sábado, 26 de diciembre de 2015

Lo mejor de cada casa




El otro día, un amigo al que en estos últimos tiempos he aprendido a querer mucho nos recordó esta canción, Las malas compañías. No creo que esta sea una de las mejores canciones de Joan Manuel Serrat, pero hay en su letra algo muy cálido y muy próximo. Seguro que muchos de vosotros la recordáis.




Mis amigos son unos atorrantes. /  Se exhiben sin pudor, beben a morro, / se pasan las consignas por el forro / y se mofan de cuestiones importantes.
Mis amigos son unos sinvergüenzas / que palpan a las damas el trasero, / que hacen en los lavabos agujeros / y les echan a patadas de las fiestas.
Mis amigos son unos desahogados / que orinan en mitad de la vereda, / contestan sin que nadie les pregunte / y juegan a los chinos sin monedas.
Mi santa madre / me lo decía: / "cuídate mucho, Juanito, / de las malas compañías".

Haywood Magee, Niños jugando en la calle, 1950

Por eso es que a mis amigos / los mido con vara rasa / y los tengo muy escogidos, / son lo mejor de cada casa.
Mis amigos son unos malhechores, / convictos de atrapar sueños al vuelo, / que aplauden cuando el sol se trepa al cielo / y me abren su corazón como las flores.

Vo Anh Kiet, Globos


Mis amigos son sueños imprevistos / que buscan sus piedras filosofales, / rondando por sórdidos arrabales / donde bajan los dioses sin ser vistos.
Mis amigos son gente cumplidora / que acuden cuando saben que yo espero. / Si les roza la muerte disimulan. / Que pa' ellos la amistad es lo primero.


Esto es lo que quería deciros: que sois lo mejor de cada casa. Aprendo de vosotros, me emocionáis, me hacéis pensar, me arrancáis sonrisas o sonoras carcajadas: ¡me dais tanto! Yo no sé cómo agradecéroslo, así que se me ha ocurrido reunir una serie de obras para regalároslas. Podéis llevaros la que queráis: son vuestras. Hay, eso sí, unos sencillos requisitos que cumplir. Os digo cuáles son: os lo cuento al oído a cada uno de vosotros. Sí, te lo cuento a ti, amiga mía; te lo digo a ti, mi amigo.

Gerard Sekoto, Niños

Verás, es muy sencillo. Se trata, por ejemplo, de que te atrevas. ¿A qué? Ah, eso eres tú quien lo sabe, ¿cómo podría decírtelo yo? Lo que te digo es esto: atrévete. Venga, lánzate sin miedo. ¿Paracaídas? No, ¿para qué quieres un paracaídas? Sigue. Insensatamente, si hace falta. Con pasión. Sigue.

Remedios Varo, La tarea, 1955


Mira, este ejercicio es muy bueno y conviene practicarlo varias veces al día: ríete de ti mismo. A carcajadas. En el fondo, somos bastante cómicos y eso es algo que conviene aprovechar.

Carl Spitzweg, El cuervo
Emil Nolde, Gente emocionada, Nolde-Stiftung Seebull, 1913

¿Notas algo que arde dentro de ti, como un fuego que a veces acaricia y a veces quema? ¿Cómo dices? ¿El amor? ¡No, quita, yo de eso no sé nada! Es la alegría. Hasta en los momentos más tristes está ahí, aunque no puedas sentirla, aunque no puedas creerlo. Está. Deja que te abrace. Aunque a veces queme, porque te aseguro que quema.

Odilon Redon, Flores


En fin, ya entiendes de lo que se trata. Es ese viejo asunto de vivir. Vivir-vivir, quiero decir, nada de sí pero no. Mira, ¿has visto cuánta vida? Toda tuya. Ahora. Cuánta vida ahora, para ti. ¡Que no te la quite nadie!

