domingo, 30 de agosto de 2015

Franz Marc y los caballos libres




Mi padre me mostraba la palma de la mano, replegaba los dedos y decía: “imagínate que te claven una herradura”. Hablaba también, a menudo, de la mirada de los caballos. No soportaba verlos sojuzgados por el hombre, embridados, con el bocado ciñéndoles la boca. Mi padre hubiese amado a los caballos libres de Franz Marc.

Franz Marc, Los grandes caballos azules, 1911

Franz Marc, Los caballos rojos, Busch-Reisinger Museum, 1911

Franz Marc, Los caballos amarillos, Staatsgalerie Stuttgart, 1912

Durante la primera guerra mundial murieron entre cuatro y ocho millones de caballos. Se calcula que también murieron unos ocho millones de hombres, entre los que se cuenta Franz Marc. Ya lo mencionamos cuando hablamos de su amigo August Macke, caído también en combate año y medio antes de que lo hiciese Marc.

Caballos durante la primera guerra mundial, 1914

A diferencia de los caballos, convertidos a la fuerza en combatientes, Marc y Macke se alistaron voluntarios, llenos de fervor bélico. Les urgía enterrar lo antiguo y pensaban que la guerra era el único instrumento capaz de alumbrar el mundo nuevo que anhelaban. Su entusiasmo inicial se disipó al enfrentarse con la miserable y dolorosa verdad de la guerra, “la trampa más cruel en la que nos hemos abandonado los hombres”, como escribió Marc a la viuda de Macke. Pero ya era tarde para ellos, como para todos.

Tumba de un soldado, 1914-18 c.

Retrocedamos. Acaba de empezar el siglo. Franz Marc viaja a París en 1903, después de terminar sus estudios en la Academia de Bellas Artes de Munich. La estampa japonesa y la amistad del suizo Jean-Bloé Niestle, en cuyas pinturas de animales se advierte también la influencia japonesa, le esperan en París.

Jean-Bloé Niestle, Pájaros en un jardín, 1909

La forma de pintar de Marc empieza a cambiar. Mirad, así pintaba antes de viajar a Francia:

Franz Marc, Muchacho con trineo, Städtische Galerie im Lenbachhaus, Munich, 1902

Aquí comienza la transformación, porque París es mucho París, y todo el arte que puede contemplar allí embebe su pintura:

Franz Marc, Dos mujeres en una colina, Franz Marc Museum, 1906

Estad atentos, porque los animales están a punto de irrumpir en sus cuadros con sus rugidos, maullidos, mugidos, ladridos, relinchos y todo tipo de voces, aunque este pequeño gorrión ya no puede piar.

Franz Marc, El gorrión muerto, colección particular, 1905

Os decía que París está lleno de reclamos. Es curiosa esta reinterpretación que Marc hace de La lavandera con un niño, de Daumier:


Honoré Daumier, Lavandera con un niño, Albright-Knox Art Gallery, Buffalo, 1860 c.
Franz Marc, Lavandera con un niño, colección particular, 1910

En 1908, Marc escribe a un amigo: “Yo intento sentir de modo panteísta el temblor y el bullir de la sangre en la naturaleza, en los árboles, en los animales, en el aire”. 

Franz Marc, Ciervos en el bosque, Baltimore Museum of Art, 1908

Dos años después, en 1910, Franz Marc conoce a August Macke y a Vasili Kandinsky. Comienza la breve e intensa aventura de El Jinete Azul (Der Blaue Reiter). Aquí están los caballos. Tal vez sea también el momento de tomar un baño con las amigas y evocar a Cézanne, antes de proseguir nuestro camino:

Franz Marc, Caballo mirando un campo, Museum Folkwang, 1910

Franz Marc, Bañistas, Staatliche Kunsthalle Karlsruhe, 1910

Esto no hay quien lo detenga. Las ardillas empiezan a jugar mientras las vacas brincan en un paisaje que también salta y los perros, los gatos y los zorros descansan de la dura faena de ser gatos, zorros y perros.

Franz Marc, Ardillas jugando, colección particular, 1911

Franz Marc, La vaca amarilla, Solomon R. Guggenheim Museum, 1911

Franz Marc, Vacas amarillas, rojas, verdes, Städtische Galerie im Lenbachhaus,  Munich, 1911

Franz Marc, Perro tumbado en la nieve, Städelsche Kunstinstitut und Städtische Galerie, 1910-11

Franz Marc, Gato detrás de un árbol, Sprengel Museum, 1911

Franz Marc, El gato blanco, Kunstmuseum Moritzburg, 1912

Franz Marc, Zorro negro azulado, Von Der Heydt Museum, 1911

También duermen los hombres, velados en su sueño o en su reposo por los animales.

Franz Marc, Pastores, Bayerische Staatsgemäldesammlungen - Munich 1912


Franz Marc, El sueño, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid, 1912
“¿Cómo ve el mundo un caballo o un águila, un venado o un perro? –se pregunta Marc- ¡Qué pobre, qué falta de alma es nuestra convención de situar animales en un paisaje que pertenece a nuestros ojos, en lugar de sumergirnos en el alma del animal, para descubrir su horizonte!”.

Franz Marc, Mono, Städtische Galerie im Lenbachhaus, Munich, 1912

Franz Marc, Pájaro en el bosque, Kunstmuseum Bern, 1912

En 1912, Marc y Macke conocen a Robert Delaunay. La influencia del futurismo y del cubismo se hace sentir, cada vez con más intensidad, en las obras de Marc.

Franz Marc, El sueño de los caballos, Solomon R. Guggenheim Museum, 1913

Franz Marc, Establos, Solomon R. Guggenheim Museum, Nueva York, 1913

Franz Marc, Zorros, Museum Kunstpalast, Dusseldorf, 1913

Franz Marc, Tirol, Pinakothek der Moderne, Munich, 1914

Franz Marc, Oveja, Museum Boijmans Van Beuningen, 1914

Los animales alzan la cabeza. Ventean el olor de la sangre, de la muerte, de la guerra que se aproxima. Marc escribe en el dorso de este cuadro: “Y todo el ser es sufrimiento en llamas”.

Franz Marc, Destino de los animales, Kunstmuseum Basel, 1913

Aquí dejamos a Franz Marc, con su personal interpretación de los colores: el azul que identifica con lo masculino y espiritual, el amarillo “femenino, suave, alegre y sensual” y el rojo de la materia, “bruta y pesada”, que debe ser combatida y vencida con los azules y los amarillos. Cosas de Marc.

Franz Marc

Franz Marc, El caballito azul. Pintura para niños, Saarland Museum, 1912

Franz Marc, Paisaje con animal rojo, Städtische Galerie im Lenbachhaus, Munich, 1913