caminan juntos. Muchas de las ideas que alientan esta búsqueda parten de Marianne, una mujer de enorme curiosidad y cultura: como vimos al hablar de ella, Kandinsky hará suyas algunas de las propuestas de esta gran artista.

Gabriele Münter, Marianne von Werefkin y Alexej Jawlensky, 1908-09

Vamos a asomarnos a algunas de las obras de estos cuatro amigos en un año concreto: 1907. En esta obra de Jawlensky advertimos, como ya lo habíamos hecho con los cuadros anteriores de Kandinsky, el fuerte influjo de los fauves:

Alexej Jawlensky, Tejados rojos, 1907

¿No os parece que Münter y, sobre todo Von Werefkin, avanzan más en ese momento en el camino de la simplificación formal? 

Gabriele Münter, Sévres, 1907

Gabriele Münter, Marabout, 1907


Gabriele Münter, Ropa tendida en la playa de Sestri, 1907

Marianne von Werefkin, Otoño, 1907

Marianne von Werefkin, Pedrero, 1907

¿Qué anda haciendo Kandinsky en esas fechas? Cambiar, sí, cambiar, y sumergirse en la fantasía y la leyenda, en ese “Moscú encantado” que habita sus sueños:

Vasili Kandinsky, Mundo lleno de color, 1907

Vasili Kandinsky, Pareja a caballo, 1907

¡Vamos, adelante, transforma el cuento! El ritmo se acelera. Poco a poco, al principio, para después adquirir mayor velocidad. 

Vasili Kandinsky, Calle de Murnau, 1908

Vasili Kandinsky, Otoño en Murnau, 1908

Vasili Kandinsky, Calle de Murnau y arco iris, 1909

Vasili Kandinsky, Dunaberg, 1909

Como vemos, permanece el uso de los colores heredado del fauvismo y, en algunas obras, esa atmósfera de relato encantado que impregna el mundo de Kandinsky: 

Vasili Kandinsky, Sonido blanco, 1908

Vasili Kandinsky, Árabes, 1909

Pero ya se advierten cambios, avanza la simplificación. El objeto, contenido entre gruesas líneas negras, no se pierde, pero la emoción y la intuición ganan terreno. 

Vasili Kandinsky, Paisaje cerca de Murnau con tren, 1909

Vasili Kandinsky, Improvisación 6. Africano, 1909

Vasili Kandinsky, Estudio para Improvisación 3, 1909

Vasili Kandinsky, Escena de playa, 1909

Vasili Kandinsky, Estudio para paisaje otoñal, 1910

Es Kandinsky, ¿veis? El Kandinsky al que conocemos, a quien ya reconocemos. Y yo os cuento que, del mismo modo que no me importa que una obra sea figurativa o no, hay algo que me atrae con fuerza, y son esos momentos de transición, de metamorfosis, ese proceso en el que el objeto se depura, se simplifica, se estiliza, se transfigura y, poco a poco, avanza hacia la abstracción. Me gusta esa otra realidad de la pintura que asoma ya tras esta realidad del objeto pintado.

Vasili Kandinsky, Impresión 6. Domingo, 1911

Vasili Kandinsky, Con sol, 1911

Vasili Kandinsky, Improvisación 19, 1911

Asoma: aún los mundos, los modos de representación, se solapan. En sus Impresiones, subyace la naturaleza; en las Improvisaciones, aflora la emoción interior. 

Vasili Kandinsky, Impresión 3. Concierto, 1911

Vasili Kandinsky, Impresión 5. Parque, 1911

Vasili Kandinsky, Improvisación 20, 1911

Vasili Kandinsky, Improvisación 4, 1911

Llegarán después las Composiciones, el rigor del cálculo: líneas, colores, geometría.

Vasili Kandinsky, Composición 7, 1913

Vasili Kandinsky, Composición 8, 1923

Llega la abstracción. Ni mejor ni peor que la figuración: simplemente, otra.

Vasili Kandinsky, Dispersión, 1930


Me doy cuenta de que no he hablado de El Jinete Azul, ni de la Bauhaus, ni de muchos otros temas de los que se suele hablar cuando se trata de Kandinsky. No pasa nada. Aquí podéis leer más sobre este artista: Vasili Kandinsky.

Vasili Kandinsky, Casi sumergido, 1930

Contadme, contadnos: ¿qué obras de Kandinsky os atraen más? ¿Vuestras preferencias se decantan más hacia la figuración, la abstracción o, como me sucede a mí, os atrae todo? Porque, veréis, a mí una vez más me sucede que, ante expresiones artísticas tan diferentes, digo, como ante muchas otras cosas aparentemente opuestas, esto: sí.

Vasili Kandinsky, , 1937