Otto Mueller, Paisaje amarillo, Museum of Modern Art, Nueva York
Marc Chagall, Gallo rojo en la noche, colección particular, 1944

No puedo decir los nombres de todas las personas a las que ahora mismo quiero abrazar y dar las gracias por tres motivos: el primero, que esto acabaría pareciendo una guía telefónica, de modo que en esta ocasión me limito a los amigos de G+, aunque sea tanto, tantísimo, lo que recibo de otros amigos, entre ellos los de Facebook (José Luis, Alicia, Susana, Enrique, Caty, Francisca y tantos otros grandes, grandísimos); el segundo, que soy tan despistada que es posible que olvide algún nombre fundamental; el tercero, que aún hay muchos, muchísimos amigos a los que aún no he tenido la suerte de conocer, pero sé que estáis ahí, que nos encontraremos y nos reconoceremos.

Giotto, Capilla Scrovegni, Padua, detalle

Así pues, aunque solo voy a citar una serie de nombres, quiero que cualquier persona que entre aquí se lleve su regalo y mi abrazo. Aquí van algunos nombres.

Louis Anquetin, Avenue de Clichy a las cinco de la tarde, 1887


Eva Figueroa, Chelo Ferrer, Inma Cabezas, Herminia Salvador, Josevi Blender, Manuel Casanova, Juan Carlos Vinuesa, Roy Bean, Emilio Valadé, Maríjose Luque Fernández, ChariBR7, Marisa Doménech, Yolanda Román, Nuseba Jones, Montserrat Gracia, DesdMiVentana H.

André Derain, Curva en L'Estaque, 1906

Joseme Españoles, Marigem Saldelapuro, Magdalena Buendía Sierra, Rosa Berros Canuria, Artearq7, Julia C., Cristina Pernás, Mila Gómez, Elisenda Segura, Francisco Moroz, Juan Carlos (Universo mágico).

Leonor Fini, La barca


Pepa R. Infante, Carmela López, Rosario RC, Mujer en los cincuenta, Galefod Gal, Milano Negro, Juan Manuel Freire, Mariona Rubio, Poeta Borracho, Daniel Ferrando, Erika Martín.

Nicolas de Staël, Las botellas rojas, 1955

Anna Hernández, Juan Carlos Galán, Kirke, Lú Delgado Morales, Ana Mª de Pinedo, Julián Velcardo, Juanan G.C., Lolita Pasión, Alexandra Urioste, Harry, Ana I. Sanso, Gregorio García Alcalá, Herminio López. 

André Blanc, Terraza en L'Estaque

Sinti, Silvana Graus y todos los ángeles, Renne w Muzeum, Octavian Bortoş, Alfonso Muro, Anna Genovés, Ignacio Viloria, Esther González, Alexandra Esterhazy, Javi Gazapo, Refael Avidor.

Henri Manguin, Las bañistas, 1906

Juan José Picos Freire, Brisa Leve, Concha Serrador, Jon Alonso, Raúl Carabias, Isabel López, Luis Ruiz, Gerardo Vázquez, Alfmega Marin, Carole Beaudet, Juan Duay.

James Abbott McNeill Whistler, Armonía en rojo 

¿Cómo dices? ¿Que no he escrito tu nombre? Fíjate bien: si no está, es solo por un despiste mío, nada más que por eso, así que, en realidad, sí que está. Venga, elige un cuadro. Es para ti. ¡Y no te olvides de tu abrazo!


Paul Klee, Caracol

John Singer Sargent, Jardines de Boboli en Florencia
 
Paul Cézanne, Casa de Marie
Hay más. A ver si te gusta alguna de estas obras:


Marc Rothko, Azul verde y marrón, 1952

Felix, Vallotton, Camino de Saint-Paul, Tate Britain, Londres, 1922

Paul Gauguin, Los Alyscamps, Arlès, Museé d'Orsay, París, 1888

Franz Marc, Muchacha con gato, colección particular, 1912

Me habría gustado encontrar esta canción de Jaume Sisa subtitulada en español, pero, como no la encuentro, os pongo aquí la traducción. Es una canción que, una noche, me salvó del miedo. 

Te la dedico a ti.

 
Hace una noche clara y tranquila, la luna brilla. Los invitados van llegando y van llenando toda la casa de colores y de perfumes. He aquí a Blancanieves, Pulgarcito, los tres cerditos, el perro Snoopy y su secretario Emilio,  Simbad,  Ali Babá y Gulliver.

¡Oh! Bienvenidos, pasad, pasad, de las tristezas haremos humo. Mi casa es vuestra casa, si es que hay casas de alguien.

Hola, Jaimito, y doña Urraca, Carpanta y Barba-Azul, Frankenstein, y el hombre lobo, el conde Drácula y Tarzán, la mona Chita y Peter Pan. La señorita Marieta del ojo vivo viene con un soldado, los Reyes Magos, Papa Noël, el pato Donald y Pascual, la Pepa bonita y Superman. 

Buenas noches señor King Kong, señor Asterix y Taxi Key,  Roberto Alcázar y Pedrín, el Hombre del saco y Patufet, señor Charlot señor Obélix.  Pinocho viene con la Moños cogida del brazo, está la mujer que vende globos, la familia Ulises y el capitán Trueno en patinete.
A las doce han llegado el hada buena y la Cenicienta,  Tom y Jerry, la bruja Calixta, Bambi y Moby Dick, y Sissi Emperatriz. Y Mortadelo y Filemón, y Guillermo Brown, y Guillermo Tell, Caperucita roja, el lobo feroz, y el caganer, Cocoliso y Popeye.

¡Oh! Bienvenidos, pasad, pasad. Ahora ya no falta nadie, o quizás sí, ya me doy cuenta de  que solo faltas tú... También puedes venir si quieres, te esperamos, hay sitio para todos. El tiempo no cuenta ni el espacio... Cualquier noche puede salir el sol.

Paul Klee, Amanecer, 1907




sábado, 19 de diciembre de 2015

El plácido Lebasque




¿No os parece que a veces nos complicamos la vida de la forma más tonta? Y os lo pregunto yo, que soy la primera en meterme en todos los líos posibles y a menudo me convierto en doña Exagerada o doña Corre-Corre, sin poder –o sin querer- evitarlo. El caso es que este fin de semana andamos por aquí con muchas dudas, con urnas, escrutinios y luego, como siempre, con enfados de unos y de otros, así que he pensado que podíamos relajarnos un poco con el amigo Henri.


Henri Lebasque, Verano, 1922

No esperéis hallar en sus obras brusquedad, ni tensiones, ni movimientos agitados. Lo que vemos es esa sencilla dicha de la sombra o el sol, del mar y de los árboles, de la lectura, el reposo, la charla o el silencio.


Henri Lebasque, En la playa

Henri Lebasque, Mujer leyendo en un jardín, colección particular, 1919

Henri Lebasque, Joven con sombrilla, 1909

La dicha, digo: esos instantes de tregua en los que percibimos que la felicidad no se anuncia con trompetas ni se reviste de lujosas galas ni es –no, no lo es- un sueño imposible, sino algo mucho más modesto, efímero, banal si así se quiere considerar, pero que está ahí, al alcance de la mano. 


Henri Lebasque, Reflejos en la balsa de Pradet, 1923

Henri Lebasque, Pierrefond

“Has venido con la bolsa bien surtida de lugares comunes, Carmen”, podéis decirme. Pues sí, hoy siento una enorme apetencia por lo común, lo cotidiano, lo más normal. Que no se aparezcan ahora merlines ni ángeles ni las brujas surquen el cielo con sus escobas, porque lo único que quiero es ese prodigio del sol entre las ramas, la canción del pájaro y del aire. Tan poca cosa. Tanto.

Henri Lebasque, Mujer sentada en un banco, 1923

¿Hablamos de Henri? A los veinte años, después de haber estudiado en la Escuela de Bellas Artes de Angers, Henri Lebasque llegó a París. ¿Os imagináis lo que puede sentir una persona de veinte años, una persona que, además, es artista, al instalarse en París? Su dicha, la mirada agradecida con que bebe, más que contempla, la obra de otros artistas del pasado y del presente y se embebe de ella, ese sentimiento del “yo también lo haré”.

Estatua de la Libertad, 1886

El joven Henri completó su aprendizaje en el taller de Léon Bonnat, un gran retratista apasionado por la pintura de Velázquez y de Goya:


Léon Bonnat, Retrato de la hermana del artista, 1850

En esa misma época, ayudó a Ferdinand Humbert en la realización de los frescos decorativos que este realizó en el Panteón de París:


Ferdinand Humbert, pinturas en el Panteón, París

En 1890, Lebasque tomó parte en el Salon des Indépendants, donde hizo amistad con Paul Signac y Maximilien Luce, seguidores del puntillismo o divisionismo, ese estilo posterior al impresionismo que yuxtapone puntos de colores puros para formar las imágenes.


Paul Signac, Plaza en Saint-Tropez, Cargenie Museum of Art, 1893

Maximilien Luce, Quai Saint-Michel y Notre-Dame, 1900

Otros artistas que más tarde se convirtieron en sus amigos fueron los nabis Pierre Bonnard y Édouard Vuillard, así como Henri Matisse, con quien Lebasque, como otros artistas, colaboró en la creación del Salón de Otoño, en 1903. Cuánta vida, ¿verdad?


Pierre Bonnard, Comedor en el campo, 1913

Édouard Vuillard, Le Pouliguen, colección particular, 1908

Henri Matisse, Estudio en Colliure, 1905

¿Más amigos artistas? Sí, por supuesto. Podemos nombrar, entre ellos, a Louis Valtat, Raoul Dufy y Henri Manguin. 


Louis Valtat, Bois de Boulogne, 1913

Henri Manguin, Descanso en Villa Demièr, colección particular, 1905

Con este último, Manguin, Lebasque viajó al sur de Francia en 1906, después de los cinco años que pasó pintando los paisajes de Lagny, donde se había establecido al despuntar el siglo.

Henri Lebasque, Puerta del jardín en Lagny

Henri Lebasque, Jardín en primavera, colección particular, 1904

Henri Lebasque, La pesca, colección particular, 1905
Una vez más, como hemos visto en el caso de otros artistas, el Mediterráneo colmó de espuma y de color los ojos del pintor e inundó sus obras. El mar, ¿sabéis? El mar.

Henri Lebasque, Cannes, la sombrilla azul

Henri Lebasque, La playa

Henri Lebasque, Mirando el mar

Un mar –el mar- que ya no abandonará al pintor.

Henri Lebasque, Niño de rojo, colección particular, 1920

Henri Lebasque, Tres mujeres en la playa

Un mar que no es solo el Mediterráneo. En diversas ocasiones, Lebasque viajó a Normandía y a Bretaña, así como a otros lugares de Francia.


Henri Lebasque, Paisaje bretón

Henri Lebasque, Ventana en Ile d’Yeu, colección particular, 1919

Henri Lebasque, La playa de St. Gildas, colección particular, 1922

Hacia 1923, se estableció definitivamente en el sur,  con el sol en la piel y todos los azules al alcance de la mano. Es allí, sobre todo, donde su mujer y sus hijos se recuestan en hamacas y se sientan para leer o, simplemente, para disfrutar de la caricia de la brisa.


Henri Lebasque, Hamaca, National Museum of Western Art,Tokyo, 1923

Henri Lebasque, Hamaca en Cannes

Henri Lebasque, Hamaca en Le Pradet, 1923

Henri Lebasque, Madame Lebasque leyendo en el jardín de Le Cannet, colección particular, 1923

Simplemente. Mirad, a fin de cuentas, es bastante sencillo. Aunque nos guste tanto complicarlo todo.


Henri Lebasque, Pradet, 1923
Nos vemos pronto. De momento, me quedo aquí charlando con un amigo. Hay más sillas: si queréis, coged una y sentaos con nosotros. ¡Se está muy bien!

Henri Lebasque, Mujer con un vestido blanco